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Entrevista al filósofo y dirigente marxista francés Daniel Bensaïd:

«Debemos superar la fase de los slogans simpáticos de los foros sociales»

Fuentes: Carta Maior

Está en Brasil para impartir una serie de conferencias que acompañan el lanzamiento de uno de sus libros – Los Irreductibles, teoremas de resistencia para el tiempo actual (Ed. Boitempo) – el científico político y filósofo francés Daniel Bensaïd. En entrevista exclusiva a Carta Maior, analiza la crisis financiera global y sus posibles desdoblamientos. Durante […]

Está en Brasil para impartir una serie de conferencias que acompañan el lanzamiento de uno de sus libros – Los Irreductibles, teoremas de resistencia para el tiempo actual (Ed. Boitempo) – el científico político y filósofo francés Daniel Bensaïd. En entrevista exclusiva a Carta Maior, analiza la crisis financiera global y sus posibles desdoblamientos. Durante la conversación, que fue realizada antes de la conferencia realizada en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), Bensaïd apuntó las contradicciones de los líderes europeos de derecha que hablan de un «nuevo acuerdo de Bretton Woods» y afirmó – aún sin saber el resultado de las elecciones – que el liderazgo de los Estados Unidos sufre un declive irreversible y que la hegemonía norteamericana solo se sustenta actualmente gracias al poderío militar y político del país.

Célebre teórico trotskista, Bensaïd hizo también duras críticas a la socialdemocracia europea y apuntó la falta de un proyecto de izquierda en Europa. El francés afirma no conocer muy bien la situación en América Latina, pero piensa que los gobiernos de izquierda de la región pueden constituir una alternativa local a la crisis. Afirma también que llegó la hora de decir qué «otro mundo posible» realmente queremos.

Carta Maior¿Cuáles son sus impresiones, en líneas generales, sobre la actual crisis financiera mundial? ¿Estamos ante una crisis terminal del sistema capitalista?

Daniel Bensaïd – El capitalismo no va a acabar por sí solo. Esta es una crisis histórica, y no tan sólo una crisis ordinaria, como el capitalismo conoce cada diez o quince años. Esta crisis era también previsible, porque es imposible exigir – como exigen los accionistas – un beneficio sobre sus inversiones del orden del quince por ciento al año frente a un crecimiento que de media, en el caso de los países desarrollados, es de dos o tres por ciento al año. Algunos dicen que la crisis financiera puede llegar a la economía real, lo que es una fórmula un poco absurda porque las finanzas forman parte de la economía, no son irreales, efectivamente. Por detrás de esta crisis financiera ya había una crisis de producción. Al menos para los países europeos – yo no conozco las estadísticas sobre Brasil – la división del valor agregado entre salario y trabajo se trasladó un diez por ciento a favor del capital, es decir, a la ganancia del capital en detrimento del trabajo, lo que provoca una crisis incontrolable. Para continuar vendiendo – porque si existe el producto es necesario venderlo – hubo un aumento totalmente loco del crédito, y no tan solamente del crédito inmobiliario en los Estados Unidos. También aumentó el crédito al consumo, el crédito a las empresas, etc. La crisis, desde este punto de vista, era previsible.

Por otro lado, no es simplemente una fatalidad, es el resultado de decisiones políticas que se habían acumulado en veinte años, porque la desregularización de las bolsas, la libre circulación de capitales, el desarrollo de las ganancias del capital no fiscalizadas, todo esto fue precedido por una serie de medidas legislativas tomadas por los diferentes parlamentos en Inglaterra, en Francia, en Alemania, etc. En lo concerniente a Europa, esto fue sistematizado por los diferentes tratados de la Unión Europea, desde Maastricht en 1992 hasta el Tratado de Lisboa el año pasado, que codificaron el libre mercado europeo. Por lo tanto, esta era una crisis previsible y es muy grave porque es globalizada, este es su carácter inédito. Pero, por detrás de todo esto, yo creo que el capitalismo podrá restablecerse, ya resistió otras crisis. El problema es saber a qué precio y quién va a pagar el precio, pues esta es, a fin de cuentas, una crisis más profunda. En la jerga marxista, podemos decir que la ley del valor actualmente funciona muy mal. Hoy, no podemos medir mediante el tiempo del reloj un trabajo social muy complejo, que cada vez moviliza más conocimiento acumulado, como no podemos tampoco medir la crisis ecológica por la fluctuación de las bolsas de valores.

CM – ¿La crisis ambiental, con el problema del calentamiento global, vuelve la crisis financiera aún más grave? ¿Estamos viviendo una crisis de la humanidad?

DBSí, y la crisis ambiental no es un problema cualquiera. Cuando pensamos en las consecuencias, que aparecerán durante siglos o tal vez millares de años, del stock de basura nuclear, de la destrucción de los bosques, de la polución de los océanos y, ahora, de los cambios climáticos, vemos que todos estos problemas no podrán ser controlados simplemente por los mecanismos del mercado que, por definición, son mecanismos que arbitran a corto plazo o de manera instantánea. Está en el centro de lo que llamamos organización social por la práctica de medir toda riqueza, toda relación social, e incluso la relación de la sociedad humana con la naturaleza, por el único criterio del tiempo de trabajo abstracto.

CMLos países de Europa han tomado la delantera contra la crisis con medidas proteccionistas y fuerte presencia del Estado. El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, afirmó que los países deben caminar hacia un nuevo Bretton Woods. ¿Cómo analiza usted la posición europea?

DB – Existe una contradicción en una crisis como esta. Como la globalización está ahí y es, en parte, irreversible, todo el mundo hoy, e incluso los antes fanáticos antiguos liberales, piensa que es necesario establecer una regulación y nuevas reglas de juego. Todo el mundo habla de una regulación a escala mundial, un nuevo Bretton Woods, o al menos a escala continental como, si tomamos el ejemplo de Europa, la creación del Fondo Soberano Europeo. Estas son las intenciones. Al mismo tiempo, dentro de una crisis grave como esta, cada uno intenta jugar de forma solitaria, y nosotros observamos desde el inicio de la crisis intereses diferentes como, por ejemplo, en Alemania y en Irlanda, que quisieran proteger sus propios capitales y sus propios bancos.

Es demasiado pronto para decir quien va a llevar la mayor parte o si habrá una especie de solidaridad entre capitalistas suficientemente fuerte para crear mecanismos de control de la crisis y de solución para nuestros problemas. O si, por el contrario, vamos a asistir a una agravación muy fuerte de la competencia intercapitalista, interimperialista o entre los grandes bloques. Una crisis como la actual crea también tendencias centrífugas muy fuertes.

CM¿Usted piensa que esta crisis consolida el declive de los Estados Unidos como potencia hegemónica mundial?

DB – Desde el punto de vista económico, el declive del imperio americano comenzó hace mucho tiempo, en gran parte, debido a su poderío militar, que representa el 60% de los armamentos y de los dispendios de armamentos en todo el mundo. Y, actualmente, existe un efecto perverso, pues la deuda americana había sido neutralizada por el traslado de capitales de los países productores de petróleo y de China a los EEUU bajo la forma de Obligaciones del Tesoro, es decir, en dólares. Si esos capitales se retiran, hacen caer el dólar y EEUU pierde de todas las maneras. Por tanto, desde el punto de vista económico, existe una especie de mecanismo que deja a los EEUU en la condición de rehén. Mientras EEUU mantenga la hegemonía militar, el escenario actual puede durar, pero se ve muy bien hoy, y se veía incluso antes de la crisis, que el euro – o incluso el yen, pero sobre todo el euro – puede volverse la moneda de reserva en lugar del dólar, que aún guarda su papel de moneda de cambio internacional mucho más por la potencia militar estadounidense que por la solidez de la economía de los Estados Unidos. Por eso, yo creo que hoy el declive de los EEUU es irreversible.

CM¿Cuál es su apreciación sobre el posicionamiento de la izquierda frente a la crisis financiera? ¿Piensa usted que los gobiernos de izquierda de América Latina pueden tener un papel importante en la búsqueda de soluciones para la crisis?

DB – Yo no conozco muy bien el contexto de América Latina. No sé cuál va a ser, por ejemplo, la capacidad de Venezuela si el precio del petróleo continua cayendo, por tanto es incluso posible que los efectos de la crisis sean más duros para países como Bolivia o Venezuela que para Brasil, que tiene una exportación más diversificada. Creo que la crisis se hará sentir también en Brasil, pero tal vez con menos fuerza. Ahora, si la reacción a la crisis va a comenzar a partir de un polo bolivariano o a partir de la tentativa del Banco del Sur para volverse autónomo en relación al dólar, si va a ser creada una solidaridad energética y alimentaria entre los países de América Latina, si todo eso va a avanzar o no, la pregunta está aquí y la respuesta está aquí. Yo no tengo respuesta.

CMY en Europa, ¿existe un proyecto de izquierda?

DB – La socialdemocracia, que es la mayor fuerza de izquierda en Europa, viene destruyendo metódicamente en los últimos veinte años los mecanismos del Estado-providencia y del Estado de Bien Estar Social. Actualmente, ante la brutalidad de la crisis, vemos a dirigentes del Partido Socialista en Francia hablar nuevamente de nacionalización. Lo que hizo Sarkozy no fue ninguna hipótesis de nacionalización de los bancos. Lo que hizo fue dar a los bancos la seguridad del Estado sin solicitar incluso el derecho a voto en los consejos de administración, fue meramente un auxilio a los bancos.

Algunas voces de izquierda piden el relanzamiento de una política de aumento de salarios, pero eso exigiría una política seria a escala europea, porque existe el desafío de hacer a nivel europeo lo contrario de lo que habían hecho los partidos socialistas en los gobiernos nacionales en los últimos veinte años, o sea, reconstruir los servicios públicos europeos, armonizar la fiscalización europea, desarrollar una fiscalización fuertemente progresiva y retomar el poder de compra. Eso significa destruir todos los tratados sobre los que fue construida la Unión Europea desde 1992. No creo que exista ni la voluntad política de hacer eso ni la fuerza social para realizarla. Por una razón, pues a través del proceso que atravesó la socialdemocracia europea perdió mucho de su apoyo popular. Por otro lado, se integró muy fuertemente en la cima, en las empresas privadas y en las finanzas globalizadas. El símbolo de eso es la presencia de dos socialdemócratas franceses como personas de confianza del capital al frente de la OMC (Dominique Strauss-Khan) y del FMI (Pascal Lamy). Eso resume un poco la situación.

CMEl economista François Chesnais afirma que esta crisis es la primera etapa de un proceso muy largo y que no sabemos como va a acabar. Usted siempre fue un crítico contumaz tanto del capitalismo y de la globalización financiera como de los regímenes socialistas constituidos bajo la óptica estalinista. ¿Usted piensa que la humanidad está preparada para construir una tercera vía?

DB – La tercera vía no pasa ni por la gestión estatal y burocrática que quebró en los países del Este de Europa, fundamentalmente en la Unión Soviética, ni por el liberalismo. Muchas personas dicen hoy en día que la crisis no fue causada por el capitalismo en sí, sino por los excesos y abusos cometidos. No, la crisis fue causada fundamentalmente por la propia lógica del capitalismo. Pienso que debemos pasar  la fase de los slogans simpáticos de los foros sociales. Si otro mundo es posible, llegó la hora de decir cuál. Salimos de un siglo que terminó, bajo mi punto de vista, con una derrota histórica de las esperanzas de emancipación. Entramos en el siglo XXI con mucha menos ilusión que nuestros ancestros entraron en el siglo XX, sobre todo los socialistas, que creían en el fin de las guerras y de la explotación.

El problema actual es que estamos en el inicio de una larga reconstrucción, pero, al mismo tiempo, en una carrera contra el reloj, más que nunca, pues vivimos una crisis de destrucción no solamente social, sino también ecológica. Para mí, hay sólo una alternativa: oponer a la competencia y a la lógica de todos contra todos una lógica del bien común, de los servicios públicos y de la solidaridad. Podemos llamar a eso socialismo, comunismo o democracia autogestionaria. Es necesario intentarlo. Si no intentamos cambiar el mundo, nos aplastará.

Traducción directa desde el portugués de José André Lôpez Gonçâlez.

21 de diciembre de 2008

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