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Crece el malestar en el mundo del trabajo

Fuentes: Punto Final

La paralización de faenas por 24 horas realizada el 9 de abril por más de 25 mil trabajadores de la empresa estatal Codelco y de la gran minería privada del cobre, marcó el inicio de una movilización laboral que irá en ascenso, según manifestaron los dirigentes de las federaciones del rubro, y que convergirá en […]

La paralización de faenas por 24 horas realizada el 9 de abril por más de 25 mil trabajadores de la empresa estatal Codelco y de la gran minería privada del cobre, marcó el inicio de una movilización laboral que irá en ascenso, según manifestaron los dirigentes de las federaciones del rubro, y que convergirá en un gran paro nacional al que serán convocados otros gremios y movimientos sociales que desean cambios verdaderos en el modelo económico y social que impera en el país.

El gesto de los trabajadores del cobre se sumó a los paros efectuados por obreros portuarios y marítimos a lo largo de casi todo el litoral, en solidaridad con un movimiento de protesta iniciado por los portuarios de Mejillones, en Antofagasta, que decidieron hacer uso de su media hora de colación, lo que enfureció a sus patrones, que los amenazaron con despidos. La paralización de puertos, que se extendió por casi veinte días, generó en principio inquietud y luego pánico entre los exportadores de frutas que vieron en riesgo sus ganancias de esta temporada y que recurrieron al gobierno para que llamara al orden a los huelguistas. Argumentaron, incluso, que la actitud de los portuarios podría dejar sin trabajo a decenas de miles de trabajadores que en esta época laboran como temporeros en la recolección y embalaje de frutas de exportación.

En la medida en que transcurrieron los días de paro portuario, fue posible conocer algunos sistemas de contratación de personal que reflejan la precariedad de las relaciones laborales en ese rubro. Así, existen contratos que se inician y terminan en un solo día de faena y donde los obreros no saben si podrán seguir trabajando al día siguiente.

Katia Molina, socióloga, encargada del área laboral del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL), opinó que lo ocurrido en los puertos sintetiza lo que sucede con gran parte de los trabajadores del país. Las relaciones de superexplotación han creado un malestar que se extiende y agudiza en nuestra sociedad. Al parecer -sostiene Molina- se vive sólo para trabajar, y la extensión de la jornada laboral se conjuga con la alta rotación en los empleos, con la falta de seguridad y con la creciente flexibilidad interna y externa. La experta agregó que la legislación laboral, donde los trabajadores no son sujetos de protección y las empresas cuentan con toda la normativa legal a favor de ellas, hace que el desequilibrio de la relación capital-trabajo se profundice. La socióloga añadió, a modo de ejemplo, que de las 73.591 empresas registradas en Chile, en sólo 6.196 existen sindicatos. Los trabajadores al no tener derechos colectivos asegurados y el capital al no tener restricción de ninguna especie, se crea el actual estado de cosas, las prácticas antisindicales, las listas negras, que los gremios patronales florezcan y los trabajadores no logren organizarse por miedo a sufrir represalias y que, incluso, se les llegue a aplicar la ley de Seguridad del Estado.

La visibilidad que alcanzó en los noticieros de televisión y en la prensa la situación de los portuarios -cobertura que habitualmente es muy esmirriada para temas laborales-, entreabrió fugazmente la puerta noticiosa a otros gremios que también subsisten trabajando en las riberas del mar. Es el caso de los pescadores de sardinas y anchovetas en Talcahuano y sus alrededores, los que han debido paralizar sus labores debido a la sobreexplotación de esos recursos por las grandes empresas pesqueras. Dirigentes de los pescadores de las caletas de Coronel, Rocuant, El Morro, Talcahuano, Tumbes, Candelaria, Cantera, Puerto Inglés, El Soldado, San Vicente, Infiernillo, Lenga, Peroné, Chome, entre otras, están pidiendo al gobierno un subsidio de 600 mil pesos mensuales, alegando que no son responsables de la depredación y que nadie los ha escuchado cuando han pedido que se monitoreen los recursos marinos. Situaciones semejantes se observan en otras regiones del litoral, que podrían derivar en movilizaciones y protestas.

Poco más al sur, en la Región de Los Lagos y en los fiordos de Aysén, siguen con inquietud la reaparición del virus ISA (Anemia Infecciosa del Salmón) en los viveros de cultivo, pese a que los empresarios del sector -Gonzalo Vial, el de los cerdos de Freirina, entre ellos- han tratado de bajar el perfil al rebrote infeccioso. De no controlarse el problema, los exigentes controles de calidad de Europa, Asia y Estados Unidos, podrían cerrar el mercado al salmón chileno, desencadenando una nueva crisis en el sector.

 

LA DEMANDA DE CHILE

Los mineros, en tanto, emitieron una declaración antes de iniciar el paro. Varios puntos van más allá de sus peticiones sectoriales y que aspiran a transformarse en la «Demanda de Chile». En parte señalan:

«La Federación de Trabajadores del Cobre (FTC) y la Federación Minera de Chile (FMC), declaramos a nuestras bases sindicales y a la opinión pública lo siguiente:

Esta movilización unitaria es de una gran trascendencia histórica, ya que por primera vez, ambas organizaciones representativas de los trabajadores de la minería estatal y privada, hacemos realidad la unidad sindical en la acción, coordinándonos para impulsar un plan de movilizaciones en ascenso, orientado a exigir demandas que son muy sentidas por todos los mineros y los trabajadores chilenos. Estas demandas, que estamos seguros son una verdadera Demanda de Chile, son las siguientes:

A. Exigir pensiones dignas, poniendo fin al fracasado sistema de AFP, que hoy no es capaz de asegurar una jubilación de reemplazo mayor al 40% del último salario de un trabajador.

B. Exigimos una nueva política minera nacional de renacionalización que recupere el cobre y el litio para Chile, fundiendo y refinando nuestros recursos naturales en nuestro país. Todo ello en beneficio del desarrollo nacional y el financiamiento de las necesidades de las grandes mayorías nacionales, que son: educación gratuita y de calidad, acceso oportuno y de calidad a las prestaciones de salud en el sistema público, y pensiones justas y dignas para todos los trabajadores y trabajadoras.

C. Terminar con los abusos y el maltrato laboral, legislando un nuevo Código del Trabajo, que asegure a los trabajadores, que día a día generan la riqueza en nuestro país, el respeto real a nuestros derechos laborales y la aplicación efectiva de los convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

D. Fiscalización eficaz de la legislación laboral y previsional; en especial demandamos pleno respeto a la ley de subcontratación y terminar con una política descontrolada de tercerización. Decimos no a las externalizaciones, sí a las internalizaciones en las áreas productivas y estratégicas de las empresas.

E. Poner fin a los accidentes del trabajo que amenazan la vida e integridad física de los trabajadores y fortalecer una salud ocupacional, que vele porque las condiciones de trabajo no sean la causa de las enfermedades que afectan la calidad de vida de los trabajadores».

El presidente de la FTC es Raimundo Espinoza, socialista, miembro desde hace casi quince años del directorio de Codelco, cargo en que fue confirmado por el actual gobierno de Piñera por otros cuatro años. Varios dirigentes sindicales cuestionan a Espinoza no haberse opuesto de manera más decidida durante los gobierno de la Concertación a la externalización de faenas y a la privatización paulatina de los activos de la empresa. Creen que Espinoza no irá mucho más allá en esta ocasión, limitándose a «congelar» las actuales políticas de Codelco, a la espera de un triunfo de Bachelet en las próximas elecciones. Incluso, algunos críticos de la gestión del presidente de la FTC ven en la «Demanda de Chile» las mismas tibias reivindicaciones que está levantando la candidata del eje PS-PPD.

Raimundo Espinoza, además, no tiene buenas relaciones con Cristián Cuevas, comunista, que preside la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), que agrupa a unos treinta mil obreros y empleados de las empresas contratistas. A comienzos de abril inició renegociaciones con Codelco del acuerdo suscrito en 2007, tras un paro que se prolongó por 37 días y que generó pérdidas por 150 millones de dólares.

Por estas y otras razones más técnicas y propias de las faenas del cobre, analistas del mundo sindical consideran que el paro del cobre fue más bien un gesto dirigido a la actual administración de Codelco y del país, y que no puede interpretarse como el inicio de un movimiento laboral orientado hacia la búsqueda de cambios sociales y económicos más profundos.

 

ALGUNAS DUDAS

El movimiento sindical no es ajeno al proceso electoral que vive el país. También está a la espera de que se resuelva quién será el o la candidata presidencial de oposición y, principalmente, si se producirá un acuerdo entre la Concertación y el Partido Comunista no sólo para los comicios de noviembre, sino que también para gobernar el país.

La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) por primera vez está conducida por una mujer, comunista, la profesora Bárbara Figueroa, quien ha dicho que están dadas las condiciones para avanzar en movilizaciones de amplia convergencia. No obstante, falta saber si ellas confluirán en el futuro desde una perspectiva opositora o, desde el gobierno. No será lo mismo si el PC está cohabitando en La Moneda desde marzo del próximo año o si queda fuera de ella.

Por ahora sólo cabe esperar que diferentes gremios, junto a partidos políticos y movimientos sociales, avancen hacia una plataforma de reivindicaciones común; y, paralelamente, en sus pretensiones sectoriales. El próximo 1° de Mayo será escenario propicio para observar si eso se está consiguiendo.

En el gobierno, entretanto, se cree que aumentarán las presiones desde todos los sectores y que en los próximos meses se desencadenará una marea de marchas y protestas. A los portuarios, mineros y pescadores, además de los estudiantes, podrían sumarse los trabajadores fiscales, de la salud, el petróleo y, probablemente, el gremio más temido: el transporte público.

 

 

Publicado en «Punto Final», edición Nº 779, 19 de abril, 2013

 

www.puntofinal.cl