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Crítica a la guerra y el poder: Siegfried Sassoon

Fuentes: fliegecojonera.blogspot

El llamado «Camino de Menin», pintado en óleo para la eternidad por el artista-soldado Paul Nash en un cuadro que resume futurismo y vorticismo, era en la Primera Guerra Mundial la llave de acceso por carretera desde el este a la ciudad de Ypres (Bélgica). En 1914 la ciudad contaba con una población de alrededor […]

El llamado «Camino de Menin», pintado en óleo para la eternidad por el artista-soldado Paul Nash en un cuadro que resume futurismo y vorticismo, era en la Primera Guerra Mundial la llave de acceso por carretera desde el este a la ciudad de Ypres (Bélgica). En 1914 la ciudad contaba con una población de alrededor de 20.000 habitantes. Jamás pudo ser tomada por los alemanes. Fue considerado uno de los puntos calientes de la guerra en el Oeste, uno de los tantos «hottest spots» y lugar de una serie de sangrientas batallas (cuatro), teatro del estreno del uso de gas tóxico, del lanzallamas y de la muerte horrenda y miserable de generaciones de jóvenes reclutas. Su nombre frío y técnico en la jerga militar-burocrática fue «The Salient», la saliente. Más de 250.000 soldados aliados, en su mayoría británicos o del Commonwealth, cayeron allí. Winston Churchill recomendó construir, por su evidente simbolismo, un monumento perdurable para recordar el sacrificio del Reino Unido en la victoria sobre Alemania. Diseñado por Sir Reginald Blomfield, arquitecto y jardinero real enfrentado a los estilos de Ruskin y Morris, se construyó gracias a un enorme esfuerzo financiero de los aliados. Blomfield, con influencias clásicas, diseñó un gran arco del triunfo en la más venerable tradición imperial romana. Quedaba bien claro el mensaje del poder. En el cenit del monumento surge un bravo león británico del escultor escocés Sir William Reid Dick (autor de la famosa estatua de Georges V en Westminster Abbey y de alguna Lady Godiva) que vigila pacientemente y con mirada endurecida, el camino que apunta hacia las fronteras alemanas. Oficialmente se inauguró el 24 de julio de 1927, con la asistencia del Mariscal de Campo Plumer, y la presencia del entonces Rey de Bélgica, Albert I. El acontecimiento fue transmitido en directo por la broadcasting radial de la BBC, todo un suceso en las comunicaciones de la época. Plumer, en su discurso, afirmó pomposamente que esos soldados no estaban desaparecidos sino que vivirían eternamente allí. En su memorial figuran inscriptos 54.896 nombres de soldados aliados que murieron en la zona, pero cuyos cuerpos nunca fueron encontrados. La cifra se queda corta: como desbordaba la estilística monumental, otros 34.984 nombres fueron quitados y recolocados en otro memorial más modesto en un cementerio adyacente, el de Tyne Cot. El poeta y veterano oficial, Siegfried Loraine Sassoon, crítico feroz de la guerra inter-imperialista y satírico de la sociedad capitalista de entreguerras, fue lógicamente invitado, permaneciendo durante toda la ceremonia calladamente amargo y distante. Sassoon ya había demolido con anterioridad el romanticismo de las clases altas inglesas por la guerra del Imperio, la ideología de la guerra como vigorización de las sociedades humanas, la caricatura comunitaria del esfuerzo bélico, la propaganda mentirosa y perversa, el enriquecimiento desmesurado de unos a costa de las vidas de otros. Soportó como pudo esa actuación ritualística de las clases dominantes, confirmando que cuanto más amenazante sea el poder más gruesa será su máscara. Al día siguiente, en la habitación de un hotel en Bruselas, comenzó a escribir las primeras palabras de este poema duro, doloroso y sin medias tintas. Jamás lo incluirá en sus libros. Será descubierto entre sus papeles después de su muerte. Para Sassoon detrás de la pompa, las leyes suntuarias, la parafernalia, las insignias y las ceremonias públicas del tributo sólo se escondía un sepulcro de un crimen colectivo:

On Passing the New Menin Gate

Who will remember, passing through this Gate, the unheroic dead who fed the guns ? Who shall absolve the foulness of their fate, – Those doomed, conscripted, unvictorious ones ? Crudely renewed, the Salient holds its own. Paid are its dim defenders by this pomp; Paid, with a pile of peace-complacent stone, The armies who endured that sullen swamp.

Here was the world’s worst wound. And here with pride ‘Their name liveth for ever’, the Gateway claims. Was ever an immolation so belied as these intolerably nameless names ? Well might the Dead who struggled in the slime Rise and deride this sepulchre of crime.

Atravesando el nuevo Arco de Menin

Quién recordará, al pasar por ésta puerta, los antiheroicos muertos que alimentaron las armas? Quién absolverá la repugnancia de su destino, Aquellos condenados, reclutados e invictoriosos? Crudamente renovada, la Saliente se mantiene por sí misma. Pagados están sus débiles defensores por ésta pompa; Pagados, con una pila de piedras satisfechas de paz, Los ejércitos que han soportado ese horrible pantano. Aquí estaba la peor herida del mundo. Y aquí con honor «Sus nombres vivirán por siempre», dice en el arco del portal. Ha habido alguna vez una inmolación tan insoportable como la de esos intolerables nombres anónimos? Tranquilamente podrían los muertos que lucharon en el barro Levantarse y quitarle importancia a éste sepulcro criminal.

Imagen: «The Menin Road» (óleo, 1919), Paul Nash

Traducción del poema: Nicolás González Varela

http://.com/2006/11/crtica-la-guerra-y-el-poder-siegfried.html