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Asesinato de un antisistema

Fuentes: Rebelión

La mañana de ayer, el diario El País hizo públicas las filmaciones de las cámaras de seguridad del metro de Madrid que recogen el asesinato del joven antifascista Carlos Palomino, a manos del militar ultraderechista Josué Estébanez, el 11 de noviembre de 2007. Las imágenes son demoledoras; prueba de ello es que tanto la fiscalía […]

La mañana de ayer, el diario El País hizo públicas las filmaciones de las cámaras de seguridad del metro de Madrid que recogen el asesinato del joven antifascista Carlos Palomino, a manos del militar ultraderechista Josué Estébanez, el 11 de noviembre de 2007. Las imágenes son demoledoras; prueba de ello es que tanto la fiscalía como el resto de acusaciones han coincidido en la calificación de este hecho como asesinato, mientras que la otra puñalada que Estébanez asestó al compañero de Carlos que trató de desarmarle, ha sido calificada como homicidio en grado de tentativa.

Lo que resulta inaceptable del tratamiento que varios medios de comunicación han dado a la noticia, es el uso de un lenguaje que criminaliza el antifascismo. Se define a la víctima y a sus compañeros como anti-sistema, intentando dar a este calificativo una carga valorativa desfavorable, de manera que el asesinato de un antifascista se presenta casi como una pelea entre bandas rivales. A setenta años de la victoria del general Franco merced al apoyo de Alemania e Italia y a la no intervención de Inglaterra y Francia, no se puede consentir que se ponga en entredicho el ejemplo moral de los antifascistas (y anti-sistema) de ayer y de hoy. Como ha escrito Immanuel Wallerstein, profesor estadounidense de origen judío, a los movimientos anti-sistema hay que agradecerles, entre otras conquistas, el sufragio universal, la extensión de los derechos sociales y la descolonización. De hecho, casi todos los avances políticos en un sentido progresivo de la humanidad se deben, en buena medida, a su acción en la Historia. Para el caso de nuestro país, estos movimientos fueron además un ejemplo para el mundo en la lucha contra el Fascismo.

La pasada semana, la Asociación de Descendientes del Exilio Español (ADEE), vinculada al PSOE, intentó rendir un homenaje a los antifascistas españoles que lucharon en la Segunda Guerra Mundial y sufrieron los campos de concentración nazis, así como a los voluntarios de las brigadas internacionales que combatieron en España. Entre las personalidades que participaron de los actos de homenaje había altos cargos de los ministerios de la Presidencia, Exteriores, Justicia, Defensa, diputados del PSOE, el rector de la UCM, e incluso la embajadora del Reino Unido en España.

Tal vez se sorprenderían buena parte de estos «pro-sistema» que participaron en el homenaje si supieran que la mayoría de los militantes antifascistas a los que homenajeaban fueron genuinos anti-sistema, miembros de organizaciones comunistas, anarquistas y socialistas que lucharon por transformar un sistema injusto y que, como no podía ser de otra manera, fueron los más generosos a la hora de enfrentar la peor de las formas de organización política del Capitalismo; el Fascismo y el Nazismo que fue durante tanto tiempo aplaudido por buena parte de los liberal-conservadores (pro-sistema) europeos.

No sabemos si los viejos antifascistas, supervivientes de tantas luchas, se sentirán honrados al recibir medallas y honores de Estado de tanto pro-sistema. Lo que está claro es que no hay mejor homenaje a su memoria y a su ejemplo que la lucha de miles de jóvenes como Carlos Palomino, dispuestos a arriesgar sus vidas para impedir que los grupos neo-fascistas recorran barrios obreros coreando consignas reaccionarias y xenófobas.

La madre de Carlos Palomino declaró haber recibido una llamada del ministro Rubalcaba que le dijo: «su hijo era uno de los nuestros». No sabemos si había sorna o buena intención en las palabras del Ministro (o tal vez ese día se levantó con espíritu anti-sistema) pero quizá el responsable político de que en este país los funcionarios de policía reciban incentivos de productividad por cazar migrantes indocumentados, debería haber sido más prudente. A él y al señor Santos Castro Fernández (Director General de Relaciones Institucionales del Ministerio de Defensa, presente en el acto de homenaje de la ADEE a los veteranos antifascistas) nos gustaría recordarles que el asesino de Carlos Palomino era un soldado profesional. Ese sí que era de los suyos.

Escribía Jorge Semprún en Le Grand Voyage que «no todas las muertes tienen el mismo peso, claro que no. Ningún cadáver del ejército alemán valdrá jamás el peso en humo de uno solo de mis compañeros muertos». Se nos disculpará que hagamos nuestras estas palabras de quien un día fue Federico Sánchez. Creemos que la memoria de un antifascista bien lo merece.

Pablo Iglesias Turrión y Ariel Jerez Novara son profesores de Ciencia Política de la Universidad Complutense y miembros del colectivo La Promotora.

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