Acerca de la pregunta por la izquierda en educación
Para comenzar a responder al interrogante que titula este ensayo necesitaré dar un pequeño rodeo preguntándome, de manera muy personal, qué me hace pensar que hay un enfoque de izquierda para asomarse a la educación. El camino es necesariamente autobiográfico, pues tiene que ver con íntimas convicciones acerca de qué mundo habitamos y en qué direcciones queremos transformarlo. No todos pronunciamos la palabra “izquierda” refiriéndonos a lo mismo.
Dicen que uno está hecho de lo que ha vivido, de lo que ha leído, lo que ha conversado, lo que lo ha conmovido, lo que lo ha hecho pensar. Personalmente, siento que estoy hecho de las poesías de de Gelman y de Pizarnik. Pero también, desde muy chico, de las de María Elena Walsh y Elsa Bornemann. Me han hecho quien soy las canciones de Mercedes Sosa, León Gieco, Víctor Heredia y Atahualpa Yupanqui, y las novelas de Asimov, Hesse y Stephan Zweig. Y formándome como maestro, lecturas de distintos orígenes y arraigos disciplinares me han inspirado de muchas maneras diferentes. Por mencionar algunos de los libros y autores que me apasionaron: la Pedagogía del oprimido de Paulo Freire, Mal de escuela de Daniel Pennac, Pensamiento y habla de Lew Vigotsky, los textos acerca de las corporeidades de Daniel Calméls, la filosofía educativa de Jorge Larrosa, la poética pedagógica inspiradora de Carlos Skliar, los libros irreverentes de Estanislao Antelo (desde sus Instrucciones para ser profesor hasta Los gajes del oficio), El maestro ignorante de Rancière, la filosofía de Hannah Arendt, la mirada al mismo tiempo psicoanalítica y política de Graciela Frigerio, y también el estudio de los textos clásicos que se preguntan por la relación entre la educación y el orden social, como Democracia y educación de John Dewey, el Emilio de Rousseau, La educación del hombre de Fröebel o los trabajos en los que María Montessori defiende a las infancias, en un precoz ejercicio de lucha contra el adultocentrismo, por mencionar sólo algunos. ¿Qué tienen en común esas piezas sueltas de la experiencia, estos textos, estos artistas, provenientes de distintas disciplinas, tiempos y geografías? Una respuesta posible (y muy personal) es: en todos ellos encuentro hoy pistas interesantes para pensar una educación que vaya a contracorriente de esta época de algoritmos que nos dominan y de una frenética sociedad de consumo que deja fuera cualquier cosa a la que no se le pueda poner una etiqueta con el precio. Todos ellos abrazan (o abonan a) una concepción humana de la educación. En todos ellos encuentro una discusión contra el furioso mercantilismo imperante.
Si comienzo este humilde ensayo hablando de estos poetas y artistas es además porque me atreveré a hablar de una mirada de izquierda en la educación con referencias que trascienden a los textos marxistas, aunque también los he leído y disfrutado. Probablemente esto desvirtúe un poco el texto ante la lectura de los intelectuales de izquierda que traen a cuestas esas frondosas bibliotecas, pero valga la doble justificación de que a) no pretendo eludir del todo esas discusiones y b) me propongo ampliar el debate sobre las ideas pedagógicas con sensibilidad de izquierda a las comunidades docentes más amplias.
Las coordenadas de esta escritura (la Argentina de 2026) nos muestran una coyuntura en la que en la que la idea de la izquierda se desvirtúa, se caricaturiza, se denosta. Tiene sentido: la izquierda levanta la voz ante el sufrimiento de los más vulnerables (niñas y niños, enfermos, ancianos, personas con discapacidad) que hoy se expone como espectáculo en las redes sociales y forma parte del show mediático. Los ataques explícitos y las ofensas hacia las personas con una orientación sexual o identidad de género que se diferencie de los modelos normativos, parecen haber dejado de constituir un agravio y un delito. Y mientras los más poderosos de la sociedad imponen unas reglas del juego que facilitan la acumulación ilimitada de casi todo en muy pocas manos, mientras algunos derrochan abundancias heredadas o mal habidas y otros viven en la miseria más miserable, las políticas públicas idolatran a los magnates y estigmatizan a los trabajadores. Se ha hecho un eslogan del acto de quitarle a los pobres para darle a los ricos. Tan potente y despiadado es el ardid de esta mentira, que mucha gente de a pie (gente que se considera de bien) llega a convencerse de que sus dificultades se explican por la miserable ayuda que los más pobres reciben del Estado y no por las fortunas que se le ceden a las elites económicas.
Todo ese ideario, que finalmente reduce cualquier valor a su expresión económica, se corresponde con las posiciones políticas de “derecha” o de “ultraderecha”. Por eso, porque la derecha ha resurgido como identidad política, creo que la díada que constituye esta polaridad amerita volver a ponerse en valor. Tras un tiempo en el que pareció pasada de moda, hoy parece necesario resucitarla y reinventarla, para que pueda ponérsele palabras a lo que nos está pasando. Y me propongo hacerlo explorando la cuestión desde el ángulo de la Pedagogia.
Se objetará: ¿No es imprudente plantear la cuestión en términos de polaridades, de extremos? ¿al final los extremos no se reúnen en lo mismo? ¿no es preciso encontrar un término medio? Y es posible que para algunos problemas específicos esta observación sea pertinente. Sin embargo, en la educación hay principios éticos que no admiten puntos intermedios. Dice Bobbio, en su libro sobre la izquierda y la derecha que “entre el blanco y el negro, puede estar el gris; entre el día y la noche está el crepúsculo. Pero el gris no reduce en lo más mínimo la diferencia entre el blanco y el negro, ni el crepúsculo la diferencia entre la noche y el día.1 No hay entonces un punto medio deseable entre llamar al 12 de octubre “Día de la raza” (versión colonialista y racista de la efeméride) o llamarlo “Día de la diversidad cultural” (versión emancipadora y democratizante). No hay una sensata versión de síntesis entre “educar emprendedores para que compitan en el mercado” y “educar sujetos autónomos que comprendan y transformen su realidad”. Existen algunas tomas de posición que es preciso asumir, y creo que los significantes que aquí estamos analizando (la izquierda y la derecha) pueden servir, hasta cierto punto, para dirimir esas tensiones.
Decía párrafos atrás que, desde hace algún tiempo, la izquierda se ha convertido en objeto de estigmatización recurrente por parte de los gobiernos populistas de ultraderecha. Los opositores son caracterizados como “zurdos”, “socialistas” o “comunistas”, y esas palabras son empleadas como si se tratara de insultos. En su libro Zurda, Myriam Bregman recupera con orgullo esa misma palabra que la ultraderecha utiliza hoy como agravio para reivindicarla. En el mismo sentido, tal vez a los educadores y educadoras nos hace falta construir definiciones contemporáneas, coyunturales, cercanas a la lengua del oficio que entendemos y nos convoca, acerca de qué es lo que significa, por estas pampas y por estos días, ser docente y ser de izquierda. Tal vez las reflexiones que siguen me llevarán a callejones sin salida, a situaciones dilemáticas, carentes del ímpetu que la izquierda militante suele tener cuando se autodefine. Me interesa – con todos los riesgos que implica – hacer el ejercicio de explorar estos significantes y ponerlos a la luz de algunas preguntas pedagógicas amplias que me vienen desvelando desde hace tiempo. Me lo demandan, de alguna manera, las voces de esos poetas y escritores que me trajeron hasta éste que soy. No porque crea que ellos representan la voz de la izquierda ni porque pretenda que mis conclusiones alimenten un programa político específico. Algunos de los personajes que nombré, por lo que sé, participaron de las luchas de la izquierda y muchos otros no lo hicieron ni lo hacen. Yo mismo, aunque tengo un compromiso muy nítido con estas ideas, no lo traduzco en una activa militancia partidaria.
Entonces ¿A quién le hablo? ¿Para quién escribo? Para cualquiera que quiera leer, por supuesto. Pero principalmente, para mis colegas docentes con quienes tantas veces he compartido y sigo compartiendo pareceres, pensares y sentires relativos a nuestra tarea, con quienes parece haber mucho en común en relación a asuntos del quehacer en las aulas, pero que tal vez no se han detenido a pensar que eso con lo que se identifican… es de izquierda. El oficio es un espacio en el cual todo se puede pensar más detenidamente, con más elementos. Muchas veces me he sorprendido del desinterés de algunos colegas respecto de las cuestiones comunes que hacen a la vida democrática, como si no tuvieran ninguna relación con nuestro quehacer en las aulas, ni viceversa. Tengo la convicción de que muchísimos docentes a los que no les interesa la política (o eso dicen), tienen profundas convicciones educativas de arraigo innegable en ideas de la izquierda, que merecen ser puestas en palabras.
¿Qué significan izquierda y derecha en educación?
Comencemos por caracterizar, breve y provisoriamente, izquierda y derecha. Hoy la izquierda no remite, como en el surgimiento de esos términos en la revolución francesa, a posiciones antimonárquicas frente a otras republicanas2, pero tampoco se analoga en forma exacta con los muchos otros sentidos que adquirió desde entonces. Esos significantes han evolucionado para cobijar otros sentidos en este tiempo histórico y en esta geografía. Hay, por supuesto, grandes ejes de análisis para la dupla izquierda – derecha, apoyados en ideas que vienen de la historia y de la biblioteca. Son categorías a través de las cuales se busca comprender el mundo, y como tales, como señalan Bohoslavsky y Agüero, acarrean la complejidad de su historia, “han sido y son objeto de cambiantes usos analíticos e identitarios, (…) y suelen ser materia de disputas periódicas en torno a qué podría caracterizarse estrictamente como de izquierda y de derecha y cuánto esa distinción describe y organiza el combate político”.3
Por empezar, podríamos decir que la izquierda (para cualquiera que la defina) se preocupa por la perspectiva de las mayorías desfavorecidas en un sistema de acumulación que beneficia a pocos a costa de muchos. El propio término sugiere vulnerabilidad: ser diestro es tener destrezas, y la faz opuesta de la diestra es la siniestra. Lo señala Alba Rico: esta distinción se apoya en una polaridad simbólica que reside en el propio cuerpo humano, y que destaca la posición de debilidad de la zurda frente a la fortaleza de la diestra:
“Todos los pueblos de la Tierra, en efecto, han identificado siempre la izquierda con la torpeza, con la oscuridad, con la feminidad, con la insuficiencia, con la muerte; e identificaban, en cambio, la derecha con el bien, la luz y la justicia, y ello hasta el punto de que a la regulación de la justicia la llamamos Derecho”.4
Se ha afirmado también, reforzando esta lectura puramente lingüística, el probable origen de la palabra “left” (izquierda) en su acepción de ser “dejada”, no utilizada.5 La izquierda tiene desde su origen la significación de apostar a las posiciones subordinadas y vulneradas. Tal vez por ello, las posiciones de la izquierda tienden (aunque no necesariamente) a ser más estatalistas que las de la derecha: el Estado es (o debería ser, o sería apropiado que fuese) una instancia que tenga entre sus funciones proteger los derechos y la dignidad de los más débiles ante la imposición de los más fuertes. Pero incluso esta idea del Estado como garante de los derechos de los más vulnerables o como contrapeso necesario del mercado (que hoy parece emanar del sentido común) puede discutirse desde una lectura (igualmente de izquierda) del Estado como garante de los privilegios de las clases dominantes. Desde la izquierda también se objetan las posiciones estatalistas que se limitan a atenuar los efectos desigualadores del capitalismo, sin cuestionarlo en sus fundamentos. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, donde Engels analiza la transición entre las formas de organización social basadas en las agrupaciones por parentesco, se lee que “(…) faltaba una institución que no sólo perpetuase la naciente división de la sociedad en clases, sino también el derecho de la clase poseedora de explotar a la no poseedora y el dominio de la primera sobre la segunda. Y esa institución nació. Se inventó el Estado”.6
Es difícil hacer un cuadro de doble entrada que organice las ideas de izquierda y de derecha. Lo he intentado sin que ninguna versión me convenciera del todo. Hay, sí, oposiciones que organizan el ideario general de los significantes izquierda y derecha en estas circunstancias específicas (la Argentina de 2026) y que forman parte de cierto sentido común. Nos encontramos así con la idea de una derecha moderada y una izquierda radical, con una derecha conservadora y una izquierda progresista, con una derecha tradicional y una izquierda renovadora, con una derecha de valores religiosos y una izquierda laica, entre otras duplas más o menos evidentes. Pero si bien esas representaciones emergen ante nuestros ojos, una mirada más atenta nos indica enseguida que estos pares no son tan transparentes: hoy en Argentina gobierna una fuerza de extrema derecha que aún siendo conservadora, se presenta como innovadora y disruptiva, para nada moderada y que tiene entre sus opositores a buena parte de la iglesia. Y si estas oposiciones son difusas en lo político, la especificidad de lo educativo sin duda las vuelve aún más borrosas.
Libertad, igualdad
Las proclamas de la derecha toman para sí, por estos días, la idea de libertad, entendida como libertad individual ante la “amenaza” de las distintas formas de solidaridad social que demanda lo colectivo. La libertad de la derecha es, ante todo, libertad de mercado. Se opone a una idea humanista de libertad entendida como producto del pacto social, a una libertad colectiva, enfocada en la preservación de derechos, que impulsan las visiones de izquierda. En palabras de Innerarity: “La libertad de la derecha es la no interferencia, la de la izquierda, la ausencia de dominación».7 La idea de una libertad individual, enfocada casi exclusivamente en la preservación de la propiedad, ha calado hondo en el sentido común. Y si hay algo que llama la atención de las nuevas derechas, es que tienden a capitalizar a su favor algunas proclamas clásicas de la izquierda, como la idea de batalla cultural8, el concepto libertario, cierta impronta reformista, y hasta el grito de “Viva la libertad, carajo”, que mucho antes de que Javier Milei lo convirtiera en eslogan de su partido político, sonó en las voces de los anarquistas de izquierda, como Osvaldo Bayer.9
Las preocupaciones de la izquierda apuntan a la idea de igualdad, entendida como un principio de distribución de la riqueza (diferente del de la acumulación ilimitada) y de justicia social.10 En los discursos de derecha puede aparecer (aunque no es habitual) la idea de lo igualitario, aunque si esto sucede, las definiciones son diferentes, y se trata de una idea pragmática de igualdad como condición de posibilidades para el sujeto. Las críticas de la derecha a las magras ayudas gubernamentales a los más pobres (en Argentina, los llamados planes sociales) suelen apelar a cierta idea de igualdad, basada en la idea de que nadie debería recibir nada sin ganárselo, pues todos somos iguales. Innerarity observa la precariedad del argumento: “se trata de arrojar sobre ella la sospecha de que alguien se está beneficiando de las mismas condiciones que nosotros, sin ser propiamente de los nuestros. La desigualdad del patrimonio, en cambio, no es puesta en cuestión porque la herencia no amenaza nuestra identidad. La cuestión social se transforma, con mayor o menor sutileza, en xenofobia”.11
Dadas estas diferencias en lo que respecta a las libertades y la igualdad, la izquierda se diferencia de la derecha en cuanto al sujeto que piensa: por un lado, un sujeto de derechos situado en un orden social inherentemente desigual ante el que es menester intervenir y al que es imperativo transformar; por el otro lado, la derecha piensa a un sujeto de méritos, situado en un orden social tenido por neutral, en el que naturalmente triunfan los más capaces. Claro que en cualquier visión que no peque de reduccionista será menester reconocer que ambas cuestiones tienen peso: el mérito individual, por un lado, y las condiciones contextuales sesgadas en favor de las hegemonías y los distintos puntos de partida que esto supone, por el otro. Las miradas desde la derecha dan por natural la prevalencia absoluta del mérito, mientras que desde la izquierda se pone el acento en los escenarios de partida desiguales, no tanto como mecanismo absoluto de regulación social, sino como base de un horizonte deseable: la garantía de un piso de dignidad para todas y todos, desde un enfoque humanista, propio de la izquierda. Así es que, coherente con esas visiones, la derecha apuesta a la iniciativa y al valor de lo privado mientras que la izquierda se inclina hacia lo público. La idea de orden social de la izquierda se basa en el consenso y la solidaridad social. La derecha piensa un orden basado en el buen funcionamiento de un sistema supuestamente autorregulado, del que la izquierda desconfía profundamente: el capitalismo en sus distintas formas y expresiones.
Este repaso de ideas acerca de los significados de izquierda y derecha no pretende ser exhaustivo ni agotar la cuestión, por supuesto, sino apenas abrir el escenario para discutir el asunto en un espacio más acotado y específico: el de la educación escolar contemporánea. La pregunta que me interpela desde la pedagogía, y que dará forma a los siguientes ensayos de estas “Pedagogías zurdas” es ¿qué significa hoy pensar la educación desde la izquierda? Es imperativo pensarlo, ya que las propuestas de la derecha vienen ocupando cada vez más espacio en las políticas públicas llevadas adelante por las distintas administraciones: creación de mercados educativos, promoción de mecanismos de rankeo y elección escolar, financiamiento a la demanda, escuelas chárter, políticas de privatización y fuerte participación de organizaciones del sector empresarial por medio de sus fundaciones y redes.12 Estos dispositivos conducen a “crecientes dinámicas de individuación en el campo social, responsabilizan a los sujetos por sus resultados, impulsan la competencia y la rendición de cuentas, (…) transfieren recursos hacia el sector privado y accionan instrumentos de sanción vinculados tanto a la eficiencia (y la sustracción de transferencias monetarias) como al control ideológico”.13
Decía Norberto Bobbio, en su ensayo de los 90’ sobre los significados históricos de la izquierda y la derecha, que éstos “no significan sólo ideologías; reducirlas a la pura expresión de un pensamiento ideológico sería una injusta simplificación, pues también indican programas contrapuestos respecto a muchos problemas cuya solución pertenece habitualmente a la acción política”.14 Entre esos problemas que demandan programas, obviamente, se cuenta la educación. Y dar forma a un programa educativo que sintonice con la sensibilidad del pensamiento de izquierda parece ser un desafío que la época nos demanda.
De la política y la pedagogía
Cualquier persona más o menos informada podría reconocer las posiciones típicamente asociadas a la izquierda y a la derecha en materia educativa. El sistema educativo que sueña la izquierda es gratuito y el Estado acompaña y garantiza el cumplimiento del derecho a la educación. Desde la perspectiva de la derecha, se busca una educación predominantemente volcada al sector privado. La izquierda piensa a la escuela como un espacio que debe garantizarse (ya sea mediante becas, subsidios, creación de espacios educativos a cargo del Estado o una transformación radical que universalice ese derecho) y la derecha piensa en cambio a las escuelas como lugares donde se muestran los talentos de las personas a partir de mecanismos de competencia en base al mérito individual. Desde la izquierda se hablará de pensamiento crítico, de construcción colectiva, de mecanismos asamblearios de decisión y se pensará a los docentes como intelectuales críticos. La derecha dirá que la educación es un servicio antes que un derecho, ponderará los resultados cuantitativos medibles y cuestionará que la educación de los pobres deba pagarse con los impuestos a los ricos. Los dineros del Estado tienen destinos y criterios de uso (o no uso) muy diferentes en las administraciones asumidas como de izquierda y derecha. Aunque excede los propósitos de estas páginas, digamos que si se hiciera el ejercicio de enumerar y caracterizar los programas educativos de gobiernos de izquierda y centroizquierda en la región y se los compara con los de derecha y centroderecha, la imagen sería bastante clara: la derecha prioriza “la injerencia de las fundaciones y los movimientos conservadores en el ámbito educativo ajustado a los intereses de las grandes corporaciones y gobiernos de países centrales”, los “procesos de mercantilización y privatización de la educación” y “la incorporación en las escuelas de regímenes empresariales y competitivos mercantilizados que consideran al aprendizaje en términos de resultados rentables y de productividad”.15 Las posturas más progresistas (cuya pertenencia programática a la izquierda se discutirá en cantidad y en calidad, pero que son las referencias históricas con las que contamos en tiempos recientes y geografías cercanas) se orientan a instalar la cuestión igualitaria en la agenda e implementar programas que alientan la escolarización de sectores tradicionalmente excluidos del sistema escolar, integrar políticas educativas con otras áreas, promover un curriculum crítico y dar centralidad al lugar del Estado y de lo público, entre otras.16
Vemos entonces que la identificación de valores, principios y acciones asociados a la derecha y a la izquierda en el ámbito educativo es algo más o menos sencillo de hacer si se toma la dimensión de la política educativa contemporánea. Pero es más difícil de pensar si se lo hace en una dimensión pedagógica de menor escala, donde se mezclan un poco las tradiciones y las resonancias, y donde tal vez aparecen nuevas preguntas. Si apuntamos a ejes pedagógicos específicos, o incluso a aspectos didácticos, el asunto pierde su aparente nitidez. Hay proclamas de cambio y renovación respecto de la llamada escuela tradicional en los discursos de la izquierda tanto como de la derecha. La cuestión crucial de la atencionalidad escolar es abordada desde racionalidades diferentes en ambos enfoques. Los discursos acerca de la inclusión y la diversidad forman parte desde hace tiempo de iniciativas de izquierda y de derecha (aunque la ultraderecha haya cambiado esta tendencia más recientemente). El interés por los afectos y las emociones en la escuela también han dado qué pensar en ambos lados de la polaridad.
En síntesis: vale la pena repasar y reconstruir algunos argumentos y debates en torno a estos significantes, que transitan un momento de renovado interés como condensadores de sentidos en cuanto a posiciones políticas. En los breves ensayos que irán componiendo este espacio en Rebelión intentaré enfocarme en una dimensión pedagógica, más cercana a la vida en las aulas, aunque en diálogo con las dimensiones políticas más amplias. Repasaremos entonces algunas pistas para enriquecer un enfoque de izquierda en educación, situado en esta precisa coyuntura histórica en la que las nuevas derechas parecen haber instalado en el sentido común de vastos sectores de la sociedad algunas de sus ideas.
Notas:
1 Bobbio, N. (1996). Derecha e Izquierda. Razones y significados de una distinción política, Madrid: Taurus, p.55 – https://vburgos.online/PDF/Bobbio%20-%20Derecha%20e%20Izquierda.pdf / https://ia600401.us.archive.org/9/items/bobbio-derecha-e-izquierda/Bobbio%20-%20Derecha%20e%20Izquierda.pdf
2 Esta división, en palabras de Alba Rico, “nace en el contexto de la Revolución Francesa: en la Asamblea Nacional a la izquierda del representante del rey se sentaban los que estaban en contra de la monarquía mientras que los que la apoyaban se sentaban a su derecha. Esta circunstancia histórica muy reciente hace que, a partir de este momento, se hable de izquierda y derecha para describir dos visiones del mundo políticamente enfrentadas”. (Alba Rico, S. (2018). «Tecnologías: hemos substituido la sucesión por la simultaneidad», entrevista por Joan Pedro-Carañana, openDemocracy, 14/06/2018, disponible en https://www.opendemocracy.net/es/entrevista-santiago-alba-rico-segunda-parte/)
3 Bohoslavsky, Ernesto; Agüero, Ana Clarisa (2020) Izquierdas y derechas : una introducción, Dossier: Izquierdas y derechas en el siglo xx argentino, Prismas, Revista de historia intelectual, Nº 24, 2020, pp. 149-157 http://repositorio.ungs.edu.ar:8080/handle/UNGS/1499 (p.149).
4 Alba Rico, S. (2018). «Tecnologías: hemos substituido la sucesión por la simultaneidad», entrevista por Joan Pedro-Carañana, openDemocracy, 14/06/2018, disponible en https://www.opendemocracy.net/es/entrevista-santiago-alba-rico-segunda-parte/
5 Cerezo Galán, P. (1999). La topología del espacio político. In Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (pp. 399-426). Ministerio de Justicia, disponible en: https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-M-1999-10039900426
6 Engels, F. (2017). El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado, Archivo Marx-Engels de la Sección en Español del Marxists Internet Archive (www.marxists.org), p.54.
7 Innerarity, D. Entrevista por Carmen Morán Breña, Guadalajara (México) El País, 29 NOV 2023, disponible en https://elpais.com/mexico/2023-11-29/daniel-innerarity-la-libertad-de-la-derecha-es-la-no-interferencia-la-de-la-izquierda-la-ausencia-de-dominacion.html
8 Rojas, R. (2020). Una apostilla sobre la “batalla cultural”, Infobae, edición del 29-09.20, disponible en https://www.infobae.com/opinion/2020/09/29/una-apostilla-sobre-la-batalla-cultural/
9 Bayer, O. (2017). Material audiovisual, disponible en https://www.facebook.com/share/v/1BhRw5s321/
10 Brailovsky, D. (2024). Acerca de las ideas de igualdad (y desigualdad) en educación, La izquierda Diario: Tribuna abierta, edición del 27-06-24, disponible en https://www.laizquierdadiario.com/Acerca-de-las-ideas-de-igualdad-y-desigualdad-en-educacion
11 Innerarity, D. (2023). Para ganar a la extrema derecha El País, 05/12/2023 (https://elpais.com/opinion/2023-12-05/para-ganar-a-la-extrema-derecha.html%20
12 Jarquín-Ramírez, M. y Díez-Gutiérrez, E. (2024). Nuevas derechas y disputas políticas del derecho a la educación. Atlas Network y la privatización educativa en América Latina, Tramas y Redes Jun. 2024 Nº6 ISSN 2796-9096 (68-83). Estos autores mexicanos analizan específicamente el caso de Atlas Network, originalmente denominada Atlas Economic Research Foundation, “una organización creada en 1981 por Anthony Fisher, un seguidor de las ideas de Friedrich Hayek, con el fin de difundir las ideas del liberalismo a nivel internacional. Fue constituida inicialmente por una docena de organizaciones afines a dicho programa político. Actualmente cuenta con más de 500 organizaciones socias1, y colabora además con proto-partners, que son esencialmente organizaciones aliadas (Lips, 2020). Dichas organizaciones llevan a cabo distintas acciones: producen conocimiento orientado a políticas públicas, hacen lobby por determinadas causas, organizan eventos, publican materiales, participan en la “guerra de las ideas” contra la izquierda e incluso participan en convocatorias políticas” (ob.cit.,p.70).
13 Gluz, N. y Kesler, A. (2024). El avance de las nuevas derechas y el cercenamiento de lo común en las políticas educativas argentinas del S.XXI, Debates em Educação, Vol. 16, Nº. 38, Doi: 10.28998/2175-6600.2024v16n38pe17876. Acerca de la relación de las gestiones de derecha con relación con empresas, fundaciones, ONG y think tanks y sobre la infiltración privada en la educación pública, ver también: Wanschelbaum, C. (2023). Derecha y Educación: Deslegitimación y colonización de la educación pública durante el gobierno de Macri. Revista IRICE, (44), 52–71. https://doi.org/10.35305/revistairice.vi44.1585
14 Bobbio, N. (1996). Derecha e Izquierda. Razones y significados de una distinción política, Madrid: Taurus, p. 13.
15 Wanschelbaum, C. (2022). La ofensiva de la derecha en la educación y las formas encubiertas de privatización. Espacios en blanco. Serie indagaciones, 32(1), 173-186; ver también: Feldfeber, M., Puiggrós, A., Robertson, S. y Duhalde, M. (2019). La privatización educativa en Argentina. Segunda edición. Instituto de Investigaciones Pedagógicas “Marina Vilte”. Buenos Aires, Argentina: Secretaría de Educación, CTERA.
16 Ver: Dussel, I. (2016). La igualdad como imperativo. Debates sobre el pasado y el futuro de las políticas de inclusión educativa, educar en Córdoba, Año XI, nro. 33, disponible en:
La igualdad como imperativo. Debates sobre el pasado y el futuro de las políticas de inclusión educativa
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


