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Colombia Federal

Fuentes: Rebelión [Imagen: Rafael Núñez presidente de Colombia]

El tortuoso desenvolvimiento del conflicto interno colombiano ha ido sacando al aire y simplificando contradicciones profundas tapadas por siglos de incuria, y triturando “paradigmas de dominación ” fuertemente sustentados por siglos de violencia y disciplinamiento social.

Ha ido quedando claro que no es como nos lo ha hecho creer el Tono y el Altar (colonial) producto de una lucha entre el bien y el mal, luego desplazada a una lucha entre la Izquierda (demoníaca ) y la derecha (beatífica). Como tampoco, que era (es) una lucha por “el poder”, entre una estrategia voluntarista guerrillera despreciadora de las amplias posibilidades “electorales” brindadas por la democracia, y una reacción de legítima defensa de sus oponentes oligárquicos que garantizaban con toda seguridad  esa vía electoral de llegar al gobierno, pero lejos del Poder, para tramitar sus pequeñas reformas.

El triunfo de una amplia y variada coalición electoral llamada Pacto Histórico que llevó al gobierno a Petro con una amplia propuesta reformista para desarrollar el capitalismo en general, ha confirmado, en la práctica, la tesis eurocomunista de que si se puede llegar a la presidencia de la república por la vía electoral. Pero ¿a hacer qué cosa?  ¿A desarrollar cual modelo de capitalismo, existente en la oferta actual multicéntrica? Pues hasta el momento, nadie sabe a cuál modelo de capitalismo tenderá la propuesta del actual gobierno colombiano: si al  modelo Chino de capitalismo burocrático de Estado, o el modelo oligárquico neoliberal Ruso, o si se seguirá por la ruta de la financiarización Imperialista del llamado “Occidente Colectivo” dentro del cual ha transitado Colombia desde 1830. O quizás, a la manera del “sancocho nacional”, tan apetecido y socorrido por su riqueza conceptual sobre todo en los discursos presidenciales en el extranjero, se trate de una mezcla nutritiva de todos los anteriores. Esta es una de las primeras simplificaciones salida a flote.

Una segunda contradicción que se ha ido simplificando es el viejo paradigma Nuñista (de Rafael Núñez), dominante desde la implantación de la constitución clérico-oligárquica y autoritaria de 1886, de que todos los males sociales, políticos y morales de la fragmentada y abigarrada “nación” colombiana se debían al Federalismo disolvente, cuyo remedio consiste en un ferrero y autoritario centralismo civilizador. (ver mi ensayo  https://rebelion.org/wp-content/uploads/2020/11/colombia_libro_pinzon.pdf )

Hoy más que nunca ha quedado claro que Colombia es un país de Regiones diversas y características antropológicas muy bien definidas, que actualmente se banalizan con el nombre de territorios. Pero lo más notorio en la actualidad, es que el férreo tabú centralista heredado por 137 años de vigencia ( y para saberlo basta mirar el llamado escudo nacional u oír las estrofas vallenatas del himno nacional productos de la mente artística del doctor Núñez)  y, que a pesar de los intentos reformistas de mediados del siglo  XX por adelantar procesos mediocres de descentralización administrativa y desconcentrar funciones, ha sido superado por la dura realidad que persiste:

La gran contradicción entre grandes ciudades metropolitanas y el campo desigualmente desarrollado en lugar de resolverse cada día se ahonda. Hay poderosas oligarquías burgués-terratenientes-financieras transnacionalizadas bien asentadas en la distintas regiones del país en actividades agrícola-ganaderos, agrario-industriales y financieros, etc, muy bien conocidos (un ejemplo lo constituye esta noticia https://www.las2orillas.co/las-30-mil-hectareas-de-sarmiento-angulo-en-los-llanos-orientales/ ) Hay mafias y clanes regionales armados y desarmados. Hay paramilitares regionales casi siempre coincidentes con las divisiones territoriales del ejército. En espejo, hay guerrillas regionales, con distintas concepciones insurgentes, casi federadas que incluso se menciona como una dificultad para los distintos procesos de paz. No hablemos del fraccionamiento de la aristocracia obrera cooptada que tiene su fondo regional. Y acaso ¿los distintos movimientos sociales, estudiantiles, campesinos-étnico-populares, no están cruzados por las diferencias regionales? De seguro hay más diferencias, pero creo que con estas me basta.

Una tercera contradicción incluso muy bien analizada por los clásicos marxistas entre Reforma y Revolución ha sido puesta en escena en la actual lucha social en Colombia. Ha quedado claro que, para el Bloque de Poder Dominante (que no ha renunciado a la contrainsurgencia) cualquier reforma por pequeña que sea será firmemente atacada y obstaculizada. Se pretende seguir viviendo de la congelación de las estructuras del poder institucional dominante. También ha quedado claro que un proyecto reformista por muy progresista que sea, apoyado en una simple votación electoral de mayoría, y sin una verdadera fuerza social unificada que desde la base dirija, organice y respalde en la acción política (no solo electoral sino todos los demás frentes) es inocua. Es lo que algunos avisados analistas prepago de la falsimedia dominante desconociendo lo que se ha logrado e inflando los torpes errores y las dificultades por las serias dificultades por que atraviesa el gobierno colombiano actual, llaman “el fracaso del populismo de izquierda  y su demagogia electoral”. Es probable que la batalla de ideas se haya perdido para las fuerzas progresistas; pero hay que considerar que en  Colombia se está en medio de una batalla todavía no concluida y, el grave error caudillista y egocéntrico de creer que combinando Twitter, balconadas, y “discutibles” discursos en el exterior van a revertir la situación, puede ser aún (todavía) corregido, dándole la palabra a las bases, al movimiento social no solo en la plaza Central de Bogotá, el kilómetro cero de Colombia, sino dándola a las regiones y comunidades en donde se siente más dolorosamente el peso de las contradicciones y el conflicto interno en comento.

Pero en esas Asambleas Regionales también deben tener orientación estratégica: Saber hacia dónde se camina y cómo se va a realizar ese andar, para conformar las organizaciones que respalden esa marcha, etc. Si se marcha hacia el abismo, es necesario dar un timonazo, no solo en las palabras “iremos hasta donde el pueblo diga”, sino en los hechos. En la organización popular, dotándola de una visión estratégica que vaya más allá de las pequeñas reformas que no dejarán realizar, contando para ello con el poder del Estado del que ahora se dispone desde el gobierno. No más centralismo presidencial el que también ha entrado en terrible crisis (lo que constituye una cuarta contradicción). Es hora de revertir, por la base, la derrota en las batalla de ideas que ha inflado y envalentonado a los grandes medios y a la oligarquía refractaria, revestida de asbesto canceroso.   

Entonces, una de las ideas que se debe entrar a considerar en dicho Proceso Constituyente es el de convertir a Colombia en un país moderno, con una democracia avanzada, y con una nueva Constitución que consagre la realidad FEDERAL que está en la base de nuestro país. A eso debemos apuntar: A derrotar definitivamente y para siempre las reliquias momificadas del Nuñismo autoritario y centralista que aún perviven en Colombia y sin lo cual no se podrá avanzar.  

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.