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Comunicado

A ochenta y cuatro años de la impune masacre de las bananeras

Fuentes: Rebelión

Se nos ha informado, y lo corrobora el Nobel Gabriel García Márquez con su pluma de realismo y magia, que en un poblado de Colombia, cuando José Arcadio Segundo despertó, estaba boca arriba en las tinieblas, y que en ese instante se dio cuenta que iba en un tren interminable y silencioso, y que tenía […]

Se nos ha informado, y lo corrobora el Nobel Gabriel García Márquez con su pluma de realismo y magia, que en un poblado de Colombia, cuando José Arcadio Segundo despertó, estaba boca arriba en las tinieblas, y que en ese instante se dio cuenta que iba en un tren interminable y silencioso, y que tenía el cabello apelmazado por la sangre, y que cuando se disponía a dormir a salvo del terror y el horror, descubrió que estaba acostado sobre arrumes de muertos.
Que no había un espacio libre en el vagón, salvo el corredor central. Seguramente debían haber pasado varias horas después de la masacre, porque los cadáveres tenían la misma temperatura del yeso en otoño, y su misma consistencia de espuma petrificada, y quienes los habían puesto en el vagón tuvieron tiempo de amontonarlos en el orden y el sentido en que se transportaban los racimos de banano.

Que José Arcadio Segundo, mientras se arrastraba de un vagón a otro, tuvo manera de ver los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo.

Que la masacre tuvo tal dimensión que el tren en que transportaban los cadáveres «era el más largo que había visto nunca, con casi doscientos vagones de carga, y una locomotora en cada extremo y una tercera en el centro… Y que encima de los vagones pudo percatarse de los bultos oscuros de los soldados con las ametralladoras emplazadas.

Que José Arcadio Segundo calcula que «debían ser como tres mil; seguramente todos los que estaban en la estación».

Pero sin embargo, en la región todas las personas de sano juicio, incluyendo a la misma esposa de José Arcadio, han afirmado que: «Ahí no ha habido muertos», que «no ha pasado nada en Macondo, se afirma con vehemencia, ni aún se ha encontrado rastro alguno de esta ni de ninguna masacre de las realizadas por el terrorismo de Estado desde el 06 de diciembre de 1928 hasta el día de hoy. Ningún juzgamiento claro y serio existe de quienes desde las alturas del régimen generaron también la mortandad de los años cuarenta, el genocidio de la Unión Patriótica, o colmaron de fosas comunes el territorio, o produjeron y siguen produciendo los llamados «falsos positivos» (sanguinarios crímenes de guerra), asesinatos y apresamientos contra dirigentes populares en nuestra amada patria. Más bien y para mayor perjuicio de la nación, el parlamento colombiano a ascendido a varios de los militares implicados en los crímenes.

Que al igual que con las masacres y desapariciones, es negada la existencia de los prisioneros de guerra, de los presos políticos y de los presos de conciencia que suman ya alrededor de ocho mil entre hombres y mujeres que sobreviven hacinados en las cárceles, padeciendo terribles condiciones de existencia, que hoy volvemos a denunciar con un S.O.S, a fin de que los organismos humanitarios intervengan con carácter de urgencia.

En consecuencia, las FARC-EP exigen a quienes desde los grades medios nos conminan a hacer claridades y sentar posición sobre el importante asunto de víctimas del conflicto, a que le rindan cuentas al país por su responsabilidad inocultable en la imposición de la tragedia bélica que ha sumergido a Colombia en una profunda crisis humanitaria, sólo para complacer los intereses económicos de los más ricos.

Fraternalmente,

DELEGACIÓN DE PAZ DE LAS FARC-EP
La Habana, República de Cuba. Diciembre 6 de 2012.
Sede de los diálogos por la paz con justicia social para Colombia.