Entre las características del traqueto sobresalen la codicia, el arribismo, el arrastrarse en forma abyecta con tal de alcanzar sus metas personales.
“[…] el traqueto pasó a ser uno de los tipos característicos que hoy nos identifican como nación […] ¿Somos un país traqueto? Pocos se atreverían a negarlo. […] Se puede matizar, desde luego [pero] ha habido una insidiosa penetración de la estética rimbombante y su ausencia de ética en todos los rincones de nuestras vidas privadas y públicas”. -Beatriz Arana et al. (Curadores), Cartografía verbal del odio en Colombia.
Pedro Gómez Valderrana escribió La otra raya del tigre, novela en la que narra las peripecias del aventurero alemán Geo von Lengerke (1827-1882) en Santander en la segunda mitad del siglo XIX. Cada nueva acción de este aventurero, saqueador y destructor de la naturaleza y la biodiversidad, es mostrada como cuando a un tigre le sale una nueva raya: “Él se rió y dijo que había soñado los caminos, que eran como rayas de tigre, como nuevas rayas que se le iban sumando a su piel, y que por alguna razón misteriosa el sentía como era eso de los caminos, y el impulso de abrirlos, los veía antes de trazarlos…sabía de alguna manera por donde debían orientarse sus rayas”.
En realidad, Gómez Valderrama se hacía eco del refrán ¿“Qué le hace una raya más al tigre”? que se pronuncia en diversos lugares de nuestra América, incluyendo algunas regiones [Santander] de Colombia cuyo significado indica que, cuando alguien tiene un defecto notable, nada negativo de lo que haga estropeará su mala reputación. Nada de lo que se agregue a las rayas del tigre lo va a perjudicar, cualquier cosa que se diga, es decir una nueva raya, pasa desapercibida.
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Las rayas de un falso tigre Abelardo, Made in the USA, representan sus delitos y tropelías, algunas de las cuales pueden mencionarse en forma somera.
La raya paramilitar, por su respaldo político, jurídico y social a los asesinaos de las AUC [Autodefensas Unidas de Colombia] a nivel personal y desde la ONG Fundación FIPAZ. En ese momento afirmó: “Mancuso es mi paisano y se echó a espaldas una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses. En el lugar de él, yo habría hecho lo mismo: me han querido señalar como ‘paraco’, pero, como dice Uribe, si me hubieran querido matar y extorsionar, habría sido ‘paraco’ de verdad, con uniforme y con fusil”. A esto se agrega su apoyo abierto a un paramilitar, Santiago Vélez Uribe, organizador de la banda criminal de los 12 Apóstoles y responsable directo de masacres y asesinatos, cuya condena se ratificó hace pocos días. El falso felino aseguró el 13 de noviembre de 2024: “El único delito de Santiago Uribe es ser hermano del gran colombiano”.
La raya de su oscuro enriquecimiento, que se expresa en el ejemplo de la firma De la Espriella Lawyers Enterprise, fundada en 2003 con 500.000 pesos y que hoy reporta activos superiores a los 39.000 millones de pesos, es decir, en dos décadas tuvo un crecimiento de cerca del 80 mil por ciento, algo difícil de concebir en un negocio capitalista normal. Esa firma, junto con sus otras empresas, es poco transparente, y cuenta con socios de dudosa ortografía, entre ellos paramilitares, estafadores y pedófilos.
La raya de su fracaso como empresario: El falso felino miente de forma reiterada al señalar que es el claro ejemplo del “emprendedor exitoso”, del inversionista triunfador que, con trabajo duro y denodado esfuerzo, ha adquirido una enorme riqueza. Sin embargo, más de 30 de las sociedades de la que es propietario o accionista, registradas en Colombia, Estados Unidos y Panamá, tienen pérdidas millonarios, patrimonios al límite y un gran fondo de deudas que superan sus activos y muestran su insostenibilidad financiera.
La raya de su defensa de criminales, delincuentes y estafadores, a muchos de los cuales estafó, al punto que un paramilitar, confeso y condenado, Juan Carlos Tuso Sierra, dijo que era “un bandido” y otro paramilitar, Ever Velosa, sostuvo que pertenecía a un frente de las AUC. La raya de su machismo primario y de su misoginia acendrada, que lo llevan a presumir que “los cojones no me dejaron crecer”, “soy el que más cojones tiene para hacer lo que la patria necesita” y en mostrarles a las mujeres su falo, ostentando de su tamaño (su mondá en la jerga del caribe colombiano). Tampoco oculta que considera a las mujeres seres inferiores, ignorantes y de las que se suele burlar en público con chistes de mal gusto. Tiene el descaro de calificarse a sí mismo de un “feminista de la vieja guardia”, que considera que las mujeres deben permanecer en su lugar adecuado, en “¡El trono, cariño!”.
La raya de su clasismo descarnado, ya que profesa un odio por los pobres y los humildes, por sus costumbres y hasta por sus comidas cotidianas. Ha dicho que el ajiaco es “un potaje carcelario de papa con pollo”, “Yo soy un costeño mediterráneo” porque “No como arepa de huevo. Yo como comida del Mediterráneo: pastas, branzino, spigola”.
La raya de su culto morboso al lujo y a la ostentación, tanto que viaja en avión privado. Es tan amigo de los pobres que ha lanzado al mercado una marca de tenis, con un costo asequible para cualquier habitante de barrio: a cinco millones de pesos (1250 dólares) el par. Ha dicho que esos tenis no son simple calzado, sino “una pieza de arte y poder, hecha para quienes caminan con autoridad”, no están diseñados para todos “sino para los tigres de verdad”. También se ufana de usar ropa fina, tanto que hace viajes especiales a Italia para renovar su ropero. Dice haber diseñado una colección, a la que denomina Siempre Avanti, de “ropa para hombres, que incluye artículos como chaquetas, pañuelos, bufandas, corbatas y camisas muy del estilo reconocido del abogado”. Una chaqueta cuestan un millón de pesos, las camisas rondan el medio millón y las telas decorativas los 300 mil pesos.
Presume de ser un gran tenor, cuyo gusto musical no compagina con los sones populares de Colombia, que para un tipo tan refinado como el tigre de opereta son puro ruido, sin estilo ni arte. Pese a eso, es íntimo amigo y socio de Silvestre Dangond, que es conocido con el remoquete de “El paramilitar del Vallenato”.
La raya de la falsa religiosidad: Hasta no hace mucho tiempo el seudo felino presumía de ser ateo. Pero ahora, en plena campaña electoral y para conseguir votos de diversas iglesias, sobre todo de las evangélicas, se ha convertido en un camandulero que reza todos los días en su casa, o por lo menos eso muestra en su propaganda. Va a muchas iglesias, sin importar la religión que allí profesan: visita a los lugares de culto protestante, las sinagogas y los templos católicos. Eso sí, dice que el Islam es una “amenaza para la humanidad”, repitiendo el mantra de Israel y el Occidente. Presumiendo de una falsa erudición agregó: “Oriana Fallaci lo dijo a mediados de los 70′ (sic): la gran amenaza para Occidente es la expansión del islam. Y mira lo que está pasando en Europa. Y Oriana Fallaci lo dijo hace 50 años”. Recordemos que el libelo racista y antiislamico de la Fallaci se titula La Rabia y el orgullo y fue publicado en 2001, lo que demuestra que la precisión y el rigor no son una característica de un seudo felino traqueto.
Su conversión del ateísmo al fanatismo religioso fue todo un milagro, por algo su plan de desgobierno se denomina Milagro Colombia. Ocurrió durante su visita a la Basílica del Señor de los Milagros en Buga. Allí, frente al “negrito de Buga”, el original, la imagen expuesta solo cada seis años, el falso tigre confiesa: “Empiezo a llorar como si abrieran una llave y yo no podía contenerme”.
La raya de su admiración y apología de los genocidas sionistas de Israel, “El estado de Israel, el primer ministro Netanyahu, está haciendo lo que tiene que hacer para defender a su pueblo, y es lo mismo que voy a hacer yo para defender a Colombia. Cueste lo que cueste. Además, promete reestablecer relaciones con los genocidas e incluso instalar la Embajada de Colombia en Jerusalén.
La raya de su postración y servilismo frente a Estados Unidos, tanto que su verdadera nacionalidad es la estadounidense, y lo dijo con orgullo el 17 de febrero de 2023, cuando juró lealtad absoluta a los Estados Unidos: “Por la presente declaro, bajo juramento, que renuncio y abjuro absoluta y completamente a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjeros, de los cuales haya sido hasta ahora súbdito o ciudadano; que apoyaré y defenderé la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales; que guardaré verdadera fe y lealtad a las mismas; que tomaré armas en nombre de los Estados Unidos cuando lo exija la ley (…)”. Ese es el mismo personaje que ahora se dice nacionalista y patriota, cuando odia al país y a sus habitantes, porque entre otras cosas afirma que los colombianos son “cafres y desagradecidos”, todos menos él, que es un abogánster de los “colombianos de bien”.
Su raya patriotera se la trazó su amo imperial, el carnicero Donald Trump, que lo apoya descaradamente y sobre el cual el seudo tigre afirma en forma abyecta: “Querido y respetado presidente Trump: Gracias por su apoyo irrestricto. Con el respaldo de los Estados Unidos y una alianza sólida y estratégica entre nuestras naciones, retomaremos el camino de la seguridad, la prosperidad, el desarrollo y la esperanza para millones de colombianos. Nuestros países comparten valores fundamentales de libertad, democracia y respeto por la ley”.
La raya de odio que profesa hacia todos aquellos que sean de izquierda, y por eso ha prometido “destriparlos, como corresponde”, porque “a esa plaga hay que erradicarla. No merecen un trato diferente”; “mis enemigos son Cepeda y Petro, y con ellos sí que me voy a enfrentar, a ellos sí que voy a castigar como corresponde”; “al crimen y al bandidaje no se enfrenta con palabras bonitas, y con tonos suaves y lastimeros”, porque “los bandidos no entienden sino a través de ese lenguaje, y de la fuerza”.
La raya de su inmenso cariño y de una ternura ejemplar por los animales, y tengase en cuenta que ahora usa en forma agresiva el nombre de un grandioso animal. Dice con mucha dosis de orgullo que uno de sus pasatiempos de niño era estallar con polvora a los gatos: “solía quemar felinos con pólvora. Era terrible, pero me divertía”.
Su raya antiabortiasta y antiderechos. Como parte de su conversión milagrosa a la religión y. rodeado de tenebrosos pastores evangélicos que le hacen rituales de protección divina, se presenta como el adalid de la “familia, la tradición y la propiedad”, una máxima de infausto recuerdo en Colombia y otros lugares del mundo. Por eso, enarbola un discurso antiderechos, que se opone al aborto, al matrimonio entre parejas del mismo sexo, a la libertad de catedra y pensamiento en las universidades.
Su raya racista: De los indigenas ha dicho que “van a ver lo duro que muerde el tigre y no como de indio, no como de negro, no como de blanco, no como de nada”. Refiripendose a los bloqueos y a las protestas de los indígenas de El Cauna ha dicho: “El que salga a hacer desmanes y atacarme a la gente y a la fuerza pública le voy a caer con mano de hierro”.
Su raya homofobica, opinando sobre Juan Daniel Oviedo, el candidato vicepresidencial de Paloma Valencia, en tono burlesco e imitando su forma de hablar dijo: “A mí hay vainas de Juan Daniel que tampoco me gustan y no las digo. Lo mío se resuelve poniéndose las medias. Lo que no me gusta de Juan Daniel, jodido que lo arregle”.
Su raya ecocida: En su agresiva campaña electoral el seudo felino y sus secuaces repiten un oxímoron cuando afirman que van a impulsar el “fracking sustentable” y, con eso en mente, van a permitir la explotación minera y petrolera en los páramos y selvas del país. Aparte de todo es un mentiroso y negacionista empedernido, que posa de muy sabio, cuando pretende dar cátedra: “El fracking, sí, les explico rapidito, en un minuto para dumis, para que la gente entienda: el fracking es una obra civil. Es como si tú haces un edificio o haces una casa. Si la haces bien, no se va a caer. Si tú haces bien el fracking no hay contaminación ambiental. Segundo dato importante, después de la tecnología militar, la tecnología más brava y precisa es la tecnología de perforación de petróleos y gas”.
Su candidato vicepresidencial, que se considera provida porque se opone al aborto, no le preocupa aniquilar diversas formas de vida con el fracking y por eso dice: “¿Es posible hacer fracking y proteger el medio ambiente al mismo tiempo? La respuesta es sí, siempre que se haga con responsabilidad, tecnología y los más altos estándares ambientales. El fracking sostenible [es] una herramienta para fortalecer la seguridad energética, generar empleo y dinamizar la economía, sin renunciar a la protección de los ecosistemas y las comunidades. Así lo haremos en la Patria Milagro”. Lo del fracking sostenible es como hablar del “petróleo limpio”, o decir que Donald Trump es el mejor cuidador de un jardín de niñas.
La raya de la guerra, la violencia y la brutalidad: Así como ha dicho que hay que acelerar la destrucción de los ecosistemas de nuestro país, de los que aún quedan medianamente protegidos, el falso tigre afirma que en cuestiones de orden y seguridad va a dar plomo a la lata, con bombardeos, represión a vasta escala y la construcción de 10 mega cárceles al estilo de las de Bukele en el Salvador. Y sostiene que va a erradicar la hoja de coca del territorio nacional mediante la fumigación aérea y otras formas de perseguir a campesinos e indígenas en diversas regiones del país. Anuncia que durante sus posibles cuatro años de mandato presidencial va a erradicar 330 mil hectáreas de hoja de coca (algo así como 226 hectáreas por día), un verdadero crimen de contra los campesinos y la naturaleza.
De la misma forma, generalizara los bombardeos contra grupos insurgentes y como “gran novedad” (ordenada y copiada de su amo imperial) bombardeará aeronaves y embarcaciones vinculadas al narcotráfico: “Voy a dar la orden de hundir todas las lanchas que salgan por el Caribe, por el Pacífico y por el Golfo de Urabá”. Respecto a las protestas ha dicho: “El que quiera salir pacíficamente que lo haga, pero el que me cierre vías, el que atente contra la infraestructura o ataque a la fuerza pública va a saber lo duro que muerde el tigre”. Pregona por la aplicación institucional de la “pena de muerte” por parte de Ejército y policía, pues ha llegado a asegurar que “una persona que viene a incendiar un tanque tiene que ser dado de bajo si no se detiene”. Esto, para que volvamos a ser sin duda alguna el Israel de Sudamérica, copiando el estilo asesino de los sionistas, a los que tanto adora.
Todas las rayas del falso tigre son una marca indeleble de criminalidad, ostentación, odio, postración ante los Estados Unidos e Israel, culto a la violencia, machismo, racismo, clasismo, desprecio a los pobres y humildes y una tremenda impunidad. Todas esas son las características de los traquetos colombianos y de la cultura traqueta que se consolidó en nuestro país en los últimos 25 años. El falso tigre es un prototipo de ese traqueto, aunque pose de ser refinado, “culto”, “poliglota”, amante de los buenos vinos, viaje en avión privado y vista con frac. Esto no lo hace menos traqueto, simplemente exhibe su principal raya, aquella que tanto es admirada por una parte de la colombianidad: la de traqueto con frac, es decir, que viste como un “colombiano de bien”.
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En el caso de las elecciones en Colombia ha sucedido algo peor de aquello que dice el dicho popular que mencionamos al comienzo (“¿Qué le hace una raya más al tigre”?) para aludir a que algo más perverso ya no cambia nada de lo que está mal. En ese sentido, se está reeditando lo que aconteció con el monstruo de la espalda gigante, el del Ubérrimo, quien, en sus tiempos de esplendor y de embrujo, era agrandado por sus seguidores a medida que se conocían nuevos datos de su interminable comportamiento criminal. Esto es lo que sucede en estos momentos con el pretendido felino: su tenebroso prontuario, sus conexiones oscuras, su clasismo, su misoginia, su desprecio por los homosexuales, su burla de los derechos sociales, todo eso lo eleva más ante los ojos de sus electores que lo ven como el “salvador de Colombia”, ante el peligro del “comunismo” que los acecha, y un defensor acérrimo de los “valores tradicionales de la familia”.
¿Cómo se explica que diez millones de colombianos hayan votado por el falso tigre en la primera vuelta presidencial? ¿Acaso ha sido por ignorancia y falta de información? ¿Ese apoyo electoral es un resultado de la simple manipulación mediática y digital? Para nada, es algo peor que lleva a que miremos de frente a una parte de la colombianidad, de aquella obnubilada con los traquetos, con la riqueza mal ávida, con la brutalidad, con la violencia, con el aplastamiento simbólico y real de aquellos a los que consideran “comunistas” y de izquierda, que reza a gritos en las iglesias evangélicas e idolatra a los genocidas de Israel. Nos referimos a esa parte de la población que desprecia a los humildes, a los trabajadores, a las mujeres pobres, a los indígenas a los afrodescendientes negros y que haría todo lo que fuera necesario para eliminarlos de la faz de Colombia. Lo peor es que muchos de los que conforma esa franja de la población, imbuida hasta los tuétanos por la cultura traqueta, son pobres y su piel no es precisamente aria pura o algo por el estilo, ni pueden darse los lujos que exhibe en forma estrafalaria el traqueto de frac.
Por eso no sorprende que, entre quienes son seguidores furibundos del falso tigre haya mujeres, gais, indígenas, afros, trabajadores comunes y corrientes, empleados y contratistas del Estado, todos los cuales van a sufrir en carne propia y de manera inmediata las consecuencias de la hecatombe social y económica que se produciría si llegara a ganar su candidato traqueto.
Esto indica el nefasto impacto de la cultura traqueta en la sociedad colombiana, que conduce a que una parte de ella odie sin límites, profese la violencia y la crueldad y le rinda culto a las armas y aplauda la brutalidad que se ejerce contra otros seres humanos (a los que califica de “ratas”, “alimañas” o “sabandijas”), como lo hacen la mayor parte de cristianos evangélicos que apoyan a dos carniceros de moda: a Benjamin Netanyahu y a Donald Trump.
A todos ellos se les puede recordar la canción de León Gieco Ese pequeño argentinito que llevamos, el cual parafraseamos cambiando argentinito por colombianito:
Ese pequeño colombianito
que llevamos
Va colgado como gajo de la mano;
Bien peinado con corbata y mocasín
Va gritando sólo para hacerse ver. […]
Picapleitos, paranoico y desconfiado, va puteando con voz de ventrílocuo.
Es apostólico, católico y romano […]
Ese pequeño colombianito que llevamos
Va colgado como gajo de la mano.
Odia a piquetes y a los pobres de la esquina; […]
Junta las ramas con espinas de los parques
Y te las clava en la espalda hasta sangrar;
Naturalmente es fracasado y te hace ver
Que aun perdiendo es ganador. […]
Ese pequeño colombianito que llevamos
le tira los gatitos del balcón,
[…]
Ensarta sapos con la flecha de su arco
Y muestra su trofeo al fin.
Periférico, vacío y egoísta,
Cree que todo este mundo piensa en él […]
En nuestro país, uno de los más injustos y desiguales del mundo entero, hay dos Colombias: una, el de los humildes y dignos y otra el de aquellos que elogian y practican la crueldad y la violencia, y propugnan por la injusticia y la desigualdad. Acá sucede lo mismo que cantó el poeta español, pero universal como ninguno, Antonio Machado al decir sobre su propio país en la primera década del siglo XX: “Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios; / una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”. Podríamos repetir esto para nuestro país, diciendo: “Colombianito que vienes/ al mundo, te guarde Dios;/ una de las dos Colombia/ ha de helarte el corazón”.
En realidad, y para concluir, los pobres tigres de la vida real, esplendidos y majestuosos, no tienen la culpa de que un traqueto utilice su nombre genérico como arma de odio. En verdad, si nos referimos a la fauna colombiana de la política, a nuestro bestiario tropical, aunque eso signifique ofender a cualquier animal, puede decirse que el traqueto de frac es un lagarto, de esos que pululan en la política colombiana. Esos lagartos son de sangre fría, se camuflan y siempre tienen claro de donde viene el calor, el que irradian los poderosos del país y del extranjero. Entre sus características distintivas sobresalen la codicia, el arribismo, la lambonería el arrastrarse en forma abyecta con tal de alcanzar sus metas personales y por eso cambian de discurso cada vez que sea necesario y mienten vilmente, sin que les tiemble la voz.
Ante el peligro que representa el triunfo del lagarto de frac es pertinente que la otra Colombia, la humilde, plebeya y digna, se oponga desde ya, con la movilización y la lucha contra aquellos que quieren ensangrentar y destruir este país, ya de por sí maltrecho y desvertebrado.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


