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Aprender a enseñar

Fuentes: Rebelión

  La pedagogía es una Ciencia y como tal, los maestros no debiéramos guiarnos sólo por nuestra experiencia en el aula y nuestra intuición. Si bien estas son fundamentales, en ningún otro oficio se ningunean de forma tan descabellada como en el del maestro de Secundaria las bases teóricas y los aportes epistemológicos del último […]

  La pedagogía es una Ciencia y como tal, los maestros no debiéramos guiarnos sólo por nuestra experiencia en el aula y nuestra intuición. Si bien estas son fundamentales, en ningún otro oficio se ningunean de forma tan descabellada como en el del maestro de Secundaria las bases teóricas y los aportes epistemológicos del último siglo. Y así pasa lo que pasa: en la mayor parte de los casos los docentes repiten y perpetúan la mala didáctica con que ellos mismos fueron formados. Una didáctica que funcionaba en una escuela minoritaria y elitista -mal, pero funcionaba-, pero que en una escuela democrática y universal, es una bomba de relojería.

¿Por qué los maestros de Secundaria somos los únicos profesionales a los que no se nos enseña prácticamente nada sobre cómo desempeñar nuestro trabajo? Al terminar la carrera nos embuten tan solo unas pocas ideas obtusas y excesivamente teóricas, olvidando a los mejores maestros, a los verdaderos pedagogos que durante el siglo XX revolucionaron la enseñanza en escuelas como La Institución Libre de Enseñanza, la Escuela Moderna, Las Escuelas Experimentales, la Escuela Nueva, las Cooperativas de profesores y padres… El nuevo máster obligatorio no tiene pinta de ir a arreglar nada. Mientras no haya un verdadero aprendizaje práctico y experimental, en escuelas modelo donde el aprendiz de maestro vea en la práctica cómo se enseña aplicando la pedagogía nueva, sin exámenes, sin «libros de texto», sin evaluaciones, con una pedagogía de verdadero esfuerzo y trabajo colaborativo… todo lo demás quedará en agua de borrajas y más de lo mismo. No paran de hablar del modelo finlandés y, sin embargo, no aprenden nada de ese excelente sistema educativo.

Luego nos llevamos las manos a la cabeza por el mal funcionamiento de nuestra escuela: una olla a presión, una jaula de grillos donde los maestros parecen obsesionados con evaluar al alumnado, la inspección con evaluar a los maestros y el gobierno con evaluar a todos, y con tanta «evaluación» lo cierto es que en realidad solo los mejores alumnos aprenden -esos que en cualquier caso hubieran aprendido- y todos, incluso los más «exigentes», acaban regalando los aprobados -gobierno incluido-. Esa es la realidad del sistema educativo, y mientras tanto el verdadero objetivo de la escuela queda olvidado: un lugar donde ayudemos a los alumnos a aprender por si mismos y donde la evaluación -sí, también la de los alumnos- debería ocupar un lugar formativo e informativo no para juzgar y poner el listón cada vez más alto -a ver si se estampan y luego nos reímos con los disparates de los chavales, que a quienes deberían avergonzarnos es a los maestros-, sino para ayudar al alumno a ser consciente de sus progresos.

Y esto no es algo que sólo se pueda hacer en Finlandia. En España se intentó: el maestro Giner de los Ríos comenzó una experiencia que, de haberse extendido, podría haber puesto a nuestra patria a la cabeza de la educación europea. El fascismo acabó con aquel movimiento.

Estos son algunos de los verdaderos pedagogos de quienes queremos aprender a enseñar: Giner de los Ríos Célestin Freinet, Ferrer i Guardia, Paulo Freire

* El autor es profesor de Lenguas Clásicas en enseñanza secundaria y poeta.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.