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Entrevista con la escritora Arundhati Roy, autora de El ministerio de la felicidad suprema

«Cuando escribes una novela hay que mirar el escenario desde ojos y almas diferentes»

Fuentes: La Brújula

No quisiera conmocionar a la gente de aquí, pero es verdad que no soy nada fan de Mahatma Gandhi». La escritora y activista india Arundhati Roy lanzó la bomba una tarde en el auditorio, a rebosar, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en un acto en el que la acompañaba la poeta y […]

No quisiera conmocionar a la gente de aquí, pero es verdad que no soy nada fan de Mahatma Gandhi». La escritora y activista india Arundhati Roy lanzó la bomba una tarde en el auditorio, a rebosar, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en un acto en el que la acompañaba la poeta y filósofa Chantal Maillard y que formaba parte de la promoción de su segunda novela, El ministerio de la felicidad suprema (Anagrama).

Han pasado veinte años desde que publicara El dios de las pequeñas cosas, un conmovedor libro que ganó el premio Booker en 1997 e hizo mundialmente famosa a su autora. Ha merecido la pena la espera, esta segunda obra de ficción es magnífica. Cargada de furia, ternura, poesía e ironía, la novela tiene un inicio que es ya una declaración de intenciones de Roy. Una mujer transexual, una hijra -como denominan en India a las personas del tercer sexo-, conmocionada por la matanza de musulmanes en Guyarat, se exilia a vivir a un cementerio. La radiografía que Arundhati Roy hace de la vida en India a través de los personajes de este libro – una galería de mujeres y hombres heridos, rotos- no se aleja ni un milímetro en una sola de sus páginas de la intención poética, ni tampoco de su objetivo de denuncia. La autora continúa, aunque ahora de nuevo desde la ficción, una trayectoria de compromiso y justicia desde el arte. Arundhati Roy se lleva por delante lo que haga falta, por muy peligroso o expuesto que resulte. Se arma de argumentos y de pruebas. Busca la verdad, si es necesario, en lo más recóndito de una selva. Y luego escribe. Durante veinte años ha publicado ensayos políticos, textos de denuncia social, ha hablado contra la violencia, el capitalismo salvaje, la represión, las matanzas, las violaciones, la explotación, la marginación… Se ha puesto en primera línea de fuego hasta convertirse en un ejemplar preciadísimo de una rara avis en el mundo literario, el de la artista de prestigio mundial -merecidísimo- profundamente comprometida con su tiempo, que no se muerde la lengua, aunque ello arrastre el deterioro grave de su imagen o convertirse en enemigo a derrotar por el gobierno de su país. La escritora india Arundhati Roy es hoy uno de los objetivos del primer ministro Narendra Modi y del ultranacionalista Partido Bharatiya Janata (BJP).

Gandhi y la segregación

«Solo la ficción puede explicar la verdad», había declarado un día antes de su intervención en el Museo Reina Sofía, donde explicó que sus ensayos «son todos intervenciones urgentes. La ficción, sin embargo, es algo construido con mucho amor y cuidado, es una invitación a los lectores para que caminen conmigo por ese mundo. La ficción no es un argumento, no es un manifiesto, porque los personajes tienen su propia autoridad, pero escribir siempre es un acto de conciencia política». Y su conciencia le pide mantener a raya a los represores y no separarse de su discurso contra el sistema de castas indio. Más preocupada por esto que por «vender» su nuevo libro, Arundhati Roy se escapa por caminos poco frecuentados por la ortodoxia de la promoción y se explaya con otras de sus obras. «Hace dos años escribí El médico y el santo, resultado de muchas lecturas, de mucha investigación, donde mostraba un debate entre B. R. Ambedkar, un ‘intocable’, uno de los intelectuales modernos más importantes de India, y Mahatma Gandhi. Gandhi decía que los indios vivían en armonía gracias al sistema de castas. Su actitud ante los excluidos me hizo mirar a sus días en Sudáfrica, cuando dicen que despertó su conciencia política. Pero eso es falso. Su primera batalla allí fue tener una tercera entrada a su oficina para no juntarse con los negros, a los que llamó ‘cafres’. Quería la segregación entre negros e indios». «Es muy doloroso tener que decir esto, pero no podemos celebrar la India antigua que estableció el sistema de castas», dice esta mujer de 55 años, que en su estancia en el Reina Sofía no cejó ni un instante en sus propósitos políticos y aprovechó para denunciar la deriva ultraderechista del nuevo gobierno de su país. «La derecha hindú está machacando a los musulmanes, intentando imponer la nación hindú. Muchos ‘intocables’ se han convertido al Islam y al cristianismo solo para salir del sistema de castas, pero a finales del siglo XX y principios de este se nacionalizó la idea de hinduismo y ahora la han vinculado a las armas y al ejército».

Acceder a la cultura en India

El ministerio de la felicidad suprema no obvia estas cuestiones, sobre las que la autora reflexiona con idéntica contundencia que en sus ensayos, pero recorriendo senderos diferentes. Por ello, lo que no escribe en su novela lo dice de viva voz y lo más alto posible. «Los miembros del Partido Bharatiya Janata (BJP) eran admiradores de Hitler y de Mussolini. Hoy es la organización más poderosa de India y pretenden convertir el país en una nación hinduista. Están aprovechando al máximo la islamofobia internacional que nació con el 11-S. Hoy en India hay personas masacradas a plena luz del día, personas linchadas en la calle». Ciudadanos golpeados que aparecen en el videobook que acompaña a la autora en sus actos de promoción y que también se mostró en el Auditorio del Reina Sofía, donde, nada más terminar la proyección, Arundhati Roy no se lanzó a hablar de su nuevo libro, sino a sentenciar: «Lo que está pasando ahora es aterrador. Los de la corriente del gobierno dicen sin complejos que hoy solo hay un lugar para los musulmanes, la tumba o Pakistán». En un intento de que la autora se dirigiera más hacia el territorio editorial, uno de los asistentes entre el público le preguntó por la escena literaria actual en India. Sin despreciar el asunto y contestando a la pregunta, Arundhati Roy consiguió, sin embargo, volver al círculo de la injusticia. «Todo el mundo editorial en India está en auge, particularmente el de la literatura en inglés. En India hay treinta lenguas oficiales y cientos de dialectos, pero la única lengua que se lee en todo el país es el inglés. En otros idiomas no se vende mucha literatura. Acceder a la comida es un grave problema en India, imaginaros lo que es acceder a la educación y a la cultura».

La celebración de la avaricia

«También hay que decir que muchos festivales están financiados por grandes empresas que son las que crean hambre, terminan con los bosques… Es un juego complicado», añade la autora, que saca partido de su propio discurso para reconducirlo hacia donde ella quiere. Ahora es el turno de los ricos que acaparan la fortuna del mundo y del capitalismo que nos invade. «La celebración de la avaricia es lo que va a conducir a la especie humana a un lugar muy difícil». «El capitalismo crea muchas injusticias y cuando este y las castas se acoplan, es terrible. Los que mandan en el mundo pertenecen a un ‘país de las élites’. Ahora no colonizan los países, sino las élites. Los seres humanos están atrapados en países con fronteras, mientras que el capital tiene libertad de movimiento total. Cualquier conflicto hoy, en el mundo, se disfraza con la cuestión de la identidad, pero en el fondo siempre está la reducción de recursos». Arundhati Roy, serena, sonriente, con un sencillo y elegante vestido rojo, un aro en su nariz y unas sandalias planas doradas, lleva semanas haciendo promoción de su novela por varios países en los que ha conseguido fundir el discurso político sobre el literario. Aunque ruega que la conversación no se alargue demasiado y pide disculpas por mostrar su cansancio, cuando su interlocutora le pregunta por la situación de los naxalitas, los campesinos maoístas que en la batalla por la defensa de sus tierras han terminado calificados como «el mayor problema de seguridad interna de India», no se libera de la cuestión con rapidez, al contrario, se yergue en la silla y se prepara para hablar de uno de los asuntos que más le preocupan hoy.

«Convirtiéndote poco a poco en todo»

Hace algo más de dos años, la escritora fue a la selva, a las tierras de estos campesinos. El gobierno había vendido los terrenos a grandes empresas y se proponía expulsar a los autóctonos. Los periódicos empezaban a hablar «de estas personas, las más pobres del país», como terroristas, mientras la realidad era que fuerzas enviadas por el gobierno violaban a las mujeres, asesinaban a los hombres… «Morían de hambre. Decidí quedarme con ellos unas semanas y luego escribí Caminando con los camaradas «. El resultado fue una acusación de desacato y la estancia en la cárcel de Arundhati Roy, «por ser insolente con el tribunal». Su atrevimiento fue señalar que a estas personas no les interesaba el dinero, vivían a cuatro días de la ciudad más cercana y las compensaciones económicas mínimas que les daban a cambio de sus tierras eran «juego sucio». «La realidad es que India hoy habla de progreso y de desarrollo y su desarrollo consiste en colonizarse a sí misma». Consciente de que la presencia de muchas personas en el auditorio se debía a la aparición de su nueva novela, la escritora consintió en dar, aprovechando una pregunta de una joven fan de El dios de las pequeñas cosas, una especie de explicación a su discurso comprometido. Empleó para ello palabras de su nuevo libro:

«-¿Cómo contar una historia hecha pedazos? -Convirtiéndote poco a poco en todos.

-No.-Convirtiéndote poco a poco en todo».

«Es importante mirar la situación política y tomar posición. Cuando escribes una novela hay que mirar el escenario desde ojos y almas diferentes. Un novelista es una especie de chamán que intentar salir del dualismo».

Fuente original: http://librujula.com/entrevistas/1996-arundhati-roy-la-literatura-hecha-compromiso