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Más allá del aparente resultado de las elecciones presidenciales de Colombia

Fuentes: Rebelión
  1. El aparente resultado de las elecciones de Colombia evidencia, nuevamente, la profunda división del país en dos grandes bloques, que están en disputa desde hace por lo menos diez años. Aún pasará mucho tiempo para que haya una nueva hegemonía sólida. Sin embargo, la fuerza que más viene creciendo con base en un profundo proceso de concientización, como parte de un despertar hacia un nuevo sentido común de la gente del común, que empezó a manifestarse en el paro del 21 de noviembre de 2019, es la fuerza que le apuesta a la paz con justicia social y a la vida digna.
  2. El proceso de forjar una consciencia colectiva anti-uribista y anti-neoliberal, se consolidó en el paro de 2021 y ya tiene hondas raíces. Esto posibilitó en 2022, la elección de un primer gobierno que se asume como progresista y con una representación muy importante en el Congreso (siendo la primera fuerza, aunque no mayoritaria, logro que se mantiene y se fortaleció para el congreso entrante).
  3. Es importante historicizar ese proceso, por lo menos desde cuando llega al gobierno Álvaro Uribe Vélez (quien fue presidente entre 2002 y 2010 – máxima expresión del terrorismo de Estado); pasando por los gobiernos de Juan Mauel Santos Calderón (entre 2010 y 2018 – considerado un traidor por parte del uribismo, por la apertura a un proceso de paz, a pesar de que había sido ministro de defensa en las acciones contrainsurgentes más brutales, ilegítimas y hasta ilegales del segundo gobierno de Uribe-Vélez y que mantenía en lo fundamental toda la agenda neoliberal); hasta el mal gobierno de Iván Duque Marquez (entre 2018 y 2022 – versión caricaturesca del uribismo, que llevó a todos los límites al pueblo trabajador con sus políticas de muerte, agudizadas en la pandemia). El denominado bloque progresista, con fuerzas de izquierda en su interior, se ha fortalecido electoralmente, esa tendencia se mantuvo en las elecciones de este año tanto para el congreso como las presidenciales.  
  4. Hubo toda forma de saboteo contra la campaña del Pacto Histórico y la Alianza por la vida, pero también hubo una respuesta popular, desde las bases organizadas, así como muchas expresiones espontáneas, que hicieron un enfrentamiento comunicacional. Aquí desde lo lejos y que mal acompaño las llamadas “redes sociales” (y que todavía escribo tercamente textos de más de dos líneas), pienso que ha habido una crítica y auto-crítica que no valoriza toda la potencia que se movilizó en la campaña y que dio resultado. Es necesario ciertamente pensar la comunicación, en sus fundamentos y sus formas, está ahí un gran desafío para movilizar las emociones, pero sin perder la razón y con principios ético-políticos – la campaña en sus diversas expresiones lo hizo, hay que reconocerlo y agradecerlo, eso no implica que no se analicen los errores cometidos-.
  5. Lo que sigue es fortalecer más la organización, del propio Pacto Histórico, de la Alianza por la vida, pero sobre todo de los procesos de base y de los movimientos sociales. El mayor desafío, y no está surgiendo ahora, es lograr una movilización social permanente que presione en las calles para continuar profundizando el proceso de democratización política, social y económica, que defienda la vida, la vida digna, y que enfrente al neoliberalismo y al uribismo, esto implica que también se priorice mantener cuadros y dirigentes políticos en las responsabilidades que no se limitan a los escenarios institucionales. Vienen las elecciones Departamentales y Municipales de 2027, por lo que la unidad lograda en esta campaña presidencial debe continuar; sin embargo, los métodos para escoger las personas candidatas deben ser democráticos, con efectiva participación popular, y sus apuestas programáticas deben ser síntesis de los acumulados de la lucha social y popular.
  6. El aparente resultado de las elecciones presenta como ganadora por menos de 01% a la candidatura uribista de un lumpen de la lumpen-burguesía como presidente y a un tecnócrata neoliberal como vicepresidente. Que el país está dividido no cabe dudas, pero que hayan ganado las elecciones, de eso sí que podemos dudar. Son muchas las diversas formas de fraudes realizadas y ya ampliamente difundidas y denunciadas. Eso tampoco es novedad… sabemos que para ganar toca hacerlo con una contundencia tal que ni el fraude les alcance para cambiar los resultados. Históricamente ha sido así, por ejemplo, en el “plebiscito por la paz” que perdimos por menos 54.000 votos y revivió la capacidad de movilización y disputa del uribismo en 2016 y sirvió para restringir el Acuerdo de paz que se había logrado. Pero también ha aumentado la capacidad de respuesta en los últimos años, y ya ha habido momentos en que se logró recuperar un número importante de votos; por eso es necesario esperar y acompañar el proceso de escrutinio oficial. De acuerdo, al resultado que finalmente sea presentado tendremos dos posibles escenarios, sobre los cuales hay que pensar el qué hacer. Sea cual sea el escenario es necesario movilizar un debate respecto al carácter restringido de la democracia del Estado colombiano.
  7. El uribismo no fue sepultado aún. El Uribismo, y sospecho que en cabeza de Uribe-Vélez, le dio la espalda a su candidatura oficial desde la primera vuelta y apoyó en masa al candidato que se presentó como una expresión más radical de ultraderecha. Jugaron a dos bandas y les salió muy bien jugado, porque ahora resulta que el uribismo sería una supuesta expresión democrática y hasta centrista, honrando la falsedad del nombre de su partido: Centro Democrático. Es posible que Uribe-Vélez pierda alguna visibilidad, pero el fundamento del proyecto uribista se mantiene, sea con Abelardo de la Espriella o María Fernanda Cabal en sus expresiones más abiertamente reaccionarias, o sea con Paloma Valencia en una vertiente que se presenta como más moderada. Es importante problematizar lo que se plantea del fin del uribismo, porque lo que podría llegar con de la Espriella, es una tentativa de retomar las peores prácticas del terrorismo de Estado (por vías legales -no por eso legítimas- e ilegales), así como el favorecimiento para los capitales transnacionales de las economías ilegales y las mafias. Con un agravante, el actual candidato no es sólo un representante de la lumpen-burguesía que surgió con el narco-paramilitarismo, es un lumpen de ese sector lumpen, exacerbando la “cultura traqueta”. Esto sin contar, por supuesto, con una retomada brutal de la ofensiva neoliberal en todas las dimensiones de la vida pública.
  8. La disputa en Colombia es clave para la estrategia imperialista de los Estados Unidos de América (EEUU) en la región, pero también en la búsqueda por procesos de articulación regional de Nuestra América, en una perspectiva de soberanía y autodeterminación de los pueblos. A pocos meses de las elecciones presidenciales en Brasil, después de que EEUU ha pateado el tablero de los acuerdos internacionales, después de la invasión en Venezuela y el secuestro del Presidente Nicolas Maduro y su compañera, la congresista Cília Flórez, después de una brutal agudización genocida del bloqueo sobre Cuba, el mensaje es claro, o se someten o los sometemos… que hubo injerencia de los EEUU en el proceso electoral en Colombia, como en varios otros países de la región, no tenemos duda… el asunto es cómo nos preparamos para enfrentar ese injerencismo (que no se quedará hasta ahí), sea cual sea el escenario que nos corresponda.

Hace cinco años, en la última semana de junio de 2021, se levantaban los últimos bloqueos en Cali, la capital de la resistencia, bajo la consigna “el paro no para, se transforma”. Según el escenario que nos toque, así será la lucha social y popular… en ese contexto, un par se semanas antes publiqué un texto titulado “El despertar en Colombia ¿hacia un nuevo amanecer? Elementos para contribuir a pensar el paro nacional y las perspectivas de la lucha social”, tal vez haya algunas pistas para el momento actual:

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.