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Las revoluciones árabes. Martes 5 de abril de 2011

¡Chaab yourid!, la voluntad del pueblo

Fuentes: CEPRID

Del Magreb al Mashreq, el pueblo se levanta y se pone al frente de la escena política internacional. Esta ola continua de revueltas es inesperada porque los pueblos de la región parecían haberse atrofiado, después de haber sufrido guerras, la expoliación de sus tierras, de su identidad, su lengua, sus recursos, su historia y haber […]

Del Magreb al Mashreq, el pueblo se levanta y se pone al frente de la escena política internacional. Esta ola continua de revueltas es inesperada porque los pueblos de la región parecían haberse atrofiado, después de haber sufrido guerras, la expoliación de sus tierras, de su identidad, su lengua, sus recursos, su historia y haber sido designados en bloque como territorios de las fuerzas del mal.

Con nuevas formas de expresión, utilizando las herramientas tecnológicas más modernas, el mundo se ha despertado aturdido, extrañado de que después de tanta represión, de dictaduras del poder aliadas a la del mercado, eso que ellos consagraron como la «globalización liberal», la «estrategia del choque» haya provocado el despertar de los pueblos y no esa sensación de adormecimiento esperado.

Habiendo siempre resistido y visto sus luchas descarriladas por los imperialistas y sus servidores en el gobierno, los pueblos de la región encuentran una nueva juventud, se rebelan en nombre de la dignidad emulando al pueblo palestino, símbolo de toda resistencia.

El impulso de los levantamientos anticoloniales ha sido desviado por las independencias negociadas, poderes neo-coloniales han sido impuestos. Pero hoy, las luchas independentistas – escamoteadas por la historia oficial – que habían sido conducidas a partir de 1911 por Omar Mukhtar (1) en Libia o en 1921 por Abdelkrim Khatabi en el Rif llamaron a los pueblos de la región a levantarse contra los déspotas en el poder, que habían vendido sus países, y a unirse para expulsar el colonialismo, salen del olvido y surgen en la memoria de nuevas generaciones de jóvenes que tienen la intención de escribir una nueva página en la historia. Hoy día se despierta como un volcán. Pueblos a los que se les han negado su historia, robado sus independencias, saqueados sus recursos, que los han hundido en guerras, finalmente han levantado la cabeza y se han rebelado.

Es interesante subrayar el hecho que «el enemigo» designado después de la caída del muro de Berlín, los árabes y musulmanes que habían sido demonizados para justificar la guerra en Irak y en Afganistán, han barrido las dictaduras que el imperialismo occidental había estado sosteniendo en la región y que han abierto sus economías a las corporaciones multinacionales y los mercados financieros, permitido una real recolonización de estos países en el contexto de la globalización, autorizado el control de sus recursos, especialmente el petróleo. Los problemas sociales que siguieron, el aumento de la desigualdad, pobreza, desempleo, (con diferencias significativas entre los países) no han movido a las dichas democracias occidentales mas que por el hecho de que ellos posiblemente llevasen una presión migratoria sobre sus fronteras. Hoy día, sin nombrarlo explícitamente y atacando a sus viejos secuaces, es el andamiaje de la dominación imperialista en la región el que se retira.

Y lo que es notable, es que este movimiento popular ha logrado imponer su legitimidad rechazando la violencia, el caos y el desorden sobre el poder. Por una vez, los provocadores no están entre los manifestantes, sino en el seno de las policías: los desórdenes provienen de los poderes fácticos (2). Son los dictadores, antiguos aliados, su aparato represivo y que son apuntados como fuerzas de saqueo y caos. Los insurgentes libios gozan ante los gobiernos y los medios de una legitimidad que no les había sido reconocida a los insurgentes iraquíes que luchaban contra la ocupación militar de su país. Pero la legitimidad del movimiento popular está al mismo tiempo acompañada de miedo a los «riesgos de contagio», prueba de que la libertad, la democracia y el poder del pueblo les dan miedo.

Desde Marruecos hasta Yemen, esta ola se extiende hasta los países del Golfo, mucho más ricos, y en particular a Irak, aun cuando lo que pasa allí esté evidentemente poco publicitado, ya que afecta directamente al corazón de la política de los países occidentales en la región desde hace dos décadas.

Eso nos lleva a la revolución en Irán. La caída del Shah, uno de los pilares del imperialismo, fue una bofetada para los Estados Unidos. Hoy, Irán sigue siendo una de las cuestiones claves. También se ha hablado muy poco del Líbano. A raíz de la revolución en Túnez y Egipto, «el pueblo quiere la caída del régimen confesional», gritó el movimiento de los jóvenes en el Líbano durante una manifestación importante y poco publicitada ya que desafió el equilibrio entre las comunidades hoy subyacente en el juego político en Líbano.

Hay cuestiones que actualmente están poco presentes en el seno de los movimientos, pero de los cuales las nuevas democracias en construcción no podrán evadirse; la cuestión de la apropiación de los recursos y bienes comunes (tierra, agua, recursos energéticos, etc …) y la cuestión de Palestina.

Pensemos otra vez a la estrategia del «shock», tan bien descrita por Naomi Klein. Por el momento el «shock» ha cambiado, las dictaduras han implosionado y las masas han recobrado la confianza en sí mismas. Y todo el mundo está bajo el «shock» de las imágenes, así que lo que se desarrolla parecía como imposible. Esto no impide a los gobiernos europeos continuar con su estrategia del miedo, sobre todo agitando una y otra vez, sin pudor alguno, el fantasma de la invasión migratoria, ya sea de Túnez, de Libia. Esto no les impide agarrarse a algunas tablas de salvación, como la continuación del total apoyo a la monarquía marroquí, algo podrida, ya piensan también en alternativas de relevo, dentro de la misma institución monárquica. «El rey de los pobres», tal como ha sido bautizado por los medios franceses se ha aprovechado muy bien de la era de las privatizaciones y de la globalización para acumular una enorme fortuna personal.

Los dictadores cleptócratas

Más allá de las diferencias -nivel de vida, tradiciones políticas, historia, gradaciones de los autoritarismos- los regímenes de la región que han sido o están siendo blanco de las protestas populares tienen algo en común: son las cleptocracias mencionadas por Georges Corm en un reciente artículo (3): sin importar que los países sean pobres o ricos, las riquezas han sido acaparadas por los regímenes gobernantes, sus próximos y sus familias, colocadas en paraísos fiscales, y en gran medida derrochadas en detrimento de la construcción de las economías nacionales y, consecuentemente, de cualquier redistribución social, todo ello con el aval de las «Instituciones multilaterales» del neoliberalismo mundial que se ha aprovechado para seguir sometimiento esas economías al endeudamiento. No cabe duda que, como ha sido señalado por activistas tunecinos, la cuestión de la «deuda odiosa» estará en el orden del día.

Más allá de la demanda democrática, lo que está siendo señalado por el movimiento es el tema de la pobreza, del control de la riqueza y el acceso a los servicios públicos. Se trata de reponer la riqueza de los países en el circuito general de la economía. Este movimiento es movilizado por la ansiedad sobre el futuro de una juventud que tiene conciencia de que nada se ha hecho por la población.

Contrariamente a lo que se dice aquí y en todas partes por una prensa poco interesada en su independencia, Marruecos no es la excepción: también está afectado por la ola de revuelta que sacude a toda la región. Como en otros lugares, son sobretodo los jóvenes quienes se movilizan y han tomado en sus manos los ritmos de la movilización que recorre la geografía del país. El poder trata de vender «la excepción marroquí» que pretende que en Marruecos la juventud es libre de expresarse sin miedo a las porras. En la realidad, ya hay varios muertos y mientras algunas manifestaciones y asambleas están toleradas, otras han sido fuertemente reprimidas. Los manifestantes no pueden predecir de antemano cual será la reacción de la policía. Se siente al poder mismo indeciso sobre que tácticas usar, entre confrontación directa y/o «dejar hacer», entre «Yo os comprendo» y «Yo os apaleo». ¿Cómo creer en las promesas de apertura democrática en tres meses, cuando el debate está cerrado y la expresión popular es salvajemente reprimida?

En Marruecos el movimiento aún se busca a sí mismo

Ampliamente representado en todo el país, desde las ciudades más grandes a los pueblos más pequeños, aún no ha logrado movilizar a la población por millones, ni sobrepasar totalmente el miedo. Pero el objetivo visualizado es «el majzen» y su sistema tentacular: es el gobierno y el parlamento, es Majidi y El Hima, que ocupan, por cuenta de palacio, respectivamente el ámbito económico y el político, es sobretodo la Constitución que le otorga plenos poderes al rey. El gobierno, los partidos, los sindicatos y la sociedad civil han perdido toda legitimidad, las elecciones son una broma real y los índices de participaciónson cada vez más bajos. Las estructuras que podrían servir como amortiguador entre la monarquía y el pueblo han sido casi todas desmanteladas. Y no por nada fue hacia el Palacio real que marcharon las barriadas de Casablanca a principios del mes de marzo para expresar su revuelta y hacer oír sus demandas.

Una enorme ruptura existe entre los intelectuales y otros patrones que se pavonean en los medios de comunicación y los jóvenes del movimiento, ignorados por los medios oficiales.

Chaab yourid

El movimiento, tanto en los países del Magreb como en los del Mashreq, se estructuró como voluntad popular: «Chaab yourid», el pueblo quiere, es el eslogan retomado desde el Golfo al Océano, ondeando como una bandera en todas las manifestaciones: estamos lejos del discurso blando del «buen gobierno». En los países donde la represión y la cooptación de las élites se ha erigido en sistema de gobierno, el pueblo se impone en el debate y lo lleva a la calle. Inventa dos nuevos foros para el debate: el de las redes sociales con su horizontalidad y el del ágora, retomada con la fuerza de todos los días en la plaza Tahrir en El Cairo. Reclama el derecho a la información y el derecho a hablar, se erige en control popular y crea estructuras de contra-poder. Libros de reclamaciones comienzan a surgir y se forman comités populares para gestionar la marcha del movimiento día a día.

Denunciando la democracia de opereta y de «cartón-piedra», ese «Chaab yourid» (el pueblo quiere) hace un llamamiento a los pueblos del mundo entero que, si no todos ellos conocen la dictadura férrea y salvaje de un Ben-Alí, de un Mubarak o de un Gadafi -por nombrar solo algunos- todos conocemos la dictadura de los mercados que, por medio de sus instancias propias, como las Instituciones financieras multilaterales internacionales y la Organización Mundial del Comercio, a través de grupos de presión o por vía de los acuerdos de asociación económica, han distorsionado grandemente las instancias y órganos de la democracia y desplazado y reemplazado a los centros del poder real. Los pueblos griego, español, irlandés, la viven profundamente en sus carnes. Ante el colapso de la economía mundial después de la crisis de las hipotecas de alto riesgo, los bancos han sido reflotados y renacieron con enormes ganancias mientras que las poblaciones son sometidas a pagar a golpes de políticas de austeridad y de nuevos planes de ajustes estructurales, cuyos nefastos efectos tan bien conocemos en los países del Sur.

Hoy en día los dictadores están cayendo y no hay duda de que esa oleada se hará sentir incluso en otras latitudes. Sin embargo, la dictadura del mercado aún sigue. Y el movimiento popular no la tiene en su agenda política… Es sin duda positivo, las soluciones no llegan hechas a medida. Pero si aun no llega a trazar perspectivas, son las bolsas de valores las que pueden inclinar [de su lado] las cosas.

Que nadie se equivoque, si el imperialismo abandona a las dictaduras es para asegurarse la perennidad de sus intereses y el control del mercado. Si ofrece préstamos a Marruecos y a Egipto, es porque esos dos países son los principales componentes de su estrategia geopolítica en lo que él llama el Gran Oriente Medio.

El riesgo es grande de ver aparecer, como en los antiguos países del Este, revoluciones naranja, de terciopelo o, para resumir, revoluciones para permitir el mejor asentamiento de los mercados y no hacer ningún cambio de fondo.

Por una mundialización por y para los pueblos

El DEGAGE! (Vete, apártate) que se convirtió en el principal lema de todas las manifestaciones en la región muestra bien claro que el deseo de cambio viene acompañado de una voluntad de barrer todas las miasmas de los regímenes vampiros y corruptos. Va dirigido por el momento, desde el Golfo Pérsico hasta el Océano Atlántico, a los poderes nacionales y sus secuaces. Ya vemos en algunos países del África subsahariana y podrían tan posiblemente volverse mañana contra nuestros falsos amigos de Europa o de América del Norte, especialmente contra quienes estén considerando una intervención militar directa.

Ese DEGAGE se hace eco del «Que se vayan todos» expresado por el pueblo argentino cuando su crisis financiera.

Y, más allá de la solidaridad que de seguro no dejará de manifestarse en el seno del movimiento popular que irriga toda nuestra región, quien sabe si no será en América del Sur que los pueblos expoliados del Magreb al Mashreq, del África, puede que mañana, van a reencontrar ecos y fuentes de inspiración para concretar su sed de alternativas para otro mundo social, ecológico, solidario, complementario, con constituciones realmente democráticas y populares, para renacionalizar sus recursos y recuperar los bienes comunes. Finalmente, para convertirse en actores de su historia.

Notas:

1] Omar Mukhtar (1862-1931). A partir de la colonización de Libia por Italia en 1912, une a las tribus y lleva a cabo una lucha guerrillera en cuevas, bosques y valles de Djebal Akhbar. Cae en una emboscada y es juzgado y condenado a muerte el 16 de septiembre 1931.

[2] Hay algunas excepciones, especialmente en Marruecos, donde algunas manifestaciones han estado seguidas de saqueos, bajo la mirada benévola de la policía, como lo han mostrado algunas películas de aficionados, lo que no ha impedido a la «Justicia» imponer severas penas (hasta 10 años de prisión firme en Tánger) contra los «matones».

[3] Le Monde, 12 de febrero de 2011.

Traducido por Julio Fucik

http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1127