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Detrás del asesinato en Ecuador de Raúl Reyes Y 15 guerrileros de las FARC

Colombia-Ecuador-Venezuela: Tambores de guerra

Fuentes: Gara-Rebelión

Primera constatación: América Latina ya no es la misma. El último capítulo de la ejecución del llamado «Plan Colombia», llevado a cabo extraterritorialmente en tierras ecuatorianas bajo el eufemismo de «Operación Fénix», ha generado una inmediata respuesta por parte de estados que, tan sólo unas décadas atrás, habrían guardado silencio ante esta, entre otras cuestiones, […]

Primera constatación: América Latina ya no es la misma. El último capítulo de la ejecución del llamado «Plan Colombia», llevado a cabo extraterritorialmente en tierras ecuatorianas bajo el eufemismo de «Operación Fénix», ha generado una inmediata respuesta por parte de estados que, tan sólo unas décadas atrás, habrían guardado silencio ante esta, entre otras cuestiones, manifiesta violación de la soberanía nacional de un país. Las cosas están cambiando en el continente. Precisamente por eso, este último operativo militar desarrollado por el ejército colombiano en la madrugada del pasado domingo, ha generado una inmediata reacción en los gobiernos de Hugo Chávez y Rafael Correa. Vamos a intentar entender un poco mejor qué es lo que está ocurriendo en la región en un momento en el que la tensión y la alarma se han activado ante un posible enfrentamiento bélico en esta zona del mundo.

El Operativo colombiano en Ecuador.

Poco a poco se van despejando los detalles del operativo desarrollado por tierra, mar y aire en la madrugada del domingo 3 de marzo en territorio ecuatoriano. A estas alturas son ya muchas las voces que hablan de «verdadera masacre» (incluso el propio presidente Correa) y no de «enfrentamiento militar», término utilizado por buena parte de las agencias de prensa internacionales en los primeros momentos de difusión de los hechos. Una masacre que ha culminado con la muerte del considerado «número dos» e interlocutor internacional de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, y del grupo de guerrilleros que le acompañaba con la ejecución a sangre fría de los heridos mediante tiros de gracia. ¿Un operativo colombiano sin la participación, intelectual o activa, de Estados Unidos? Teniendo en cuenta la ubicación física en el tiempo y en el espacio del «objetivo» y que en Ecuador está situada la base norteamericana de Manta donde se encuentran los sistemas de detección y comunicación más sofisticados del ejército estadounidense así como buena parte del equipo asesor del llamado «Plan Colombia», las conclusiones son meridianas. Y todo ello sin olvidar a determinados sectores del propio ejército ecuatoriano con manifiestos «antecedentes sospechosos» (entrega a Washington del comandante guerrillero Simón Trinidad, acoso a columnas de las FARC cerca de la frontera común…).

La acción, evidentemente, no ha sido improvisada. Más allá de las consideraciones que podamos tener respecto a la práctica político-militar de las FARC, el movimiento guerrillero más antiguo de América Latina, es innegable que este operativo trata de cortar de raíz todo intento de abrir caminos alternativos a la paz y a la justicia en Colombia. Además representa una clara e inequívoca declaración de guerra total a los movimientos insurgentes (tanto a las FARC como al ELN) y un gesto político de enorme calado en contra de los esfuerzos de pacificación auspiciados y encabezados por Venezuela con el apoyo de importantes países latinoamericanos (Brasil, Argentina, Cuba…) y europeos (Estado francés).

Todo ello sin olvidar una cuestión fundamental que ha tratado de minimizarse en las agencias de prensa occidentales: el presidente ecuatoriano Rafael Correa reconocía el lunes, en un mensaje de radio y televisión a la nación, que el sangriento ataque del ejército colombiano venía a frustrar una labor humanitaria. La presencia de miembros cualificados de las FARC en Ecuador respondería precisamente a un proceso de negociación que en un breve espacio de tiempo podría haber culminado con la liberación de dieciséis ciudadanos-as en poder de la guerrilla, entre ellos tres estadounidenses, tres policías, tres militares y la conservadora ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, cuya libertad sería un manifiesto símbolo de la progresiva normalización en Colombia. Todo el proceso ha quedado truncado tras el bombardeo y el operativo quirúrgico, que tanto recuerda en su desarrollo a muchas de las acciones que el ejército israelí realiza en Gaza o Cisjordania… No se trata pues de un simple «incidente fronterizo» o de un «ataque antiterrorista». Y esa es la lectura que han realizado precisamente los presidentes Chávez y Correa comenzando con la ruptura de relaciones diplomáticas con el gobierno de Uribe. Correa, incluso, se encuentra en este momento desarrollando una intensa ofensiva regional visitando Perú, Brasil, Venezuela, Panamá y Nicaragua para poder transmitir de primera mano a los mandatarios de esos países el verdadero significado de la situación actual en el área…

Perspectivas Necesarias

Es cierto que ésta no es la primera vez que se producen violaciones territoriales en la región pero la trascendencia de este hecho y su verdadero significado continental es más que evidente. El riesgo real de que la guerra civil colombiana se expanda a territorios ecuatoriano y venezolano convirtiendo a toda la región en zona de operaciones militares (hipótesis ampliamente contemplada en los planes estadounidenses para la zona) posibilitando así la desestabilización de los gobiernos de Chávez y Correa, no es en absoluto descabellada. El Plan Colombia está ahí y refleja claramente sus propósitos. Ahora bien ¿qué es realmente el Plan Colombia? Un Trabajo Estratégico diseñado por la CIA, presentado años después en el Congreso norteamericano por tres senadores (Dewine, Grassley y Coverdell) y auspiciado públicamente en 1999 por Andrés Pastrana y Bill Clinton cuyo objetivo reconocido sería «disminuir las drogas y resolver el conflicto armado que vive Colombia». Pero su verdadera misión, la práctica lo ha demostrado, es otra muy distinta: acaparar para Estados Unidos los recursos de América Latina, la biodiversidad de la Amazonia, el agua, el petróleo y otras fuentes naturales de interés económico continental. En definitiva, un Plan regional (extensión geográfica del «Plan Puebla-Panamá») que cuenta con la aportación económica de la administración norteamericana, el gobierno colombiano y la Unión Europea y que, hasta el momento, ha gastado un 93,4% de sus siempre ampliados recursos en «actividades de contrainsurgencia». El Plan Colombia, por ejemplo, además de extender el uso terminológico de «narcoguerrilla» en todos los medios de comunicación de acuerdo a su ideario, también contribuye a una manifiesta catástrofe ecológica en la región con la utilización, por citar un elemento, del glifosato como supuesto agente de fumigación: un producto producido por la tristemente famosa empresa Monsanto, la misma que devastó y arrasó Vietnam en los años sesenta del pasado siglo… El operativo desarrollado en Ecuador en la madrugada de este pasado domingo viene a dar carta de naturaleza legal a la aplicación extraterritorial del Plan Colombia, ni más ni menos. Y esta vez los gobiernos latinoamericanos parecen estar muy conscientes de este hecho.

El posible futuro inmediato.

No hay que perder la perspectiva: Colombia y sus países vecinos (Venezuela, Ecuador, Brasil y Panamá) poseen inmensas reservas de materias primas y zonas de importancia vital, a nivel mundial, por sus potencialidades naturales. La ambición estadounidense por controlar estos recursos ha sido una constante a lo largo de la historia, como reflejan incluso determinados libros de los estudiantes de primaria norteamericanos que situaban ya la región «bajo administración USA por encargo internacional»… Ese es el contexto de una ambición siempre mantenida. La actual ruptura de relaciones diplomáticas auspiciada por Ecuador y Venezuela o las intensas gestiones diplomáticas para aislar y condenar al gobierno de Alvaro Uribe en la OEA, el MERCOSUR y el Pacto Andino, son sólo la parte visible de una intensa actividad en el área cuyos resultados conoceremos muy pronto… Mientras tanto, las FARC mantienen la calma. En un comunicado hecho público en las últimas horas reconocen la figura de Raúl Reyes, anuncian la incorporación de un nuevo comandante (Joaquín Gómez) al estado Mayor de la organización y reafirman su voluntad de seguir trabajando por una paz basada en la justicia social. Una respuesta serena en un momento en el que, tristemente, se vuelve a desvanecer el tiempo de la política de gestos… Y todo ello en una Colombia que sigue, cuatro décadas después, sumida en una cruenta guerra civil marcada en todos esto años por gobiernos de oligarquías excluyentes y sanguinarias, un ejército siempre belicista, paramilitares y narcos totalmente impunes, importantes y desgastadas fuerzas guerrilleras… Y, conviene no olvidarlo, cerca de cuatro millones de desplazados-as (en una población total de 45 millones de habitantes), una tragedia humanitaria sólo superada por las trágicas cifras de Dafur en Sudán o la zona de los Grandes Lagos. Son, sin duda, razones más que suficientes para atender, por ejemplo, el planteamiento de Hugo Chávez de reconocer la beligerancia de las fuerzas guerrilleras como paso esencial para desenredar una trágica madeja que facilite, por fin, la apertura real de procesos de negociación que conduzcan a soluciones de cara a una paz definitiva. Lo ocurrido en las últimas horas en Ecuador, sigue alejándonos de ese objetivo…