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La OTAN 3.0: una fiesta para las empresas armamentistas

Fuentes: Página/12

Si esta nueva versión de una autoproclamada “OTAN 3.0” ha generado una imagen de concordia y unidad, fue porque, en gran medida, las amenazas de Donald Trump finalmente surtieron efecto.

Más allá de algunas diferencias de enfoque o de visiones estratégicas, en la cumbre de la Alianza Atlántica que concluyó en Ankara, Turquía, primó la intención de permanecer todos juntos, aceptando el precio cada vez más alto impuesto por el mandatario republicano, quien, una vez más, no tuvo reparos en insistir por un mayor gasto y compromiso europeo en los programas de defensa, en criticar la falta de apoyo de sus socios en su reactivada guerra contra Irán o en manifestar su imperiosa necesidad por someter a Groenlandia a la exclusiva voluntad de la Casa Blanca.

Frente a las presiones crecientes, las contrapartes europeas no sólo aceptaron las exigencias de Trump, sino que además celebraron acuerdos y contratos multimillonarios, sobre todo para beneficio de un puñado de empresas armamentistas, mayormente estadounidenses.

Bajo criterios económicos y militares, Estados Unidos alienta el temor y un profundo sentido de vulnerabilidad en los socios del bloque. La creciente preocupación de Washington por China y el Asia-Pacífico, junto con la progresiva reubicación de tropas hasta ahora estacionadas en bases europeas, provoca inseguridad en la contraparte de la OTAN que acepta subir sus presupuestos en defensa, comprar mayor cantidad de recursos a la industria de la defensa norteamericana y, desde ahora, también amoldar su propia producción bélica a los imperativos del Pentágono. No sorprende, así que Washington promueva un mercado bélico altamente sofisticado y redituable.

Por dos días, y a medida que se incentivaba la necesidad de aumentar el gasto público en defensa y de reforzar la capacidad industrial para la guerra, Ankara fue una fiesta de dólares y euros destinados a la compraventa de armamento y de transporte militar de última generación.

Afuera y a lo lejos, la guerra contra Rusia y, en menor medida, las derivaciones del conflicto contra Irán operaron como focos rojos para no detener el rearme de Europa; más aún, teniendo en cuenta la continua asistencia a Ucrania, a la que formalmente siguen negando el ingreso a la OTAN, pero a la que brindan apoyo económico y militar como si se tratara de un miembro más de la Alianza.

Como si se tratara de una feria, el Foro de la Industria de Defensa, que se realizó de manera paralela a la cumbre, resultó fundamental en la tarea de la articulación entre corporaciones y gobiernos para fomentar las capacidades bélicas estatales frente a la eventualidad de conflictos y amenazas.

Bajo la coordinación del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, devenido ahora en maestro de ceremonias, fue claro que las corporaciones del complejo militar-industrial de los Estados Unidos serán las que terminen beneficiadas a partir del nuevo equilibrio interno del bloque, según la iniciativa NATO Engine, por la que se establecerá una red de fábricas e instalaciones de producción en toda la Alianza para ampliar la capacidad industrial de defensa de cada país.

Las principales empresas bélicas, Lockheed Martin y la alemana Rheinmetall, firmaron un memorando para producir juntas misiles ATACMS en la planta de esta última en Unterlüß: será la primera vez que este misil de alta complejidad se produzca fuera de los Estados Unidos.

Por su parte, Noruega, Finlandia, Alemania y Dinamarca firmaron una carta de intención para comprar hasta cinco drones de vigilancia de gran altitud MQ-4C Triton, elaborados por la empresa estadounidense Northrop Grumman.

Otras empresas cercanas a la Casa Blanca, como Anduril, Boeing, General Dynamics y Raytheon, etc., han llegado a acuerdos de cooperación con firmas europeas como Rheinmetall, Diehl y PGZ.

Influenciado por la guerra en Ucrania, uno de los puntos más fuertes de la agenda comercial será la constitución del Drone Edge, por el que los países aliados invertirán más de 40 mil millones de dólares en capacidades antidrones durante los próximos cinco años. Las estadounidenses Air Space Link y Echodine, junto con la alemana Quantum-Systems, la australiana DroneShield y la israelí Cogniteam, son algunas de las empresas beneficiadas por esta iniciativa.

Además de las inversiones en tecnología, apuestan también por el desarrollo de recursos humanos para operar estos sistemas. En este contexto, los aliados de la OTAN se han comprometido a quintuplicar el número de operadores de vehículos aéreos no tripulados (UAV) en sus fuerzas armadas para finales de 2027. Asimismo, se están afinando contratos por cientos de millones de euros para el suministro de drones de vigilancia en los países del este, lindantes con Rusia.

Lo más innovador de este amplio acuerdo comercial es que, para llevarlo adelante, se utilizó la nueva plataforma digital conocida como “Front Door”, basada, a su vez, en un sitio creado en Ucrania, que facilita la compra y venta de todo tipo de armamento y vehículo militar y al que popularmente se lo conoce como el “Amazon de la guerra”…

Dentro de la Alianza Atlántica, el desequilibrio entre Estados Unidos y Europa es evidente y tiende a profundizarse en el tiempo.

Según el informe anual de la OTAN, los aliados gastaron en conjunto más de 1,4 billones de dólares en defensa en 2025. Los miembros europeos, incluida Turquía, representaron aproximadamente el 40% del gasto total, mientras que Estados Unidos aportó alrededor del 60%.

Por otro lado, y según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), las 100 mayores empresas de producción de armas y servicios militares del mundo generaron 679 mil millones de dólares en ingresos por venta de armas en 2024. Aquellas con sede en Estados Unidos representaron 334 mil millones de dólares, casi la mitad del total, en tanto que las europeas generaron 151 mil millones de dólares, lo que representa aproximadamente el 22%.

Hacia el futuro, lo más probable es que se refuercen aquellas tendencias que ya se encuentran presentes y que están marcando cuál es el país que hoy está invirtiendo más en la continuidad de la industria bélica a nivel mundial. Se prevé que Estados Unidos genere los mayores ingresos en el sector de defensa de la OTAN, principalmente, debido a su elevado gasto militar.

Más allá del fuerte énfasis en la próxima “europeización” de la OTAN, la realidad sería bien distinta y no mostraría demasiados cambios respecto a la dinámica económica y armamentista sostenida por la Alianza hasta ahora.

En concreto, Europa está invirtiendo miles de millones de dólares en fábricas para cumplir con los estándares estadounidenses, y la exportación final de los sistemas defensivos seguirá atravesando los estándares de control impuestos por el Pentágono, desde las normas de Ventas Militares al Extranjero hasta la aprobación por parte de Washington de tecnologías de misiles sensibles.

Como resultado del rediseño en el funcionamiento interno de la Alianza Atlántica, se espera que Europa profundice aún más su integración en la órbita militar-industrial estadounidense, en lugar de crear un “complejo militar-industrial europeo” verdaderamente autónomo.

Bajo el conveniente paraguas de la OTAN, se trataría de un excelente negocio para el complejo militar-industrial de Estados Unidos, que de esa forma neutralizaría cualquier forma de competencia europea integrándola en sus propios circuitos de producción y distribución.

Sin duda, la capitalización del permanente miedo a Rusia y de las ramificaciones del conflicto en Medio Oriente podrá volver a nutrir los desabastecidos depósitos militares en Estados Unidos luego de la fallida cruzada contra Irán y, en paralelo, alimentar la economía de una superpotencia en debacle, aunque todavía con capacidad de destrucción en cualquier lugar del planeta.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/08/la-otan-30-una-fiesta-para-las-empresas-armamentistas/