El tocayo Giraldo, que nació en 1944, se nos despide.
El jesuita Javier Giraldo Moreno, es una de las voces más importantes de la defensa de los derechos humanos y de la construcción de memoria en Colombia. Su legado está en las comunidades a las que acompañó, los archivos de las infinitas investigaciones, los testimonios recabados, las víctimas y sus organizaciones que encontraron apoyo en este ilustre ciudadano universal.
También este hombre menudo es temido por varios generales y coroneles con mando en tropa, (por sus investigaciones por violaciones a los ddhh) y sin embargo siempre le vimos sin ningún tipo de protección o escolta.
Con la delegación asturiana (de verificación a los DDHH) se reunió un montón de veces. Pero memorable fue su acompañamiento a la delegación durante un largo recorrido por rio, desde el avión en Villavo hasta la Macarena, y las chalupas por el Guayabero y el Guaviare, y las caminatas a pie cuando el rio rugía: en cada parada en las comunidades, en cada conversatorio, el padre Javier era “cuidado” por la campesinada que ya sabía que “no comía carne”, y no por ninguna decisión consciente (dijo cuando le preguntamos), sino porque así le salió desde pequeñin (y se apañaba bien, dentro de su sobriedad, en una tradición cultural de buenas comedoras de carne).
En ese viaje escuchamos decirle en un polideportivo rural que era “el apóstol” de la paz. Y en ese empeño de la Paz estaba toda su vida.
Con propuestas, con investigaciones, con juicios a los criminales.
En la Comunidad de Paz de San José Apartadó (de la que es uno de sus profetas) le habían preparado un cuarto especial propio donde pasaba temporadas, entre inauguraciones de lugares de la memoria (entre tantísima gente asesinada en esa Comunidad de Paz), acompañamiento a la autogestión económica de la Comunidad, y los aniversarios de tantas masacres, que tantísimo dolor le produjeron, y con tanto respeto acompañó, como igualmente en la llamada “masacre de Trujillo”, cuyas víctimas recibieron el Premio Internacional DDHH del Ayto de Siero (antes de que el actual regidor se cargara tales prestigiosos premios), en el espacio construido para No Olvidar, en el río Cauca y sus peregrinaciones anuales con las Matriarcas de Trujillo, o ante el espacio del padre Tiberio, torturado, asesinado y descuartizado, junto a su sobrina, en esa horrible noche del paramilitarismo, que pareciera estar ya de vuelta con el nuevo presidente, que hizo fortuna en la defensa de tales personajes de asesinatos masivos.
Hasta hubo un día en que compartimos estrado. Con un ex rector de la Universidad Nacional, y con el autor del libro-tesis doctoral “La Rebelión de los límites”, Carlos Alberto Ruíz Socha, que había investigado en la Universidad de Sevilla, y en cuya publicación participó ligeramente con algunos recursos Soldepaz.Pachakuti.
¿Cuántos amigos, cuantas compañeras de Javier Giraldo fueron asesinadas, en la común pelea por defender la vida y los derechos esenciales?. Se perdería la cuenta.
Chomsky, a sus 96 años, ha sobrevivido al padre Javier. En el aniversario de San José Apartadó de hace dos años Javier recordaba al lingüista norteamericano con quien tenía una larga relación, (Chomsky había prologado uno de los libros de Giraldo “Colombia esta democracia genocida”) y recordaba cómo las comunidades indígenas habían entregado simbólicamente un trozo de selva al gringo, cuando acababa de perder a su esposa Carol.(Una sencilla placa con el mensaje “Bosque La Carolina en homenaje a Carol Chomsky”).
Comunidades, alianzas, trabajo intenso. E investigaciones a raudales. Como la prolongada para conseguir ubicar la tumba de Camilo Torres. Hasta que lo consiguió 60 años después, para darle digna y respetable sepultura al cura guerrillero.
Los restos de Camilo aparecieron escondidos en el panteón militar del Cementerio Municipal de Bucaramanga, donde habían sido ocultados por orden del general Álvaro Valencia, con la intención de evitar que el cuerpo se convirtiera en objeto de veneración.
Camilo había dado el paso decisivo y peligroso de integrarse al ELN de aquella época, de forma similar a como Gaspar García Laviana lo haría en la Nicaragua de la dictadura somocista, provocando ambos rechazos, adhesiones, admiraciones y debates intensos.
Giraldo como Camilo pasaron temporadas de estudios en París, por separado: dice que no se conocieron en persona, solo por la televisión y los textos.
Pero Javier Giraldo no solo buscaba durante tantas décadas el cuerpo escondido del guerrillero, sino las enseñanzas, el legado, las propuestas del “amor eficaz” del militante social, del educador popular.
Se nos ha despedido Javier Giraldo en tiempos de imposturas y de regreso de las violencias a Colombia, donde de nuevo tanta falta nos hace su tarea incansable por la paz y los derechos de las diversidades culturales, étnicas y valientes de la matria bolivariana.
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