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De los sionistas, sus especies, peligros y tratamiento

Fuentes: Comité de Solidaridad con la Causa Arabe

Me cuentan amigos del CSCA que un colega está escribiendo un libro sobre el sionismo. Inmediatamente me he acordado de las ocasiones en las que durante los últimos años me he relacionado con sionistas, tanto en persona como mediante Internet y por otros medios. Voy a recordar a continuación algunas, no sin antes celebrar que […]

Me cuentan amigos del CSCA que un colega está escribiendo un libro sobre el sionismo. Inmediatamente me he acordado de las ocasiones en las que durante los últimos años me he relacionado con sionistas, tanto en persona como mediante Internet y por otros medios.

Voy a recordar a continuación algunas, no sin antes celebrar que he salido indemne en todas. Esto no ha de tomarse como una bravuconada por mi parte, ya que reconozco que todos aquellos, a excepción de los que me he cruzado en Palestina, iban desarmados.

Sobre las experiencias en los Territorios Ocupados hay poco que decir puesto que son varios los que han pasado por ellas y han escrito al respecto. Están los testimonios de cooperantes y activistas que han vuelto a sus casas escandalizados porque ni siquiera se les ha permitido poner un pie fuera del aeropuerto Ben Gurion y se les ha metido en el mismo avión de regreso a su país. Estos encuentros, como ocurre con los amoríos de los héroes del cine, son breves pero intensos. Sin embargo apenas resultan un esbozo de lo que es realmente el cara a cara con un soldado o un policía de fronteras, es decir, un sionista menor de 20 años a quien el Estado ha provisto de un uniforme, un rifle de asalto y una ideología que le permite emplear aquellos para humillar y oprimir a los palestinos a voluntad.

También están los relatos de los que se han cruzado con sionistas uniformados en Palestina. Igual que en la ficción, a veces unos piden a otros que se despojen de parte de su ropa (¿adivinan quién a quién?), pero la situación no resulta igual de erótica que en la pantalla. Al contrario, los contactos físicos iniciales no auguran un desenlace prometedor, pasa que el sionista ha empezado a cachear al gentil. Si éste es apartado del grupo con el que por casualidad comparte taxi, sala de espera, o lugar en la calle, no es para proporcionarle una cita a ciegas, sino para interrogarle de la forma más humillante y fastidiosa posible.

No hay que olvidar los encuentros «de luxe», que se producen si el visitante se integra en la vida de los Territorios Ocupados y decide compartir por un tiempo destino con sus habitantes. En este caso recibe el trato habitual que corresponde a aquellos: acosos surtidos, toques de queda y bloqueos durante días sin fin, tiros contra todo lo que se mueve, con especial dedicación a los niños, razias en abundancia y bombardeos indiscriminados en los barrios más densamente poblados del mundo.

La única ventaja de experimentar el trato de luxe es que después no hace falta leer libros sobre el sionismo, ya que como decía Platón, el sufrimiento es la vía regia del conocimiento. Si el resultado es de muerte la víctima se convierte en mártir. Sirvan estas líneas de homenaje a Rachel Corrie y a otros que han sido asesinados como ella por los sionistas [1].

Estos encuentros en Palestina admiten variaciones aunque tienen un elemento común: siempre queda clara la diferencia entre el sionista y el gentil. Incluso visto desde lejos se sabe quién es quién: el que apunta con su fusil al otro es el sionista.

Por otro lado, ni los propios judíos si llega el caso -tanto dentro como fuera de Israel- se salvan de los ataques del sionismo. Son diversas las formas que toman éstos y uno de los casos más sonados recientemente es el del profesor Ilan Pappe [2], a quien se ha intentado expulsar de la universidad de Haifa, lo que incluso ha afectado a alguno de sus alumnos, que no ha podido doctorarse debido a que su tesis, dirigida por él, ponía en evidencia la actuación de los sionistas contra los palestinos en 1948. Los sionistas les describen habitualmente como «judíos que se odian a sí mismos» por el hecho de ser judíos, un argumento realmente esclarecedor.

El camuflaje del sionismo

Fuera de Palestina los sionistas no siempre llevan sus armas consigo, aunque se supone que no por falta de ganas, sino para que no se les reconozca a primera vista. Por esta razón los incautos no se dan cuenta cuando los tienen delante. A veces ni siquiera los que son algo más entendidos se percatan de su presencia. Ello se debe a que el sionista, como el camaleón en su ambiente, se mimetiza muy bien con el grupo en el que se encuentra. Así, toman la apariencia de profesores universitarios, periodistas y «expertos» articulistas sobre terrorismo, participantes más o menos espontáneos en programas de radio y televisión, educadores de toda ralea, amigos de amigos que «comprenden» a los palestinos, propagandistas de la no violencia por parte de los palestinos, cristianos de diverso pelaje…

A pesar de lo que pueda parecer es un error subestimar a los sionistas desarmados, ya que en realidad son tan peligrosos como el resto e incluso más. Ganan las batallas en las instituciones políticas internacionales relevantes y ganan las mentes y los corazones de muchos individuos con influencia sobre otros, así como el juicio favorable de gran parte de la opinión pública en muchos países. Para ello apelan con éxito a sentimientos xenófobos contra los árabes, recurren al victimismo, animan a la lucha antiterrorista, si llega el caso se remontan hasta los Reyes Católicos y si lo anterior falla recuerdan al mundo entero que ellos y solamente ellos son el pueblo elegido por Dios.

De esto no se va a hablar aquí, para eso está el libro en ciernes y hay otros publicados desde hace años. Es más, si uno teclea «Zionism» en el buscador de Google, la primera página electrónica de las 780.000 que aparecen en la pantalla es ni más ni menos que la de «jewsagainstzionism.com». Su primera línea dice literalmente: «No todos los judíos son sionistas». Si se usa el buscador A9, lo primero que aparece es el texto: «Zionism destroys Judaism».

Ya lo sabíamos, pero gracias de todas maneras. No se trata por tanto de criticar una inexistente «conspiración judía», puesto que la constante ­aunque silenciada- presencia de judíos anti-sionistas de variada procedencia la desmiente, igual que el movimiento de los objetores de conciencia israelíes, algunos de los cuales van a prisión por negarse a empuñar las armas a mayor gloria del sionismo. Se trata de saber que los sionistas tienen un objetivo bien definido, están muy organizados y relacionados, son más que hábiles y trabajan duro y de forma constante. En lo que a España concierne basta con comparar las actividades públicas del embajador israelí con las de su «colega» palestino, para darse cuenta del océano que les separa en cuanto a pedagogía e influencia política se refiere.

Mi recuerdo de una de estas actividades explica bien este punto. Hace unos años se celebró en el salón de actos del Instituto de la Juventud, en la calle José Ortega y Gasset de Madrid, una charla sobre el problema palestino, al que asistió el entonces embajador de Israel, el secretario general de Amnistía Internacional en España, el auto-calificado «primer periodista occidental en Kabul» durante el ataque estadounidense contra Afganistán para atrapar a bin Laden y un par de conferenciantes más que no logro recordar por el tiempo pasado, pero cuyos nombres quizás se conserven junto con el del resto de participantes en algún archivo.

El malabarismo de un embajador

En cuanto se sentaron los participantes, el embajador israelí tomó la palabra en un castellano elegante y con tono grave para pedir un minuto de silencio por las víctimas del Holocausto. Todos se pusieron de pie menos un servidor, que no por ello lamenta y condena éste menos que nadie. ¿Cómo es posible que en un acto sobre el conflicto palestino y sin venir a cuento se traiga a colación el Holocausto? Ni el representante de Amnistía, ni el periodista, ni ninguno de la mesa, por no decir del público, al que casi se le podía escuchar llorar, cayó en la cuenta del malabarismo del embajador, quien en un minuto se había metido a la audiencia en el bolsillo y había cambiado el ánimo y el rumbo del acto, ya sin remedio orientado a los sufrimientos de los israelíes y a la contención de lo que llamó terrorismo palestino.

Más recientemente, de nuevo no recuerdo la fecha pero se trata de un programa de Radio Nacional que está grabado, hablé a mis alumnos de la Universidad a Distancia del conflicto palestino y sus efectos en el sistema educativo. Es un programa de menos de quince minutos y que se emite en horas intempestivas en fin de semana, así que la audiencia ha de ser mínima. A pesar de ello, al lunes siguiente la redacción del programa recibió una llamada por parte de un oyente -en un castellano mejor que el que usan muchos universitarios- que estaba muy preocupado por esa emisión y que deseaba denunciar -con un interés muy superior al que muestran muchos alumnos por los contenidos que reciben- al profesor cuya intervención había sido nefasta, llena de inexactitudes, etc., etc.

Años atrás, a finales de los noventa, ese mismo profesor concluyó una investigación sobre la educación para la paz en Israel y en los Territorios Ocupados. Envió un artículo con los resultados a la Comparative Education Review, publicada en Estados Unidos, la cual se da a conocer como la fuente más autorizada para el análisis de la educación en todo el mundo. Su objetivo es investigar las fuerzas políticas, sociales y económicas que influyen en la enseñanza. Una de las conclusiones del artículo es que no importa cuánta educación para la paz se imparta en las escuelas, que de todas maneras es muy poca, porque lo que los niños aprenden sobre todo es la violencia diaria a la que se les somete y esta influencia educativa es inmensamente superior a la otra.

De acuerdo con el procedimiento habitual en las revistas académicas, dos colegas emitieron sendos informes, muy largos pero muy poco interesantes para ser reproducidos aquí. El editor no aceptó entablar un diálogo a partir de mi respuesta a ambos y la publicación del artículo, ni siquiera con la introducción de reformas, quedó parada para siempre. A cambio me sugirió que viajara a Estados Unidos para seguir en su universidad un curso y poder aprender de él cómo hacer investigaciones. Ese artículo fue evaluado por otros dos colegas para la International Review of Education, donde apareció publicado, previa introducción de algunas mejoras, en 1998.

Hasta aquí una muestra de algunas actuaciones de sionistas de pro. Son duros de combatir y usan todas las estrategias a su alcance para acabar con sus enemigos, que son todo el mundo menos los demás sionistas, siempre y cuando éstos no muestren fisuras, ya que de lo contrario les aguarda lo peor. Hasta Sharon ha recibido amenazas de sus correligionarios. Pero son muchos más los que andan por ahí sueltos dispuestos a poner su granito de arena en cualquier ocasión propicia. Pueden considerarse sionistas espontáneos, de apoyo, como un cuerpo de infantería, a diferencia de los otros, que son un cuerpo de elite.

Entre los más dedicados están los lectores de artículos por Internet. He podido comprobar que el mismo día, o al siguiente, de publicar un artículo, mi buzón electrónico empieza a recibir correos que me ponen, según decía el clásico, como chupa de dómine, que para los que no han estudiado bachillerato quiere decir que me insultan hasta hartarse.

Cuando el sionista es de escasa categoría intelectual, lo cual puede ocurrir, o se trata de uno de esos sionistas espontáneos, se observa en seguida que no piensa presentar sus argumentos en otro artículo para responder al primero, sino que se emplea a fondo con argumentos ad hominem. Como si quisiera demostrar que es más sionista que los profesionales, se lanza sobre el autor aunque el artículo no se ocupe de Israel, sino de Irak, Estados Unidos o cualquier otro asunto que haga referencia a la violación de los derechos humanos en Oriente Medio.

El insulto como argumento

Sigue la cita literal, traducida del inglés, de un par de correos a modo de ejemplo. Cualquiera, no obstante, puede encontrar en Internet ataques similares a montones y puede pedirme copia de los que yo conservo. Están los que contienen insultos principalmente, como cuando a los niños pequeños la rabia por un enfado parece cortocircuitarles el razonamiento y sólo aciertan a patalear y llorar compulsivamente hasta que se les pasa la crisis. También los hay que contienen más razonamientos que insultos, a pesar de lo cual no van mucho más lejos.

Empieza uno: «El Dios al que dicen adorar los musulmanes es el mismo que el de los judíos. Entonces ¿Por qué no admiten las promesas que les hizo a los judíos?» Añade: «Los prósperos países árabes tienen envidia de Israel, por eso en vez de acoger a los palestinos les azuzan para que aterroricen a Israel.»

Otro comienza muy educadamente pero dos líneas después no se aguanta y explota: «Me ha interesado mucho su artículo bien escrito (…) aunque deja claro que para usted no hay sitio para un solo judío en Israel/Palestina. Se puede deducir que aboga por el exterminio total de los judíos allí. Éste es un punto de vista honorable, compartido por muchos en Inglaterra, donde vivo y que a no ser por la legislación de la Unión Europea nos hubieran quitado la nacionalidad. Entonces ¿por qué no se sincera usted y admite que es partidario del asesinato masivo incluidos los niños? Yo tengo un hijo ­cuya fotografía adjunto- y por supuesto que no vivimos en Israel, pero según usted si así fuera sería admisible estamparlo contra la pared hasta matarlo.» Sigue la firma y, sorpresa, la foto de un sonriente rubito de unos tres años.

La conclusión es que si uno se enfrenta a un sionista armado ha de tener presente en todo momento que tiene derecho a la legítima defensa, que es a lo que recurren los palestinos a pesar de la enorme diferencia de fuerzas y aunque están más solos que la una en su lucha para sobrevivir al genocidio. Si el sionista solamente escribe, no lo desprecie, al contrario, intente razonar. Puede recibir una segunda comunicación como ésta: «Lamento lo que le escribí, fue desmesurado. Estoy impresionado por su respuesta». O como ésta: «Gracias por su generosa respuesta. Voy a hacer lo que usted me recomienda, me voy a preguntar por qué somos las personas más odiadas de la tierra».

Notas:

[1] Véase la página: www.rachelcorrie.org

[2] En relación con el profesor Pappe, véase en CSCAweb: Ilan Pappe: De la ‘Nakba’ de 1948 al ‘transfer’ de 2003: culminar el proyecto sionista aprovechando la guerra contra Iraq Ilan Pappé: El muro en el corazón de Palestina Ilan Pappé: Los fantasmas de la ‘Nakba’ ‘Caza de brujas’ en Israel: Ilan Papé, profesor de la Universidad de Haifa, amenazado con el despido inminente (N. del webmaster)