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La izquierda en Chile

Agravio, confusión, frustración

Fuentes: Rebelión

Posterior al golpe de estado en Chile, la oligarquía chilena y el imperialismo ponen todo su esfuerzo en exterminar a la Izquierda, sus organizaciones construídas con sacrificio por décadas y que habían comenzado en rebeldías y transformado en estructuras político-sociales importantes, serían borradas de la faz de la tierra. La Izquierda chilena vivió la represión […]

Posterior al golpe de estado en Chile, la oligarquía chilena y el imperialismo ponen todo su esfuerzo en exterminar a la Izquierda, sus organizaciones construídas con sacrificio por décadas y que habían comenzado en rebeldías y transformado en estructuras político-sociales importantes, serían borradas de la faz de la tierra. La Izquierda chilena vivió la represión más brutal de toda su historia durante una dictadura civico-militar que llega hasta 1990, 17 años de pagar un alto precio pero logra sobrevivir.

Llegan los tiempos de recambio y la dictadura tiene que ceder y luego de oscuras negociaciones se llama a elecciones que resultan en que la Concertación de partidos por la Democracia accede al poder presidencial con el apoyo de la mayor parte de los chilenos, quienes por años se habían mantenido unidos ya no por solidaridad de clase sino para luchar contra un régimen que rechazaban y que los mantenía oprimidos y alienados.

En general, para la Izquierda la alegría duraría un corto tiempo, había apoyado a Patricio Aylwin -el presidente electo, confiando que a pesar de haberse mostrado necio y reaccionario y que había sido acérrimo enemigo del gobierno popular y de Salvador Allende, respetaría la fuerza popular que le permitió ser gobierno. Pero pronto se vio que Aylwin era el mismo y que volvería a sus andanzas ahora con un gran apoyo ciudadano y un discurso engañoso. Todos somos chilenos, ricos y pobres, explotadores y explotados, la unificación ficticia de Chile dominaba la agenda. Eran los nuevos «demócratas» que se acaparaban el poder político con descaro y que usaban la represión armada en contra de quienes desafiaran la falsedad de sus argumentos, que no iban a ser otros que izquierdistas. Quienes se niegan a reconocer la «transición» abiertamente y los que son irrespetuosamente marginados por la Concertación que se convierte en una nueva derecha, una derecha alternativa a la derecha tradicional fascista.

Ambas derechas, la de Aylwin y la de La Alianza, compiten por el gobierno en un sistema político bipartidista, particularmente en tiempos de elecciones porque durante el resto del tiempo puede existir una apariencia de variedad de partidos. Al más típico estilo estadounidense y europeo, dos grupos corruptos se dividen el poder político y juntos se dedican a la principal tarea de promover una ideología que favorece a ricos criollos y extranjeros, además de beneficiarse ellos mismos económicamente y a quienes les apoyan.

La Concertación ha sido gobierno por dos décadas, pero no es ni socio-liberal ni social-demócrata, ni reformista, ni de centro-izquierda, y esto debe decirse no porque sean tan importantes las etiquetas sino para aclarar porque hay referentes históricos que son relevantes. Ser reformista ha tenido un valor como ser social-demócrata. La Concertación carece de proyecto para la gente, pero ha mantenido firmemente el proyecto neoliberal, ha cerrado las posibilidades de participación ciudadana y más aún la participación popular. Su gobierno representa una plutocracia; gobiernan para los ricos.

Formada por partidos políticos con un rol histórico terminado, la Concertación es una mezcla de ex-enemigos del gobierno popular -que apoyaron su derrocamiento en 1973, y de dirigentes y militantes del gobierno popular derrocado, algunos incluso de extracción revolucionaria. Naturalmente, para que esta coalición funcionara uno de los dos bandos tenía que imponerse al otro, y uno de ellos tenía que subordinarse o convertirse en el otro. Esto fue lo que sucedió, fue una metamorfosis por la que los dirigentes y militantes que habían sido de izquierda durante el gobierno popular, y quizás hasta que se hicieron concertacionistas, se transformaron en el otro -en los derechistas que apoyaron el golpe y derrocamiento de Allende.

Lo que ha venido sucediendo desde entonces, durante los últimos veinte años en todo el mundo no es diferente de lo que ha venido sucediendo en Chile. Muchos que eran de izquierda se convirtieron a la derecha, o sea el proceso mismo de «concertar» que es pactar favorecía desde el principio a la derecha y por ello la Concertación se transforma en la «fábrica de transformar izquierdistas en derechistas» y en Chile hubo una sobreproducción de estos, están de más, abundan, por lo que su valor de compra ha bajado.

Estos son los nuevos defensores del capitalismo y funcionan en diferentes niveles de gobiernos y de instituciones, muchos se han convertido incluso en delincuentes pues se han corrompido. Algunos, unos pocos, siguen como sin entender la fábrica por la que pasaron y si puede sean honestos, son igualmente peculiares en cuanto colaboran con la fábrica. Muchos mencionan el «pasado» como una utopía, tiempos juveniles de ideologías pasionales, pero descubrieron hoy, ya maduritos, los «placeres de la democracia,» y de la vida porque se han puesto «sibaritas», amantes de la buena mesa y del buen vestir, elegantes gourmets, en extremo cuidadosos con el lenguaje, planeando vacaciones en Caburga y Zapallar. Muchos de estos fueron dirigentes pero no toman responsabilidad por los jóvenes y campesinos, torturados o muertos, que les siguieron creyéndose sus vacíos pero apasionados discursos de entonces. Los que han tenido menos escrúpulos han incluso formado parte de la Fundación Paz Ciudadana, una organización fascista, inquisidora que está formada por lo más rancio y criminal de Chile.

Entre los primeros exámenes políticos de los ex-izquierdistas chilenos en el gobierno, estuvo el salir a la cazería de revolucionarios que habían luchado contra la dictadura, usando todos los métodos que había usado esta. Muchas de las acciones represivas contra estos, que no aceptaron los pactos concertacionistas, fueron mostrados por televisión. Personalmente, me tocó estar en Chile por el fallecimiento de mi padre en el mes de marzo de 1993, y ví por televisión una escena trasmitida desde una sala de primeros auxilios a un guerrillero chileno, herido y de rodillas, rodeado de agentes de seguridad que lo apuntaban con fusiles ametralladoras. Era un show grosero pero que hacía complices a todos los chilenos del aniquilamiento de los llamados «terroristas,» en tiempos mismos de democracia. Son estructuras represivas que no han sido desmanteladas y que han causado más de 40 asesinatos a militantes políticos y a jóvenes mapuches durante la «democracia».

Pero la Izquierda sobreviviente mostró escasa voluntad de solidarizar publicamente con los revolucionarios perseguidos a principio de los años 90. Desde entonces, ha estado estos últimos 18 años viviendo a la defensiva, más que ocupando un papel protagónico. Se han cometido muchos errores de interpretación y de acción. Sus militantes, sin embargo, formaron muchas veces parte de movimientos sociales y de trabajadores y de organizaciones de derechos humanos protagonizando luchas importantes. No podemos olvidar, a militantes como Gladys Marín, mujer valiente y lider comunista que hizo presencia en las calles de Santiago, muchas veces con su rostro cansado pero de ejemplar dignidad. No podemos olvidar la lucha que ha dado el pueblo Mapuche, ni la lucha de tantos jóvenes chilenos que han tenido que cubrirse sus rostros para protegerse de la brutalidad represiva. Todos ellos merecen reconocimiento, han sido antorchas encendidas con capacidad de quizás un dia de encender un fuego mayor y es gracias a ellos que no reina la calma de los sepulcros en Chile, que continúa la rebeldía.

A otra parte de la Izquierda chilena le ha tocado el papel de «salvar» con sus votos a la Concertación, eligiendo presidentes como Ricardo Lagos o Michelle Bachelet, considerándolos el «mal menor.» Pero una vez que son gobierno, estos demuestran en la práctica que no son un mal menor, porque siguen el mismo proyecto de la derecha.

Ha sido un tiempo perdido para la Izquierda chilena, porque seguimos en la rueda. Ha sido un tiempo también de confusión, de agravio y de frustración, y si acaso de verguenza porque en busqueda de políticas más pragmáticas han sido abandonados los verdaderos, los que luchan que no deben ser abandonados nunca.

Han existido, sin embargo, organizaciones, colectivos, publicaciones y han existido individuos que han denunciado estos años de «democracia tutelada» -ese es el título del brillante trabajo de Felipe Portales que ayuda a dar perspectiva a lo que sucede en el país. Estos han impedido que la sociedad chilena llegue a ser homogenea, en cuanto a aceptar la ideología impuesta desde todos los rincones del poder político y económico gubernamental y elitista.

Hoy se abre de nuevo la oportunidad de cuestionar y luchar en Chile y en el mundo, pues una crisis económica como nunca antes ya no puede mantener con falsedades el control. En Chile el «exitoso modelo», hace agua. La Izquierda puede jugar su papel, pero el Podemos -que reúne al Partido Comunista, al Partido Humanista y al Partido Izquierda Cristiana y a otros movimientos sociales, se declara ridiculamente «izquierda extra-parlamentaria», parece que no han notado que el Parlamento chileno no tiene izquierda. Y que dándose a si mismos esa ridícula etiqueta justifican la mentira concertacionista una vez más.

Miembros del Podemos han dado ejemplo en el pasado en cuanto a la importancia de separar la paja del trigo. Por ejemplo, el Partido Humanista tuvo una actitud honorable en 1993 cuando abandonó el gobierno, y de nuevo más tarde cuando su candidato Tomás Hirsch llamó a no apoyar a Bachelet en la segunda vuelta porque era simplemente un engaño. Pero hoy, el Podemos acepta llevar al concertacionista Jorge Arrate (que parece salió de pesca) como candidato, lo que sepulta al Podemos antes de partir.

Han surgido otras candidaturas de izquierda que cuestionan la plutocracia y sus agentes concertacionistas en el gobierno, pero, nada asegura que en la segunda vuelta presidencial ellos mantengan levantadas sus banderas. Se les nota un gran odio al candidato de la Alianza, el multimillonario Sebastián Piñera, por lo que es probable caigan nuevamente en la rueda apoyando ahora al rico y descolorido concertacionista Eduardo Frei -como «mal menor».

Entre quienes separan el trigo de la paja, para poner fin a la frustración de la Izquierda, el foco está en la rebeldía, en la necesidad de ignorar un proceso eleccionario que es cíclico, y prestarle atención a la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente. Esto de la Asamblea Constituyente es un paso relevante pero que requiere trabajo profundo. Y trabajan junto al pueblo Mapuche en su lucha diaria, unidos por ejemplo en el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores, buscando retomar el rol histórico de la Izquierda chilena.

El peso de la ideología dominante en Chile es grande, y ha alienado a gran parte de la sociedad. Mantenerse vivo, al tiempo que superando, como dice el pensador argentino Jorge Beinstein, «las trampas ideológicas elaboradas por los opresores que han portado los rebeldes en sus conciencias» es fundamental. Se necesita energía para enfrentar al aparato propagandístico y represivo de la oligarquía que defenderá el modelo de saqueo impuesto para enriquecerse, y a sus serviles políticos de las dos derechas -que están cebados.