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Cuando Colombia comenzó a sangrar

Fuentes: Rebelión

FOTO: Presidente Guillermo León Valencia anuncia la toma de Marquetalia Fuente: Periodismosinfronteras.org En 1966 recién graduado como historiador llegó a Colombia James Henderson, enviado como «cuerpo de paz», dentro del programa del gobierno estadounidense de la Alianza para el Progreso, con el que pretendió detener la influencia subversiva de la revolución cubana en America Latina. […]


FOTO: Presidente Guillermo León Valencia anuncia la toma de Marquetalia
Fuente: Periodismosinfronteras.org

En 1966 recién graduado como historiador llegó a Colombia James Henderson, enviado como «cuerpo de paz», dentro del programa del gobierno estadounidense de la Alianza para el Progreso, con el que pretendió detener la influencia subversiva de la revolución cubana en America Latina.

No cabe duda que el profesor Henderson venía bien entrenado, y como fruto de su preparación académica e ideológica escogió para su informe, como él mismo lo aclara, una región como el departamento colombiano del Tolima y el municipio de Líbano, los que durante la etapa de la llamada «violencia bipartidista» habían hecho el transito sangriento de una región y un poblado con violencia incipiente, a otra de la mayor violencia bipartidista y sectaria en toda Colombia.

Todo parece indicar que el aplicado cuerpo de paz trabajó intensamente en terreno durante dos años, los que luego complementó con visitas esporádicas a Colombia a realizar entrevistas pendientes y a afinar algunos datos para redondear su «informe final», que publicó 18 años después en forma de libro titulado «Cuando Colombia se desangró» (1); libro que vino a engrosar la gran lista de estudios sociológicos e históricos tanto nacionales como internacionales sobre ese periodo, tan trágico como ominoso, de la infame historia colombiana, acaecido desde 1946 hasta 1965 y que fue llamado por los expertos como «la violencia sectaria entre liberales y conservadores».

El profesor Henderson, como decimos en Colombia, vino a lo que venía: a elaborar un relato «político» de uno de los principales escenarios regionales donde se desarrolló la violencia bipartidista sectaria, lo más prolijo posible, que sirviera de soporte documental a la política de su gobierno para esas fechas en Colombia. No creo que el profesor tuviera la intención de hacer una gran teoría sociológica o metodológica sobre este complejo tema; se limitó simplemente a consultar fuentes, a hacer un buen trabajo de campo y a aceptar fácilmente en su relato las anécdotas que le contaron sin trascender analíticamente la acumulación de datos y hechos que él mismo menciona en toda su obra.

Uno de los más importantes referentes teóricos de su informe es la tesis del «derrumbe del Estado colombiano» de Paul Oquist, junto a las tesis de la modernización muy en boga por aquel entonces en el país; sin embargo ya en terreno (ese es su gran acierto y aporte) las lecturas y la realidad lo enfrentan con un hecho protuberante y persistente en la región en examen, que él documenta empíricamente bastante bien: La persistencia histórica del gamonalismo latifundista (con su todas las secuelas pre modernas) que se había consolidado especialmente a partir de la desastrosa guerra bipartidista de los mil días (1899-1902) y que lo llevan a considerarlo como el origen del fenómeno violento en observación y, a proponer la hasta entonces inédita idea de que existía un nexo causal empírico, entre la guerra de gamonales liberales y conservadores con sus peonadas durante la guerra civil de los mil días concluida en 1902, con la llamada Violencia bipartidista sectaria ocurrida 50 años después, la que según otras fuentes leídas pudo generalizar para toda Colombia.

El relato positivista que constituye el libro en comento, va dejando en claro un proceso social muy continuo largo y complejo que para él concluye en el Tolima con la muerte de los últimos bandoleros liberales o conservadores, y en donde el gobierno de su país solo aparece muy veladamente al final en el segundo ataque a Marquetalia (mayo de 1964) cuando se ejecutó el Plan LASO que el traductor llamó Lazo.

Por esto el profesor Henderson pudo escribir en la página 279 de su libro, este significativo parte de victoria, a todas luces apresurado:

(….) «Muchos colombianos se quejaron de que el «Plan Lazo» había sido un gasto inútil de dinero-183 millones de pesos para ser exactos- e hicieron notar que había sacrificado a tantos civiles como guerrilleros comunistas. El ejército contestó que la «república independiente» de Marquetalia nunca volvería a establecerse y pudo demostrar la veracidad de este argumento señalando una programación de mejoras sociales de amplio alcance en la región en especial la construcción de una carretera hacia Planadas y Gaitania, la cual una vez terminada, haría de estos puestos fronterizos, por última vez, una parte real del Tolima. Para 1965, la Violencia en el Tolima, y en casi toda Colombia había llegado a su fin» (….)

El proceso social, a pesar de lo concluido por el profesor Henderson ( y de todas las periodizaciones estructuralistas y fechas límites que han establecido los pupilos de otro profesor francés mesié Daniel Pécaut) continuó igual de proteiforme y mutante, porque sus contradicciones tanto internas como externas han persistido sin modificación y lo han cronificado, hasta convertirlo en el actual y sangrante conflicto histórico social y armado de Colombia en vías de finalización mediante un proceso de paz en la Habana, y, en busca de hacer visible la verdad de su origen tanto tiempo ocultada.

El libro del profesor Henderson puede ayudar en este punto. ¡Hay que volver a leerlo!

NOTAS:

(1) Henderson James. Cuando Colombia se desangró. El áncora editores. Bogotá. 1984. 349 páginas.

(*) Alberto Pinzón Sánchez es médico y antropólogo colombiano

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.