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Colapso electoral del Uribo-Santismo y nuevo ciclo político

Fuentes: Agencia Latinoamericana de Información (ALAI)

A esta hora es nítida la victoria de Gustavo Petro como nuevo alcalde de Santafé de Bogotá, su movimiento progresistas triunfa con 32.16% de los votos (721.308 votos), lo sigue con 24.93% (559.307 votos), la coalición uribista y santista del partido verde (neo-uribista), el Partido de la U (Santista), el partido conservador y diversas congregaciones […]

A esta hora es nítida la victoria de Gustavo Petro como nuevo alcalde de Santafé de Bogotá, su movimiento progresistas triunfa con 32.16% de los votos (721.308 votos), lo sigue con 24.93% (559.307 votos), la coalición uribista y santista del partido verde (neo-uribista), el Partido de la U (Santista), el partido conservador y diversas congregaciones cristianas.

Queda en evidencia con este resultado el fracaso de Uribe Vélez y el cansancio de la ciudadanía con los factores narco-paramilitares presentes en la política colombiana; decimos esto porque el expresidente Uribe se echó al hombro la campaña a la alcaldía de Enrique Peñalosa (Partido Verde), junto con él, caminó la ciudad de Bogotá haciendo campaña barrio por barrio, sin entender el gran descrédito que carga su nombre como expresión del ciclo más sombrío y retardatario de la política colombiana.

Pero esta derrota también es para el presidente Juan Manuel Santos, quien a pesar de los altos índices de favorabilidad política lograda con su juego político cosmético, no engaña a la independiente opinión ciudadana de la capital sobre el tipo de proyecto uribista que representa.

Aun es muy pronto y no se han decantado todos los datos, pero la tendencia parece indicar que en todas las ciudades el Uribismo-Santismo fue derrotado, interesante escenario que podría venir a significar una reconfiguración del juego político nacional, si no en clave de izquierda, sí de modernización ética de las costumbres políticas.

Pero es de destacar la estruendosa derrota del partido verde, este surgió como un partido de centro-izquierda, llamado a representar la franja independiente de la política nacional, sin embargo el pragmatismo (léase utilitarismo y oportunismo) de sujetos que otrora fueron de izquierda como Lucho Garzón y Antonio Sanguino, los llevó a caer en una triste alianza «táctica» con Uribe, para acceder a la alcaldía. Esta alianza le significó al partido verde la salida de su más destacado fundador Antanas Mockus, quien junto a Gina Parody, candidata independiente de centro-derecha lograron sacar el tercer lugar en la contienda con el 16.74% equivalente a 375.574 votos.

Del partido verde podríamos decir con el viejo adagio que la ambición rompe el saco, en su juego oportunista de utilizar el supuesto porta aviones de Uribe, han dado un salto al vacío, rompieron el partido y lo marcaron con el lastre de articularse en una coalición con la ultraderecha del país.

Lo ocurrido con la dirigencia del partido verde, es la expresión del fenómeno de cooptación que la oligarquía ha logrado en vastos sectores de la intelectualidad y actores políticos de la antigua izquierda; un ejemplo destacado lo representa el actual vicepresidente Angelino Garzón.

Estos actores cuyo discurso estaba centrado en el esfuerzo por alcanzar la modernización nacional, aunque sin alterar las estructuras de exclusión y asesinato de la oposición política que pervive en la sociedad colombiana, han quedado articulados a la expresión política del narco-paramilitarismo (Santismo-Uribismo), que es en esencia el proyecto más regresivo y pre moderno que hace vida en la sociedad colombiana.

Los otrora hombres de izquierda hoy están bañados en liberalismo, pero más liberalismo económico que político, son sus cabezas más resonantes León Valencia, Alejo Vargas, Luis Eduardo Celis, Lucho Garzón, Antonio Sanguino, Angelino Garzón; claro que en el caso de León Valencia y Luis Eduardo Celis hay una excepción, pues desde su postura de analistas, si bien mantuvieron un coqueteo legitimador hacia la postura del partido verde de ir a la coalición uribista, con seguridad aprovecharán la desmemoria y saldrán a filarse de nuevo oportunistamente en el espectro que hoy representa Progresistas de Gustavo Petro.

Petro, por su parte, canaliza un amplio espacio político que clama por la transformación de las costumbres políticas, consciente del peso que en este espectro tiene lo social, llega con un programa en el que busca sacar a la educación del mercado y colocarla como el eje de la activación socio-productivo, así mismo ha propuesto potenciar ETB (Empresa de Teléfonos) y no privatizarla, abriendo una opción de convergencia con otras empresas públicas del sector como las de Medellín.

Petro, en definitiva, asume una postura desde un discurso programático de izquierda, sin embargo en él, esto hace parte de su evaluación de los vientos políticos, pues como «buen político», es decir oportunista y taimado, sabe el discurso que lo puede potenciar en el electorado.

Tiempo atrás no había perdido oportunidad para correr a tomarse la foto con Juan Manuel Santos y validar desde la sombra el nuevo espectro de gobernabilidad implementado por el Santismo, años antes había hablado con indulgencia del TLC con Estados Unidos, había validado el carril militar de exterminio de la insurgencia desarrollado desde la «seguridad democrática» y buscando posicionarse personalmente, pretendió deslegitimar posturas de izquierda anti sistémica, no escatimó esfuerzos para recurrir al macartismo y la infamia política de señalar a Carlos Gaviria y Jorge Robledo como supuestos miembros de las FARC, a pesar de ser estos dos personajes portadores de una conducta política que no valida las vías de la violencia y siempre han trabajado por la paz.

Lo que ocurre es que Petro ve la política desde la lógica del mercadeo político, si la opinión pública gira en clave de derecha como lo hizo en el ciclo uribista, el girará también, si la correlación apunta a favorecer posturas de izquierda, de reformas y modernización, el asumirá estas posturas sin ningún problema; Petro aplica sin ningún pudor la frase del comediante norte americano Groucho Marx, quien solía decir, «si no te gustan mis principios, tengo otros», en el fondo se juega un proyecto de figuración personal, juego que por ahora le ha dado muy buenos frutos.

Pero a pesar de todo, el triunfo de este comediante y mercader de la política es muy buena nueva para los excluidos de Colombia, pues anuncia el advenimiento de un nuevo tiempo político, la importancia del hecho no está en el personaje que gana la alcaldía, sino en el campo político independiente que se configura en una ciudad tan importante como Bogotá y que al parecer se dará en otras ciudades del país.

Están convergiendo diversos sucesos que marcan el inicio de un nuevo ciclo político, la irrupción electoral de franjas independientes, la movilización nacional del estudiantado contra la política educativa neoliberal, el surgimiento de expresiones radicalizadas del movimiento obrero en Puerto Gaitán y varias regiones del país, la insubordinación generalizada del campesinado en armas que se resiste al modelo capitalista para el agro. Todo presagia que Colombia, no estará por fuera de los vientos de cambio que se han tomado Suramérica y que el pasado domingo 23 de octubre se expresaron en la aplastante victoria de Cristina en Argentina.

Pensamos que el nuevo ciclo político traerá como centro el problema de la paz, significará el regreso de la mayoría de la sociedad al carril de la solución política negociada del conflicto, solución política que deberá posicionar obligadamente la urgencia de resolver y transformar la política neoliberal agroalimentaria, minera y agroindustrial, a la par que se desmonta el aparato de terrorismo de estado y se construye un espacio de democracia plena donde se realicen efectivamente los derechos civiles y políticos.

(*) Daniel Pali es miembro del Centro de Estudios Policarpa Salabarrieta
www.centropolicarpasalavarrieta.blogspot.com
Bogotá-Colombia