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La poderosa pluma de Edward Said

Cultura, conciencia y resistencia

Fuentes: Counterpunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

En 1994, David Barsamian y Edward Said publicaron una serie de entrevistas que Barsamian le había hecho a Said en años anteriores. Esa colección se tituló «The Pen and the Sword«, que Haymarket volvió a publicar recientemente. Recuerdo que leí el libro tan pronto llegó a la librería en la que trabajaba por entonces y me quedé impresionado por la claridad de pensamiento en él contenido. Los dos hombres discuten de muchas cosas: del papel de la cultura para el mantenimiento de los imperios, de la responsabilidad de los intelectuales en la sociedad moderna, de la capitulación de esos intelectuales ante las estructuras de poder y de los Acuerdos de Oslo de 1993. Fue Said quien hizo la crítica más clarividente y convincente de esos Acuerdos, definiéndolos esencialmente como una capitulación por parte de Yasir Arafat. Este análisis no le granjeó precisamente el cariño de ninguna de las estructuras de poder implicadas: Washington, Tel Aviv o la Autoridad Palestina.

Volver a leer hoy a Said, después de ver las noticias referentes a la AP y su papel de oposición a Hamas y en la publicación del informe Goldstone, hace que aún sean más irrebatibles sus observaciones en el sentido de que los acuerdos de Oslo no eran más que una capitulación. Said sostenía que Israel necesitaba un socio palestino para avanzar en su decisión de seguir expansionándose a costa del territorio palestino. Por desgracia, dice Said, encontraron ese socio en la persona de Yasir Arafat. La muerte de Arafat en 2004 (no mucho después de la de Said) y su consiguiente elevación al panteón de los héroes palestinos puede que hubiera modificado las impresiones de Said de haber sobrevivido a Arafat. En realidad, el continuado desprecio hacia esos acuerdos por parte de Israel y la capitulación de la Autoridad Palestina ante los desaires de Tel Aviv han servido para probar y afianzar las primeras impresiones de Said.

Una de las conversaciones más interesantes en esas páginas se refiere a la transición de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de un movimiento de liberación a uno preocupado sólo por crear una nación, sin que importara de qué tipo de nación pudiera tratarse. Las observaciones de Said sobre los defectos del nacionalismo como ideología o estrategia son reveladoras y podrían aplicarse en general a todos los movimientos nacionales de liberación que comercian con su deseo de liberación a cambio del mero hecho de constituirse en nación. Cuando ocurre esto, sostiene Said, se abre el camino para quienes sólo están interesados en lucrarse y en hacerse con el control del poder. Discutiendo sobre esta cuestión, los dos hombres toman la iniciativa en uno de los dilemas más importantes del mundo moderno: ¿Cómo puede un pueblo llevar a cabo el cambio de estado colonial a otro que no se limite meramente a ser un duplicado de la situación colonial aunque sin las tropas y la administración ocupante? Como cualquier estudiante de historia puede ver, el mundo postcolonial no ha creado una situación donde exista igualdad entre las ex colonias y los ex colonialistas. En realidad, podría decirse que las disparidades y sistemas de control son ahora mayores que lo eran en la época colonial, al menos en ciertas circunstancias.

Esas discusiones dejaban claro que Said creía que no es suficiente con liberar una tierra del yugo del colonialismo. Un pueblo necesita liberar también sus mentes de ese yugo. Ahí es donde el pensamiento de Said sobre la cultura -tanto la del opresor como la del oprimido- es tan importante. Era uno de los escasos izquierdistas modernos que puso en primer lugar el papel de la cultura entre los elementos dedicados al desarrollo de la conciencia de un pueblo. Y a la inversa, Said también comprendía y escribió mucho acerca de la utilización de la cultura por la potencia imperial para colonizar las mentes de los pueblos ocupados. Como Frantz Fanon, no sentía temor al plantear la asunción por parte de algunos de los colonizados del pensamiento de los ocupantes. Es interesante ver que grupos de la resistencia de inspiración religiosa, como Hamas, comprenden esto demasiado bien. Mientras Hamas afronta ciertamente la opresión política y económica de los palestinos con programas que les alimentan y educan, también celebran una versión islámica de la cultura de resistencia de Palestina. No es que la cultura palestina laica no exista, dice Said, es que esos intelectuales que deberían estar promoviendo su extensión han abdicado de sus responsabilidades. Como la mayoría de los intelectuales de Occidente, han cedido al poder de la política, del dinero, o de ambas cosas.

Desde luego, Palestina no ha eliminado la autoridad del ocupante y la ha sustituido con la suya. El control que Tel Aviv ejerce hoy sobre el pueblo de Cisjordania y Gaza es más absoluto que lo era antes de Oslo. Nada prueba mejor esto que los recientes asesinatos de palestinos por las fuerzas del ejército ocupante israelí y la consiguiente incursión de tanques israelíes en Gaza. Además, la pelea actual en los medios entre Washington y Tel Aviv sobre nuevos asentamientos en Jerusalén Este subraya esa verdad.

A pesar del sentido total de tragedia histórica realzada por futuras tragedias aún mayores, Said consigue encontrar algo de esperanza. Como una flor que aparece entre la tierra de una tumba recién cavada, o como un ave fénix que renace de entre las cenizas, el desespero presente en estas entrevistas está iluminado por la esperanza en un futuro distinto. Uno se pregunta si encontraría hoy en día una esperanza parecida

Mientras escribo esta revisión, aparecen en los medios rumores sobre la posibilidad de otra Intifada. La arrogante insistencia del gobierno de Netanyahu en que el tesoro internacional que es Jerusalén pertenece sólo a Israel y la consiguiente invasión territorial de la barriada árabe por parte de los israelíes pueden muy bien desbordar de nuevo la paciencia palestina. Si se produjera otro levantamiento, la dramática situación palestina estará otra vez en las primeras páginas de los periódicos, así como los ataques propagandísticos desde Tel Aviv y Washington modificando esa historia desde su perspectiva. Sin embargo, cuando todo esté dicho y hecho, me pregunto si es que algo podrá realmente cambiar.

Ron Jacobs es autor de «The Way the Wind Blew: a History of the Weather Underground», que Verso ha vuelto a publicar. El ensayo de Jacobs sobre Big Bill Broonzy figura en la colección de música, arte y sexo de CounterPunch «Serpents in the Garden». Su primera novela «Short Order Frame Up», fue publicada por Mainstay Press. Puede contactarse con él en: [email protected]

Fuente:

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