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Entrevista a Marco Enríquez-Ominami, Candidato presidencial

«Chile es la Corea del Norte del capitalismo»

Fuentes: El Correo del Alba

El pasado julio PNUD-Chile presentó el informe «Desigualdades. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile». Allí se publican dos datos interesantes en materia de ingresos: 1. Que el 33% de los ingresos generados lo capta el 1% de la población más rica; y 2. Que 10 mil personas concentran el 19.5% de […]

El pasado julio PNUD-Chile presentó el informe «Desigualdades. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile». Allí se publican dos datos interesantes en materia de ingresos: 1. Que el 33% de los ingresos generados lo capta el 1% de la población más rica; y 2. Que 10 mil personas concentran el 19.5% de los ingresos (111 millones de pesos mensuales, equivalentes a 180.000 USD).

Del modelo neoliberal chileno, del pueblo mapuche, relaciones exteriores, la inmigración y el tema de género, así como de los desafíos que se le avecinan a la izquierda criolla y continental, hablamos, en exclusiva para Correo del Alba, con el líder del Partido Progresista (PRO) y candidato presidencial Marco Enríquez-Ominami, de cara a los comicios de noviembre.

 

Quiero empezar por la parte más incómoda, ¿cuál es la magnitud de esa desigualdad que informa el PNUD?

Chile está siendo anestesiado por la derecha, sufrimos un secuestro mediático. Por ejemplo, en el tema de las AFP, que ensancha la desigualdad porque el que tiene más jubila mejor que el que tiene menos, vemos que estas mismas entidades contratan las encuestadoras que nos quieren convencer que es normal lo que a todas luces no lo es.

La desigualdad es enorme y da pie a una batalla cultural muy compleja de dar porque la cultura es superior a la educación. En Chile hay un problema cultural a todas las edades.

Pero, ¿cómo acortas la brecha?

Es la educación lo que nos hace más o menos igual, no son los zapatos. Debemos cambiar el paradigma que posibilita que la desigualdad se reproduzca, la «libertad de elegir» debe ir acompañada de la «dignidad para poder elegir», cuestión que requiere no condenarte a la esclavitud de los bancos.

¿Cómo se logra eso en un neoliberalismo tan aparentemente arraigado como el chileno?

Chile es la Corea del Norte del capitalismo, ¿qué significa esto? Que estamos completamente corridos, descentrados del sentido común, a la derecha de Estados Unidos, donde hay colegios públicos y transporte estatal.

En dictadura a los economistas de Pinochet se les ocurrió una idea que no resultó del todo insensata: una apertura económica que facilitó nuevos hábitos producto de nuevos consumos, pero que, a la larga, provocaron una desindustrialización. Esto estuvo acompañado con un Estado ausente y la idea de endeudar a la gente. Lo inaceptable es esa premisa neoliberal de que da lo mismo cómo se accede a determinados derechos.

El historiador Gabriel Salazar ha sostenido la inevitabilidad de un estallido social de sectores crónicamente excluidos, ¿cuál es el desafío actual para Chile?

A mí no me gustan mucho los agoreros, suelo ir con calma. Lo único inevitable es el cambio climático, que manda por la borda a socialistas, capitalistas, industrialistas, a todos. Sortear la antropofagia existente es el verdadero desafío.

Soy un convencido de que el consumo y el cambio climático están matando al socialismo y al capitalismo, y esto es un problema cultural y no educacional, es un asunto filosófico, teleológico, de plantear cuál es la finalidad de las cosas. Esto último muy pocos líderes del mundo lo tienen claro, quizás los líderes religiosos tengan una (su) noción de la finalidad. Extraño a grandes líderes que ya no están y que tuvieron esa visión sobre la finalidad de las cosas.

¿A quién, por ejemplo?

A Hugo Chávez, que entendía que era necesario trazar el camino de la integración latinoamericana para finalmente vivir juntos. Pero murió y no terminó su obra, de hecho el siguiente paso de la izquierda debiera ser promover la integración entre los privados, la infraestructura.

¿Por qué?

Porque no existe una economía que pueda funcionar sin la inversión privada. Además, ¿qué es lo que hace a Estados Unidos y Europa poderosos? La cantidad de túneles, trenes, la conectividad, y eso no lo puede hacer sólo el Estado.

En una conferencia que te escuché en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la ciudad de La Paz, reivindicaste la Alianza del Pacífico (AP).

En realidad he dicho que la Alianza del Pacífico es irrelevante para Chile en materia económica porque estamos tan abiertos que da lo mismo. Seguidamente complementé que es relevante desde una visión geopolítica.

Si me planteas que esta alianza geopolíticamente está llamada a socavar las del Atlántico -léase MERCOSUR e inclusive CELAC Y UNASUR-, por supuesto que la rechazo. Pero en el caso nuestro -perdón la mirada egoísta pero postulo a ser presidente en Chile y no Taiwán, por tanto me preocupan los intereses de mi pueblo-, es uno de los pocos espacios en que podemos conversar con Perú. Y es justamente este vecino el que se utiliza como pretexto para desembolsar un oneroso gasto militar que hay que revisar en Chile.

¿Hay en su propuesta una diferencia respecto a lo que fue la política de «cuerdas paralelas» del gobierno del derechista Sebastián Piñera?

Claro, porque los acuerdos no son con una persona sino con Perú, y si soy presidente instruiré a mi canciller para que fortalezca todos los foros integradores regionales y para que seamos protagonistas en misiones conjuntas de paz y en otras de acompañamiento, por ejemplo, a Venezuela. No volveríamos a votar junto a Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Entre las tareas estarían: 1. Fomentar la desmilitarización de la frontera con Perú, proceso carísimo por la gran cantidad de minas antipersonales; 2. Un túnel con Argentina ya que conectar el Atlántico con el Pacifico sería un enorme acierto; y 3. Cambiar la postura histórica respecto a Bolivia, mi posición es conocida ya que he sido el único político chileno en la historia que la ha planteado públicamente en el Palacio Quemado.

Chile tiene que volver a mirar hacia América Latina, sin renegar de un modelo económico que tenga sus beneficios y sus contras. En mi caso lo haré por principios y valores pero, incluso siendo pragmáticos, hay que pensar que hay un mercado llamado Brasil que tiene más de 200 millones de habitantes.

¿Cuál es el equilibrio que debe haber entre esa alianza público-privada de la que hablas?

Sostengo que el brazo debe ser el Estado y la herramienta el mercado. Lamento que haya una izquierda que no se atreva a pronunciar la palabra «mercado», aunque lo más bien que cuando llegan al poder lo primero que hacen es «mercado», aún cuando la derecha lo primero que haga sea Estado. Pido que convengamos en que debemos tener una economía mixta.

¿Lo «estratégico» debe quedar en manos del Estado?

Si hay un parque público, educación y salud públicas puede haber oferta privada, mira bien el orden. Si tengo todo lo anterior no veo el problema de competir con lo privado. Lo dramático de Chile, razón por la cual digo que es como Corea del Norte, es que las universidades públicas se comportan como privadas. Sé que mis planteamientos son de sentido común pero el orden de los factores es el que reordena la conversación, por eso hago un llamado a que reconstruyamos la República.

Tengo la profunda convicción de que en lo público somos más felices, en la diversidad aprendemos más. La sociedad no es un medio sino un fin en sí mismo.

¿Crees en el socialismo?

Evidente, lo que pasa es que he visto a socialistas en el poder enamoradísimos del mercado y del dinero; mi rol es quitarle peso al dinero. Acepto que es ingenuo pensar, como algunos teóricos de los sesenta, que el dinero no va a existir, el asunto es ver cuál es rol que jugará el sistema financiero en la economía, si apostaremos por una economía del conocimiento u otra basada en la mera especulación y exportación.

Un tema del que la izquierda no ha dicho una palabra es el de la robotización de la economía. Hay estudios que señalan que Chile al 2055 va a perder 3 millones de empleos. Hay una gran cantidad de muchachos estudiando periodismo, el 2015 se titularon 1.000 periodistas, ¿alguien tiene algún estudio de cuántos periodistas se necesitan? Lo único que sabemos es que salieron debiendo 8 millones de pesos, su primer sueldo será de 300 mil y su mejor sueldo tal vez de 1 millón. ¡Eso es el neoliberalismo, educar a cualquier costo, «el club de la pelea»!

Tu planteamiento es bien profundo porque refleja una sociedad desajustada y hasta enferma.

Estoy convencido que la ecuación «máxima felicidad al menor costo» es el mayor reto de Chile. En las encuestas los chilenos se definen felices individualmente, pero en los últimos tres gobierno el consumo de los antidepresivos aumentó en un 450%, a lo que añadiría que 1.800.000 compatriotas padecen problemas de salud mental, depresión, ansiedad y angustia.

Afirmo que la felicidad supone el derecho al ocio, a transportarte en tiempos cortos entre un lugar y otro, a la emancipación, a la educación, a la cultura, y eso no te lo da el mercado; precisa una visión de sociedad que es muy distinta a la que está en los debates.

Para mí la sociedad es un fin y no un medio, somos más felices en sociedad, no soy ni anarquista ni ermitaño, y debo confesarte que si hay dos tipos de posiciones en la vida que no las entiendo ni comparto son esas. No se puede ser anarquista y de izquierda. El socialismo supone sociedad, el compañerismo viene de compartir el pan.

Permíteme salir en defensa de los anarquistas pero creo que efectivamente postulan otro estatuto de organización social.

La vida en común requiere de espacios públicos. Chile fue uno de los primeros países con peajes y carreteras dentro de la ciudad, sin espacios ni parques públicos. ¿En qué momentos nos encontramos tú y yo? ¿En qué minuto el hijo del chofer estudia con el hijo del patrón? Lo público es una promesa de calidad de vida. Creo en la oferta pública y quisiera numerar cinco áreas para el caso chileno: salud, educación, previsión, vivienda y transporte.

Los neoliberales te dirán que con ello vulneras la «libertad» de las personas.

Efectivamente aquí el Estado es ideológico y amplía el ámbito de lo privado, del individuo. Los neoliberales dicen que el Estado debe darte garantías de «libertad» a ti como persona -una pobre idea súper anticuada y pasada de moda-, que «mi libertad se termina donde comienza la tuya», argumento obsoleto por una razón muy simple: ¿dónde están tus límites?

En la posibilidad de la «elección».

Claro, pero en una elección que es bancarizada, que en el fondo sólo te permite elegir tu banco. Lo divertido es que una vez que estás tomado por un banco se te acabó la libertad.

Quiero llevarte a otro terreno. Según la encuesta CASEN publicada en 2016, cinco de las 10 comunas más pobres de Chile están en la región de la Araucanía, ¿crees que hay una deuda del Estado con el pueblo mapuche?

Sí, y además creo en la autodeterminación de los pueblos originarios y que, tarde o temprano, el derecho internacional va a fallar en favor de eso.

En términos prácticos, ¿cómo se traduciría?

En el derecho a organizarse, a ser dueños de buena parte de sus recursos, en autonomías presupuestarias, en el reconocimiento de sus lenguas, en la no aplicación de la ley antiterrorista.

¿Disponer de los recursos del territorio?

Por supuesto, aunque para nuestro caso no soy partidario del federalismo tributario ya que somos muy desiguales. Mientras que la Araucanía debe aportar aproximadamente el 4% del PIB Antofagasta aporta el 10%, o sea que si cada región viviera según sus recursos tendrías una Finlandia en el norte y, sin ser despectivo, pobreza en el sur. Demos buscar soluciones a la autonomía, aunque no veo independencia en mi horizonte.

Lo que ha hecho Michelle Bachelet de pedir perdón, en nombre del Estado, al pueblo mapuche, es valioso.

Según el Departamento de Extranjería, hasta diciembre de 2016 había 477 mil extranjeros residiendo en Chile, ¿cómo reflexionas acerca de este fenómeno mundial que a la vez parece novedoso a la población chilena?

Yo fui inmigrante y pienso que en esta materia urge una política de Estado que supere a la de dictadura, tenemos leyes vetustas.

También creo que el país tiene todo el deber y oportunidad de planificar su inmigración, hacer leyes clasificatorias. Por ejemplo, hay un déficit de 4 mil especialistas médicos, por lo tanto pudiéramos enfatizar que necesitamos oftalmólogos, otorrinos, traumatólogos, etc.

Varios estudios indican que gran parte de las mujeres se sienten discriminadas por su condición de mujer, ¿cómo se debe avanzar en esta materia?

Comparto el diagnóstico, soy hijo de madre soltera, sobrino de la primera diputada de Chile, estoy casado con una mujer profesional y madre soltera, tengo una hija dirigente estudiantil feminista, conozco testimonialmente y vivencialmente los desafíos de género. Pero el tema no es la biografía sino la ideología.

Vivimos en una sociedad de lenguaje sexista, cuya educación informal -vale decir la televisión- es a ratos sexista, y que requiere, por tanto, cambios en temas simbólicos y otros sustantivos.

En primer lugar, la política de infancia es clave para la igualdad de género, por ejemplo, faltan 140 mil cupos en salas cunas, condición clave para que la mujer opte, si es que quiere, al mercado laboral. En mi gobierno quiero resolver las primeras 100 mil.

En segundo lugar, hay evidencia suficiente de que en materia previsional el sistema de AFP castiga doblemente a las mujeres, por sus lagunas previsionales, para eso se creó el pilar solidario.

En tercer lugar, en materia de derechos sexuales y reproductivos, reivindico el ser el primer y único diputado en la historia en presentar una ley de aborto. Fíjate que el Código Penal chileno prohibió el aborto en el apartado de la Familia, esto porque no buscaba castigar el aborto sino a la mujer infiel que quedaba embarazada. Con el tiempo la Iglesia Católica sofisticó el argumento y hoy habla del derecho a la vida. Lo que te quiero decir es que hasta el Código Penal es sexista.

En la arena de la política regional, ¿qué le falta al progresismo criollo para ser entendido y apoyado por las mayorías de sus respectivos países? ¿Por qué acceden personajes como Macri al poder?

Porque a veces cometimos autogoles. Porque cuando un presidente progresista se vuelve conservador y sólo empieza a defender su obra carece de una postura hacia adelante. Y la política en eso es como los juegos electrónicos, uno sube de nivel, no baja, por tanto los presidentes deben proyectar el futuro.

¿Hay un agotamiento del proyecto político de un sector de la izquierda?

No, para nada. Es la derecha la que no tiene nada que ofrecer. Macri prometió reactivar la inversión y terminó en China entregando los zapatos y hasta la chaqueta por 2.750 millones de dólares. ¿Por qué lo hizo? Para comprar credibilidad; así y todo los mercados hasta ahora no le creen.

La izquierda debe ser capaz de hablarle a las capas medias. No puede odiar sus propios logros. Cuando en la «década virtuosa» el continente pasa de un 43% a un 25% promedio en la erradicación de la pobreza, cuando alcanza tasas de crecimiento de 4 puntos promedio, cuando tiene tasas de inflación controladas, desendeudamiento público, expansión de la democracia como nunca antes, alternancia en el poder, ¿qué puede ocurrir? Que tengas como resultado una generación que tiene como piso la democracia y un poder adquisitivo distinto. El problema está en que en vez de hablarle a esa generación, se le insulta, se le dice que se dejaron atrapar por el consumismo. Pero, ¿cuál es el pánico que tiene una persona que no tenía poder adquisitivo y ahora sí? Volver a ser pobre. Por eso debes escucharles y tener empatía hacia una clase social que el propio progresismo contribuyó a crear.

Por último, no puedo dejar de preguntarte ¿qué podemos rescatar hoy de tu padre, Miguel Enríquez, y de tus tíos, Edgardo y Bautista van Schouwen?

Esos hombres son todos tíos míos, no los conocí pero heredé sus libros. A esta altura estoy empezando a distinguir mi genética de lo que me contaron ya que hago cosas que no sé si las hago porque me las han dicho o son simplemente herencia genética.

Me impresiona que los que admiran a Miguel no hayan computado que lo primero que hizo fue titularse, pues mi abuelo Edgardo le dijo: «antes de hacer la revolución, te titulas». Entonces, como revolucionario, se dedicó a estudiar, en casa tengo sus libros que, lo más llamativo, no son de medicina sino de filosofía. Es interesante notar que Miguel, siendo médico, leyó filosofía, y bastante.

Por eso quisiera transmitir a los lectores de esta revista el aprecio y rigor por la lectura de Miguel y sus compañeros. Los mejores amigos son los libros: no te delatan, están siempre contigo al lado. Además que la lectura emancipa, quita la angustia, el lenguaje te libera, y pienso que el drama chileno es la falta de lectura. Si hay algo que hizo superiores a estos revolucionarios fue que eran grandes lectores, híper preparados, jamás los encontraban desprevenidos en los debates, agotaban los temas.

¿Por qué sigue en política Marco Enríquez-Ominami?

Por las películas, la publicidad, las clases y conferencias, las candidaturas, por ser diputado y por el exilio -tomé mi primer avión a los cinco meses, expulsado-, me he pasado la vida viajando, como método.

Dentro de Chile he visitado 272 ciudades de las casi 350 existentes, soy lejos el candidato que más ha recorrido el país y me creo preparado para enfrentar el gran clasismo que padecemos. Nunca he conocido un lugar donde el color de piel, el liceo donde estudiaste o el apellido, sean como un código de barra que marca a las personas. Por eso, mientras seamos una sociedad clasista, continuaré siendo candidato.

Y, atención, no digo que en los países que he vivido o que haya visitado no exista desigualdad, no me pierdo en eso. Pero, a mi juicio, las chilenas y chilenos que están abajo tardarán unos 200 años en conquistar una mayor igualdad, por tanto la pregunta que debemos hacernos es: ¿Cuándo queremos ser más iguales? ¿Dentro de dos siglos?

El cambio climático lo impediría…

Exacto, ese es el punto que la derecha no entiende. Reclaman calma y gradualidad, pero el tiempo aprisiona y puede que ni alcancemos a alcanzar nuestros propósitos.

El punto está en por qué si hay más de 100 mil niños en hogares del Estado y 30 mil familias en campamentos con un frío espantoso, como decía Sartre, «podemos estar tomándonos tranquilamente un café». Ser revolucionario es conectarte con esas realidades y soy un convencido que Miguel y Bauchi tenían eso, no podían tolerar la injusticia y prefirieron poner sus privilegios a disposición de otros. Yo, a mi manera, en mi tiempo, en mi dimensión, en 2017, siento que en alguna parte entiendo aquella lógica, y arriesgo todo lo que puedo arriesgar. No asalto bancos, es verdad; pero he decidido no hacerlo, por ahora.

 

Javier Larraín

Director.

@CorreodelAlba  

 

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(Entrevista publicada en la edición boliviana de Correo del Alba No. 65, julio-agosto de 2017 – www.correodelalba.com)