Un análisis sobre los acontecimientos del turismo en Cuba durante esta temporada estival. Aborda el impacto de las sanciones de EE.UU. al Mintur, la salida de las cadenas hoteleras, las cifras oficiales de la ONEI y las transformaciones en marcha.
Hay dos maneras de mirar el turismo cubano en 2026. Una se lee en los titulares internacionales: menos visitantes, calles vacías, apagones y sanciones. La otra se encuentra en los intersticios de la crisis: eventos que se mantienen, hoteles que cambian de nombre y operador, servicios renovados y transformaciones en marcha.
Ambas historias son verdaderas, pero quienes solo ven la primera concluyen que el turismo cubano está acabado, y los que solo cuentan la segunda, corren el riesgo de parecer desconectados de la realidad.
El verano de 2026 está siendo muy duro para Cuba y su turismo. Y no por falta de interés o de atractivo: las playas, la cultura, la hospitalidad y la infraestructura siguen ahí; el problema está en las condiciones para operar. Los cortes eléctricos obligan a los hoteles a depender de generadores propios y a reorganizar servicios sobre la marcha. La conectividad sigue siendo limitada en diferentes destinos y la falta de combustible complejiza los traslados.
Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en los primeros seis meses del año, Cuba recibió 387.591 visitantes internacionales, es decir, 598.015 menos que en igual período de 2025. Canadá, la comunidad cubana en el exterior, Rusia y EE.UU. registraron la disminución más notoria.
El 13 de julio de este año, la administración Trump sancionó a un grupo de entidades estatales, incluido el Ministerio de Turismo de Cuba (Mintur).
La medida forma parte de una ofensiva política que busca endurecer aún más el entorno en que opera el sector, y conviene leer el texto oficial, publicado por el Departamento de Estado, porque dice cosas que los titulares omiten.
La medida tiene un carácter esencialmente político: el Mintur es sancionado por ser parte del Gobierno cubano —o, como lo define el texto— por ser «una subdivisión política, agencia u organismo del Gobierno de Cuba».
¿Qué implica en la práctica? Congelación de activos bajo jurisdicción estadounidense (si los hubiera); dificultad para contratos y pagos internacionales; prohibición de transacciones directas con el Mintur para empresas sujetas a la ley de EE.UU. y un efecto disuasorio sobre terceros países.
El impacto real de esas sanciones no siempre es inmediato, pero sí corrosivo. Las empresas extranjeras pueden temer represalias comerciales o financieras por parte de Estados Unidos.
El 21 de julio circularon anuncios sobre el cese de la actividad en Cuba de las cadenas Meliá, Iberostar y Barceló, como consecuencia de las dificultades derivadas del bloqueo económico estadounidense y las posibles sanciones.
La respuesta cubana
El consejero de turismo de Cuba para el Cono Sur, José Antonio Aguilera, aseguró el 27 de julio a la agencia Prensa Latina que «la planta hotelera mantiene plena normalidad operativa y no existe afectación para los viajeros”, refiriéndose a las instalaciones que permanecen abiertas.
Explicó que la relación sostenida durante décadas con grupos hoteleros internacionales había permitido al país desarrollar capacidades de gestión y formar profesionales altamente calificados para asumir la continuidad operacional de las instalaciones.
Dos días después, el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, informó ante la Asamblea Nacional del Poder Popular que el 73% de las instalaciones hoteleras del país permanecen cerradas; alrededor de 25.000 trabajadores del sector se encuentran en situación de disponibilidad, y siete cadenas hoteleras internacionales cesaron sus operaciones en Cuba.
En su comparecencia, el Primer Ministro dio a conocer también la aprobación del primer negocio de inversión extranjera en La Habana Vieja y la creación de la primera zona con regulaciones especiales para el establecimiento de una empresa de capital totalmente extranjero dedicada al turismo de salud.
Por su parte, el Ministerio de Turismo invita a visitar y descubrir Cuba, promocionando lugares paradisíacos y comunicando las transformaciones aprobadas para el sector turístico en el mes de junio.
La comunicación pública del Mintur ha sido relativamente discreta —su misión debe ser mantener operaciones pese a las dificultades—. Sin embargo, esa misma discreción que protege la relación con algunos socios comerciales, desprotege la narrativa propia.
Turismo cubano en temporada estival
Julio y agosto constituyen la temporada alta del turismo nacional. Hoteles en todo el país lanzaron ofertas de alojamiento y pasadías para el público cubano. Las agencias de viajes estatales promovieron paquetes nacionales con transporte incluido. La aerolínea Cubana de Aviación incrementó las frecuencias en sus rutas nacionales. Campismo Popular ha mantenido operativas sus instalaciones para jóvenes y familias.
Pinar del Río creó la primera red de agroturismo del país: 18 fincas de seis municipios que ofrecen una experiencia distinta al sol y playa.
A inicios del verano, la aerolínea italiana NEOS inauguró una conexión entre Roma y Holguín. Agencias mexicanas y cubanas firmaron un convenio para incorporar a Cuba al circuito turístico Mundo Maya, con vuelos directos previstos entre Cancún y La Habana.
Son iniciativas que no cambian las cifras globales, pero implican dinamismo y contradicen la imagen de un destino detenido. Para quienes trabajan en esas instalaciones y forman parte de esos proyectos, estas iniciativas hacen la diferencia.
La trampa del relato único
Los números no mienten. El turismo cubano está operando al mínimo, contrabajadores que siguen llegando diariamente a las instalaciones abiertas para brindar servicios, pese a las dificultades de transporte y de la vida cotidiana. Precisamente por eso se necesita verdad: la verdad de la crisis, que es profunda, y la verdad de la resistencia, que es real.
Cualquier campaña de marketing convencional en este contexto sería, por lo menos, insuficiente. Pretender atraer turistas con fotos de playas y paisajes de ensueño (que realmente existen en Cuba) es ineficaz y podría resultar contraproducente si los servicios básicos no están garantizados del todo, pues genera expectativas que no se pueden cumplir, afectando la credibilidad a largo plazo.
En la comunicación turística cubana predominan hoy dos funciones: la promoción aspiracional, que presenta el destino y sus atractivos, y la información operativa, que explica servicios y condiciones concretas del viaje. Ambas son necesarias, pero en un contexto de crisis la segunda debe ganar peso y precisión.
Contar ambos lados de la historia, desde diferentes ángulos, es comunicar la verdad del turismo cubano, y quizás sea la estrategia que sostenga la credibilidad de un destino que hoy no puede prometer la comodidad de antaño, pero que resiste y sigue ofreciendo lo que siempre lo hizo distinto: su historia, su cultura y su gente.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de al autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


