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Bachelet renunció a su liderazgo

Carlos Ruiz Encina: «El país lo maneja la vieja guardia»

Fuentes: Punto Final

Carlos Ruiz Encina, doctor en estudios latinoamericanos, director del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, fundador del movimiento La Surda y presidente de la Fundación Nodo XXI (vinculada a la Izquierda Autónoma), analiza la crisis política. Denuncia que los grupos económicos han colonizado sucesivos gobiernos desde 1990 y afirma que la gran deslegitimación […]

Carlos Ruiz Encina, doctor en estudios latinoamericanos, director del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, fundador del movimiento La Surda y presidente de la Fundación Nodo XXI (vinculada a la Izquierda Autónoma), analiza la crisis política. Denuncia que los grupos económicos han colonizado sucesivos gobiernos desde 1990 y afirma que la gran deslegitimación de la casta en el poder y las fuerzas sociales movilizadas abren una posibilidad cierta de que esta crisis culmine en una nueva Constitución que modifique profundamente las instituciones del país.

¿Cómo ve la coyuntura política?

«Bachelet renunció a su liderazgo y lo delegó en un gabinete que representa la captura del gobierno por parte de la denominada ‘vieja guardia’ de la Concertación, expresada en los conservadores de la DC, los ‘Correa boys’ y el laguismo; porque se agotó la maniobra que buscaba limitar la crisis de legitimidad del sistema político a un asunto de corrupción. El gobierno trató de encapsular esa crisis en los anuncios de la Comisión Engel o en una vaga propuesta constitucional, pero el mar de fondo sigue siendo la deslegitimación de la casta política.

Bachelet -y antes Lagos-, han usado la demanda de una nueva Constitución como canal de salida a la crisis, pero intentando secuestrarla. La articulación por arriba o la desfiguración de la demanda constituyente no lograrán resolver esta crisis. La vocación democrática de las elites de la transición está en tela de juicio, aunque los políticos tradicionales continúen fascinados con el presidencialismo desorbitado creado por Jaime Guzmán».

¿Este presidencialismo quiere decir que Bachelet toma todas las decisiones?

«El nivel de colonización de los grupos fácticos de poder económico y los lobbistas sobre el gobierno y la elite política les permite ejercer una ilegítima influencia cortesana sobre la ‘monarca’, por la debilidad de las estructuras democráticas y el retraso de la Izquierda en la formulación de una alternativa.

Los grandes empresarios han manejado los gobiernos de los últimos 25 años. En el gabinete pasado, había cuatro ministros que venían del grupo Luksic y creo que hoy se hace carrera más rápido por estos mecanismos de influencia que dentro de los partidos.

Se ha paralizado a Codelco, para dejar espacio a la inversión privada en la minería, algo que no hicieron siquiera los militares. El desborde de la inversión privada en el sector minero ocurrió desde Aylwin en adelante. Los grandes empresarios se han beneficiado de un modelo rentista y gozan de una protección estatal tremenda. En Chile tenemos una especie de burguesía norcoreana, porque los grandes agentes económicos privados eluden la competencia y tienen toda clase de subsidios públicos, como aquellos que logran a través de las empresas monopólicas que heredaron mediante las privatizaciones.

La Concertación ha sido artífice de una nueva fase de expansión capitalista a partir de una matriz creada en dictadura. Este capitalismo subsidiado consigue -a través de la salud, la educación o las pensiones- una doble explotación de la gente. Por un lado se apropia del producto de la fuerza de trabajo en la jornada laboral y por otro, con la exacción cotidiana a través de supermercados, servicios básicos, educación o salud privada».

EN BUSCA DE LA ALTERNATIVA

¿Qué papel juegan los partidos?

«La debilidad de las instituciones republicanas terminó afectando a todos. Se han deteriorado el Congreso Nacional y los partidos como espacios de poder legítimo. La derecha está tan descuartizada que ni los empresarios la echan de menos, y con una Concertación tan derechizada, no hace falta derecha tradicional. La Izquierda también está en crisis. No somos influyentes y tenemos que hacernos cargo de eso.

Varios grupos estudiantiles, feministas y fundaciones, que formamos parte del mundo autonomista, estamos dialogando para avanzar, junto a otros, hacia una opción política más sólida. También están los grupos que vienen de la cultura socialista, que tienen la necesidad de reconstituir el componente original de su identidad. Estos focos de resistencia política debiéramos ofrecer una alternativa a la crisis de dominación».

¿Cuál es esa alternativa?

«Tenemos que preocuparnos de no reproducir las prácticas de la política tradicional. Para ello es necesario actuar desde la perspectiva de los de abajo y reelaborar la manera de crear organizaciones políticas. La Izquierda del siglo XXI no se puede levantar sin incorporar las culturas socialista, comunista o de Izquierda revolucionaria del siglo XX. Pero esa Izquierda debe entender también las condiciones sociales existentes hoy.

La manera de activar una nueva cultura de Izquierda no pasa en caso alguno por incorporarse a la Concertación o sumarse al modelo neoliberal, por eso pienso que el PC, con su actual alianza, compró boletos en el Titanic «.

¿Cuál es su apreciación sobre la realidad de los trabajadores?

«La reforma laboral se refiere solo a los sindicatos, que son una parte minoritaria de los trabajadores. El gobierno tiene terror de empoderar a los no organizados, porque alteraría uno de los pilares fundamentales del modelo de acumulación capitalista chileno.

Antes los trabajadores podían vivenciar de manera colectiva la explotación y por lo tanto, organizarse para intentar contenerla. Ahora esa explotación se experimenta de manera más individual. Para revertir esa situación, la CUT debiera sumar a los trabajadores de esta nueva economía, y por este camino hacerse más representativa de la realidad del trabajo hoy existente en Chile.

Los subcontratistas son los nuevos asalariados. Muchos, que antes llamábamos pequeña burguesía, son ahora subcontratistas que encadenan unidades pequeñas a las grandes firmas para abaratar costos a esas empresas. La mayoría de la población del país trabaja en esas condiciones, y a ellos la reforma laboral no los considera.

La Concertación -me resisto a llamarla Nueva Mayoría- instrumentaliza el diálogo con los trabajadores organizados para dividirlos; pero hay una pugna dentro de los sindicalistas que apoyan a la coalición de gobierno: quienes aceptan ser clientelizados y los que defienden todavía la libertad de acción del movimiento sindical».

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

¿Qué queda en pie del movimiento estudiantil de 2011?

«Una de las fuerzas protagónicas que abandonó el movimiento estudiantil fueron los comunistas. Las otras están todas activas y se han sumado otras nuevas, que han tenido la capacidad de entenderse, siendo parte de distintas culturas de Izquierda, para quebrar el mito que el movimiento fue contra Piñera. Ese mito lo usó la Concertación en las elecciones, intentando canalizar la voluntad de cambio de la sociedad a través del gobierno.

El movimiento estudiantil tuvo la capacidad de sobrevivir a esa presión; porque la tensión que lo sustenta se refiere precisamente a los excesos del modelo capitalista y porque los estudiantes están sometidos a las condiciones más extremas de ese modelo, ya que su demanda está muy asociada al imaginario de una ideología que vende la educación como mecanismo de ascenso social.

Hay, además, un elemento presente en 2011 y ausente en los movimientos estudiantiles anteriores: es la incorporación masiva de los alumnos de universidades privadas. Con este nuevo actor, las movilizaciones pasaron de 40 mil a 250 mil jóvenes. Después aparecieron sus familias y las marchas se acercaron al millón de personas».

¿Cómo se insertan en este proceso las luchas ambientalistas y regionalistas?

«En los años 90 era impensable que los ciudadanos se tomaran una carretera por los malos olores generados por una planta de celulosa. Pero en 2013 Freirina lo hizo contra una planta de cerdos. Hay otros factores que impulsan este descontento, como el excesivo centralismo, que significa en la práctica que en regiones no puedan madurar capacidades productivas o desarrollos autónomos.

Estas luchas se etiquetan como acciones en favor del medioambiente, pero creo que representan mucho más que eso y constituyen una síntesis de todas las demandas pendientes que tienen esas comunidades. Hay una resistencia a la desintegración social y a la individuación extrema en curso. Es una búsqueda de reconstrucción de comunidad, que también se expresa en las demandas estudiantiles o en las luchas de género.

El nivel de deshumanización que ha generado este ciclo de expansión capitalista es enorme y son distintas las formas a través de las cuales la sociedad se rebela. La reacción a este ciclo puede ser mucho más diversa y puede llevar a una politización de dimensiones antes desconocidas. Es lo que sucede con las demandas relacionadas con los derechos sexuales, con las comunidades indígenas o con la defensa del medioambiente, por la presión a la que están sometidas los grupos humanos. El desafío será aunar estos conflictos parciales en uno central».

ORGANIZAR LA OPOSICION

¿Hay condiciones para una oposición organizada frente al sistema neoliberal?

«La maduración de un movimiento social no se puede imponer desde arriba y no hay minoría o partido que pueda secuestrarlo. Este trance histórico no se va a resolver rápido y creo que no hay atajos ni formas burocráticas para apurarlo. Sin embargo, es posible que logremos abrir una situación constituyente de una manera distinta al modo como quieren manipularlo los que están en el poder, porque este proceso ha sido impulsado desde abajo y sus demandas están muy lejos de la solución que propone la elite.

La casta gobernante intenta reducir la nueva Constitución a un cambio legal; pero el proceso constituyente debe ser un asunto de ciudadanía, para refundar un modelo de sociedad y un desarrollo económico más justo. Para ser exitosa, la presión por una nueva Constitución debe venir desde la sociedad, con fuerzas políticas capaces de incidir de manera determinante en esta coyuntura histórica. Un proceso constituyente debe incluir dimensiones relacionadas con el modelo de desarrollo, abrir debate sobre el poder político y quebrar el actual presidencialismo. Tendremos que hablar sobre derechos sociales garantizados por el Estado y no de fondos públicos cedidos a clínicas privadas para que realicen las prestaciones que debiera proveer ese Estado.

Es difícil conseguir que todas estas situaciones se reconozcan como parte de una sola lucha y no como muchas luchas fragmentadas. Esta mirada global de las luchas sociales es un gran desafío, porque el capitalismo que tenemos en Chile está practicando formas muy variadas de explotación, inéditas en la historia de la Humanidad.

El malestar social no es solo el descontento con el régimen laboral. En el trabajo, las injusticias pueden ser muy grandes; pero hay aspectos como la educación pagada que introdujeron la reproducción mercantil en la vida cotidiana a un nivel brutal».

REALIDAD NACIONAL

¿Qué hace tan particular la situación chilena?

«Los gobiernos de la Concertación armaron una especie de progresismo neoliberal para edulcorar esta transformación extrema. Construyeron un discurso progresista para una refundación capitalista heredada de situaciones autoritarias. Los golpes a los movimientos sociales han sido muy certeros, pero no bastan para aminorar su voluntad de poder transformador. Cuando todas estas movilizaciones parciales lleguen a articularse en una sola, la crisis política que se genere será diferente de las expresiones precedentes y este periodo de luchas sociales tendrá su propia fisonomía política, sus expresiones de resistencia y sus sujetos sociales.

La resistencia a esta expresión tan radical de la privatización de las condiciones de vida en la sociedad chilena está planteando un tipo de conflictos inéditos, que son muy distintos a los que sucedieron antes en Chile u ocurren hoy en otros lugares de América Latina y el mundo.

Aquí, hasta el miserable salario que te pagan te lo quitan cinco minutos después. Ese después lo creó la Concertación con sus políticas de gobierno. El Crédito con Aval del Estado (CAE) lo instauró Sergio Bitar cuando era ministro de Educación y Ricardo Lagos presidente. Después Bachelet puso el CAE en la banca privada… Y, éste parece el mundo al revés: fueron Piñera y su ministro Beyer quienes llevaron el CAE al BancoEstado.

Todo esto ocurre en un contexto de continuo crecimiento de los ingresos y disminución de la pobreza. Es una paradoja aparente, porque la pobreza decrece, pero al mismo tiempo crece la desigualdad, ya que la tasa de acumulación del ingreso es brutal y hay un sector social muy rico que se despega del conjunto de la sociedad.

La gente empieza a descubrir que no todos tienen las mismas oportunidades de competir y que en la ideología del emprendimiento, los que están arriba tienen todas las ventajas. La teoría del fin de las clases sociales tampoco funciona, porque los de arriba ahora son más clase social que antes y las clases de abajo están desarticuladas.

Toda esa pirotecnia expresada en conceptos como: ‘fuera la Concertación, llega la Nueva Mayoría’ o ‘vuelve la vieja guardia’, terminó demostrando que estamos en presencia de la misma Concertación de siempre. El nuevo gabinete y el discurso del 21 de mayo así lo rubrican».

 

Publicado en «Punto Final», edición Nº 830, 12 de junio, 2015

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