La teoría materialista y dialéctica de la educación permite una doble critica a las concepciones idealistas y objetivistas de la pedagogía. Por un lado, permite abordar los problemas educativos desde una concepción crítica, alejada tanto del idealismo pedagógico, que supone que la practica educativa es suficiente para modificar las circunstancias históricas, por otro, permite desarrollar una crítica al reproductivismo educativo, que no concibe a la experiencia escolar posibilidad justa de resistencia contra el capital.
Idealismo pedagógico
Existen concepciones pedagógicas que enarbolan la tesis de que la educación por sí misma, si es emancipadora, puede llegar a liberar a los oprimidos.i Desde estas corrientes, la educación aparece como la teoría de la revolución social. Estas perspectivas de una pedagogía aparentemente radical, no son nuevas, son herederas del socialismo utópico del siglo XVIII, particularmente, del idealismo pedagógico que concibe la modificación de las circunstancias históricas como resultado de cambios graduales de la psicología o la moral de las generaciones presentes y futuras, y no como resultado de la lucha de clases.
El ejemplo más paradigmático del idealismo pedagógico es el socialista Robert Owen (1771-1858). Owen afirmaba que se puede construir un nuevo mundo moral por medio de reformas sustentadas en la razón, y con ello atribuye cualidades transformadoras a la educación, ya que supone que “es la ignorancia de los hombres el principal obstáculo que impide a la humanidad superar las condiciones de pobreza, el crimen y la infelicidad”. Es por ello que, para Owen, la socialización de la educación permitiría la reforma gradual pero permanente de las condiciones sociales, expresando así una confianza romántica “en el poder de la razón para llevar por sí misma al cambio social.”ii
El papel reformador que los socialistas utópicos atribuían a la educación fue inspirado por el humanismo y racionalismo burgués promovido por las ideas de los ilustradores europeos. Con el advenimiento de la ilustración burguesa en el siglo XVIII, se sometió a una dura crítica todo el orden social feudal, “se enalteció el reino de la razón, en adelante, la superstición, la injusticia, el privilegio y la opresión serían desplazadas por la verdad eterna, por la justicia eterna, por la igualdad basada en la naturaleza y los derechos inalienables del hombre”iii. Sin embargo, ese reino de la razón, dice Engels, solo era la idealización del reino de la burguesía, el reino de la propiedad privada.
La influencia del idealismo pedagógico en el movimiento obrero, difundido por las fantasías reformadoras de los socialistas utópicos, motivó a Marx a reflexionar desde un discurso crítico y materialista al respecto. En la tercera Tesis sobre Feuerbach (1845), Marx apuntaba que, al ser la educación resultado de las condiciones materiales de la sociedad, y que “todo educador necesita ser educado”, esta no podría ser el factor de transformación social, que para que las circunstancias históricas cambiasen, se requiere la acción revolucionaria. Las Tesis de Feuerbach, son redactadas como parte de las polémicas con el pensamiento utópico socialista que prevalecía en Alemania, por lo que la concepción de la educación de Marx en las Tesis, se plantea desde la concepción materialista, no como lo que debería de ser, sino como lo que es.
Aníbal Ponce demuestra la falsedad de las supuestas cualidades “transformadoras” de la educación, por medio de un riguroso análisis histórico materialista expone la naturaleza clasista de la misma. Para Ponce, el hecho educativo implica necesariamente un Ideal pedagógico, ideal que supone la imposición de un deber ser al cual los niños y las niñas deben ajustarse, por lo que el Ideal pedagógico en que se educa a las infancias varía según la clase a la que pertenezca cada infante, pero sin importar cual sea la clase, siempre hay una constante, se educa en la concepción del mundo de la clase materialmente dominante. Por ello, para Ponce, la pedagogía dominante “tiene la tarea de adaptar a la joven generación a las relaciones humanas vigentes en la sociedad, no es su cometido prepararlas para crear nuevas relaciones,” es por ello que en “el ideal pedagógico está la raíz del hecho educativo históricamente concreto.”iv De esta forma, la institucionalización de cierto tipo de educación, en el fondo y de forma abierta o velada, pugna por la reproducción de una forma específica de relaciones sociales, y con ello, por la reproducción de una forma específica de sociedad, cultura, ideología y poder político.
El problema con el discurso del idealismo pedagógico, según Itsvan Mészaros, es que da por sentado el sistema metabólico de la sociedad capitalista, por lo que “tiene que conformarse con los límites mutilantes del capital […] intenta[do] conseguir lo imposible: la reconciliación entre la concepción de una utopía liberal-reformista y las reglas implacables del orden estructuralmente incorregible del capital”.v
El voluntarismo subjetivista del idealismo pedagógico reside en que “no concibió los factores que determinan el desarrollo social” y tampoco concede al proletariado “tarea histórica alguna ni movimiento político autónomo, por estas razones estaba condenado a alimentar ilusorias creencias en la fuerza revolucionaria de la educación […] que quedaba al margen del movimiento revolucionario de la clase obrera.”vi
Reproductivismo educativo
Louis Althusser, en su obra Ideología y aparatos ideológicos del Estado, incorpora al concepto de Estado la determinación de aparatos ideológicos, tales como los religiosos, el escolar, familiar, sindical, cultural, de información, políticos, etc. Los aparatos ideológicos, particularmente la educación, son una condición para que se produzcan las condiciones que permitan la reproducción de las relaciones capitalista, entre ellas, la producción de fuerza de trabajo.
Para Althusser, la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo exige “reproducción de la calificación (diversificada) de la fuerza de trabajo”, también “la reproducción de su sumisión a las reglas del orden establecido, es decir una reproducción de su sumisión a la Ideología dominante por parte de los obreros”, y esta se logra “fuera de la producción, por medio del sistema educativo capitalista,” por ello, la escuela, asegura el “sometimiento a la ideología dominante”.vii
La tesis central de Louis Althusser, concuerda con las tesis de Ponce, en la medida que ve en la experiencia escolar, un mecanismo de dominación ideológica pero también de preparación técnica de las clases, según el papel que les toque desempeñar en la división social y técnica del trabajo. Así, mediante la educación dirigida a las clases populares, las clases dominantes buscan mantener, afianzar y expandir su dominación política y su dirección ideológica y cultural que permita la reproducción capitalista. De esta forma, la educación dominante es siempre la que consecuentemente obedece a la clase dominante, no bajo elementos constitutivos, dispersos o fortuitos, sino como mecanismo que articula la ideología dominante, la cultura de las elites y subordina la cultura e ideas de las clases subalternas, ya que “la clase que domina materialmente es la que domina también con su moral, su educación y sus ideas”.
Sin embargo, la teoría de la escuela como aparato ideológico, puede llegar a menospreciar a la educación como un conjunto de prácticas de resistencia y a la escuela como un espacio de impugnación de la ideología y el orden social existente que, si bien se desarrollan en forma asimétrica con la pedagogía y escuela dominante, tiene la función de permitir que sectores de la clase trabajadora mantengan condiciones democráticas en el capitalismo.
Es verdad que Althusser señala que “los aparatos ideológicos de Estado pueden no sólo ser objeto sino también lugar de la lucha de clases [y la] resistencia de las clases explotadas puede encontrar el medio y la ocasión de expresarse en ellos, ya sea utilizando las contradicciones existentes, ya sea conquistando allí posiciones de combate mediante la lucha,” pero esta posibilidad, queda completamente eclipsada por la “aplastante dominación capitalista”.
El reproductivismo no logra captar en su justa dimensión que la educación, al ser parte de la construcción de hegemonía, no siempre está enmohecida por relaciones sociales dadas, sino que expresa una dinámica relación de fuerzas antagónicas. Si la experiencia escolar fuera una instancia monolítica de dominación de la burguesía, la totalidad de la comunidad escolar sería mera criatura, completamente ajenas a la posibilidad de desarrollar practicas educativas alternativas o de lucha y resistencia que impugnen el orden existente.
La escuela y la educación representa, como todos los espacios de la sociedad, uno de disputa ideológica, una trinchera de la lucha de clases y batalla por la dirección cultural entre la burguesía y el proletariado, un espacio que contribuye a socavar el orden burgués. Para el proletariado la escuela tiene funciones políticas que han sido conquistas históricas de las masas populares en las revoluciones democrático burguesas:
- Permite mantener o ampliar los derechos democráticos del conjunto del pueblo trabajador.
- Permite el acceso al conocimiento científico y a la cultura que permitiría resistir el ascenso de regímenes teocráticos y oscurantistas.
- Permite el desarrollo de las capacidades “psicológicas superiores”, y por tanto el desarrollo de una intelectualidad y cultura popular que combata el atraso y la ignorancia.
- Si profesores o estudiantes están involucrados en el movimiento revolucionario, posibilita constituir a la escuela en un espacio que puede devenir en el cuestionamiento radical de la dominación burguesa.
La escuela desarrolla una capacidad de cultura crítica que podría ser crucial para la liberación del proletariado. Son aleccionadoras las reflexiones gramscianas de cómo fue que las fuerzas feudales perdieron ante la burguesía, su capacidad de hegemonizar ideológicamente, y también, cómo es que la burguesía perderá dicha hegemonía ante el proletariado, si se desarrolla una “preparación ideológica de las masas”viii. Si bien la revolución no pasa por la escuela, parafraseando a Salvador Allende, no se puede dejar a la escuela, como a ningún otro espacio donde el proletariado desarrolla su vida cotidiana, abandonada al frío interés del capital.
Conclusión
El idealismo pedagógico que por sus raíces utópicas se extravía en el deber ser de la educación y la sociedad, no aprehende objetivamente la materialidad de los fenómenos educativos, la educación realmente existente, ni logra distinguir sus planos, como educación escolar o como educación política, tal como lo hace Marx, por lo que carece de eficacia transformadora al no comprender el papel de la praxis revolucionaria en la modificación de las circunstancias históricas. Por su parte, el reproductivismo educativo no comprende en su justa dimensión la posibilidad de la escuela y la educación en el desarrollo de la cultura crítica del proletariado que podría ser fundamental para su propia liberación. La concepción marxista de la educación rechaza el voluntarismo subjetivista del idealismo y el fatalismo objetivista del reproductivismo.
No se le puede pedir a la educación y a la escuela en el capitalismo mayores funciones que las otorgadas por las revoluciones democrático burguesas, por ello, la educación en sí misma no cuenta con el poder de transformar la realidad histórica, sin embargo, la lucha por la educación o la escuela pública, como cualquier lucha por derechos democráticos, puede proyectarse y contribuir al deterioro de la hegemonía burguesa, posteriormente al desmoronamiento del régimen burgués, y contribuir a la consolidación del estado socialista. Por ello, la función histórica de la educación de socavar el orden burgués y afianzar el Estado socialista, se encuentra mediada por la acción triunfante de las fuerzas revolucionarias.
Notas:
i Quizás los autores contemporáneos más emblemáticos de esta tradición son Paulo Freire o Peter Maclaren, cuya obra supone que la educación en si misma configura una estrategia emancipatoria de los oprimidos.
ii Susana Quintanilla, La educación en la utopía moderna del siglo XXI, 1985, Mexico, Ediciones el Caballito.
iii Federico Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, Moscú, Progreso, (1981), p. 32.
iv Aníbal Ponce, Educación y Lucha de Clases, (1934), Buenos Aires, UNIPE, (2015) p.45.
v István, Mészáros, La educación más allá del capital (2008), Argentina, Siglo XXI/CLACSO, p. 27
vi Bogdan Suchodolski, Teoría marxista de la educación (1865). Op. cit.,
vii Louis Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado (1970). Freud y Lacan, Nueva Visión, Buenos Aires, 1988, consultado en https://www.marxists.org/espanol/althusser/1970/iv.htm
viii Antonio Gramsci, Necesidad de una la preparación ideológica de las masas, en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/mayo1925.htm
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