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Acerca de los «Rostros de Mahoma»

Fuentes: www.hoggar.org

Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Maria Poumier

¿Quién se habría imaginado que se lograría un día federar por una parte la conferencia de los ministros árabes en ejercicio, administradores de la industria de la tortura -por iniciativa propia o bajo mandato- y por otra parte las masas de los ciudanos árabes víctimas de los regímenes policiacos, dentro de su país u obligados a residir fuera? ¡Pues ya está! Y se lo debemos a la colección de doce caricaturas satíricas, «Los rostros de Mahoma», publicadas el 30 de septiembre de 2005 por el diario danés Jyllands-Posten y reproducido desde entonces en otros medios como el diario noruego Magazinet, el diario francés France-Soir y los diarios Die Welt de Alemania, La Stampa de Italia, y El Periódico en España. Para concluir su reunión del 31 de enero en Túnez, los primer ministros árabes le han pedido al gobierno danés una «sanción firme» en contra de los autores de las caricaturas consideradas blasfematorias contra el profeta; y se multiplican las manifestaciones en las capitales árabes y musulmanas, con quema de banderas danesas y fotos del primer ministro Anders Fogh Rasmussen.

La campaña de boicot de los productos daneses se ensancha y afianza en el mundo musulmán. La cumplen tanto el religioso que renuncia a su leche marca Arla como el profano que deja la cerveza Carlsberg. Nestlé, al encontrarse complicada en el asunto, pagó un espacio publicitario en primera página del diario Asharg al-Awsat, acerca de la leche en polvo Nido, para aclarar que «no se produce en Dinamarca, ni se importa de Dinamarca».

¿Cuál es, pues, este poder federador que ha sido capaz de unir en el mundo musulmán desde el alto responsable hasta el simple ciudadano, chiíta, salafista y hermano musulmán, turco, persa y árabe, organizaciones intergubernamentales y ONG?

Es que se ha afectado a la persona del Profeta, al cual un musulmán debe amar más que a sí mismo. El símbolo se encuentra afectado no porque su representación sea ilícita -esta prohibición no se puede aplicar a los no musulmanes- sino a causa del contenido de las caricaturas que resume en pocos trazos -como aquel que representa al Profeta con un turbante en forma de bomba- ese conjunto de lugares comunes estampados para rebajar a la religión islámica: terrorismo, misoginia, oscurantismo, fanatismo, etc, en Occidente y, sobre todo, en un «reino [de Dinamarca] donde la religión musulmana suele calificarse como religión terrorista» o «religión de la Edad Media» por algunos políticos parlamentarios, como lo subrayaba La Libre Belgique el 31 de enero pasado.

Las autoridades danesas se han negado a entrar en el asunto, invocando la sagrada libertad de expresión. Los millones de árabes y musulmanes, que extrañan de modo crónico la falta de libertad, son sensibles a este argumento. Pero observan que este principio, esgrimido cada vez que se publican comentarios o representaciones que ellos consideran blasfematorios contra su religión, ya no vale en otras ocasiones. Los argelinos recuerdan, por ejemplo, cómo en 1995, en el momento en que las más altas autoridades del Estado francés recibían a bombo y platillo a Salman Rushdie y le celebraban por sus Versos satánicos, el ministro del interior francés de aquella época prohibía una colección de testimonios sobre torturas practicadas por el régimen militar argelino, con el pretexto de que «con motivo del llamamiento al odio que contiene, su difusión podría tener incidencias negativas sobre el ordern público». Por otra parte, los ciudadanos del mundo musulmán observan hasta qué punto la ley y los medios occidentales se muestran rigurosos contra la judeofobia, especialmente cuando se trata de negacionismo o del menor revisionismo, y hasta qué punto son laxos cuando se trata de islamofobia [2]. El secretario de la Liga árabe, Amr Muza, ha opinado que la prensa europea «observa dos criterios diferentes», pues teme que la acusen de antisemitismo, pero «invoca la libertad de expresión cuando caricatura el Islam».

En una época caracterizada por la exacerbación de las tensiones entre comunidades, cuando millones de musulmanes se sienten humillados con la difusión de las imágenes de Abu Graib y de Guantánamo, una publicación como «Los rostros de Mahoma» viene a incrementar la violencia simbólica que afecta al mundo musulmán y puede volcar a sectores enteros de las sociedades musulmanas en la violencia antioccidental.

Uno se pregunta si es oportuno publicar este tipo de producto con la simple finalidad de «poner a prueba la autocensura y el límite de la libertad de expresión», como han propuesto algunos para justificar la publicación de Jyllands-Posten, con el riesgo de suscitar un odio mayor y una violencia ampliada en un mundo del cual parecería que se le quiere precipitar al Apocalipsis, con el aplauso de gente de las más diversas opiniones. Tal vez sea éste el momento de reflexionar seriamente sobre el principio de la libertd de expresión, su carácter absoluto o relativo, su aplicación universal o selectiva, y también sus límites, y cuestionar el papel y la responsabilidad del periodismo en la promoción de la paz en el mundo.

Notas

[1] El Instituto Hoggar, dedicado a la investigación sobre el área magrebí ha publicado Livre blanc sur la répression en Algérie (1991-1995), y Quelle réconciliation pour l’Algérie.

[2] La asociación francesa COFFAD que agrupa a Africanos y Descendientes de Africanos señala que en realidad hay un tipo de expresión más castigado que cualquier otro, en los medios franceses: el sentimiento crítico de los negros. Sólo así se exlica el linchamiento mediático padecido por el cómico mulato francés Dieudonné desde hace dos años, a raíz de una broma sobre los fanáticos colonos israelíes. Veinte veces se le ha llevado a los tribunales por esto, ha padecido un atentado, se ha visto acorralado por cuatro ciudadanos israelíes etc. A pesar de que la justicia concluye cada vez que no ha cometido ningun delito antisemita, el boicot mediático se mantiene, impertérrito. Dieudonné suele hacer muchos chistes sobre árabes y musulmanes, pero estos se ríen de buena gana con él, es especialmente popular en los suburbios con fuerte población magrebí. (N. de la T.)

Texto original en www.hoggar.org, 1 de febrero de 2006. El Instituto Hoggar, dedicado a la investigación sobre el área magrebí, ha publicado un Livre blanc sur la répression en Algérie (1991-1995) y Quelle réconciliation pour l’Algérie.

Maria Poumier y Juan Vivanco son miembros del colectivo de traductores de Rebelión y asimismo de Tlaxcala ([email protected]), la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft.