La periodista reclama el relato colectivo del aborto como herramienta feminista frente a la ofensiva reaccionaria en su último libro ‘Provida, un manifiesto a favor del aborto’.
Ana Requena es una de las voces más reconocidas del periodismo feminista en el Estado español. Redactora jefa de Género de Eldiario.es, medio del que fue cofundadora en 2012, ha participado en investigaciones de gran calado, como la de los supuestos abusos a las trabajadoras del cantante Julio Iglesias. Consciente de los desafíos para ejercer la profesión de forma segura, Requena presenta su tercer libro, Provida, un manifiesto a favor del aborto (New Books, 2026), visibilizando una realidad sumamente extendida y que ha sido silenciada.
Luchar contra el estigma y dar batalla por el derecho al aborto son los objetivos principales del libro. ¿Por qué es tan importante generar un relato colectivo sobre el derecho al aborto?
A pesar de ser un derecho reconocido y una experiencia muy frecuente en la vida de las mujeres sigue existiendo mucho tabú y silencio alrededor de los abortos espontáneos y de las interrupciones voluntarias del embarazo. Y la manera de acabar con ese estigma y con ese silencio es que exista un relato compartido, colectivo, público sobre interrupción voluntaria del embarazo. Un relato que sirva para que las mujeres puedan contar y procesar sus propias experiencias, que sirva para reconocernos las unas a las otras y para luchar contra el estigma social. Y lo del estigma me parece especialmente importante porque es una de las estrategias que utilizan los grupos ultra. Desde el lado de quienes defendemos el derecho al aborto, tenemos que ser conscientes de que esa estrategia existe. Y tenemos que combatirlo justo con lo contrario: un relato que nos permite además visibilizar que hay tantos abortos como en mujeres lo viven. Y que no hay una sola experiencia, ni una manera de vivirlo, ni una manera de decidirlo, ni una manera de que te atraviese.
Dentro de ese relato, ¿crees que nos han robado las palabras, por ejemplo, la propia palabra “provida”, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) está diciendo que cuando no tienes vías legales y seguras te vas a buscar la vida para interrumpir ese embarazo sea como fuere?
Sí, y para mí ese es el motor del libro. Yo lo que quería era no solo hacer un libro que hablara de la historia reciente del aborto en nuestro país, sino que arrebatara el término “provida” a quienes en realidad lo que defienden es la maternidad forzosa. Los grupos antiderechos, los partidos de extrema derecha y la iglesia generan este frente antielección hace décadas y eligen para nombrarse a sí mismos el término “provida”. No es una elección casual. Es un término que suena bien, positivo. Suena mucho peor si dices que estás a favor de la maternidad forzosa y en contra de que las mujeres puedan elegir qué proyecto vital quieren, si estás en contra de la autonomía corporal de las mujeres. Es un contrasentido muy grande llamarte “provida” y después pues estar en contra de todas las medidas que ayudan a sostener la vida y a cuidarnos. En Madrid, acaban de aprobar una norma para considerar al feto de 14 semanas miembro de la unidad familiar, mientras se ríen de las familias que pedimos que haya aire acondicionado en los centros escolares. Tenemos que recuperar el término para quienes defendemos que queremos vidas dignas y con derechos y para todos y para todas. Y quienes, además, insistimos mucho en que prohibir el derecho al aborto no hace que el aborto desaparezca, sino que empuja a la clandestinidad a las mujeres y eso, y lo dice organizaciones como la OMS, hace que miles de mujeres mueran cada año o sufran consecuencias muy graves para su salud, incluso discapacidades.
«Nos han impuesto el silencio sobre nuestros abortos»
Esos grupos autodenominados “provida” han tenido muchos apoyos económicos en los últimos años. En el libro citas el informe ‘La punta del iceberg. Financiadores religiosos extremistas contra los derechos sexuales y reproductivos’ y el papa León XIV ha estado haciendo un discurso claramente en contra del aborto en el Congreso. ¿Cuál es el impacto que tienen en la vida de las mujeres?
La Iglesia Católica ha sido un actor muy importante en la creación de este lobby contra la “ideología de género”, como ellas la llaman. El papa defendía en el Congreso la acogida de migrantes pero al mismo tiempo cargaba contra el aborto. Yo lo que digo es que la defensa de la vida no puede ser una defensa parcial, ¿cómo es posible entonces que la vida de las mujeres, que sabemos que corre peligro si el aborto es clandestino, quede a un lado? Defender la vida de manera íntegra, como diría el papa, es defender las medidas que permiten a las mujeres llevar adelante sus proyectos de vida y defender su autonomía corporal sin que eso ponga en riesgo su salud y su propia vida.
El libro aborda casos que pasan por la clandestinidad previa a 1985 y el soporte de redes feministas. ¿Cómo fue hablar con esas feministas históricas y con las mujeres que respondieron a tu llamamiento en redes?
No quería centrar el libro en la historia de los años antes de que muriera Franco y la transición, porque hay un libro reciente que justo investiga eso, Un aborto, 8.000 pesetas, de Paula Boira. Tenemos derecho al aborto porque España ha tenido siempre un movimiento feminista muy activo y robusto. En cuanto murió Franco, estaban organizadas, entre otras cosas, para conseguir el derecho al aborto, anticonceptivos, planificación familiar y demás. Quería que algunas de estas feministas que en ese momento estaban en esas comisiones por el derecho al aborto y en esas redes clandestinas que ayudaban a mujeres a abortar fuera estuvieran presentes en el libro. Y luego hice un llamamiento en redes sociales a cualquier mujer que quisiera pudiera compartir su historia. Me escribieron muchísimas mujeres y ahí descubrí que muchas con las que tengo amistad o relación y con las que nunca había hablado de esto han abortado. Muchas mujeres que me escribían tenían necesidad de contar su relato y no habían tenido manera de encauzarlo, habían guardado mucho silencio, apenas lo habían contado. Esto no es una cuestión de una o dos mujeres, sino que nos han impuesto el silencio sobre nuestros abortos, sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Ese silencio ha torturado a muchas mujeres y ha alimentado la idea de que han hecho algo mal.
«El aborto es la base sobre la que se sostiene nuestra libertad sexual»
Para hablar con normalidad también hay que huir de la infantilización. ¿Qué suponían el sobre cerrado y los días de reflexión de las leyes anteriores?
La ley de 2010 supone un avance muy importante porque implica pasar de los supuestos a los plazos, y reconocer, por primera vez, que la mera voluntad de las mujeres, sin ningún criterio externo, sirve para abortar en las primeras 14 semanas. Pero el precio a pagar por esa ley fue el sobre con información y el periodo de reflexión de tres días. Y mandaba el mensaje de que las mujeres no pensamos lo suficiente en nuestras decisiones, somos seres irreflexivos, irresponsables… a las que nos tienen que ayudar a pensar porque solas quizás no podemos tomar una decisión tan importante como es decidir llevar adelante un embarazo o abortar. Fue muy importante que en la reforma de 2023 se eliminara la obligación del sobre y de los tres días de reflexión para acabar con ese estereotipo, que es el que sigue fomentando la extrema derecha y los grupos ultra para promover el estigma. Tenemos declaraciones de Ayuso, de muchos miembros de Vox y de todas estas fundaciones ultra que promueven esta idea de las mujeres locas que no sabemos lo que hacemos, que somos capaces de tomar decisiones terribles si no nos ayudan a pensar. Casi, lo que nos están diciendo, es que tienen que pensar por nosotras. Y esas son las ideas que abonan el terreno para que después se aprueben políticas y medidas que deciden por nosotras o que nos despojan de nuestra capacidad de decisión.
«El goce es la capacidad de pelear por lo que una quiere»
Esta idea de locas la trabajabas en Intensas (2023) y en este tercer libro vuelves también a una idea del primero, Feminismo vibrante (2020), al hablar del goce y dialogar con Luciana Peker, que además es amiga tuya y con la que has presentado el libro en Madrid. ¿Cómo ha sido ese proceso?
Si alguien me animó a escribir este libro fue Luciana Peker. Ella ha hablado mucho del feminismo del goce y para mí su inspiración fue como fundamental para Feminismo vibrante, pero ella también estuvo muy involucrada en todo el movimiento que supuso la marea verde en Argentina y que finalmente acabó con la legalización del aborto. He aprendido mucho de cómo ella une el derecho al goce con la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) y la libertad sexual con el aborto, y creo que es una conexión que no hacemos tanto y que me parece que hay que reivindicar. Incluso desde la izquierda y desde posiciones progresistas defendemos el aborto con la boca pequeña y más ligado siempre al aborto como drama. Luciana lo cuenta en el libro: en relaciones heterosexuales, un hombre y una mujer no llegan ni salen del encuentro en las mismas condiciones. Quien antes, durante y después está pendiente de su cuerpo y de si ese encuentro va a tener consecuencias somos las mujeres. El aborto es la base sobre la que se sostiene nuestra libertad sexual, porque es el derecho que nos da la posibilidad de, si sucede algo y si nos encontramos con un embarazo no intencionado, poder decidir y que esa libertad que hemos ejercido sea real y no se convierta en un castigo. Las feministas de finales de los 70 y principios de los 80 que pelearon por que se legalizara el aborto sí que tenían más presente la idea de la libertad sexual, pero tengo la sensación de que después la hemos abandonado. Me gusta mucho la definición que tiene ella del derecho al goce, que no es derecho al placer únicamente, ni derecho al placer físico, sino que el goce es la capacidad de pelear por lo que una quiere en la vida. El goce que te da saber que tienes las circunstancias para intentar llevar adelante el proyecto de vida que tú quieres, como tú quieres y para eso el aborto también es como fundamental.
«Los derechos sexuales y reproductivos están en el centro de la ola reaccionaria internacional»
A escala internacional, trazas mapas que van desde la despenalización en Irlanda hasta la criminalización extrema en El Salvador o los retrocesos en Estados Unidos ¿Qué nos enseña esta radiografía global?
Los derechos sexuales y reproductivos están en el centro de la ola reaccionaria internacional. Y es importante que lo entendamos para saber que lo que sucede aquí no es una excepción. Esos grupos y partidos políticos tienen una agenda compartida y en sus encuentros internacionales y nacionales ponen en común idearios y estrategias. Tenemos que conocer cuáles son las realidades de otros lugares para entender que nuestras luchas tienen que estar conectadas, aprender de lo que sucede en otros sitios para traerlo a nuestras realidades.
«En este momento de reacción ultra, se está soltando mucho de la mano al periodismo feminista»
Esta ola reaccionaria no solo afecta a derechos sexuales y reproductivos sino también a la libertad de expresión. ¿Cómo se pueden generar estrategias de protección para que quienes trabajan con enfoque de género lo hagan de forma segura?
Lo primero es conocer y reconocer lo que está pasando. No sé hasta qué punto la gente está entendiendo la envergadura que está cobrando el acoso y la violencia digital, los señalamientos y las estrategias judiciales de hombres que son señalados por investigaciones periodísticas para intentar silenciar a periodistas y a medios de comunicación. Tenemos que hacer muy visible esa realidad y entender que esto es una responsabilidad compartida y en ningún caso quienes sufren esos comportamientos tienen que buscar solas cómo resolverlos, como está sucediendo. Lo que más me asusta es que hay un relato en el que prácticamente parece que esto es algo inevitable, algo con lo que tenemos que aprender a convivir, contra lo que no se puede hacer nada. Es como si nos dicen que no se puede hacer nada contra la violencia de género. Las redes sociales están manejadas por empresas contra las que, increíblemente, parece que no se puede hacer nada y a las que, increíblemente, parece que no se puede regular. Creo que se les ha despojado casi de su carácter de empresa para que parezcan entes que están de una manera natural en nuestras vidas y que nadie puede hacer nada sobre ellas. Es momento de poner en valor el periodismo con perspectiva de género; y, en este momento de reacción ultra, se está soltando mucho de la mano al periodismo feminista, a las periodistas feministas y esto es peligroso. La gente tiene que entender que es el momento de apoyar más que nunca, porque son estas personas las que han peleado y pelean porque salgan a determinados temas y enfoques, las que han permitido que estemos hablando en nuestro país de violencia sexual, de violencia obstétrica, de aborto, de placer, de menopausia, de pobreza menstrual… O apoyamos ahora ese periodismo feminista o en los próximos años va a ser cada vez más difícil hacerlo, lo estamos viendo en países como Argentina.


