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¡A parar para avanzar, viva el paro nacional!

Fuentes: El Desconcierto

«Hay que tener siempre los pies en la cabeza para saber hacia dónde vamos» Poesía Wayúu Una semana después del día cero, 21 de noviembre, el paro continúa en Colombia mientras la Guardia Indígena del Cauca se traslada a Bogotá, la capital. Ellos son una de las razones por las que se organizó este paro. […]

«Hay que tener siempre los pies en la cabeza para saber hacia dónde vamos»

Poesía Wayúu

Una semana después del día cero, 21 de noviembre, el paro continúa en Colombia mientras la Guardia Indígena del Cauca se traslada a Bogotá, la capital. Ellos son una de las razones por las que se organizó este paro.

Esta comunidad está siendo víctima de lo que algunos califican como un genocidio. Entierran y lloran, de rabia, por el asesinato diario de sus líderes y lideresas ante la mirada indiferente del gobierno.

Por los indígenas, los líderes sociales asesinados, por la educación y el agonizante sistema de salud de los colombianos se llenan calles y esquinas con slogans como el titular de este reportaje. Personas sin distinción de estratos se han unido al Paro Nacional.

Ocho días después de la primera convocatoria el paro goza de buena salud. «Colombia despertó» y ni el toque de queda, en Cali y Bogotá ni el pánico inducido por el gobierno han silenciado el ruido de las cacerolas, ollas y tambores que retumban en distintos rincones de Colombia.

El ambiente es festivo y solidario. Ríos de gente recorren ciudades, pueblos y barrios mientras quienes no salen golpean sus cacerolas desde sus casas, conjunto residenciales y apartamentos e incluso desde las cárceles.

El cansancio no ha logrado que cesen las marchas. Algunos salen después de su jornada de trabajo o estudio. El común denominador es el hartazgo ante un gobierno sordo e indiferente frente al asesinato de líderes sociales, campesinos, ambientalistas e indígenas, y que emprende políticas económicas inequitativas.

La gente está harta y se lo han hecho saber al presidente de Colombia, Iván Duque, con cánticos, danzas y arengas en la entrada de su casa al norte de Bogotá. Mientras el pueblo se manifiesta con más entusiasmo y fuerza tras el asesinato de un estudiante y varios heridos, el gobierno intenta disuadirlos, con tres días sin IVA, Impuesto de Valor agregado, mientras los marchantes condenan el capitalismo.

Los medios de comunicación, con algunas excepciones, Canal Capital, Noticias Uno y CityTv, contribuyen a la puesta en escena del gobierno con portadas, micrófonos y canales de televisión intentan deslegitimar la protesta social.

No hay espacio ni titulares que registren las justas reclamaciones del pueblo ni los abusos de las autoridades constituidas para la protección de los ciudadanos, sino que repiten hasta el cansancio imágenes y testimonios de quienes no se unen a la protesta, los trancones y hechos aislados de vandalismo, algunos protagonizados por las autoridades como lo evidencian los videos que circulan en redes sociales.

Pero ni la indiferencia del gobierno ni el silencio cómplice de los medios ha detenido a la comunidad; por el contrario, la indignación crece y los medios de comunicación son duramente criticados por no cumplir con la función social del periodismo, por no tender puentes sino dinamitarlos y por recoger las demandas legítimas de los ciudadanos y destacar su civismo.

¡Un pueblo que camina pa´delante y un gobierno que camina para atrás!

Cada uno tiene una razón para marchar: la reforma pensional, el modelo económico, la falta de educación gratuita, el desmonte de los Escuadrones Móviles Antidisturbios (Esmad), que violentan al pueblo, el asesinato de líderes y lideresas sociales, la mutilación de los tiburones para vender sus aletas, etc.

Pero cada motivo individual se vuelve común al ser coreados al unísono -y a todo pulmón- por los marchantes. Flores, pancartas creativas, batucadas, ollas, cacerolas y banderas usadas como ponchos adornan las calles de cualquier ciudad colombiana de día y de noche.

Los manifestantes parecen no sentir cansancio, aunque algunos, alternan los días para salir de casa pues saben que el paro va para largo. En Bucaramanga, la Ciudad Bonita, la fusión de clases -al igual que en Bogotá- ha sido algo notorio. Sectores sociales, en circunstancias disímiles, unidos para exigir cambios en las políticas gubernamentales.

Adriana Martínez lo describe así: «Es gratificante ver cómo despierta el sentido crítico, la toma de conciencia por parte de actores inesperados dentro de estas manifestaciones, la gente del común, y los trabajadores de distintos niveles».

En las calles caminan codo a codo, mecánicos, comerciantes, obreros, estudiantes, desempleados, médicos, oficinistas, vendedores, amas de casa y personas de diferentes edades y tendencias políticas.

La constancia de los ciudadanos aviva el paro acompañado del sonido de las cacerolas, la música colombiana y las arengas.

A tres horas de Bogotá, en Tunja, el frío ha sido contrarrestado con el calor de los marchantes que caminan. Cesar Castellanos, docente universitario de 55 años, destaca la resistencia y la persistencia por alcanzar otro mundo posible. Castellanos comenta: «La movilización de estudiantes, profesores, sindicalistas, trabajadores de la salud, etc., representa la vigencia de un sentido colectivo de malestar».

En Medellín, ciudad de la eterna primavera, hay concentraciones en calles y parques. La protesta pacífica es impulsada por estudiantes y colectivos sociales, es una protesta joven y diversa.

Luis Yepes, comunicador social de 61 años, apoya los reclamos de estudiantes, profesores y centrales obreras. Tiene sus motivos para acompañarlos en las calles y en las redes sociales: «Marcho reclamando al gobierno cesar el entorpecimiento del Acuerdo de Paz, pidiendo una política económica equitativa, contra el fracking, el uso del glifosato en el campo y contra la megaminería».

En Cali, otra de las grandes ciudades colombianas, hay una gran participación social. «Esto se ha convertido en la respuesta ciudadana al miedo que quisieron imponer con las famosas amenazas de saqueos a las unidades residenciales. Esa mentira fue desmontada», afirma Carolina Cepeda de 26 años.

¡Qué lo vengan a ver, qué lo vengan a ver, este no es un gobierno son los paracos en el poder!

En Armenia, en el Eje Cafetero, la periodista Margarita Arteaga destaca el respeto entre las autoridades y los marchantes. «Pero sin duda lo mejor que he visto es el arte como herramienta de protesta, música, puestas en escena, los cantos y la alegría de los estudiantes».

Pereira, ciudad cercana a Armenia, ha parado también. Sus calles y las del municipio de Dosquebradas han sido ocupadas por miles de personas, jóvenes y adultos con ilusión de paz. «Me alegra ver tantas personas con un solo objetivo, hacernos escuchar, sentar un precedente de algo que nos tiene mamados, y queremos cambiar», afirma Lina Rivera, publicista.

Entre tanto, en Florencia (Caquetá) un departamento muy golpeado por el conflicto colombiano las marchas han sido frecuentes desde el 21 de noviembre. «La espontaneidad de los jóvenes se destaca. Se han hecho cacerolazos, velatones, colectivos de jóvenes, profesores y organizaciones sociales», explica Mercedes Mejía docente y activista.

En Bogotá, la capital colombiana las manifestaciones han sido multitudinarias, bloqueadas las avenidas. La Plaza de Bolívar, el Parque de los Hippies, el Park Way, la zona aledaña a la Universidad Nacional y entrada de la casa del Presidente de la República, han sido epicentros del malestar general.

Mientras en los barrios continúan apoyando las reivindicaciones. En el barrio Armenia, los vecinos se unieron con otros barrios como Teusaquillo. Crearon un grupo en WhatsApp para informar sobre las actividades programadas. «Lo interesante, afirma Luz Marina López, es que no hay ningún movimiento ni partido político ni persona liderando». Todo es espontáneo y eso ha permitido que sea masivo».

Caluca, activista, y vecina de Luz Marina, ha participado hasta la madrugada en las asambleas del Park Way. Ella señala: «El paro ha transformado mentes, corazones y cuerpos. Caminar y recuperar la calle como espacio de lucha contra el régimen aún pese a la política de seguridad de muerte, es el primer triunfo del paro en el cual impera una política de vida».

Mientras tanto en el norte de Bogotá, en Bella Suiza los vecinos apoyan las demandas legítimas de sus conciudadanos menos favorecidos. Catalina Giraldo, trabajadora de 32 años, marcha porque la información le ha hecho imposible sustraerse y ser consciente de lo que pasa en este país incluidos los anuncios de reformas laborales y pensionales. «Para mí esto se tiene que extender, tiene que haber un paro de transporte, de profesores, tiene que haber un paro absoluto porque por las buenas nunca va a funcionar».

Paula, vecina de Catalina, a sus 20 años protesta en contra de las reformas tributaria, pensional y laboral; además por el incumplimiento de los acuerdos de paz y por la educación pública aunque ella estudia en una universidad privada.

Cargados de múltiples razones el pueblo colombiano, continúa marchando mientras el Comité de Coordinación del Paro Nacional, 2019, invita a la ciudadanía a continuar apoyando diversas actividades durante el mes de diciembre: asambleas barriales, movilizaciones en todo el país, asamblea nacional, el concierto: Enciende tu voz: un canto por Colombia, el 8 de diciembre, y movilizaciones el 10 de diciembre Día Internacional de los Derechos Humanos.

Mientras termino este reportaje, se escucha en las calles: ¡El paro sigue! ¡El paro sigue!

Crédito de la 1ª imagen: Caluca; 2ª imagen: Cristian.

@Fernandareports

Fernanda Sánchez Jaramillo. Periodista profesional y magíster en relaciones internacionales.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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