Recomiendo:
0

Contra toda adversidad, la historia de fortaleza de la matrona mapuche y transexual Claudia Ancapan Quilape

Fuentes: El Desconcierto

Bajo la dirección del cineasta Francisco Aguilar, llega a las salas nacionales el documental «Claudia tocada por la luna», un filme que recoge la cruda violencia y discriminación que ha enfrentado la activista trans durante su vida. En conversación con El Desconcierto, la protagonista profundiza en sus vivencias y analiza el actual panorama de la […]

Bajo la dirección del cineasta Francisco Aguilar, llega a las salas nacionales el documental «Claudia tocada por la luna», un filme que recoge la cruda violencia y discriminación que ha enfrentado la activista trans durante su vida. En conversación con El Desconcierto, la protagonista profundiza en sus vivencias y analiza el actual panorama de la comunidad LGBTI. 
«Soy Claudia Ancapan Quilape (43), una mujer trans y mapuche que ha enfrentado un camino muy tortuoso. He vivido una tragedia, pero he aprendido a reírme de esto, sino, no habría sobrevivido. Muchas gracias por interesarse en mi historia. Bienvenidos y bienvenidas». Estas fueron las palabras con las que la protagonista del primer documental del cineasta Francisco Aguilar, vestida de un rojo intenso, inauguró la función de la obra en la Cineteca Nacional, ubicada en el Centro Cultural La Moneda.

El nombre del filme es «Claudia tocada por la luna», un guiño a la cosmovisión de los pueblos indígenas, pero también a la esquiva luz que se ha posado sobre la mujer desde hace pocos años, desplazando a la nube gris que la acompañó durante un largo periodo de su vida. Con la sala repleta, el documental comienza y termina entre aplausos de admiración.

La idea de realizarlo llegó a la cabeza de Francisco en 2012, cuando se encontraba en su departamento en Valparaíso viendo el noticiero central de Canal 13. La historia de Claudia estaba en televisión abierta, en tiempos en que la temática trans se abordaba poco y nada en los medios masivos.

Sin embargo, el realizador no quedó conforme con el tratamiento que se había dado al personaje, que años más tarde protagonizaría su ópera prima. Francisco consideraba que la mujer merecía una película completa, pues la mayoría de las veces en que la televisión cubrió su caso -acusa el cineasta-, eran los periodistas quienes contaban su historia, arrebatándole el espacio a Claudia, como le había ocurrido tantas veces en la vida.

Así fue como el director fue interiorizándose de la vida de la matrona, fijándose especialmente en su agudo sentido del humor. Rápidamente, el realizador supo que ese debía ser uno de los puntos a destacar en su documental. Por lo mismo, el relato llevado al cine matiza la dramática historia de violencia de Claudia con sus bromas recurrentes y su chispeante personalidad.

De esta forma, «Claudia tocada por la luna» aborda la historia de la mujer trans desde su niñez hasta la actualidad, narrando ella misma las principales discriminaciones que ha enfrentado en todos los ámbitos de su vida.

Espacios hostiles

Las primeras manifestaciones de violencia que sufrió Claudia en su vida, ocurrieron en el colegio católico al que asistió de pequeña. Allí, a diferencia de lo que se podría creer, enfrentó la hostilidad de profesores y asistentes de la educación. No así de los alumnos, quienes no manifestaron prejuicios con ella.

Esa opresión la vivió en cosas cotidianas, como que no la dejaran entrar el baño de niñas o que no le permitieran jugar a la ronda con sus compañeras. Es más, cuando la sorprendían haciendo «cosas de mujer», la mandaban a jugar fútbol con los chicos, recuerda.

Ante esta adversidad, de pequeña Claudia se refugió en los libros, dado que éstos le permitían soñar e imaginar una salida al dolor que la perseguía. A causa de esto mismo, cuenta, los profesores la miraban como un bicho raro, dado que estando en séptimo básico profesaba ideas de libertad y abogaba con fuerza por la caída del muro de Berlín.

Hoy, la matrona recuerda su conservador establecimiento como un espacio binario, donde definían a las personas según sus genitales. «Entiendo que las cosas han cambiado un poco a nivel general, pero a la vez creo que la cosa no es muy distinta, porque cuando se suicida un niño en el norte por la presión que vivía en el colegio, se ve que las cosas siguen estando mal«, comenta Claudia, haciendo alusión al caso del joven trans Matías Guevara, quien se quitó la vida en mayo de este año en Copiapó.

En ese sentido, la activista valora que con los años se hayan ido creando manuales de convivencia escolar y/o programas de educación sexual. Sin embargo, considera que estos ámbitos no pueden quedar a merced de la «libertad de enseñanza» de los colegios, dado que ello no permite que los niños y adolescentes se formen de manera íntegra, teniendo consciencia sobre la diversidad sexual y de género.

Ya en la universidad, Claudia llevó su transición a otro paso, mediante la ingesta de hormonas. Así, con el tiempo, su voz se fue afinando, su rostro se redondeó y sus pechos crecieron. Sin embargo, la violencia estaría lejos de llegar a su fin.

Un año antes de su egreso, a la violencia institucional vivida en al Universidad Austral, se sumó un brutal ataque que recibió de parte de dos sujetos -a los que la mujer identifica como neonazis- en una solitaria calle valdiviana. Esa noche, a la estudiante de Obstetricia le destrozaron el rostro a patadas y, además, fue víctima de una violación correctiva por parte de sus agresores, un dolor que la persigue hasta la actualidad. Así lo demuestran las lágrimas que se acumulan en sus ojos cuando recuerda esos momentos.

En el mundo laboral, las cosas no fueron muy distintas. La matrona debió pasar más de tres años sin poder ejercer su carrera, dado que en todos los establecimientos le cerraban las puertas, debiendo dedicarse a esporádicos y precarios empleos. A Claudia nadie le saca de la cabeza que las constantes negativas estaban asociadas a su identidad de género, dado que su desempeño en la universidad fue destacado y su memoria fue evaluada con nota máxima.

Rebelde con causa

Claudia cree que la fortaleza con que ha enfrentado las diferentes adversidades proviene de sus raíces mapuche. Si bien reconoce que su vinculación con la causa indígena no es profunda, cuenta que desde pequeña siempre sintió mucho orgullo por su pueblo. Su madre, quien le hablaba en mapudungún, fue la persona que le inculcó el amor por sus orígenes.

Lo que más la inspira de la causa mapuche, cuenta Claudia, es su gran resistencia, cualidad que ha hecho carne en su vida. «Admiro cómo lucharon contra los conquistadores, porque no se sometieron y aún no lo hacen. La reivindicación de las tierras, cuidar el ecosistema, respetar el derecho de agua, son temas que me interesan«, indica la activista.

Actualmente, la matrona se encuentra estudiando mapudungún, dado que le preocupa que desaparezcan las lenguas nativas de los pueblos originarios. En esa línea, la mujer cuenta que durante la promoción del documental en España pudo notar la gran valoración al pueblo mapuche en el extranjero. «No podían creer que acá me han tratado como una basura por mi ascendencia», expresa.

Otro frente en el que la activista se ha interiorizado tiene que ver con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Desde su rol de matrona -hoy trabajando en el sector privado-, se presenta crítica de ciertas prácticas y vulneraciones que dan en el sistema de salud.

Por ejemplo, respecto del debate por el aborto, Claudia es clara en que siempre se debe respetar la autonomía y el derecho a decidir de las mujeres. Sin embargo, la profesional es muy consciente de que el panorama actual no es así y que se debe avanzar en ese sentido.

Por otra parte, una controversia que tiene lugar entre las matronas tiene que ver con la violencia obstétrica, una realidad de vulneración a la mujeres embarazadas que las organizaciones feministas vienen denunciando hace años. Dentro del gremio, cuenta Claudia, están quienes niegan que exista este tipo de malos tratos y también aquellas que critican el empleo de ciertas maniobras o prácticas. La activista pertenece a este último grupo.

«Nos encontramos en un proceso de hacer mea culpa, y aunque nieguen que la violencia obstétrica exista, quienes viven eso son las pacientes, y si ellas dicen que es así, es porque hay una realidad de la que hay que hacerse cargo«, señala la matrona.

Cine independiente y consciente

Luego de un año y medio luchando por conseguir que su trabajo llegara a las salas nacionales, el pasado 22 de agosto el documental de Francisco Aguilar finalmente tuvo su gran estreno y el filme se exhibirá al menos hasta la primera semana de septiembre.

Ese camino no fue fácil y una prueba muy gráfica de ellos fue que el documental recibió primero la atención de los festivales internacionales, donde se adjudicó menciones y premios, antes que en los espacios locales. Es más, durante 2018, Francisco fue invitado a México a exhibir el filme en comunidades indígenas.

«El cine cuesta mucho más cuando se trata de una película independiente, que no está asociada a fondos. Además, como sociedad miramos en menos el arte nacional. Lo encontramos malo sin ir a verlo. Lo encontramos de bajos recursos, pero no se considera que los fondos son cada vez menos», señala el realizador.

Un detalle simbólico para Claudia habría sido que el documental fuese exhibido en el Festival de Cine de Valdivia de este 2019, dado que gran parte de las violencias en contra de la mujer trans ocurrieron en esa ciudad, particularmente en la Universidad Austral, institución que presta sus instalaciones para el evento cinematográfico. Sin embargo, la película fue rechazada, por ya haber sido presentada en otras instancias.

«Es absurdo que una película no se seleccione para un festival porque ya viajó por el mundo, aún cuando la ciudad de Valdivia tiene la tremenda oportunidad de hacerse una autocrítica«, concluye Claudia.

Revisa acá las próximas exhibiciones del documental