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Carta de ex-militantes del Sinn Fein al ELN colombiano. Revista Insurrección, 560

Colombia e Irlanda del Norte: parecidos y diferencias

Fuentes: Rebelión

Nota de la Redacción: Reproducimos esta reflexión sobre el proceso de paz de Irlanda del Norte, con el ánimo de fomentar lecturas críticas sobre los procesos de solución política de los conflictos y búsqueda de la paz, como lo plantean los militantes del Foro Republicano Socialista Peadar O’Donnell, que suscriben esta carta.

Compañeros de la delegación de diálogo del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN)

De nuestra consideración,

La lucha del pueblo colombiano por una auténtica democracia, en oposición a la intervención imperialista y por la reforma agraria para beneficio de la mayoría de esa población campesina olvidada, ha, desde siempre, despertado la admiración de los revolucionarios irlandeses, quienes sentimos que nuestras luchas son parte del mismo imperativo por la transformación del actual orden basado en la injusticia y la explotación de la mayoría por las minorías.

Como han de saber, en Irlanda tenemos nuestra propia historia revolucionaria y un proceso de paz, el cual se ha mostrado internacionalmente por los gobiernos de EEUU y el Reino Unido como un molde de lo que debería ser una negociación de paz, y como el más alto objetivo al que pueden aspirar los revolucionarios en todo el mundo. Esta visión, que el proceso de paz en Irlanda del Norte es un modelo para ser aplicado en cualquier parte sin mayores modificaciones, ha sido recogida por el presidente colombiano en su reciente gira por Irlanda del Norte. En su reciente visita a Irlanda del norte, el presidente de Colombia Juan Manuel Santos dijo al público durante un evento de recepción que él ha «seguido lo que ustedes han hecho durante estas últimas décadas: el proceso de paz ha sido una inspiración para nosotros, para mí». El presidente Santos agregó, «He seguido con interés cómo con perseverancia y tesón han solucionado este conflicto tan largo como terrible en Irlanda del Norte, un verdadero ejemplo que he tratado de seguir».

No queremos decir con esto que no puedan compartirse lecciones, pero deberíamos tener precaución en no copiar recetas de manera mecánica. Antes que todo, es importante reconocer las diferencias cruciales entre el caso colombiano y el de Irlanda del Norte:

1.Irlanda del Norte fue y sigue siendo, según la ley y la constitución, una parte integral del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Más aún, Irlanda del Norte, una entidad gobernada por los británicos, comparte la isla de Irlanda con otra jurisdicción, la República de Irlanda. Estos hechos han impuesto ciertas restricciones de carácter práctico al gobierno británico, mientras se enfrentaba con un movimiento insurgente en su propio territorio. Esto es particularmente cierto en lo que atañe a la aplicación de técnicas de contra-insurgencia demasiado brutales. En un territorio tan pequeño, que recibe tanta atención de los medios, como es Irlanda del Norte, los británicos no pudieron realizar las atrocidades encubiertas en la escala en la que han sido realizadas en las áreas remotas de Colombia, sin atraer una considerable atención internacional.
2.La insurrección nor-irlandesa de finales del siglo XX, no puede ser divorciada o ser vista como algo aislado de las luchas de liberación anti-coloniales de comienzos del siglo XX. Debido a que la isla fue dividida políticamente por los británicos, hubo en todo el territorio de Irlanda quienes vieron esta lucha como la continuación de la primera lucha contra el colonialismo británico. Desde el punto de vista de los británicos, esto significaba que Londres debía tener cuidado de no alienar a la República de Irlanda en el sur, de tal manera que sus ciudadanos terminasen participando en la lucha o haciendo que las actividades revolucionarias se extendieran.
3.Es también muy importante el hecho de que, a diferencia de Colombia, Irlanda del Norte no tiene mayor importancia geoestratégica o económica para los Estados Unidos. Las tecnologías militares contemporáneas, han vuelto irrelevantes a los puertos profundos de Irlanda del Norte desde un punto de vista militar. Ni tampoco este territorio puede utilizarse como un punto de invasión hacia Inglaterra ya que los Misiles Balísticos Inter Continentales harían que una concentración en esta zona fuera escena de una rápida carnicería sin ninguna clase de protección. Cualquier interés que los Estados Unidos dijeran tener en Irlanda del Norte, era más aparente que algo realmente basado en sus intereses imperiales propios.
4.Mientras en Colombia la división tradicional de la sociedad ha dividido a los sectores urbanos de los campesinos, en Irlanda del Norte el factor religioso fue manipulado para garantizar la lealtad de una parte de la población y para controlar a la sociedad en general, obscureciendo la naturaleza social de la lucha. A lo largo de este conflicto, Inglaterra insistió que el «problema» de Irlanda del Norte era derivado de divergencias religiosas o teológicas. Esto era deliberadamente engañoso. Como la potencia colonial que es, los británicos practicaron, y de hecho perfeccionaron, el antiguo arte de dividir, conquistar y gobernar. Al otorgarle privilegios económicos a una sección de la clase trabajadora de Irlanda del Norte (ie., los protestantes), la clase dominante británica se blindó en contra de la unidad de clase y facilitó así su propio dominio.

Cuando la insurgencia irrumpió a comienzos de los 1970, los británicos intentaron sofocar la oposición mediante la fuerza bruta. Después de que sangrientos actos de supresión, tales como las detenciones masivas sin juicio y el asesinato de manifestantes pacíficos, no dieran los resultados deseados, los británicos introdujeron una política diferente a largo plazo.

En 1973 el gobierno británico introdujo una forma diferente de administración para Irlanda del Norte, llamada cogobierno (power-sharing). Esta iniciativa fue descrita como algo progresista e incluyente, pero en lo fundamental significaba que Inglaterra seguiría siendo el poder soberano en este territorio, garantizando su influencia y preservando el status quo económico. Este acuerdo, sufría de dos debilidades. Por una parte, iba más lejos de lo que la población local pro-británica de derechas estaba dispuesta a tolerar, y por otra parte, tampoco incluía a los insurgentes que seguían en conflicto abierto con el Estado británico.

Durante los siguientes 20 años, Inglaterra siguió adelantando sus objetivos políticos más generales, a la vez que comprendía que tenía que suavizar su posición hacia la población pro-británica al mismo tiempo que atraía a los insurgentes a un acuerdo. Durante la Guerra de Vietnam, el gobierno de los Estados Unidos introdujeron una política conocida como la Vietnamización, según la cual los norteamericanos forzaban a los sud-vietnamitas a hacerse cargo de la mayor parte del combate, y consecuentemente, de la mayor parte de los muertos. Los británicos adoptaron una táctica similar a mediados de los 1970 en Irlanda del Norte, e hicieron que la policía y la milicia pro-británica, cuyos reclutas eran en su mayoría locales, asumiera la mayor cuota de responsabilidad en la guerra en contra del IRA, con consecuencias obvias, como el hecho de que sufrieran un número de bajas que le debilitaron. Al introducir una política según la cual la comunidad pro-británica era forzada a estar en la línea de fuego en la campaña contrainsurgente, Inglaterra se aseguraba de que ellos, al pagar el precio de su intransigencia, con el tiempo se harían más favorables a la propuesta de 1973.

En paralelo con esta iniciativa, hubo una política que buscaba socavar a la insurgencia. Los servicios de inteligencia británicos se propusieron infiltrar a los insurgentes para poder así combatir su campaña armada y también para algo tan importante: colocar agentes que influyeran en la organización revolucionaria. Nadie fuera de las altas esferas de la inteligencia británica conoce el número exacto de agentes que tenían al interior del IRA. Sin embargo, la identidad y la posición ocupada por dos agentes es ahora conocida. El jefe del departamento de contra-inteligencia del IRA, Fred Scappaticci, así como Dennis Donaldson, un asesor cercano de Gerry Adams, eran ambos agentes a sueldo de la Corona. El proceso, en su conjunto, incluía acciones armadas convencionales dirigidas en contra de los insurgentes y acciones encubiertas de escuadrones de la muerte en contra de la base de apoyo civil de los insurgentes, mientras todo el tiempo ofrecían a los guerrilleros la oportunidad de participar en las instituciones políticas apoyadas por el gobierno de Londres, pero solamente a condición de que terminasen definitivamente la lucha armada.

A raíz de esta compleja y altamente integrada estrategia, Londres estuvo en condiciones de llevar tanto a los pro-británicos como al liderazgo de los insurgentes, a una situación en la que ambos estuvieron dispuestos a aceptar el plan de cogobierno que los británicos habían ofrecido originalmente en 1973 y que luego fue consagrado, 25 años después, en el Acuerdo de Viernes Santo.

• Si bien este acuerdo, indudablemente, ha terminado con la mayor parte del derramamiento de sangre, no ha transformado, necesariamente, la situación económica, política o social en Irlanda del Norte. Ya no existe esa presencia militar tan obvia y brutal en la región. Existe, de hecho, una atmósfera de normalidad. Pero también está ausente, empero, cualquier clase de evidencia de una transformación radical, revolucionaria, de la sociedad en Irlanda del Norte. Los personajes en el gobierno pueden haber cambiado, pero la vida para los de abajo sigue siendo depresivamente similar.
• Inglaterra sigue manteniendo la soberanía en Irlanda del Norte. En consecuencia, la institucionalidad política que fue creada como resultado el proceso de paz de Irlanda del Norte, tiene poderes muy limitados. La administración, llamada localmente como la Asamblea de Irlanda del Norte, tiene poco más poder que un municipio. No está autorizada a tratar, por ejemplo, nada relacionado a asuntos exteriores, impuestos, moneda, seguridad (ej., las centrales de inteligencia), ejército, y está privada de autoridad fiscal ya que recibe un presupuesto fijo del gobierno central cada año.
• Es verdad que a los antiguos insurgentes se les permite participar en la administración creada con posterioridad al acuerdo de Viernes Santo. Sin embargo, están forzados a operar según los bastante restrictivos parámetros de ese acuerdo, y como resultado, prácticas políticas prevalecientes, tales como el clientelismo, son comunes entre los antiguos insurgentes, que fueron cambiados por el sistema a la vez que fueron incapaces de cambiarlo a éste de ninguna manera significativa. Sinn Fein (el partido político de los antiguos insurgentes) ha cooperado y ha supervisado en la implementación de la privatización del sector público mediante la figura de las asociaciones públicas-privadas [Public Private Partnerships (PPPs)], una pieza clave de la economía neoliberal, mientras sus dirigentes hacen giras por Estados Unidos para atraer inversiones mediante promesas de bajos salarios y bajo impuesto corporativo Este partido es ahora un abierto defensor de que el Reino Unido, incluida Irlanda del Norte, se queden en el club de ricos neoliberal que es la Unión Europea. Como dijo un antiguo guerrillero descorazonado, «Sinn Fein hoy apenas administra el gobierno británico en Irlanda».
• Tampoco ha habido una mejora significativa en las condiciones de la clase trabajadora. Todos los males del neoliberalismo son visibles en Irlanda del norte. Contratos con cero horas de trabajo, trabajo por el mínimo, condiciones de maquiladora y precariedad en centros de llamadas, están a la vista de todos. El sistema de seguridad social del que los británicos estaban tan orgullosos después de la Segunda Guerra Mundial está siendo sistemáticamente erosionado como resultado de las privatizaciones. Es deprimente observar el espectáculo creciente de bancos de alimentos para aquellos en riesgo de sufrir hambre.
• Lo más alarmante, es que no ha habido un proceso de empoderamiento de la clase trabajadora en Irlanda del Norte como resultado del proceso de paz. Existe un grave déficit democrático en Irlanda del Norte en la medida en que la administración local está plagada de clientelismo, y cada semana hay un nuevo escándalo por comportamientos turbios que no pueden ser enfrentados por la gente común y corriente. Ominosamente, todas esas medidas draconianas siguen estando ahí en la legislación, obviamente, como un recordatorio de que el Estado es todopoderoso y no va a soportar que se le cuestione.

Como personas que hemos participado en esta historia y que hemos pagado un alto precio en la lucha por la liberación de Irlanda y por los derechos de la clase trabajadora, es nuestro deber advertir a compañeros revolucionarios que están entrando a un proceso de negociación de paz de los cuidados que hay que tener para tomar al proceso de paz de Irlanda del Norte, o mejor dicho, a una versión idealizada de éste, como el mejor camino a seguir en todas las circunstancias para acabar con las calamidades del conflicto armado. Debemos mirar al pasado para aprender las lecciones para el futuro, y de la misma manera en que los reaccionarios se hablan entre sí y se dan consejos, los revolucionarios tenemos la obligación moral de dialogar y de buscar colectivamente soluciones para los acuciantes problemas de los oprimidos en el mundo, respetando nuestra autonomía y entendiendo nuestras diferencias según nuestras tradiciones y contextos particulares.

Fraternalmente,

· Tommy McKearney (ex-combatiente del IRA, ex-prisionero de guerra, ex-huelguista de hambre en el Bloque H. Miembro del Foro Republicano Socialista «Peadar O’Donnell»)
· Colm Lynagh (ex-combatiente del IRA, ex-prisionero de guerra. Miembro del Foro Republicano Socialista «Peadar O’Donnell»)
· Pat McNamee (ex-combatiente del IRA, ex-prisionero de guerra. Miembro del Foro Republicano Socialista «Peadar O’Donnell»)
· Frank Quinn (ex-combatiente del IRA, ex-prisionero de guerra. Miembro del Foro Republicano Socialista «Peadar O’Donnell»)
· Gearóid Ó Machail (Miembro del Foro Republicano Socialista «Peadar O’Donell»)