Recomiendo:
1

Abelardo de La Espriella, presidente farsante: injerto del narcoparamilitarismo hacia la dictadura civil fascista en Colombia

Fuentes: Rebelión

El episodio más oscuro de la reciente elección presidencial en Colombia comenzó a perfilarse desde la primera vuelta, realizada el 31 de mayo. Desde una perspectiva crítica, diversos sectores han expresado la percepción de que existieron factores externos( fraude electoral a favor de Abelardo de La Espriella) que influyeron de manera indebida en el proceso democrático, generando dudas sobre la transparencia electoral y sobre el rumbo que tomaría el país durante los siguientes cuatro años.[1]

En ese contexto, la candidatura de Abelardo de la Espriella despertó una fuerte controversia. Su propuesta política sustentada más en la espectacularización mediática que en un proyecto de gobierno sólido. Desde esta mirada, su campaña recurrió a estrategias de marketing político intensivas, apoyadas en herramientas de inteligencia artificial y en una narrativa de fuerte carga emocional, con rasgos cercanos a discursos autoritarios.

Uno de los elementos más visibles de esa estrategia fue la construcción de una identidad digital asociada a la figura del «tigre». Esta representación zoo-política proyectaba la imagen de un animal de poder, símbolo de fuerza, dominación y confrontación. En ese marketing político, dicha narrativa promovía un liderazgo personalista y una retórica basada en la intimidación, en la exaltación de la autoridad y en la confrontación permanente. La animalización del liderazgo construye una subjetividad política basada en la confrontación y en la lógica amigo-enemigo, desplazando los principios deliberativos propios de una democracia constitucional hacia una estética de la autoridad y del enfrentamiento permanente

En ese marco discursivo, algunos observadores han comparado su estilo comunicativo con el de un gobernante impulsivo e impredecible, caracterizado por cambios constantes en sus posiciones públicas. Con frecuencia, los mensajes difundidos durante la mañana eran modificados o sustituidos horas después, proyectando una imagen de inconsistencia política y de improvisación. Desde esta interpretación, esa volatilidad comunicativa reflejaba un liderazgo más cercano al espectáculo y al impacto inmediato que a la construcción de una visión de Estado coherente y estable.

Del narcoparamilitarismo a una dictadura civil fascista

Para una parte significativa de la población, la campaña de Abelardo de la Espriella construyó un dispositivo discursivo sustentado en la producción permanente del miedo. La representación de Colombia por parte de Abelardo de la Espriella, como una nación cercada por amenazas internas —particularmente por la persistencia de la insurgencia armada— permitió articular un relato político en el que la seguridad se convirtió en el principio ordenador de la vida pública. En este escenario, la promesa de orden desplazó la discusión sobre la ampliación de derechos, configurando una racionalidad gubernamental en la que la protección del Estado justifica la expansión de sus mecanismos de vigilancia, control y coerción en ese pasado que reposa y que justificó el narcoparamilitarismo en Colombia.

Desde la perspectiva de Michel Foucault, este fenómeno puede comprenderse como la consolidación de un dispositivo de seguridad, entendido como el conjunto de técnicas mediante las cuales el poder administra las poblaciones a partir de la gestión del riesgo y la producción de amenazas. El miedo deja de ser una consecuencia de la política para convertirse en uno de sus principales instrumentos de gobierno. La construcción permanente del enemigo legitima la excepcionalidad como forma cotidiana de administración del Estado. En esa matriz, se impone el monstruo bípedo en la instalación del fascismo Trump-Marco Rubio/ Netanyahu- Israel en el proyecto hegemónico de apoyar todo un corporativismo de gobiernos derecha en América Latina: gobiernos de dictaduras civiles fascistas.

En esa lógica, la figura del candidato trasciende la representación convencional del gobernante para proyectarse como un -pater familie-, un líder providencial investido de la misión de restaurar el orden perdido. Esta construcción simbólica desplaza el protagonismo de las instituciones democráticas y concentra las expectativas colectivas en la autoridad personal del dirigente, fortaleciendo una concepción vertical del poder que encuentra legitimidad en la promesa de protección absoluta.

Esta racionalidad política se articula con una concepción económica representada, para algunos analistas, por la candidatura vicepresidencial de José Manuel Restrepo.[2] Desde esta perspectiva, la seguridad militar y la ortodoxia neoliberal aparecen como dimensiones complementarias de un mismo proyecto político: mientras la primera garantiza el orden mediante el fortalecimiento del aparato coercitivo del Estado, la segunda reorganiza las relaciones económicas privilegiando la acumulación de capital, la apertura de mercados y la reducción de la intervención estatal en la protección social. La convergencia entre ambas configura un modelo de gubernamentalidad que subordina los derechos sociales a la estabilidad del mercado y al imperativo de la seguridad.

Las incertidumbres programáticas expresadas durante la campaña profundizaron el debate sobre el alcance del proyecto político de Abelardo de la Espriella. Entre ellas sobresalían interrogantes acerca de la política ambiental en territorios estratégicos como la Amazonía, el modelo de inserción internacional, las relaciones con aliados extranjeros, la política de defensa, la continuidad de las garantías laborales y el futuro de las reformas sociales implementadas durante el gobierno del presidente Gustavo Petro. Más allá de respuestas puntuales, estas preguntas evidencian la tensión entre dos modelos de Estado: uno orientado por la ampliación de derechos y otro sustentado en la centralidad del orden y de la seguridad.

La insistencia en el endurecimiento del sistema penal, el incremento de las judicializaciones y la expansión de la infraestructura carcelaria pueden interpretarse, siguiendo a Giorgio Agamben, como manifestaciones de una política que normaliza el estado de excepción mediante la ampliación de los instrumentos de control.[3] Paralelamente, las reflexiones de Achille Mbembe permiten comprender cómo determinadas políticas de seguridad pueden llegar a administrar diferencialmente la vida y la muerte de sectores específicos de la población, reproduciendo formas de exclusión territorial y social.[4]

En el plano internacional, diversos observadores identifican afinidades discursivas con sectores conservadores de la política estadounidense y con corrientes de la nueva derecha global fascista que privilegia el nacionalismo, la secularización de la política, la concentración del liderazgo y la confrontación cultural como estrategias de movilización electoral. Estas afinidades no implican una reproducción mecánica de dichos modelos, pero permiten ubicar la campaña dentro de un fenómeno transnacional caracterizado por el ascenso de liderazgos personalistas y autoritarios dando tránsito a una dictadura civil.

En consecuencia, el debate que suscita esta candidatura trasciende la figura individual del aspirante presidencial. Lo que está en discusión es la configuración de un proyecto de poder sustentado en la producción del miedo, la concentración del liderazgo, la expansión de los dispositivos de seguridad y la subordinación de la ciudadanía a una lógica de orden permanente.[5]

Desde esta perspectiva, el problema no se limita solo al candidato en particular, sino al modelo de poder que representa: el fascismo global. Se trata de una forma de hacer política que privilegia la seguridad y el control como principios centrales de gobierno, por encima de la ampliación de derechos, la participación ciudadana y la deliberación democrática. En este modelo, el Estado tiende a fortalecer sus mecanismos de vigilancia y coerción, mientras la ciudadanía es convocada principalmente desde el miedo y la necesidad de protección. Desde una lectura inspirada en Michel Foucault, la cuestión central no es únicamente quién ejerce el poder, sino cómo se gobierna a la población. El riesgo consiste en que la seguridad se convierta en la racionalidad dominante del Estado, legitimando dispositivos de vigilancia, control y disciplinamiento que desplazan la garantía de derechos y reducen la democracia a una lógica de obediencia antes que de participación.

Iván Cepeda es la democracia: presidente del presente contra el Fraude electoral

Iván Cepeda, filósofo reconocido por su trayectoria como defensor de los derechos humanos y por su compromiso con la memoria histórica, construyó una propuesta política sustentada en el diálogo, la conciliación y el reconocimiento del otro como fundamento de la vida democrática.[6] Su discurso privilegió el encuentro sobre la palabra como instrumento para la resolución de los conflictos, que históricamente la aparición de estos ha marcado a la sociedad colombiana. Su hacer es el rechazo a una política represiva y considerar el diálogo con diversos sectores.

Desde esta perspectiva, los más de trece millones de ciudadanos que respaldaron su candidatura expresaron no solo una preferencia electoral, sino también la adhesión a una concepción de la política fundada en el humanismo, la defensa de los derechos y la construcción colectiva de acuerdos. Para estos sectores, la democracia no se reduce a la competencia por el poder, sino que constituye un espacio permanente de deliberación, reconocimiento mutuo y búsqueda de consensos.

En contraste, diversos analistas y sectores críticos han interpretado el triunfo de Abelardo de la Espriella como la expresión de un proyecto político caracterizado por una fuerte centralidad del liderazgo, la secularización del discurso público y la adopción de referentes ideológicos asociados con corrientes de derecha internacional: autoritarismo y la implantación de una hegemonía fascista. En Colombia, algunos sectores han cuestionado la transparencia del proceso electoral y la reafirmación sobre la votación de Abelardo de la Espriella que bajo un fraude institucionalizado se erige como presidente, el cual, responde al nudo central de la imposición de la política del monstruo bicéfalo: Trump- Marco Rubio/ Netanyahu-Israel quienes colocan la dictadura civil fascista de Abelardo de la Espriella en Colombia. Contra el fascismo digital de la Espriella, el pueblo respondió a la propuesta de Iván Cepeda, en la construcción de una política dialogante, humanista.

Frente a ese escenario, la candidatura de Iván Cepeda adquirió para muchos ciudadanos el significado de una alternativa sustentada en la memoria política, la justicia social y la defensa de la dignidad humana. Su propuesta reafirmó la convicción de que el diálogo constituye una condición indispensable para la convivencia democrática y que el reconocimiento de la diversidad política, social y cultural fortalecería la construcción de una paz duradera.

En este sentido, la resistencia política no debe entenderse únicamente como oposición a un gobierno determinado, sino como la defensa permanente de los principios democráticos, de los derechos humanos, la defensa de los territorios, la protección de la población y la participación ciudadana en los cambios institucionales del estado. La memoria, el diálogo y la pluralidad se convierten así en formas de resistencia y preservar el espacio público frente a cualquier tendencia que pretenda reducir la democracia a la lógica de la imposición o de la confrontación permanente mediante posiciones de autoridad.

Para quienes acompañan el proyecto político de Iván Cepeda, los trece millones de votos obtenidos representan la existencia de una ciudadanía que continúa apostando por un país en el que las diferencias puedan resolverse mediante el debate democrático, el respeto por la dignidad humana y la construcción de acuerdos. En esa medida, Iván Cepeda simboliza, una política orientada por el humanismo, la defensa de los derechos y la búsqueda de una sociedad más incluyente, en la que la convivencia prevalezca sobre la polarización y el reconocimiento del otro sea el fundamento ético de la vida pública.

El eco se escucha: ¡No a las dictaduras civiles fascistas en América Latina ¡

[1] Ver la Revista Raya al politólogo Jimmy Viera en su denuncia y análisis advierte el fraude del sistema electoral. Fecha: 18 marzo del 2026

https://revistaraya.com/jimmy-viera/1527-con-fraude-en-el-software-la-derecha-ganaria-en-primera-vuelta.html

[2] José Manuel Restrepo quien fue Ministro de Hacienda en el gobierno de Iván Duque, hizo parte del desencadenamiento de las reformas regresivas que condujo a protestas en el gobierno de Duque de 2019-2020

[3] Agamben, G. (2004). Estado de excepción. Adriana Hidalgo Editora.

[4] Mbembe, A. (2019). Necropolítica. Melusina.

[5] Ver a Michel Foucault en la reflexión entre dispositivos de seguridad como biopolitica.,

[6] Iván Cepeda Castro, filósofo, académico, profesor, investigador y defensor de derechos humanos, ha escrito 12 libros de diversos temas como memoria, política y derechos humanos, varios artículos académicos. Además, senador desde el 2010-2014 representante a la cama 2014-2018 senador y relecto 2018 -2022. Entre 2012 y 2016 fue facilitador del proceso de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP, 2014-208 facilitador de los diálogos entre el gobierno y el ELN. Entre 2015 y 2018, fue facilitador del proceso de sometimiento a la justicia entre los gobiernos y el llamado “Clan del Golfo “

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.