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Aclaraciones sobre la Objeción Fiscal

Fuentes: Rebelión

Pablo San José ha tenido la amabilidad de responder a mi crítica a las campañas de objeción fiscal en un artículo aparecido, como el mío, en Rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87329). Quisiera hacer algunas aclaraciones, con la promesa de que no volveré a aburrir a los lectores con un nuevo escrito sobre este mismo asunto: 1.- La apreciación […]

Pablo San José ha tenido la amabilidad de responder a mi crítica a las campañas de objeción fiscal en un artículo aparecido, como el mío, en Rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87329).

Quisiera hacer algunas aclaraciones, con la promesa de que no volveré a aburrir a los lectores con un nuevo escrito sobre este mismo asunto:

1.- La apreciación de la falta de oportunidad de mi escrito, habida cuenta de que nos encontramos en plena campaña de la renta, dependerá, naturalmente, de lo que uno opine sobre la objeción fiscal. El señor Pablo San José tendría que admitir que cabe la posibilidad de que haya quien no esté de acuerdo con ella y que, para quien tal cosa le suceda, la campaña de la renta es el momento más oportuno para expresar lo que piensa.

2.- Sería saludable que alguna vez empezáramos a respondernos sin recurrir a los prejuicios más del gusto de cada uno. Como a don Pablo San José no le agrada lo que pienso, me encasilla sin dudarlo en el grupo de los defensores del «centralismo democrático de corte leninista» o, supongo que alternativamente, en el campo del «eurocomunismo» y de quienes tienen una fe ciega en el Estado. Colocado ya yo en el bando de los malos, es mucho más fácil continuar su artículo recurriendo al expediente del «nosotros» (los que hacemos cosas, los que nos arriesgamos, los antimilitaristas) y «ellos» (los comunistas cuadriculados que no hacen nada y se limitan a censurar las acciones de otros). Polemizar de esa forma es más sencillo, pero no es honesto.

3.- En ningún lugar de mi escrito equiparo a las organizaciones que desarrollan proyectos de ayuda social con las empresas privadas con ánimo de lucro. Digo que constituyen una «red asistencial privada». Según los casos, no sólo admiro sino que colaboro personalmente con su labor, pero defiendo que a lo que debemos a aspirar es a que la gestión de los servicios sociales sea pública, porque es ésta la única capaz de prestarlos con garantía de justicia plena y universalidad. Es encomiable que haya grupos de personas dispuestas a mitigar el sufrimiento de otros seres humanos, pero lo ideal es que sea la comunidad la que colectivamente atienda las necesidades de todas y todos. Mi meta es que el Estado llegue a desaparecer y sea sustituido por asambleas de ciudadanos y ciudadanas que tomen las decisiones fundamentales con la participación libre y consciente de todo el mundo. En tanto en cuanto conquistamos esa utopía, la privatización de los servicios públicos no se me aparece como la mejor manera de hacer el camino.

4.- Sobre la cuestión del elitismo debí explicarme francamente mal y trataré de enmendarme ahora:

En cuantos escritos favorables a la objeción fiscal he leído he encontrado dos vertientes relacionadas lógicamente entre sí. Por una parte se propone como acto de lucha simbólica contra el militarismo y otras injusticias del sistema. Por otro lado, se reclama que el derecho a objetar sea reconocido por la Ley como un derecho ciudadano. Pero, claro, cuando uno pide que se pueda ejercer un derecho se supone que está dispuesto a admitir que otros lo ejerzan con fines diferentes al suyo, y cuando alguien sugiere una forma de protesta, ha de prever que sirva para otros objetivos cuando otros vean que es una forma de protesta válida.

Probablemente Pablo San José ignore que hay otras campañas de objeción fiscal, en concreto una que promueve un importante sector de la Iglesia católica en contra del aborto. Puede hallar información sobre ella en http://www.arbil.org/100fiscal.htm. Yo, como imagino que Pablo San José, soy enemigo acérrimo del militarismo y partidario, en cambio, del derecho de las mujeres a decidir libremente su maternidad; bajo ningún concepto compararía los fines de ambas campañas. Pero el medio sí es el mismo y el derecho que se reclama para poder llevarlo adelante también. Y, en realidad, en una sociedad democrática que admitiese la objeción fiscal, ¿por qué no iba a reclamar un ciudadano que con «su» pago del Impuesto de la Renta no se financien en la sanidad pública la práctica de abortos? De hecho, es bastante improbable que el Estado llegue a admitir que se pueda objetar a los gastos militares, pero no es nada descabellado imaginarse que, dentro de su capacidad normativa, gobiernos regionales como el de Madrid introduzcan en un momento u otro una opción semejante para el aborto. En tal caso, ustedes habrán ofrecido una parte esencial del arsenal argumental.

Y es aquí donde tocamos el fondo que Pablo San José menciona pero en el que no ha querido profundizar: la libertad individual. En ningún lugar me opongo a ella. Lo que cuestiono es que uno pueda tener la opción de decidir individualmente qué hace toda la comunidad con lo que él aporta. Dije, y repito, que semejante pretensión es reaccionaria. Si la objeción fiscal fuese un derecho reconocido, sería la capacidad económica la que determinaría la facultad de influir sobre las decisiones colectivas, y entonces no estaríamos ante una sociedad de individuos libres e iguales. La carencia de democracia real en los Estados capitalistas modernos debe superarse con la fuerza colectiva de la ciudadanía organizada socialmente, tanto para un leninista como para un seguidor de las hermosas ideas de Kropotkin. Y si ése es el fin, los medios han de apuntar hacia él y no al contrario. Esto es lo que dije.

En lo que se refiere a la práctica concreta de la objeción como forma de protesta también conviene explicar algo. No escribí que no puedan objetar aquellos a los que la declaración les sale a devolver, sino que para ellos es más difícil. Tampoco dije que fuera imposible para los no obligados a declarar, sino para los no obligados a declarar cuyo resultado de la declaración no sea a devolver. Sería absurdo que una persona no obligada a declarar, saliéndole la declaración a pagar (cosa que sabrá Pablo San José que no es infrecuente), presentase su IRPF para pagar lo que no está obligado a pagar y restarse la cantidad de la objeción. Vamos, digo yo. Y luego mencioné a las personas tan pobres que ni pagan IRPF, independientemente de su obligación de declarar, pero que pagan multitud de impuestos al consumo cada día. Lo de que «a mayor poder adquisitivo mayor cantidad de dinero que se puede desviar» (no usé yo esas palabras, así que no entiendo muy bien las comillas) lo refería sólo a cuando se use la fórmula de porcentaje sobre la cuota. Imagino que esto último no se negará: sea o no lo más importante la cuantía, es matemático que si se objeta con un porcentaje, en general dejarán de ingresar en Hacienda más dinero las personas de más ingresos.

Pero, en suma, de nuevo no se rebate lo fundamental, que es que la facultad de protestar o de decidir se base en la capacidad económica, que ésta deje fuera de participación a un número determinado de ciudadanos, sean mil o tres millones. Por eso creo yo que es elitista, lo es en el fin de que el derecho de objetar sea legalizado y lo es como medio, porque los medios han de ajustarse a los fines. El autoritarismo no es el camino de la libertad y la exclusión económica no es la vía a la igualdad.

5.- Señala San José dos imprecisiones en mi artículo. Dice, primero, que no es verdad que en la actualidad se recomiende que se recurra hasta el final si la Agencia Tributaria reclama la cantidad no ingresada. Me alegra poder corregir mi error en este extremo, pero debo aclarar que es en un artículo publicado esta semana en Kaos en la Red y tomado de Diagonal donde se habla de continuar «con la protesta, recurriendo tal requerimiento (el de la Agencia Tributaria) hasta agotar todas las vías legales» (http://www.kaosenlared.net/noticia/objecion-fiscal-contra-gastos-militares), sin hacer prevención de consecuencias desfavorables. Al venir en una de las publicaciones promotoras de la objeción supuse que la información era correcta.

En segundo lugar, se pregunta San José por la explicación de que en algunas declaraciones a devolver la Agencia Tributaria restituya lo previsto más la cantidad de la objeción. Pues la explicación es la misma que en las declaraciones a pagar. El control masivo de la corrección de las declaraciones es informático. Hay una serie de filtros. La mayoría de ellos son cruces con información facilitada a la Agencia por terceros, también filtros por la elevación de la cuantía o filtros específicos (por ejemplo, las declaraciones de fallecidos siempre se retienen para reclamar documentación acreditativa de la cualidad de herederos de quienes cobren la devolución). Si ningún filtro informático captura el desajuste, por su escasa cuantía o porque aparece en una casilla que no contrasta con ninguna información de terceros, el proceso sigue su curso: se valida la declaración sin emisión de paralela o recurso si es a pagar o bien se devuelve lo solicitado. Solamente las declaraciones retenidas por el sistema son revisadas por los funcionarios y no hay una decisión individual de un funcionario para cada una de las declaraciones. Ahora bien, si el señor San José quiere seguir pensando en otras posibilidades, puede hacerlo.

6.- No voy a alargarme más (ya lo he hecho demasiado) con las propuestas que hago de protesta. Me da la sensación de que no se han entendido demasiado bien, se han mezclado alusiones históricas con lo que propongo en la actualidad o se equipara el simple hecho de sacar el dinero de una cuenta bancaria (acto legal que no comporta en principio riesgo alguno) con la acción de Enric Duran (que por lo demás he respaldado).

Lo que más me preocupa es la poca importancia que parece darse a los impuestos en la izquierda. En este campo, la derrota ideológica es abrumadora. Se diría que da lo mismo un impuesto al consumo o indirecto que pagan todos los ciudadanos por igual que un impuesto que puede tener un efecto de redistribución de la riqueza; que no nos importa que los grandes patrimonios dejen de tributar, o que nos trae sin cuidado el premio constante a las empresas con las rebajas del Impuesto de Sociedades. No afirmo en ningún lado que el IRPF sea revolucionario; digo que es uno de los pocos impuestos que conservan algo de progresividad, y que si elegimos emprender una campaña de protesta con razones en principio legítimas, no estaría de más cuidar que no demos armas al adversario para nuevas vueltas de tuerca en la senda de la desigualdad económica. Con la que hay da más que de sobra, por desgracia.

A mí me parecía que ésta era razón suficiente para perder mi insignificante tiempo en ofrecer mi opinión. Llevo casi veinte años de militancia política y social, colaborando en campañas muy diversas, seguro que no con tanta entrega como Pablo San José. Siempre opino con sinceridad y admito que puedo equivocarme. Pero jamás le he tolerado a nadie ni le voy a tolerar que me exija el currículo de luchador abnegado para tener derecho a hacerlo. Yo, por mi parte, tampoco se lo exigiré a ningún otro.

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