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Seguridad y soberanía alimentaria

Colombia y las alertas sobre una inminente crisis alimentaria

Fuentes: Rebelión

Los alimentos se han encarecido de manera desproporcionada y el déficit de fertilizantes agrava la falta de comida en los hogares, especialmente los más pobres.

Crecen todos los días las alertas por una hambruna mundial a raíz de la guerra en Ucrania y el bloqueo a las exportaciones de cereales y fertilizantes. Los organismos internacionales están advirtiendo que un desastre alimentario está en curso y Colombia no se encuentra al margen de esta grave tragedia. 

Los alimentos se han encarecido de manera desproporcionada y el déficit de fertilizantes generaría falta de comida en los hogares, especialmente los más pobres. 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el conflicto en Ucrania ha disparado la inflación en los precios mundiales de los alimentos. 

A. Guterres, Secretario General de la ONU, plantea que la crisis alimentaria que se está produciendo en este año  este año es “de acceso a los alimentos”, mientras que sugiere que la del año que viene “podría ser por falta de alimentos”. 

La guerra en Ucrania está desatando  una crisis mundial de alimentos y Colombia no se está preparando para afrontarla. Lo cierto es que Colombia no se autoabastece con la producción local de trigo o soya; el aumento en los insumos agropecuarios, sumado a la crisis climática y la guerra en Ucrania crea condiciones, como en la pandemia, excepcionales. Acá no estamos listos para afrontar las consecuencias de la guerra, de los 7 cereales solo producimos uno, el maíz y no conseguimos ser autosuficientes en este alimento. 

El nuevo presidente que salga elegido este 19 de junio debe expresar cómo será la atención inmediata ante una posible crisis alimentaria que podría vivir el país. 

Los mercados internacionales indican que, a mayo de 2022, el índice de precios agrícolas es un 41 % más elevado que el nivel de enero de 2021. Los precios del maíz y el trigo son un 54 % y un 60 % más altos, respectivamente, que los de febrero de 2021. 

Los precios de los fertilizantes saltaron en marzo, subiendo casi un 20% desde enero de 2022 y casi tres veces más que hace un año. 

La tabla de precios de alimentos y productos agrícolas de la ONU alcanzó un máximo histórico de casi 160 puntos en marzo antes de descolgarse 1,2 o 0,8% en abril. La tabla de precios de los cereales y la carne también alcanzaron máximos históricos en marzo. 

Lo cierto es que el hambre en Colombia hoy es dramática. Las mujeres, los campesinos y los venezolanos son los mas golpeados. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN), desde el 2016 la inseguridad alimentaria en Colombia alcanzó al 54,2 % de las familias. 

La causa de este desastre está en que el gobierno no promueve la producción interna de alimentos y alienta una política comercial que subraya la exportación de commodities.  

Sin embargo, hay un tema que debe obligar a la reflexión hoy. Me refiero a la seguridad y soberanía alimentaria y nutricional y la amanera de acercarnos a estas.  

En ese sentido es necesario considerar el derecho a la alimentación que  se ha validado y consensuado transversalmente, teniendo en cuenta que este derecho, es un derecho básico y humano, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas; conforme lo establece su artículo 25, pero la pregunta es cómo garantizarlo, si es a través de la seguridad alimentaria o soberanía alimentaria.  

La seguridad alimentaria 

El concepto de seguridad alimentaria surgió de la Primera Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA) en 1996 señalando que: “Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana”.  

Esta definición fue reafirmada en la Cumbre Mundial de Seguridad Alimentaria de 2009, en la que se utilizó por primera vez la referencia a los cuatro pilares de la seguridad alimentaria (disponibilidad, accesibilidad, estabilidad y utilización biológica de los alimentos) y en cuya declaración final se reforzó, además, el aspecto nutricional.  

Soberanía alimentaria 

La soberanía alimentaria, surge en el contexto internacional de las políticas agroalimentarias en 1996, de la mano del movimiento campesino internacional La Vía Campesina, que lo propuso como alternativa al de seguridad alimentaria.  

En las últimas décadas años, el concepto o paradigma de la soberanía alimentaria ha estado en constante transformación, al estar sometido a un proceso permanente de redefinición por las propias bases que lo promueven.  

Si bien, hay que precisar que las sucesivas definiciones no han sido en general contradictorias, sino que han ido afinando el concepto al incorporar matices respecto a un núcleo que se ha mantenido invariable: “que las comunidades tienen el derecho de definir sus propias políticas de agricultura y alimentación”.  

Aunque la categoria continúa evolucionando, se ha podido entender en términos generales como un llamado a que las personas tengan una mayor capacidad de garantizar que las políticas agrícolas, ganaderas, de pesca, laborales y de tierras sean apropiadas para los diversos contextos sociales y ecológicos en los que ocurren.  

El concepto de soberanía alimentaria no es antagónico ni alternativo al concepto de seguridad alimentaria, sino complementario. Tal como se ha planteado por la FAO, los dos enfoques tienen un papel que jugar frente al desafío de la erradicación del hambre y de todas las formas de malnutrición recogido en la Agenda 2030  

En la nueva legislatura que despega el próximo 20 de julio será necesario retomar este debate en la perspectiva de adoptar una legislación adecuada para hacer que los colombianos tengan asegurado su derecho fundamental a la alimentación y para una Colombia con cero hambre. El Pacto Histórico y las fuerzas progresistas tienen la palabra. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.