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Una antología (minima) de textos de Manuel Sacristán Luzón (1925-1985)

Contra el fascismo, 40 años después

Fuentes: Rebelión

Filósofo, lógico, epistemólogo, autor teatral, crítico literario, traductor incansable, colaborador editorial, grafista, profesor universitario, maestro de varias generaciones, Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) fue también y de forma destacada un luchador antifascista, un militante organizado, un activista, desde una perspectica comunista democrática. La siguiente antología, injusta por breve, pretende acercarnos a este importante nudo de su […]

Filósofo, lógico, epistemólogo, autor teatral, crítico literario, traductor incansable, colaborador editorial, grafista, profesor universitario, maestro de varias generaciones, Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) fue también y de forma destacada un luchador antifascista, un militante organizado, un activista, desde una perspectica comunista democrática. La siguiente antología, injusta por breve, pretende acercarnos a este importante nudo de su praxis política y ciudadana, una forma de estar y vivir que nos enseñó a muchos y que comportó, como no podia ser otra forma, persecución, expulsiones y represiones. En síntesis, el trato que el fascismo y el nacional-catolicismo dispensó a los que no comulgaron con sus ideas ni prácticas ni con su mensaje de muerte, opresión y explotación. A los que no permanecen en silencio. A ellos va dedicada esta antología, a todos ellos… y a todas ellas por supuesto.

1.- Un informe editorial

[Nota editor] En agosto de 1973, Sacristán escribió para la editorial Grijalbo un informe sobre Give me battle, un libro de Julio Alvárez del Vayo (1891-1975), uno de los legendarios líderes republicanos con activísimo papel en la lucha antifranquista, más allá de acuerdos o desacuerdos con sus posiciones. Tal vez fuera este breve escrito de Sacristán uno de los motivos de la publicación del libro por Grijalbo en 1975, al poco de la muerte del dictador fascista, con el título En la lucha. Memorias

» Alvárez del Vayo, Julio. Give me battl e, texto mecanografiado y manuscrito.

Estas fragmentarias memorias de Alvárez del Vayo son, como podía suponerse ya antes de la lectura, un texto del mayor interés. Como podía suponerse ya antes de la lectura y, sin embargo, con sorpresa el leer. Pues podía adelantarse el interés de la experiencia vivida desde observatorios históricos tan panorámicos como los ocupados por el autor en épocas decisivas; pero no la espléndida y simpática vitalidad con que Alvárez del Vayo reproduce el sentido aún duradero de lo que vivió e introduce en la narración histórica una constante remisión al presente. Es inútil -me parece- detallar cualidades de un texto que habría que editar lo antes posible. Por eso paso a exponer el problema principal que plantea su edición (el otro, el de censura, no me parece resoluble, de modo que no aludiré a él).

Julio Alvárez del Vayo ha perdido el uso del castellano escrito. Es ese un efecto natural -en un hombre que no es fundamentalmente escritor- del uso cotidiano del inglés en su vida pública y en su vida privada (Alvárez del Vayo está o estaba casado con una suiza, y hablaba con ella inglés y alemán). Su texto es, lingüísticamente, una extraña jerga inglesa con palabras -no siempre- castellanas. Hay que realizar un trabajo de redacción integral, frase por frase. El trabajo es, además de pesado, un poco -no mucho- delicado: por ejemplo, hay que estar sobreaviso respecto de los siglas y los nombres de instituciones internacionales, que el autor menciona en su tenor inglés; lo mismo ocurre -con más gravedad- a propósito de instituciones españolas, ya de antes del actual régimen, ya de éste. El trabajo de redacción ha de ser, en suma, cuidadoso. El texto no se puede publicar tal como está

Por otra parte, el redactor deberá introducir -en la medido de lo posible- en el texto principal las aclaraciones del autor a un editor probablemente inglés; son textos manuscritos que tienen en varios casos muchísimo interés y amplían el texto principal.

Quizá valdría la pena pensar en dos ediciones de este texto: una primera en formato respetable, pasta dura y con ilustraciones; tres meses después, el paperback.

No menos conveniente sería ponerse en relación con Alvárez del Vayo para intentar adquirir todos sus escritos cuyas derechos en castellano estén disponibles».

2.- Valoraciones razonables pero erróneas (1985)

-Pregunta: Teniendo el PCE una organización importantísima en la clandestinidad, ¿cómo se pudo perder después en la democracia?

-MSL. Sobre esto se puede empezar a trazar círculos concéntricos. La primera onda es constatar que durante la clandestinidad sobreestimamos la educación de clase de los trabajadores. Teníamos motivos para engañarnos. Por ejemplo, en 1964-1965 estuvieron aquí los dirigentes del PCI, los que luego formaron Il Manifiesto, Rossana Rossanda, entre otros.

A esta gente les mostramos muy poca cosa de la organización. Y lo poco que vieron dijeron que era más de lo que tenían ellos en Italia bajo Mussolini. Teníamos motivos para creer que íbamos a ser una fuerza muy importante y eso era una creencia equivocada. Se ha visto que la población española estaba bastante más dominada ideológicamente por los cuarenta años de dictadura de lo que creíamos. No lo vimos. Si a eso se une que la relación de la dirección del Partido con los intelectuales fue un desastre… No se puede inventar un procedimiento mejor para quedarse sin intelectuales que lo que hizo la dirección. Hay que tener en cuenta que aún en 1966-1968 el núcleo de intelectuales del PSUC -por limitarme a Catalunya, que es lo que más conozco- era el más fuerte de Catalunya. Había casi una hegemonía. Se había deslizado un comunista intelectual en cualquier publicación, digo uno por lo menos, porque en muchos sitios había más. De eso se pasó a una carencia completa.

(…) Desde el punto de vista sociológico -que no es mi campo específico- es visible una completa supeditación de vida económica española a la norteamericana y esto va a tener seguramente consecuencias de bastante gravedad.

3.- Consideraciones sobre el movimiento universitario antifranquista (1967)

-Sergio Vilar: La historia del movimiento universitario se ve externamente de un modo bastante claro: primero es un vaciamiento del SEU, luego un asalto al SEU y su liquidación, y, por último, una complicada fase de intento de crear algo nuevo, un sindicato democrático. Del 66 para acá las protestas se han agudizado y se han hecho permanentes, pero algunos autores, y creo que Tierno [Galván] ha sido uno de los que lo ha dicho, piensan que la protesta estudiantil no es, como a veces se cree, una protesta de tipo revolucionario, salvo en algunos casos muy específicos, sino que es una protesta a nivel burgués. Lo que, según esos puntos de vista, piden los estudiantes españoles son las libertades que ya tienen en París o en Roma, no otra cosa más allá. ¿Tú qué opinas de estos criterios?

-MSL. Yo creo que eso es una verdad muy parcial. Es una primera descripción que tiene que ser, en mi opinión, completada.

Primero porque, dada la situación del país, una distinción a rajatabla entre objetivos burgueses y objetivos revolucionarios, aunque es metódicamente aceptable, sólo sería materialmente verdadera si ese movimiento universitario se paralizara hoy. En cambio, no es tan aceptable sin más matización si se piensa que eso es verdaderamente un movimiento, no una mera plataforma. Por otra parte…

-SV: Como estaba escribiendo no he terminado de entender lo que ahora decías… ¿quizá quieres decir que esa protesta que tal vez en sus raíces es de tipo burgués avanza hacia protestas realmente de tipo revolucionario?

-MSL. Quizá ni siquiera aceptara el punto de partida. Que su origen es burgués es también una verdad a medias. Su origen es burgués en el sentido de que [en 1967] la aplastante mayoría de los estudiantes españoles pertenecen a capas burguesas. Una mayoría de un orden impresionante, seguro que alrededor del 90% por lo menos, lo cual es como decir todos. Pero, en cambio, ese movimiento universitario ha nacido después de unos cinco años de perceptible resurgir del movimiento obrero, aun fechando sólo en 1951 [huelga de tranvías en Barcelona] esa resurrección del movimiento obrero.

A mí no me parece absurdo decir que el origen del movimiento universitario es doble. Por una parte tiene los orígenes que haya llevado el estudiante mismo a ese movimiento, los cuales seguramente son de origen burgués; pero tiene también, en minorías de aquella época, que han sido decisivas para el desarrollo posterior, la influencia de cinco años de movimiento obrero visible, especialmente en Barcelona (cuando los boicots a los tranvías es la primera vez que hubo un movimiento obrero con una intervención estudiantil). En lo que ocurrió en la Universidad en 1956, en el comienzo del movimiento universitario, hay que tener en cuenta que fueron minorías de estudiantes muy reducidas y seguramente muy sensibles a lo que estaba ocurriendo en la clase obrera en aquel momento.

La principal diferencia, yo diría, no es tanto que el movimiento universitario se haya radicalizado, sino que la inspiración de las minorías estudiantiles del año 56 abarca hoy a una cantidad de estudiantes mucho más considerable aparte de que haya puntas de radicalismo ingenuo o utópico, la creencia en que los estudiantes puedan cambiar el mundo por sí mismo, cosa que supongo que es una influencia pasajera de dos tipos de experiencias, ambos muy distintos del español y, por tanto, intraducibles.

El uno es [el tipo de] experiencia de países muy subdesarrollados respecto de España: Turquía, Corea o algunas repúblicas sudamericanas; el otro es, en cambio, el ejemplo de un país mucho más desarrollado que España, en la vía capitalista, y cuya clase obrera ha sufrido un aplastamiento que es, creo yo, el único superior al aplastamiento sufrido por la clase obrera española en la guerra civil: Alemania.

Que sin duda la mayoría de la masa estudiantil, por ahora y durante mucho tiempo, tendrá reacciones ideológicas, y sobre todo prácticas, en el fondo mucho más burguesas que lo que se podría llamar la vanguardia ideológica y política estudiantil, eso me parece fuera de duda. Podría probarse sin más que ver el resultado o la integración o el tipo de intervención en la sociedad y en la producción propio de las generaciones de estudiantes que durante diez años, o doce hasta ahora, participaron en la lucha universitaria. Por ejemplo, ¿qué ha sido de los 600 y pico de estudiantes, si no me equivoco, que se encerraron en el Paraninfo de Barcelona a principios de 1957?, ¿qué se ha hecho de ellos ahora que son profesionales?

-SV: Esa es una pregunta muy importante.

 -MSL: Pues parece fuera de duda que no todos los 600 siguen siendo personas ni ideológica ni políticamente capaces de actitudes como la que tomaron entonces. Por tanto, creo que el juicio de autores como Tierno tiene una parte de verdad. Lo digo después de haber intentado exponer en qué partes me parece, en cambio, no verdadero.

Porque, para completar la pregunta, en el fondo retórica, que yo mismo acabo de hacerme acerca de los 600 encerrados en el Paraninfo, habría que añadir: pero de los que ahora se encierran, es sumamente verosímil que persistan en actitudes de libertad, incluso cuando pasen a ser intelectuales profesionales, un porcentaje mucho más alto que los del 1957.

-SV: Debido a…

-A muchas cosas; primero, al arraigo del movimiento universitario; y segundo y sobre todo, al notable robustecimiento del movimiento obrero en España.

-SV: Y la crisis general de la situación.

-Claro, pero la causa fundamental de la crisis me parece que es el robustecimiento del movimiento obrero.

-[…] SV: Otra cuestión que se me ocurre como falta de eficacia de la oposición, es que no ha podido canalizar o dirigir o contribuir a orientar las fuerzas sociales que de vez en cuando se han puesto en marcha, y casi constantemente en los cuatro o seis años últimos. Es decir, las huelgas obreras, los movimientos estudiantiles, etc., han salido a la calle, pero luego se han perdido en parte al menos, se han diluido… Es lo que tú dices de los 600 del Paraninfo, ¿dónde están? Se han perdido quizá porque las estructuras políticas de los partidos no han sido lo suficientemente operativas. No han sabido conectar, no ya con todas esas personas, sino ni tan siquiera con una parte importante. ¿No crees tú? Lo digo como hipótesis en parte

-A mí esa explicación me parece demasiado estrictamente política. Preferiría, sin considerar que sea tampoco la única, una explicación más sociológica. A mí me parece, por de pronto, que en un movimiento de masas, por reducido que sea, aun tomando ese ejemplo de los 600 estudiantes de 1957, pueden ocurrir dos cosas: o ese movimiento de masas, en cada una de sus manifestaciones o en una de ellas, tiene una victoria suficientemente definitiva como para consolidarse, y entonces es de esperar que la masa que se ha movido se convierta en núcleo de una nueva fuerza social, o bien no tiene éxito, y entonces no puede pensarse que esa masa que se movió se mantenga toda ella como columna vertebral de aquel movimiento. No puede ser.

Por tanto, a mí me parece socialmente utópico pensar que se vaya a conservar siempre exactamente la masa que se ha movido. Es utópico creer que se puede canalizar toda a un partido o incluso a una formación interpartido. No lo creo.

Pero tampoco creo que se pierda nunca, en sus efectos, la masa que se ha movido en una determinada ocasión. Efectivamente, para seguir con el ejemplo concreto ¿quién sabe qué ha sido de la mayoría de aquellos 600 estudiantes? Pero no me cabe ninguna duda de que los efectos de la acción de aquellos 600 estudiantes están en diez años más de movimiento universitario. En cuanto a explicaciones políticas, también añadiría otras a la que tú has dicho. Por ejemplo, los efectos de la represión de cualquier movimiento…

Sobre la situación de la oposición política y obrera al franquismo, yo también haría una observación histórica que es la siguiente. Efectivamente, uno está metido en el país y observa la debilidad de los partidos políticos y la desproporción entre ellos y el movimiento de masas. Pero si uno se sale de los datos españoles e intenta compararlos con datos análogos estructuralmente, aunque separados cronológicamente, como la situación de partidos de oposición y de movimientos de masas en Italia bajo el fascismo o en Alemania bajo el nazismo, entonces el resultado de la comparación, no puede ser más que de gran optimismo. Los partidos políticos españoles de oposición son poco, pero los indicios que salen a la superficie permiten opinar que son algo así como diez veces más de lo que fueron en Italia bajo el fascismo y en Alemania bajo el nazismo, por no hablar ya de los movimientos de masas, que en esos países casi no existieron hasta la guerra mundial, y en Alemania ni eso, mientras que aquí existen sin ninguna perspectiva de ayuda exterior…

4.- El caso del «charlatán enredador» Federico García-Sanchiz (1951)

 

Hasta aquí hemos podido sonreír. Pero hay un aspecto de las actuaciones del Charlatán que acaba con toda disposición benévola: García-Sanchiz supedita a sus minúsculas pasiones y a sus consignas del momento el sentimiento nacional mismo, dicta sobre él decreto de monopolio y ahonda así hasta muy dentro del mapa humano español divisiones tan estúpidas como desgraciadamente operantes. Sus rabietas son siempre partos de los montes, y en eso estriba su peligrosidad: porque el ratón aparece -ridículamente, es claro- en alguna cueva básica de la historia española; para cerrar a Ortega la frontera, García-Sanchiz creyó necesario exhibir de nuevo (en él es cosa frecuente) la llaga nacional por excelencia, la guerra del 36-39. Y al negar a Picasso su ciudadanía española ha creído conveniente -por razones, sin duda, del más subido arcano- relacionar la pintura del malagueño con el Peñón de Gibraltar. Si bien nos imaginamos que, cuando la nostalgia popular por Gibraltar tomó espontáneamente un carácter auténticamente pasional (es decir, a la vuelta de la primera División Azul) el eximio conservador debió formar diligentemente entre las filas de los «sensatos». Tal vez eso contribuya también a que los jóvenes que protagonizaron el único movimiento popular español por Gibraltar que se ha producido en todo el siglo XX sepan que tienen mucho más que ver con Ortega o con Picasso que con el Charlatán cuyas inquietudes nacionales funcionan bajo consigna de oportunismo.

Oportunismo que en otro sentido (en sentido serio) es todo menos oportuno. Si hay algo inoportuno en España es ahondar zanjas, profundizar divisiones. Los españoles que abisman zanjas divisorias abren fosas para una nueva guerra civil. Bastante diversos somos; demasiado para que nuestra unidad siempre frágil pueda resistir la inoportuna mina de tal o cual estúpido zapador.

Ése es, brevemente dicho, el punto charlatanesco que resulta peligroso. Es probable que, más que por malicia, el pobre hombre llegue a revestir ese aire amenazador para España sólo gracias a una gigantesca concreción de ceguera más o menos inocente. Pero si la ceguera puede ser a menudo inocente, no es nunca inocua. Tal vez los tontos no sean malos; mas, en todo caso, no hay tonto bueno.

Viendo al Eximio Charlatán convertido en peligro para la unidad española, suspiramos: ¡Ah! ¡Buena razón asistía a Heráclito cuando nos enseñó que no hay hilo perdido en la madeja del mundo!

5.- La Universidad bajo el franquismo (1966)

 

España presenta en todos los aspectos de su vida universitaria un considerable atraso si se la compara con otros países de su área geográfica e histórica, o con lo que ella misma había sido en un pasado no remoto. Pues la Universidad española ha sufrido en algunos aspectos durante los últimos decenios una involución. Algunas causas de este retroceso rebasan el ámbito universitario: se trata, ante todo, de la degradación de la vida cultural española como consecuencia de la emigración científica, artística, literaria y universitaria causada por la guerra civil y por la supresión de las libertades políticas y civiles, mantenida hasta nuestros días. El mismo atraso de la Universidad y la sociedad españolas refuerza, por otra parte, esa tendencia emigratoria, tal como ocurre con la población obrera y campesina, y hoy la emigración universitaria es sobre todo sensible en ramas científicas de gran importancia para la cultura moderna, como la física teórica, la investigación básica matemática, las ciencias biológicas, la lingüística, etc.

También de fuera de la Universidad le llegó a ésta -igual que al resto de la enseñanza y de la producción intelectual- la imposición de modelos culturales arcaicos incompatibles con la libertad de la cultura, como la Ordenación de la enseñanza media en 1938 y de la enseñanza universitaria en 1943.

Otras causas de nuestro atraso universitario deben buscarse en la exacerbación durante estos años de defectos antiguos de la vida académica, o en la perduración de rasgos de ésta que, justificables en su época de origen, carecen hoy de adecuación a la realidad. Tal es, por ejemplo, el burocratismo centralista de la política universitaria en general, y, en particular, del sistema de provisión de cátedras, el cual, mientras impide la formación de escuelas científicas y culturales, no cumple con la función de evitar la tendenciosidad. Por el contrario, las oposiciones a cátedras universitarias se han convertido durante este período en un instrumento de censura intelectual ejercida por la administración misma o a través de la estrategia del dominio de los tribunales de oposición por grupos dominantes políticamente en el Estado. También se encuentra entre estas causas de origen antiguo la precariedad del profesorado no-numerario y el predominio de formas de enseñanza que hoy ya no pueden ser sino subsidiarias, como la lección de cátedra ineficazmente impartida a centenares de alumnos a la vez.

Por último, hay un tercer grupo de causas de nuestro atraso universitario que son especialmente lamentables: la destrucción inflexible de los pocos conatos de renovación que produjo la Universidad española en las primeras décadas del siglo, ejemplificables señaladamente por la Universidad Autónoma de Barcelona y por algunas iniciativas de la Universidad de Madrid que, por aquellos mismos años, dejaron huella en la historia de la cultura española. Nada semejante ha podido renacer tras la fachada de algunas instituciones burocráticas que intentan en vano continuar por aquel camino sin el espíritu de libertad que lo abrió.

6.- Arzobispos y creencias erróneas (1968)

Lo aludido es esto: en 1966, influidos por una visión demasiado optimista del «diálogo», unos presos comunistas de la cárcel de Burgos creyeron que si la Iglesia no había conseguido aún una amnistía es o se debía a que la dirección del PCE no se lo había propuesto. Interpretaron mal unas palabras del entonces arzobispo de Santiago (que no era precisamente un progresista) y consiguieron que varias mujeres de presos se presentaran ante Su Ilustrísima, la cual de escabulló como pudo de aquella patética visita no exenta de riesgo para las mujeres.

7.- El caso de Ateneo (1952)

Nueva revista. Cuando a juzgar por lo que con evidente impudor exhiben al paso del varón transeúnte ciertos escaparates, creíamos desaparecido el corsé que antaño moderaba climatéricas opulencias, he aquí que con el título de Ateneo nos llega el número inicial de una publicación. Tal vez parezca disparatada la asociación mental de revista a corsé, pero no lo será tanto si se tiene en cuenta que la frivolidad y la fuerza opresiva les son comunes.

Los creadores de la nueva revista vienen a decir, ya campanudos, ya amenazadores, pero siempre en términos confusos, que en el cuerpo pensante hispánico amagan formas capaces de alterar el canon esquelético de sus particulares referencias. Por ello y como remedio propio de mentalidades ajenas al más primario concepto de lo vital e invocando una unidad nacional que ha sido y será siempre tarea conjunta de todos los españoles –opus hispanorum– y no menester exclusivo de un grupo, presentan bajo el mote helénico de «Ateneo» un corsé destinado a contener por presión, que es tanto como decir aparentemente, lo que ellos juzgan herético y que no son sino tejidos vivos de un cuerpo que crece en su historia y que posee el vigor suficiente para que resulte superflua la dirección que pretende ejercer ese núcleo de «Ateneo» cuya sequedad espiritual yace en el primer número que publica.

Pero como los viejos corsés, no faltan a este cintas, lazos y faramallas: aquí, artistas de cine fotografiadas desde la vertical, faquires barbudos ingiriendo clavos y vidrios rociados de ácido nítrico, y otras cosas demostrativas de que las grandes preocupaciones pueden ir también al circo y al cine no apto para menores.

Señalemos el índice de monstruos y réprobos que parece iniciarse en el número aludido y que se encabeza -¿cómo no?- con Unamuno. Ha de advertirse, no obstante, que la exclusión de Unamuno aparece contrapesada por la inclusión de la señorita Silvana Pampini y sus tremendas protuberancias torácicas.

Referencias:

1. BFEEUB.

2. «Entrevista con Mundo Obrero«,AMS, p. 252

3. HMS, pp. 140-143.

4. «Entre sol y sol, I», PM III, pp. 19-20.

5. «Manifiesto por una Universidad democrática»,Ibidem, pp. 50-52.

6. ‘»El diálogo»: consideración del nombre, los sujetos y el texto´,Ibidem, p. 65, n.1

7. Nota de Laye núm 17, p. 70 (firmada como ‘L’)

Notas complementarias

Observaciones sobre asuntos diversos de la lucha antifranquista. A modo de pinceladas:

1. En la segunda parte de Observaciones 1972 , discutiendo polémicamente con algunas formulaciones de un documento de la dirección del PSUC de 1972, señala Sacristán algunas cuestiones de interés sobre la naturaleza del franquismo y sobre algunos de los puntos vindicados por el movimiento antifranquista.

a. Transcribe el texto siguiente (traduzco) del proyecto de Introducción: «Todo este proceso [de opresión de las clases trabajadoras y populares] nada más es posible con tan gran dimensión por la supresión de las libertades políticas, que deja a todos los sectores del país, a excepción de la oligarquía, sin instrumentos legales de autodefensa», comentando a continuación que la expresión «instrumentos legales de autodefensa», cuyo centro de gravedad es «legales», alude a lo que se suele llamarse «estado de derecho», es decir, a algo que en su opinión «los marxistas sabemos que no existe en ninguna parte».

La afirmación es, por tanto, falsa. La verdad deformada sonaría mejor del modo siguiente: «Todo ese proceso sólo es posible en tan gran escala por la correlación militar de fuerzas, que impide a las clases oprimidas conquistar y sostener su libertad política por el único procedimiento posible: privando de libertad política a la oligarquía y destruyendo los instrumentos de su poder, de su capacidad de privar a las clases trabajadoras de «instrumentos legales de autodefensa». Esos instrumentos de poder son señaladamente el llamado ejército español y sus fuerzas auxiliares (Cuerpo General de Policía, Guardia Civil, Policía Armada)».

b. En el punto 9, Sacristán transcribe el siguiente paso de la página 7 del Proyecto: «Las libertades políticas son hoy una exigencia general de todos los pueblos de España y su conquista abriría la posibilidad que el pueblo tuviese acceso a la vida política y expresara libremente su voluntad», comentando que la afirmación es una evidencia sin interés o bien una falsedad.

Si se subraya «conquista» es entonces una evidencia, dado que es obvio que un pueblo que conquista sus libertades accede a la política y expresa, a un tiempo, su voluntad, pero si «se quiere aludir ambiguamente al valor de unas libertades políticas concedidas por una alianza de notables pertenecientes a la oligarquía y con la aquiescencia o la protección incluso del generalato español, entonces la afirmación es falsa, porque no hay libertades otorgadas. Son los privilegios los que se otorgan. Las libertades sólo se pueden conquistar. No resulta fácil recordar ningún caso de libertad otorgada en toda la historia occidental desde los griegos. Privilegios otorgados, sí, abundantemente. Pero los privilegios se otorgan a individuos o a grupos reducidos. No a una clase, ni menos a la que da de sí el plustrabajo».

c. Discute finalmente Sacristán que se fije la mayoría de edad política en los 18 años. Sostiene, por el contrario, que es posible que teniendo en cuenta «la evolución psicológico-social y política de las generaciones jóvenes, fuera mejor fijarla en los 15/16 años. O impedir hoy que los estudiantes del 5º de bachillerato, cuya edad es ésa, se dejen descalabrar por los grises en solidaridad con los trabajadores de SEAT o con los combatientes del FNL de Vietnam del Sur». Sus razones remiten a la letra de la Internacional: «Las cosas como son, por aquello de ‘no más deberes sin derechos…'»

2. Por otra parte, los pasos finales del GCPE 73 reflejan las posiciones de Sacristán respecto a la ruptura democrática y al papel del conocimiento y de la enseñanza superior en un nuevo estadio del desarrollo social, superado el franquismo y sus instituciones:

«Cada problema universitario tiene hoy dos soluciones posibles: democratizar el acceso a la educación superior o intentar la marcha atrás contra el crecimiento de la productividad de la fuerza de trabajo y las demás fuerzas productivas, o sea, seguir reservando la educación superior, sobre todo la pura, la científica y la humanística y artística, a una minoría, parte muy reducida de los que ya hoy podrían llegar a ella.

Pero, en última instancia, no es posible la democratización de un cuerpo de instituciones -en este caso la enseñanza superior- sin la transformación análoga de todo lo que rodea a esas instituciones. Por eso la necesidad de la ruptura democrática con la situación presente se ve también en la Universidad. Por eso, o sea, porque la misma población universitaria, la actual y la potencial, está interesada en ella, y no sólo porque la Universidad sea una caja de resonancia del resto de la sociedad.

Vista desde la Universidad, la necesaria transformación democrática no es una cuestión sólo de formas, sino también y sobre todo de contenidos sociales: no se trata sólo de obtener las libertades formales o particulares de que carecemos, sino también y principalmente ya de abrir camino a la libertad en singular, a la liberación contra la opresión y la desigualdad: una enseñanza superior de masas, lo opuesto a la actual selectividad, supone un completo cambio material de la enseñanza y del conocimiento, no sólo un cambio de las formas en que se ejercen y se adquieren. La enseñanza y el conocimiento de masas tienen por fuerza que ir dejando de ser instrumento adjetivo, subproducto del poder y el privilegio de una minoría, para convertirse en sustancia de perfeccionamiento y de disfrute de todos, contando con la necesaria rotación de trabajo y funciones.

Los problemas menores, algunos acaso de solución inmediatamente posible, se enlazan de cerca con esa problemática básica de la democracia material, de la enseñanza socialista. Por de pronto, el problema de la parte del gasto social que ha de destinarse a unas instrucción de masas, incluyendo en ella la actividad de investigación; luego, la del reflejo administrativo de la democracia real en el interior de la enseñanza superior, o sea, la gestión democrática de ésta, aboliendo las arcaicas jerarquías de orden medieval o reforzadas por el burocratismo y el estatalismo capitalista al que en la Universidad solemos llamar «napoleónico»; también el problema de la naturalización, por así decirlo, de la enseñanza superior, esto es, su asimilación de las características culturales nacionales de las poblaciones; y muchas más cosas, cuyo detalle sería objeto no de una ponencia breve, como ésta, sino de un programa detallado, del que ahora no se puede proponer más que la inspiración, la línea general, que queda dicha, de democracia material o básica, de superación de la universidad tradicional, de la enseñanza superior tan al servicio de las capas dominantes que hasta la cantidad de los que estudian ha de estar determinada por la necesidad de mantener sin roces el sistema social de dominio. Como es natural, también se enlaza directamente con esa cuestión básica de la democracia real, de la enseñanza socialista, el problema de la consecución del medio imprescindible para avanzar por esa línea: el ejercicio por la mayoría de las libertades parciales o formales que son instrumento de la conquista de la libertad.»

 

3. En us clasdes de Metodología de 1981.-82, hizo Sacristán referencia al movimiento carlista de los años cincuenta, en pleno desarrollismo franquista, en los términos siguientes.

En la España de la segunda parte del franquismo, comenó a raíz de una reflexión sobre el contexto social en el que surgieron obras como Los héroes de Carlyle o el Frankenstein de Mary Schelley, hubo un fenómeno cultural muy interesante parecido, «con la industrialización lanzada después del plan de estabilización del 59». Poco después, en 1962 o 1963, empezó una evolución del carlismo histórico español, del tradicionalismo. Se produjo una evolución del carlismo hacia posiciones socialistas, hasta el punto de que al final del proceso se constituye un partido carlista que abandona su antiguo nombre de Comunión Tradicionalista, «partido que durante quince años fue una especie de «partido Carlyle», un partido hecho de monárquicos, de tradicionalistas muy estrictos en materia de dogma religioso, reaccionarios en el sentido de antimodernos, y críticos de la sociedad capitalista y partidarios de un poder obrero».

Un fenómeno así, proseguía Sacristán, «que aquí se ha vivido curiosamente en la segunda mitad del siglo XX, ha acompañado, en bastantes otros países, los procesos de industrialización intensos. Curiosamente». En su opinión, esta circunstancia debería llamar la atención de los sociólogos de orientación estructuralista, «porque de la producción de una ideología, a la vez reaccionaria y socialista, en la Inglaterra de las tres primeras décadas del siglo XIX y de la producción de lo mismo, por así decirlo, en la España de 1960, lo único que hay de común, evidentemente, es la situación estructural del arranque de un proceso industrializador intenso. No hay ninguna otra cosa.»

 

4. En la entrevista que Carlos Piera le hizo para Mundo Obrero (febrero de 1985, fechada en diciembre de 1984), Sacristán, quien no dejó nunca de reconocer el heroísmo y la entrega de los militantes comunistas, se manifestaba críticamente, y con un poco de desesperación, sobre algunas consideraciones y actuaciones de la dirección del PSUC y del PCE durante el franquismo:

«(…) Las cosas habían ocurrido mucho antes, cosas de este tipo. Me acuerdo que en el año 58 quizá, empezamos a preparar en el comité de intelectuales del PSUC, de aquí del interior, una cosa que se llamaba Congrés de Cultura Catalana, Primer Congrés de Cultura Catalana, que estaba previsto muy en serio, como una cosa muy importante, con comisiones que trabajaban los distintos campos (lengua, geografía, historia, ciencia). Entonces la responsable que nos hacía de enlace en aquel momento con el ejecutivo en París, pretendió que lo había que sacar de eso era un papel con muchas firmas, en vez de un Congreso de verdad que era lo que buscábamos. Aquella vez pudimos ganar en el interior, y se hizo el Congreso de verdad. Se hizo una cosa muy seria porque era la primera vez que bajo el franquismo se movilizaba casi a trescientos intelectuales organizadamente como oposición, pero el criterio de la dirección era pues que allí lo que hacía falta era sacar unas cuantas firmitas. Exhibir las firmas y se acabó. Es decir, locuras de éstas, muchas».

5. Sobre las condiciones de persecución en las que Sacristán realizó su trabajo político, como miembro del comité central y del comité ejecutivo del PSUC-PCE durante más de quince de los años de «la agonía de la libertad», algunos pasos de MPMS (anexo tesis doctoral Miguel Manzanera):

a. «El largo tiempo que hemos estado sin vernos no se ha debido sólo a que yo estuviera absorbido por las importantes cosas de los estudiantes, ni tampoco sólo a las precauciones que he tenido que tomar, sino también a una semana de enfermedad mía. El que no viera a la ‘bambina’ [Rossana Rossanda] de que habla Sebastián, sino que se la mandara a él a través de Vernet se debió en cambio sólo a razones de precaución. Yo sabía que Federico [Jorge Semprún] quería que la viera, pero aquellos días estaban alternando el seguirme «atemorizador», o sea, para que yo lo viera, con el seguirme en serio, que estuvo a punto de costarnos a Rosselló (Me di cuenta a unos 20 metros de la cita)» (pp. 687-688).

b. «Llegado a Madrid a las cinco de la mañana aproximadamente, me puse cerca de la casa de Javier , esperando a que alguien abriera el portal (pues ya no había sereno), con objeto de no telefonear, porque con Javier he convenido hace tiempo en no usar nunca el teléfono. A las siete menos cuarto pude entrar» (p. 694).

c. «La misma mañana del domingo 16, también temprano, la policía se presentó en el inmueble en el que vive un llamado Luengo. Preguntó a un inquilino si sabía donde vivía una persona cuya fotografía le enseñó. El inquilino dijo que la persona de la foto vivía en casa de Luengo. La policía interrogó a Luengo, el cual negó. Pero careado con el inquilino confesó que el fotografiado había vivido allí y que se lo había presentado un médico llamado Gutiérrez Díaz. La policía contestó que ya lo sabía, porque días atrás habían visto al fotografiado con el médico, en el coche de éste, cerca de la casa de Luengo. La policía se llevó detenido a Luengo (…) El mismo lunes, hacia las 11 de la mañana, la policía detuvo al doctor Gutiérrez Díaz a la salida de su trabajo en el Hospital de San Pablo» (pp. 702-703).

d. «Queridos camaradas: mi mal estado físico me obliga a presentaros la siguientes propuesta o petición. Debo indicar que ese mal estado físico no parece tener causas orgánicas nuevas; al menos, los médicos no las encuentran, y piensan que se debe a causas nerviosas. Yo personalmente estoy convencido de ello, y creo que ese factor nervioso o psíquico se debe a que mi situación de responsabilidad orgánica me viene ancha por dos razones: porque, en general, no soy capaz de soportar físicamente la doble vida que me impone, y porque, en particular, estoy convencido de que, teniendo que renunciar a una de esas dos vidas, la que debo escoger -desde el punto de vista colectivo nuestro, no ya por gusto personal sólo- es la más adecuada a mis posibilidades: la del trabajo como intelectual sin grandes responsabilidades orgánicas. Precisamente lo que ha producido mi actual estado de nervios y orgánico ha sido el inevitable fallo en mi actividad entre intelectuales (la nueva Sociedad Catalana de Filosofía). Es claro que, visto abstractamente, también se podía escoger la otra solución: abandonar el trabajo intelectual y convertirme en un miembro permanente. Pero me parece que eso sería un completo error: puedo rendir más con la otra solución y seguramente poco con la segunda» (pp. 785-786, 1966).

e. «Sin embargo ésta ha sido una temporada de grandes esfuerzos individuales: conozco miembros de comités de célula que han salido varias veces a más de una reunión diaria, y, cosa más grave, militantes de base, sin especial responsabilidad, que han tenido semanas a reunión diaria. (Quiero decir reuniones de partido, no de organismos sociales o de masas. He podido ver, por ejemplo, la agenda de la camarada Aurora : ha tenido a 20 de junio 7 reuniones, 3 de ellas han sido en organismos de masas; 14 han sido reuniones de Partido: de comité, de célula, y de comisión. Esta camarada es madre de un niño pequeño, y trabaja a media jornada en una empresa). En esa especie de convulsión febril, inútil y hasta contraproducente, es claro que no pueden pensarse en aprovechar a los intelectuales de acuerdo con sus especiales posibilidades» (p. 802).

f. «En una carta mía de este verano, respuesta a una tuya [Josep Serradell], uso la expresión «algún canalla», referida, sin mención de persona, a algún miembro de nuestra dirección. En conversación con Latorre [López Raimundo] me he dado cuenta de que esa expresión se puede entender en el sentido de una acusación formal. Pero en realidad yo no tenía esa precisa intención al escribirla. Por eso retiro esa frase y preciso que debía entenderse como mera intemperancia, del tipo de la que ya en otras dos ocasiones, hace años, me obligó a disculparme. Lo hago ahora de nuevo. Con saludos comunistas». (p. 815)

6. El texto, trasladado literalmente, de la siguiente «Acta de Entrada y registro» en el domicilio de Sacristán, Giulia Adinolfi y Vera Sacristán, fechada el 2 de mayo de 1963, nos sitúa sin duda en la época:

«En Barcelona, siendo las once horas horas, el día dos de Mayo de mil novecientos sesenta y tres, los funcionarios del Cuerpo General de Policía, afectos a la Sexta Brigada Regional de la Comisaría General de Investigación Social, de esta Jefatura Superior, D José López Amor y D. José Blanco Martin, este último habilitado como Secretario, para la práctica de esta Diligencia, se personaron, en cumplimiento de órdenes de la Superioridad, en el domicilio de D. Manuel Sacristán Luzón, sito en Av. General Mitre, núm. cinco, piso octavo, puerta tercera, al objeto de practicar un REGISTRO por tenerse noticias y sospechas fundadas de la existencia, en el mismo, de propaganda ilegal de tipo comunismo.

Dados a conocer como Agentes de la Autoridad, mediante la exhibición de la Placa-Insignia y Carnet correspondiente, así como el motivo de la visita, a D. Giulia Adinolfi de Sacristán de treinta y tres años, estado casada, profesión s.l., hija de Attilio y de Maria, natural de Salerno Provincia de Italia, que reside en la citada vivienda en calidad de inquilino, dio toda clase de facilidades y su autorización para entrar en el piso, procediéndose, acto seguido, en su presencia y en la de los testigos D. José Puig Mut, de 38 años, profesión Portero, domiciliado en Av. General Mitre, núm. cinco, piso portería, puerta… D……………, de…….años, profesión……, domiciliado en……, núm….., piso….., puerta, a realizarlo,habiendo dado el siguiente resultado

Varios libros del partido comunista, manifiestos, una historia paralela de la URSS, una revista italiana titulada Il Punto, un cuaderno titulado Libro Soviético, editado en Moscú, un libro colección del Seminario italiano Rinascita, órgano de Palmiro Togliatti; y varias cartas y tarjetas para su estudio. Se hace constar que es un «Manifiesto del Partido Comunista».

Asimismo se relacionan los libros comunistas que son los siguientes: «Parteitag der Kommunistischen Partei der Sowjetunion», «VIII Congreso del Partito Comunista Cinese», «Marx et marxisme».

Sin otras diligencias que practicar, se da por terminada la presente a los 85 m. minutos de su iniciación, y una vez leída por todos los asistentes, la encuentran conforme y la firman, en prueba de ello, en unión de los funcionarios actuantes de lo que como secretario CERTIFICO.»

Igualmente la multa que el Gobierno Civil de la provincia de Barcelona, Secretaría general, Negociado: Multas, número 370/66, de Barcelona impuso a Sacristán por su participación en la fundación del SDEUB, la célebre capuchinada, es señal inequívoca de la época:

«El Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación me comunica que vistas las diligencias instruidas por la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, resulta probado que el día 9 del actual unos 400 estudiantes universitarios y otras varias personas no pertenecientes a la clase estudiantil, penetraron en la sala de actos propiedad de los PP. Franciscanos Capuchinos de Sarrià, para celebrar una asamblea en la que se pretendió constituir una asociación contraria a lo dispuesto en la legislación vigente, permaneciendo en dicho recinto hasta la mañana del día 11, por no haber consentido abandonarlo voluntariamente, mientras fuese exigida por los Agentes de la Autoridad su identificación personal. Y agrega que uno de los concurrentes no estudiantes, que participó de forma destacada fue, entre otros, Don Manuel Enrique Sacristán Luzón.

Sigue manifestando el Excmo. Sr. Ministro que vista la Ley de reuniones públicas de 15 de junio de 1880, la Orden del Ministerio de la Gobernación de 20 de julio de 1939 y los artículos 2º, apartados e), h) e i), 14, 18, 19 y 20 de la Ley de Orden Público de 30 de julio de 1959, se infiere que en los hechos expuestos existe una manifiesta infracción del citado artículo 2º y sus aludidos apartados, por cuanto significan la celebración de una reunión pública al margen de las condiciones establecidas en la vigente legislación y que además se desobedecieron las disposiciones de la Autoridad para restablecer el orden de tal forma perturbado y se alteró con ello la convivencia social.

Consecuentemente, el Excmo. Sr. Ministro ha resuelto imponer a Vd. la multa de CIEN MIL PESETAS, que deberá hacer efectiva en el término de diez días hábiles contados a partir del siguiente al de esta notificación.

Contra el citado acuerdo podrá V. interponer recurso, que tendrá el doble carácter de súplica ante el Ministerio de la Gobernación y, a título subsidiario, de alzada ante el Excmo.Sr. Presidente del Consejo de Ministros. Dicho recurso deberá ser presentado en el mencionado Ministerio o en este Centro en el plazo de DIEZ DIAS hábiles contados en la forma anteriormente expuesta, y previo depósito de un tercio del importe de la multa, que podrá ser constituido a disposición del Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación en la Caja de Depósitos de la Delegación de Hacienda.

Transcurrido dicho término sin haber procedido en cualquiera de las dos formas anteriormente citadas, se ejercerá las facultades subsidiarias reservadas a la Autoridad para mantener la efectividad de la sanción.

Lo que notifico a V. para su conocimiento y efectos indicados. Dios guarde a V. muchos años.

Barcelona, 31 de marzo de 1966. El gobernador civil».

Con el mismo aroma, esta cédula de citación del Juzgado de Instrucción número 14 de Barcelona, fechada en 1967, que reproduzco en su literalidad:

«En méritos de lo dispuesto por el Sr. Juez, en virtud de exhorto del Juzgado de Instrucción de Orden Público de Madrid sobre Sumario nº 133 -asociación ilícita , se CITA por la presente, a las personas más abajo indicadas [Manuel Sacristán Luzón, Balmes, 311, Ciudad], para que el día 11 de abril del corriente a las diez horas, comparezca ante el Juzgado de Instrucción de Orden Público de Madrid (Palacio de Justicia) para juicio oral como testigo bajo apercibimiento si no lo verifica de pararle el perjuicio a que haya lugar .

Barcelona, 13 de marzo de 1967. El Secretario».

La siguiente diligencia del Juzgado de Instrucción nº 13, de Barcelona, ref. 21-72, de 1972, está dirigida a Ediciones Grijalbo y pide retenciones en la nómina de Sacristán. Literalmente:

«En méritos de lo acordado en el día de hoy en el expediente número 1065/71 sobre exacción de multa gubernativa impuesta a Don Manuel Sacristán Luzón, Doctor en Filosofía y Letras que tuvo su domicilio en Balmes, 311, dirijo a Vd. el presente mandamiento para que retenga y ponga a disposición de este Juzgado, la parte legal del sueldo o remuneración de cualquier clase que el sancionado perciba de esa entidad, o la totalidad de los créditos que el mismo ostenta contra ella, hasta cubrir las responsabilidades dimanantes de este expediente que ascienden a TREINTA Y OCHO MIL TRESCIENTAS QUINCE PESETAS.

Barcelona, a 23 de junio de 1972.

El Juez Municipal»

La editorial contestó al «Ilmo. Sr. Juez Municipal nº 13 de Barcelona» dando cuenta que Sacristán «como traductor percibe de esta empresa el sueldo de 239.056 pesetas anuales, por lo que, a tenor de lo prescrito en la art. 1451 de Cº Civil, procederemos a retener mensualmente la suma de NUEVE MIL SEISCIENTAS CUARENTA Y OCHO PESETAS, hasta cubrir la cantidad…»

7. De las dificultades para conseguir un pasaporte que le permitiera asistir a una actividad tan netamente subversiva como sin duda lo es un congreso de filosofía, esta carta, fechada el 7 de julio de 1975, dirigida a Manuel Fraga Iribarne -por aquel entonces embajador de España en Londres- por el Ministro de la Gobernación. El 25 de junio de ese mismo año, Juan Grijalbo había escrito a Manuel Fraga comentando varios asuntos editoriales, y solicitándole alguna gestión que permitiera la obtención del pasaporte a Sacristán.

«Mi querido Embajador y amigo:

Recibí tu carta de 1 del actual, referida a la concesión del pasaporte al Dr. Manuel Sacristán Luzón, vecino de Barcelona, el cual ha sido invitado a un Congreso Nacional de Filosofía, como Ponente, que habrá de celebrarse en la Ciudad de Morelia del 4 al 9 del próximo mes de agosto, y al respecto he de manifestarte que se cursan las oportunas instrucciones a la Jefatura Superior de Policía de aquella Ciudad catalana, a fin de que tal documento sea despachado.

Celebrando poder transmitirle esta noticia, te saludo muy afectuosamente tu buen amigo…»

8. Sobre algunas actuaciones destacadas en la lucha antifranquista, como las del doctor Jordi Rubió, este paso de la intervención de Sacristán en el II Congreso del PSUC:

«Los escritores, artistas y científicos más representativos de la cultura catalana se ha movilizado ya prácticamente todos en una ocasión u otra en actividades antifranquistas. Puede decirse que en este terreno se ha alcanzado ya casi un techo. Pero, sin embargo, las formas de movilización preferidas por estas personalidades destacadas, con la admirable excepción del decano de la cultura superior catalana, el doctor Rubió, no suelen ser muy enérgicas. En cambio, el viejo Rubió, que hay para quitarse el sombrero, no retrocede ante nada. Por ejemplo, de todas esas grandes figuras fue el único que se atrevió a firmar una carta bastante dura dirigida al Gobernador militar de Barcelona cuando la detención del camarada Ardiaca, Gutiérrez Díaz y algunos otros. Fue un momento crítico de firmas porque no se consiguió arrancar más de cincuenta. A la gente le dio bastante miedo aquella carta. Sin embargo, Rubió, al que se recurrió cuando no se habían conseguido promesas de que quizás firmara, él mismo tuvo la iniciativa de firmar el primero y de que el camarada nuestro que la llevaba -bastante conocido como comunista- firmara al lado, mezclándose juntos a pesar de los 80 años que el hombre tenía».

La carta a la que alude Sacristán fue enviada al capitán general de Catalunya (la IV Región Militar). Apoyaba la petición de inhibición de la jurisdicción militar solicitada por el Colegio de Médicos de Barcelona. Estaba firmada por catedráticos y profesores de la Universidad de Barcelona e intelectuales. Encabezaba las firmas, como señala Sacristán, el Dr. Jordi Rubió i Balaguer. Además de él, firmaban, entre otros, Oriol Bohigas, Jordi Carbonell, Joan Triadú, J. M. Castellet, Antoni Moragas, J. M. Subirachs, Agustí de Semir, J. L. Sureda, J. M. Valverde, J. V. Foix, Salvador Espriu, J. A. Goytisolo, J. Petit, Jaime Salinas, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Luis Goytisolo, J. M. Casalmiglia, M. Jiménez de Parga y Manuel Sacristán. El texto es de ese último:

«Excmo. Sr.:

Los abajo firmantes -escritores, universitarios y personas de profesiones liberales- tenemos noticia del escrito dirigido a V.E. por médicos del Colegio de Barcelona en el que solicitan la inhibición de la jurisdicción militar en favor de la ordinaria en el procedimiento sumarísimo seguido contra el Dr. D. Antoni Gutiérrez Díaz y diversas otras personas, ninguna de ellas acusada de haber alterado el orden público ni de haber realizado ningún acto de violencia. Consideramos que las razones expuestas en el referido escrito son jurídicamente plausibles y moralmente fundamentadas por cuya razón rogamos a V.E. que tenga en cuenta dichas razones y nos considere solidarios con los médicos firmantes del escrito en cuestión.

También hemos tenido noticia de otro caso respecto del que deseamos manifestar a V. E. nuestros sentimientos: se trata de la detención de D. Domènec Ribas, cuya avanzada edad y estado de salud suscitan serias preocupaciones. Como en el caso del Dr. Gutiérrez Díaz y las personas con él encarceladas, rogamos a V. E. que considere la conveniencia de mantener la jurisdicción militar al margen de hechos de esta naturaleza y que, de momento, tome las medidas oportunas para asegurar la adecuada asistencia sanitaria a D. Domènec Ribas. Barcelona,1 de febrero de 1963″.

Igualmente, de una de las carpetas de resúmenes depositadas en la Biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa de la UB, las siguientes observaciones no fechadas sobre el por aquel entonces debatido ensayo del general Manuel Diez Alegría, Ejército y sociedad , Madrid, Alianza editorial 1972.

«1. Defensa y sociedad (5.III.1968). Un enfoque actual del problema externo de los ejércitos. «(…) un profundo antimilitarismo que contrapone las sociedades industrial y militar como dos distintos tipos» (p. 9).

MSL: No ha oido hablar del «complejo militar industrial», a pesar de que a lo mejor conoció a Eisenhower en USA.

2. «Distinción con la policía, porque el fin potencial y propio del ejército es emplear las armas contra fuerzas comparables y de origen perceptiblemente exógeno (pp.14-15). El armamento de la policía puede ser mucho más débil que el del ejército, porque el adversario es normal y sensiblemente inerme. Ello coloca a la policía más en la marco de la Administración (p. 15).

3. Explica el fracaso del desarme general controlado por la falta de «desarme moral» de los grandes potencias, que ambicionan la hegemonía y por los poderosos intereses vinculados a la industria del armamento, que se oponen a la distensión y a una paz con garantías (p. 36).

4. «El ejército debe mantener el orden en países en que los provincialismos y la oposición pueden adquirir carácter agudo que arrastre a las fuerzas de la policía (p.47). Aunque incoherente con otras tendencias del texto, esto es inequívoco y concluyente.

5. «Pero sin descuidar esta misión primordial, y en muchos casos como continuación de la misma, le corresponderá también un deber histórico de guardián de las tradiciones, y valores nacionales, que deben permanecer en el momento de crisis que nos es es dado vivir» (p.49). O sea, tras la intervención en la lucha de clases, determinación del conenido de clase (valores) del poder triunfante.

6. «Pero esta apoliticidad del elemento armado, dogma indiscutible para la ideología militar, no puede considerarse como absoluta en todas las circunstancias. Precisamente en nuestros tiempos y como consecuencia de los procesos de Nuremberg, ese principio, aunque farisaicamente se pretenda ignorarlo, ha entrado en cierto modo en revisión» (p.52).

Así que en la guerra civil española, en la revolución francesa, o en la revolución rusa, el ejército fue apolítico…

7. pp.52-53 [Desde «Es decir, y elllo no es nuevo, que pueden existir casos, enormemente restringidos…» hasta «(…) pueden venir a ejercer en la gobernación del Estado»].

El «por una parte/ por otra» de la filosofía militar. Pero uno de los tipos de intervencionismo, subespecie del tipo que compara ocn los grupos de presión, es sumamente ambiguo para el régimen: «Se fijarían implícitamente una serie de principios que se consideran intangibles y las fuerzas armadas intervendrían, en forma más o menos discreta, cuando creyeran que la acción del gobierno alcanzara a alguno de ellos» (p.54). Pero no habla del pueblo. Este es subersivo. Si es él el que lesiona los principios -las esencias, ¿qué otra cosa son?- garantazo «singularísimo», ¿no?.

 

8. Apoyándose en el sentir general, cabe que el Ejército derribe violentamente a un régimen que estime indigno (p.54) hipótesis que no es lamentable (p.55).

 

9. «El ejército se verá llamado a colaborar con ellas en los casos de graves perturbaciones de orden público que caben dentro de la denominación general de lucha subversiva» (p.65). Ellas son las fuerzas armadas de la policía.

 

10. «El problema de la seguridad europea a los 25 años de la II Guerra Mundial» (22. VI.1971). Es de política internacional, y se le ve ideológica y políticamente muy distinto que cuando habla de España (Esta es una conferecia en Wilton Park). Cinismo más… progresista.

 

11. «Introducción para un estudio de la guerra de gurerrillas» (Escuela Superior del Ejército, 9.I.1966). La guerilla son los comunistas (105, passim).»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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