Aida Qilkué es un nombre que no pasa inadvertido en ningún lugar del mundo y que retumba como un látigo sobre las conciencias de quienes como herederos patriarcales de la colonia han tratado de deshumanizar a los indígenas para luego asesinarlos aplicando su derecho de presunta superioridad y la llamada ley de la selva de que para blancos y mestizos “está permitido que al indio y al orate se le mate”. Así mataron a Quintin Lame, a quien la familia valencia trataba de animal por su lucha de resistencia y que el bipartidismo que gobernó con soberbia hasta 2022 aún repite y práctica.
Aida es la memoria de las luchas milenarias de los pueblos indígenas en América Latina, de las mingas y grandes movilizaciones enfrentando y denunciando el despojo territorial, la negación cultural, el racismo estructural y la violencia sistemática. Sus luchas no son espontáneos, ni simples movilizaciones por demandas sectoriales, son una exposición de formas complejas de organización y prácticas de respeto y armonía de la vida en el planeta con sentido humano y contra la colonización que ha destruido vidas, economías y culturas, como recientemente ha ocurrido con el gobierno y partidos asociados a la seguridad democrática cuyos abanderados hoy como Paloma, Espriella, Oviedo (el caballo de troya de la ultraderecha), han celebrado la idea de crear ghetos de formato nazi para indios y un mundo aparte para mestizos, y han guardado silencio ante los montajes judiciales y los asesinatos contra sus lideres (incluido el esposo de Aida) e impulsado la narrativa de estigmatización y de que el país viviría mejor sin ellos, como se lo enseñaron a las tropas en 2008.
Aida le recuerda al mundo la barbarie padecida por los pueblos indígenas, que de hecho y de derecho (según el estatuto de Roma), constituye un genocidio en total impunidad. Solamente durante la seguridad democrática (2000-2022) las cifras indican más de mil indígenas asesinados, decenas de gobernadores, taitas, mamos y mayoras, 3000 desaparecidos, más de mil niñas violadas (buena parte por soldados de la época) y medio millón condenado al destierro, miles de ellos sobreviven hacinados, enfermos y despreciados en Bogotá, donde apenas son parte del espectáculo de morbo e infamia de la gran prensa militante y; sus tierras son saqueadas y las comunidades sometidas al confinamiento.
El genocidio se ha extendido sobre los 115 pueblos indígenas de los cuales 68 están al borde de la extinción y sus 65 lenguas bajo ataque cultural. Mancuso que dirigió esta etapa de barbarie en connivencia del gobierno de AUV, paramilitares, empresarios y políticos de los partidos tradicionales, fue condenado en 2025 por el asesinato de 117 indígenas y están incriminados militares de la brigada 24, empresas como Chiquita Brands, Occidental Petroleum, Anglo Gold, Emerald Energy, y políticos vinculados a la seguridad democrática como Mario Uribe Escobar (C.D) y Alvaro García (liberal).
Aida representa para el país la defensa del territorio concebido como un espacio de vida, memoria y espiritualidad alrededor de la protección de ríos, montañas y bosques frente a proyectos extractivos y de expansión de la frontera agrícola. Mejor que nadie sabe conectar presente, pasado y futuro y organizar una minga global de trabajo y solidaridad comunitaria y de movilización, diálogo y unidad con alianzas de otros sectores para promover la transformación cultural y política en la relación entre humanidad, naturaleza y poder. Aída Quilkué, es la mejor referencia ética, política, social y cultural de la nación por su liderazgo y compromiso con las luchas contemporáneas. No viene del vacío, ni de un afiche o un deseo personal de ganar likes, tampoco viene de la arrogancia y la soberbia. Es la mujer más destacada del país por su lucha constante, su sentido de humanidad y de respeto por la vida, la diversidad y la diferencia por ser la legataria principal de la memoria y del poder ancestral de todos los pueblos de américa. Su experiencia y capacidad para gobernar el país, tiene las más altas calificaciones y reconocimientos nacionales e internacionales como asesora en la UNESCO, premios por la defensa de los derechos humanos y un compromiso indoblegable con la educación, la salud, el gobierno indígena propio y autónomo, y a ello se suma su paso como senadora de la república y su liderazgo contado en décadas de mingas e innumerables procesos de movilización, diálogo político y articulación de movimientos centrados en la dignidad, construyendo alternativas para preservar las formas de vida y visiones del mundo que cuestionan el modelo civilizatorio y de guerra.
Aida representa a la mujer que lucha, resiste y construye y cuenta con el respaldo y apoyo de todos los pueblos indígenas y originarios y de cientos (si no miles) de organizaciones sociales del país y del mundo. Su voz va más allá del pasado y de las demandas de comunidades específicas, y en el contexto de crisis climática, desigualdad social y agotamiento de modelos extractivos de la riqueza común de la población colombiana y de la pérdida de sentido de humanidad por la política tradicional supremacista y excluyente, ella será quien pueda convocar junto al presidente a la sociedad contemporánea a construir nuevos caminos y cosmovisiones con otras alternativas de relación entre el individuo, la sociedad y la naturaleza. Aída Quilkué potencia la defensa de la vida y de otras maneras de habitar el mundo y de ejercer el poder con respeto y de lejos es reconocida como la candidata a vicepresidenta que sin egos, ni odios sintetiza y da valor al espíritu humano de la nación.
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