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Democratización del trabajo o el trabajo como motor de emancipación

Fuentes: Rebelión

La revista asturiana Nortes de la mano del historiador Diego Díaz Alonso, realizó una entrevista https://www.nortes.me/2020/05/07/implantar-la-renta-basica-supone-desmontar-el-estado-del-bienestar/ a Daniel Fernández redactor de La Mayoría revista editada por el Partido del Trabajo Democrático y publicada el 7 de mayo, dando su opinión sobre el mínimo vital que pretende elaborar el gobierno de coalición progresista del PSOE y Unidas Podemos, diferenciándolo de la Renta Básica Universal (RBU en adelante) que afecta a toda la ciudadanía independientemente de su estatus social y siendo el mínimo vital, solo para las personas más necesitadas.

La crítica no se plantea sobre las diferencias entre las dos propuestas y menos estando de acuerdo con el mínimo vital para la resolución de problemas sociales concretos, tampoco al rechazo de la RBU con el que se coincide plenamente en este plano con el entrevistado, pero no con el grueso de las argumentaciones que creo que se alejan del interés general de la clase trabajadora, por una exposición de postulados más ligados a los intereses concretos de las clases medias, quedándose en las formas y sin entrar en el fondo del problema. Foucault diría en el conocimiento de la verdad y en el de las partes que la relacionan con la realidad y Marx o Lenin, del análisis concreto de la realidad concreta o sea, desde la lucha de clases y la contradicción.

Se coincide con la expresión de reivindicar el trabajo como sustento y vía de socialización para la clase trabajadora, de ahí que el mínimo vital debiera tener la posibilidad de la integración social y laboral y no solo la de eliminar la pobreza, pero la pandemia ha demostrado en medio de la crisis del sistema capitalista de libre mercado, con las decenas de miles de personas humildes muertas en los hospitales y geriátricos por abandono social, el aumento de los antagonismos de clase y la salida no es sencilla, porque no existe ninguna otra sociedad alternativa para hoy ni para mañana, capaz de superar el trabajo como único medio conocido de supervivencia de la humanidad. Con el trabajo hacemos vida social e incluso ligamos, pero lo fundamental es que nos da de comer, vestir y de una vivienda con calor y seguridad de vida. Sin trabajo o precario y mal pagado, no tenemos nada de esto y para la clase obrera con conciencia de clase o sin ella el trabajo es clave, porque es la base fundamental de nuestra independencia y libertad. No es la libertad de comprar el último modelo de ropa o móvil, es la libertad primaria de poder saciar las principales necesidades del ser humano, muy lejos de la saturación consumista de una clase media que proporcionalmente cada día más se reduce, según aumenta la pobreza y la marginación social en la clase obrera.

La expresión de democratizar el trabajo también es coincidente y de hecho, es un objetivo que el conjunto del militancia revolucionaria siempre ha realizado en el centro de trabajo, sector, barrio y pueblo donde vivimos o centro de estudio, porque la democratización del trabajo y de la vida en el barrio donde se reproduce la fuerza de trabajo, es base para la libertad sindical y política, la cual solo es posible de ejercerla colectivamente desde la estructura sindical, independientemente del sector de producción donde se realice. Para los sindicalistas incluidos los economicistas honrados, uno de los objetivo es mantener al día la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora y no solo de subir salarios, porque cuanto más ganemos más nos suben los productos de consumo, se trata de trabajar cada vez menos horas en mejores condiciones de seguridad y salud laboral y con servicios sociales públicos, siendo conscientes por lo menos los sectores con conciencia de clase, que quien contamina no es el trabajo, sino el consumismo sin control al que nos lleva este sistema capitalista de economía de libre mercado, donde una vez globalizada la productividad, toda la propaganda se enfoca al único lugar que hoy da beneficios reales y no ficticios; a una sociedad de consumidores.

Es curioso que habiendo existido en los inicios de los países socialistas lo más parecido a una renta básica universal, la intelectualidad progresista occidental no lo analizara y seguro que fue por los prejuicios de que no los identificasen con ellos, por la propaganda negativa que la burguesía hace del socialismo y por los dogmas que predicaba el revisionismo soviético, de socialismo romántico y sin lucha de clases, mientras se apropiaban de lo colectivo. La posmodernidad la hizo suya cuando la postula (en definición de Nancy Fraser) el neoliberalismo progresista yanqui y solo el marxismo leninismo oriental han sido capaz de hacer una crítica política, económica y social, porque vieron su fracaso una vez iniciado el desarrollo social, cosa que Lenin ya intentó corregir con la Nueva Política Económica en Rusia. El principio de comer todos de la misma olla como decían los chinos, independientemente de las funciones que realizasen, tenía su explicación inicial en Rusia, China, Vietnam o Cuba, por el punto de partida tras el proceso revolucionario de levantar una economía desde cero, donde el trabajo altruista y solidario por parte del sujeto revolucionario en los países en desarrollo, con una clase obrera pequeña y mucho campesinado pobre, era y es fundamental.

El desarrollo del socialismo en estos países, como demuestran los datos económicos y sociales de las agencias internacionales, son los que están permitiendo resistir la crisis global del capitalismo de libre mercado y derrotar al coronavirus mediante la participación social y un sistema público sanitario y un mercado planificado al servicio de las necesidades del pueblo. La explicación más cercana a los estándares culturales occidentales, la encontraremos en el proceso de rectificación económico y social cubano a pesar del bloqueo provocado por el imperialismo de EE.UU, España, Europa y resto de países occidentales. Rectificación de la base económica y la producción con el objetivo de elevar el nivel de bienestar social y económico de la gente, y lo primero que hicieron fue ajustar el capital excedente del estado socialista, para anular gradualmente los subsidios que se habían generalizado a todos los ciudadanos como una renta básica universal, para centrarlos en los que realmente los necesitaban. Entendiendo que el problema no solo es el costo inasumible económicamente como bien se plantea en el artículo, sino que como están demostrando los países socialistas, el trabajo es más que un derecho y una obligación de toda persona, ideológicamente es la clave de su emancipación económica, política y social.

No es cierto, porque nunca se ha llevado a la práctica una renta básica universal capitalista y en los países socialistas que sí la han desarrollado a fondo la tuvieron que rectificar, que sea garantía para la superación de las desigualdades del sistema capitalista, porque si aumentamos la capacidad de consumo de amplios sectores del pueblo, en la economía capitalista y en la socialista como vimos recientemente en Cuba, que con el aumento considerable del salario a los empleados públicos (la mayoría de la mano de obra cubana es pública) se disparó la inflación por el aumento del consumo a pesar de ser una economía controlada, así que en una libre sin control del estado de los precios, pasa lo que pasó con la especulación de los kits sanitarios en medio de la pandemia en España y el resto del mundo capitalista. El problema no está en el aumento del movimiento de dinero en el pueblo, que es lo único que garantiza la renta básica universal, sino en el control de los precios del mercado y que estos puedan llegar al conjunto de la sociedad, mediante un desarrollo equilibrado de los precios y las ganancias, garantizando unos mínimos derechos y trabajo como el socialismo.

Por eso, decir en una sociedad capitalista de libre mercado que una renta básica universal es una garantía del trabajador ante el empresario, es ocultar la realidad salvaje y depravada del sistema capitalista de libre mercado, donde la mano de obra es otro producto más a la ley de la demanda y la oferta y cualquiera que tenga una mínima experiencia sindical en la lucha económica, sabrá que la única garantía de la clase trabajadora ante el patrón, son las garantizadas por el derecho laboral, ya que todo lo que ganemos económicamente saldrá por la misma puerta que entró. Es decir, que no exista el despido libre ni la precariedad laboral, sí la garantía del cumplimiento del convenio colectivo por Ley o la prohibición de acuerdos individuales empresariales. Esto si le da libertad e independencia al ser humano y especialmente a la mujer, que dentro del mercado laboral es la más predispuesta a que sobre ella caigan todas las desigualdades e injusticias del mercado laboral.

¿Es el problema de la mujer trabajadora (la otra, la profesional o empresaria son de otro nivel) el de las tareas en exclusivas del hogar? si así fuera, creo que el problema desde una perspectiva de clase sería el de esa concepción reaccionaria, en gran parte superada en España y occidente desde los años setenta, que la mujer se incorpora al trabajo con los mismo derechos que el hombre y a la cual, el sociólogo Vicenç Navarro ya explicito sin crítica alguna, que en occidente en general y en España en particular, en el reparto de las tareas del hogar la participación del hombre oscila sobre el 30%, esto implica no ceder en la lucha por el reparto de las tareas domésticas y de los cuidados. Entonces cual es el problema actualmente de la mujer y como lo podemos superar, pues solo con la lucha por el derecho y obligación de toda persona al trabajo con derechos, sin ninguna exclusión de la mujer, la cual deberá incorporarse al mundo del trabajo como clase obrera, como profesional o empresaria, la opción de ser ama de casa y vivir a costa de la ganancia del marido o esposa, que aunque minoritario también se da, es la prostitución del matrimonio y la familia e imposibilita el derecho a la separación, esta opción no puede conllevar ningún derecho futuro, es decir, que todo hombre y mujer están obligados al trabajo y el que quiera chacha, que la pague.

El trabajo en todas las fases históricas del desarrollo del ser humano, es el que nos ha hecho ser un ser social cada día más humano y la familia desde su inicio el núcleo de convivencia, el reparto del trabajo y de las tareas colectivas han sido la base solidaria de la convivencia de siempre y al que no trabajó se le criticó por vago y por insolidario, porque el principal objetivo del trabajo desde su inicio, fue el de comer todos los días y vestirse y cuando surgió la lucha de clases con el desarrollo de la producción y la acumulación individual de los bienes producidos, el trabajo siguió teniendo el mismo valor, aunque sin la plusvalía para la colectividad, pero el principio siempre se mantuvo, yo te doy pan o comida y tu me das aperos para la labranza y así sucesivamente hasta hoy, donde el nivel de libertad del hombre y de la mujer en esta sociedad de clases, dependen de un trabajo con derechos que te libere y emancipe de la opresión del empresario capitalista. En esta pelea histórica en la que aun estamos, el objetivo es hacernos de nuevo con la plusvalía de nuestro trabajo desde la colectividad que hoy representa el estado, garantía del trabajo como derecho y obligación de las personas, para dar con su trabajo lo que recibe del resto, para vivir una vida más sana, digna y cada día más libre y por eso, el trabajo es un derecho y una obligación de todo ser humano y esperemos que la tecnociencia, vaya solucionando el que todos trabajemos menos horas y con más seguridad, sabiendo que el estado que representa nuestra colectividad, nos garantizará con el excedente de nuestro trabajo, unos servicios sociales públicos de calidad en todas las esferas de la vida social.

Alonso Gallardo de los círculos comunistas de Unidas Podemos

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