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El mapa de la felicidad

Cargados de risa

Fuentes: Rebelión

No hace mucho se dio a conocer el mapa mundial de la felicidad y allí los hondureños aparecemos, de entre 177 países, en el puesto 37, es decir: estamos cargados de risa. No se necesita ser avezado matemático para ver que estamos cargados encima de 140 y nos cargan a nosotros 36. El más próximo […]

No hace mucho se dio a conocer el mapa mundial de la felicidad y allí los hondureños aparecemos, de entre 177 países, en el puesto 37, es decir: estamos cargados de risa.

No se necesita ser avezado matemático para ver que estamos cargados encima de 140 y nos cargan a nosotros 36. El más próximo por debajo es Guyana con 36 y el más por arriba es Kuwait con 38 (nos ganó por el petróleo).

El autor del mapa, Adrian White, de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, basó su análisis en la esperanza de vida, bienestar económico y acceso a la educación de la población. ¿Cómo lo hizo? Sabrá Dios. Aunque él asegura que, entre otras cosas, fue con datos obtenidos de las Naciones Unidas.

Habría que averiguar en que fechas las Naciones Unidas le brindó los datos, pues desde hace un rato -bastante largo, por cierto- las Naciones Unidas menos que felices están preocupadas. Y ni países ni instituciones ni personas preocupadas pueden dar datos fidedignos, sobre todo si se trata de la felicidad.

El caso que nos ocupa, Honduras, el por qué estamos cargados de risa, podría decirse que White tiene razón en cuanto a la esperanza de vida, datos de Unicef y otras instituciones coinciden en que la esperanza de vida hondureña es para los hombres 65 años y las mujeres 70. Por supuesto, esto si no nos sorprende la delincuencia, y si nos cuidamos y encerramos temprano y vamos ojo al Cristo por donde andemos. Pero eso es así en casi todas las ciudades del mundo, agravado en la mayoría de los países centroamericanos por las maras.

Otro factor considerado por White es el económico, pero eso si no queda claro. ¿El exceso o la carencia? ¿Cómo es posible que estemos cargados de risa en el puesto 37 muy cercanos a la superpotencia Estados Unidos en el 23? ¿O será que White no se anda por las ramas y se va a los extremos: felices los que tienen de más y felices los que tienen de menos? Sólo así se explicaría que dos economías tan opuestas estén tan cerca en el termómetro de la felicidad.

También puede ser que White, experto en psicología social, dividió la felicidad:

La tangible: la real, la material, la de aquellos que tienen en abundancia y eso los hace cargarse de risa. Y en la filosófica: de pensamiento, de intención, en la que los pobres idolatran la pobreza como el camino más cercano al paraíso y con la subalimentación y el hambre vienen las alucinaciones que después de todo es otra forma de llegar a cargarse de risa sin necesidad de peyote u otras hierbas.

Aquí también puede explicarse por qué Colombia ocupa el puesto 34, quizá los informantes de White confundieron el rugir de las metrallas, el top top top de los helicopteros, el estruendo de las bombas con la algarabía que produce la rumba. White debe aprender a discernir los sonidos: No es lo mismo el ruido de la guerra que la bulla del carnaval.

Otros países centroamericanos cargados de risa, según el White Map (Mapa Blanco) son: Guatemala (43), El Salvador (61), Nicaragua (85). En el caso de Guatemala, cuesta creer que esté cargado de risa con el problema de la marginación de los indígenas, que es la mayoría de la población y que la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, ha denunciado hasta el cansancio.

El diario El periódico, de Guatemala, en su edición del 4 de agosto, reporta que «hace unos días José Alfredo Calderón, consultor del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que apoya a la Comisión Nacional para la Erradicación de Armas Ilegales, indicó que en el país se estima que hay tres millones de armas no autorizadas».

¿Será que ese río de armas ilegales (ilegales o no son letales) dan a la población tal sensación de seguridad a quienes las portan y de inseguridad a quienes no, que no queda sino cargarse de risa ya sea por atemorizar o por estar atemorizado? Así sí puede entenderse ese lugar de honor de Guatemala en el mapa de la felicidad.

Por su parte El Salvador y Nicaragua es poco pobable que, aunque estén menos que nosotros, anden tan cargados de risa. Ambos países, no hace mucho, tuvieron sangrientas guerras civiles y no puede ser que la memoria colectiva se borre tan pronto. Aún allí existen mutilados por la guerra, familiares de desaparecidos que aún hoy añoran encontrar aunque sea los cuerpos o los huesos (Honduras no está exento de ello) de sus seres queridos. También existen generaciones perdidas, que nacieron o creecieron dentro de la guerra y hoy constituyen esa masa desorientada que se atrinchera en la delincuencia.

No se debe estar contra la felicidad, todo lo contrario, pero tampoco hay que exagerarla. Basta asomarse a la filosofía popular y recordar aquello de «barriga llena, corazón contento». Mientras el hambre en el mundo sea un azote, difícilmente habrá tanta felicidad. Y en contraste con el mapa de White muchos de los países condecorados en su medallero de la felicidad son países con hambre, desempleo, insalubridad y con gran parte de su población viviendo en el exilio económico, mejor conocido como inmigración. A esto habría que agregarle las guerras, invasiones, genocidios. Seguramente el más recargado de risa es Adrián White, por la fama que le ha dado el tal mapa.

Pero para consuelo el filósofo alemán Nietzche, quien no parece haber estado cargado de risa, escribió: «El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices». En cambio, alguien que parece estar siempre cargado de risa, el escritor Mario Vargas Llosa, afirma: «Sólo un idiota puede ser totalmente feliz». Y para que mis lectoras y lectores no se carguen de risa acusándome de que cito a otros y no me cito a mí mismo, pues aquí les va mi pensamiento condensado sobre este tema: «Llegar al colmo de medir la felicidad, entristece al planeta.» Y con esto me quedo cargado de la risa, por supuesto, sin exagerame.