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Dos ejemplos de sindicalismo de clase en América Latina, en realidades muy distintas: la CTC de Cuba y la CTA en Argentina

Fuentes: Rebelión

Intervención del autor en el Foro Internacional sobre América Latina celebrado el 14 y 15 de octubre en Roma y organizado por el Comitato 28 de Giugno

Desde el levantamiento Zapatista en enero de 1994 hubo un cambio de tendencia en América Latina, fue como si desde las entrañas de una sociedad fragmentada, secularmente colonizada, rebelde pero mil veces aplastada por la lógica del capital, los mas marginados golpearan en la conciencia de todo el mundo con su desesperación limite y deseo de justicia, de un trato humanitario. Hoy, una larga década después, todos volvemos nuestra vista a esta región porque en ella se están desarrollando nuevas experiencias, por nuevos caminos, para construir sociedades justas y democráticas, lo que algunos llaman el socialismo del siglo XXI.

Todo indica que el eje Cuba-Venezuela-Bolivia se está consolidando progresivamente. Claro que son países con realidades muy distintas, en potencialidades, en estructura de clases, en el grado de desarrollo de las fuerzas sociales y políticas que están al frente del proyecto de cambio. No se puede ignorar que la contribución del pueblo de Cuba fue fundamental. La dureza del bloqueo, la desaparición de los socios comerciales que garantizaban los bienes esenciales y la energía, creo una situación que no fácil enfrentar, y que solo la fuerza de la ideología permitió superar a la mayoría social, no a todos. Fue un éxito de una manera de hacer las cosas, que además garantizo la retaguardia a la Republica Bolivariana de Venezuela, y la formación de un eje de apoyo mutuo, que ahora todo hace pensar que se amplia a Bolivia.

Que este eje se fortalezca, se mantenga en el tiempo y se amplié, depende además de que el circulo exterior de aquellos países que están en una postura intermedia, con un antiimperialismo y proyecto social débil o dudoso, no retroceda. No es lo mismo Lula que Cardoso o un gobernante semejante. También como enfrentar esto necesita de reflexión para no debilitar a los que abren camino, a la vanguardia. En este contexto presionar o atraer por ejemplo a los gobiernos progresistas en la Argentina y Brasil, que no rompieron con el modelo económico imperante, es una tarea necesaria. Esto es importante por el peso que tienen estos países en el conjunto de la América Latina, además es algo que saben muy bien los Estados Unidos y la Unión Europea que utilizan todos los medios para atarlos a su orbita. Desbordar estos gobiernos desde la izquierda tiene que evitar fortalecer a la derecha, al imperialismo, a las grandes empresas transnacionales, a las burguesías autóctonas unidas a la globalización neoliberal. Y que sea así necesita de un discurso mas elaborado.

Para hacer el camino de la liberación nacional y social no se parte de cero, por detrás están los errores y los aciertos de las organizaciones populares y de izquierda durante mas de siglo y medio, y muy especialmente durante las últimas cinco décadas. Entre los errores, el mecanicismo y el economicismo, el ignorar las realidades históricas o la correlación de fuerzas, la usurpación del protagonismo a los receptores de los cambios,… Entre los aciertos, el garantizar la descolonización y unas nuevas relaciones internacionales, dar un mayor participación a la clase trabajadora, y por lo tanto avanzar en los derechos democráticos y la justicia social, etc.

Hoy en día, en casi todos los casos, las organizaciones políticas que están consiguiendo estos cambios poco tienen que ver con los partidos homogéneos, verticales, que fueron la norma durante la mayor parte del siglo XX. Tanto se trate de frentes, como de movimientos, o partidos con tendencias reconocidas, la obediencia ciega, casi sectaria, está en entredicho. Solo muy pequeñas organizaciones, sin peso social y con pocos militantes, mantienen un funcionamiento que fue exitoso en su momento, pero que hoy parece no responder adecuadamente a este tiempo histórico. El problema es tan grave que es uno de los grandes debates actuales.

Hay motivos para que esta sea una discusión importante, porque tras el argumento de la necesidad de construir una organización fuerte, que garantizara el cambio, la disciplina como prioridad máxima termino por ahogar el debate, la obligada autocrítica, el sabio control de la base sobre los organismos de dirección, y por lo tanto lo que le da vida a un proyecto colectivo. Lo que nació para la insurrección, para momentos muy graves, excepcionales, se convirtió en norma, fortaleciendo el control mecánico de la dirección sobre la militancia. Aun diría mas, en las situaciones de clandestinidad el debate siempre fue más fluido y la capacidad de las bases de decisión mayor, que en escenarios de democracia formal. Sin duda las tendencias negativas se agudizaron en las últimas décadas por tres motivos: el abandono en muchos partidos del proyecto revolucionario, una nueva estructura de clases, y la sustitución del militante por los medios informativos en la divulgación de las alternativas y el debate de las ideas.

Estos problemas forman parte de la realidad de las centrales sindicales, especialmente cuando tienen como objetivo y práctica ser una parte del sistema. Pero son también defectos que limitan y deforman a aquellas organizaciones que mantienen un programa liberador y una praxis coherente. Es decir, que se fijan como tarea además de la defensa inmediata y parcial de los intereses de clase, la acumulación de fuerza y la lucha a favor de objetivos más estratégicos y amplios que permitan terminar con la explotación del hombre por el hombre.

Quiero centrar mi análisis sobre el sindicalismo en América Latina, y muy específicamente en la República Argentina, país en el que por cierto me crié, estudié y trabajé durante veinte años, y en el que vive una gran parte de mi familia; y en el que comencé a militar políticamente en 1967. Ya en Europa, desde 1973 dediqué toda mi vida a la clase obrera, participando desde el inicio, durante la dictadura franquista, a la organización de los primeros núcleos del sindicalismo de liberación nacional en Galiza (Galicia), como parte de la construcción del poder popular en mi país. Hoy nuestra central es una realidad de 5.000 delegados y delegadas y un 27% de la representación sindical, así como una importante capacidad movilizadora. Decir además, que siempre pensé que junto con la organización y la movilización y la participación, la reflexión y la teoría son fundamentales para avanzar en la lucha antiimperialista, para construir.

Problemas actuales de la clase trabajadora

Entiendo que hay cuando menos dos elementos fundamentales a valorar cuando analizo el futuro de la clase trabajadora. El primero, su enorme peso numérico y su importancia en la sociedad, aun en las menos industrializadas. El segundo, que el neoliberalismo no da salidas al conjunto de la clase, no mejora sus condiciones laborales y de vida, si no que las deteriora, ya que el aumento de la acumulación se basa cada día más en la explotación y la opresión. En pocas palabras, no transfiere una parte de la riqueza generada a los trabajadores, como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, y durante el fordismo. Esto es más que evidente en América Latina, pero también en Europa, aunque tenga otras formas. En segundo lugar tengo en cuenta lo que tenemos que superar, lo que debemos vencer, o sea, las limitaciones: la dualidad y fragmentación, la hegemonía ideológica del capitalismo. Y como consecuencia de esto último, la fuerza que hoy tiene el derrotismo, aceptar sumisamente el modelo imperante y mismo condenar o negar cualquier intento de cambio. Y como consecuencia, las dificultades de organizar y movilizar, así como de llegar con nuestras ideas y análisis al conjunto. Además, no se puede ignorar que hay nuevos y fuertes protagonismos populares, por ejemplo el movimiento indígena, el ecologismo o el feminismo.

Sin duda es necesario profundizar y divulgar ampliamente lo que queremos, definir más y de manera sencilla los objetivos. Pero el problema de base, de los que luchamos por un mundo más justo en los sindicatos, está en que el derrotismo convierte estos objetivos deseados y necesarios en utópicos para la mayoría social, aun para los más entregados y luchadores. Por eso tiene tanta importancia el conocimiento histórico y aquello que está pasando en otros lugares donde la lucha es mas álgida y el proyecto alternativo va mas avanzado, así como la opinión y el debate sobre todo lo que sucede, y especialmente la divulgación -sencilla pero completa-, para que se comprenda realmente el momento histórico y evitar el sentimiento de aislamiento, de debilidad.

Como parte de esta tendencia, bastantes de los que dicen luchar por el cambio carecen de confianza o proyecto para hacer camino, limitándose en muchos casos a confundir el proyecto estratégico con gestionar bien lo existente. Por ejemplo, este es el motivo que en situaciones de emergencia tarden en reaccionar, algo que hacen naturalmente aquellos que acreditan totalmente en el neoliberalismo. Por eso lo importante en este momento, para los que militamos en los movimientos sociales, está en poder encontrar las respuestas más adecuadas a las siguientes preguntas ¿Como debemos recorrer este camino? ¿Que tipo de organización sindical necesitamos? ¿Cuales son o deben ser nuestros aliados?

Hay centrales sindicales, como la CTA, que además de estudiar detenidamente estos problemas están dando soluciones prácticas a como avanzar. No es el caso de todo el sindicalismo en América Latina, y hay muchas organizaciones que son simples oficinas de intermediación con la patronal o el gobierno. Sindicatos que, en algún caso, son poderosos en afiliación porque cuentan con prebendas y medios otorgados por el gobierno de turno, o la gestión de servicios, que por cierto debieran ser públicos. Este es el caso da la CGT en Argentina, y la CMT en México, o la CTV en Venezuela. Aunque la primera tiene una tradición de mayor combatividad su relación con Menem la dejo al descubierto, y resulta sospechoso que siempre la dirija quien más cerca está del partido en el poder.

No podemos desconocer además que prácticamente en todos los países el núcleo del sindicalismo se sustentó durante mucho tiempo en las grandes empresas y/o servicios públicos, y que en las últimas décadas estas redujeron plantillas o fueron privatizadas, por lo que las centrales deben mantener las mismas estructuras con una menor afiliación y nivel de ingresos. Esto conlleva problemas económicos que aprovecharon la patronal y los gobiernos neoliberales, pero también las centrales sindicales internacionales apoyadas por las grandes potencias. Esta es una de las claves para entender algunos de los cambios de afiliación internacional y orientación política -aunque esto último se niegue en algunos casos, especialmente en los primeros tiempos, por temor a la reacción de la base-.

CTC: la trascendencia de mejorar la eficacia

Quiero analizar a continuación la actuación de la CTC de Cuba, porque es el suyo un caso distinto y los ideólogos de la globalización neoliberal -es decir el imperialismo- dedican mucho tiempo a destruir en la conciencia colectiva los avances económicos y sociales, y las formas en como lo hacen. Esta actitud del capitalismo internacional se realiza sin fisuras, por arriba de las tensiones ínter imperialistas, especialmente cuando se trata de atacar a los países en donde fuerzas antiimperialistas consiguieron tomar el poder. Se pretende imponer la idea de que «todos son iguales», y hacer del capitalismo una sociedad injusta pero insustituible.

Aun reconociendo que en Cuba hay problemas, no podemos olvidar nunca que en este país existe un gobierno socialista que representa los intereses populares. La pregunta es ¿el sindicato cumple el papel que le corresponde, no solo como representante de un sujeto como la clase obrera interesada en mantener el sistema, si no además como organización que debe expresar las necesidades e inquietudes de los trabajadores mas inmediatas, como la mejora de las condiciones laborales y otros temas sociales?.

Mi impresión, después de cuatro viajes a la isla, el primero en 1994 y el último en diciembre de 2005, es que el sindicalismo está vivo, se moviliza y opina. Cuba no es un sistema homologable a los de los países del llamado «socialismo real» esto lo comprobé por primera vez durante la polémica y decisiva Asamblea del Poder Popular de 1994 y la celebración del Primero de Mayo, que coincidieron en el tiempo. Ese año, con la economía bloqueada y la perdida de ayudas y de socios comerciales, el país pasaba por sus momentos más difíciles, había una situación de falta de todo y un excedente inmenso de dinero.

No se realizó ese año la manifestación del Día Internacional de da Clase Trabajadora, o del Internacionalismo Proletario, en la Habana como es tradicional, sino en las diversas capitales de provincia. Yo estuve en la de Pinar del Río. La movilización fue muy grande, la gente llevaba carteles confeccionados a mano, no había nada realizado en serie, y en las calles cercanas se veían personas que en bicicleta o a pie que estaban a otra cosa. Me fije en esos detalles, importantes, porque desmentían la propaganda capitalista referente al control y a un régimen represivo. En todo caso no mas control que el realizado por cualquier país occidental, valorado como «democrático», con fuerzas que se considere que están contra la constitución y apoyadas desde el exterior. En el debate en la Asamblea del Poder Popular, estas primeras impresiones se consolidaron. Y posteriormente, en el Congreso de la CTC en mayo del año 1996, aun en periodo especial, esta visión conseguida en mi primer viaje se reforzó. En un artículo posterior hice la siguiente reflexión:

«…con la presencia durante los tres días que duro el evento de Fidel y parte del Gobierno atendiendo las críticas y dando respuestas, se van desgranando los problemas de Cuba, los resultados económicos y las tareas por realizar. Se habla abiertamente, sen ambigüedades, con palabras sencillas y referencias continuas a datos concretos. Ejemplo de esta claridad es cuando Fidel, en una intervención, hace referencia a que todos los cubanos tiene hoy bicicletas, y un murmullo de contestación recorre los 2000 delegados sindicales al Congreso, obligándolo a rectificar por un «casi todos». Hay intervenciones apasionadas contra el bloqueo y de afirmación socialista, y otras más prácticas dando cuenta del esfuerzo realizado en las fábricas, en la recogida de caña de azúcar o de la apertura de nuevas explotaciones ganaderas, pero todas coinciden en el antiimperialismo y las ventajas del sistema. Una y otra vez se habla de los errores cometidos, de valorar el trabajo, de unir el salario al esfuerzo, aumentar la productividad, incentivar la inventiva, evitar los despilfarros, eliminar las limitaciones burocráticas, denunciar las corrupciones….»

¿Se mantiene esta actitud autocrítica? yo pienso que si en lo fundamental, aunque hay distorsiones, como lo demuestra las campañas contra el burocratismo, la pasividad y la corrupción a pequeña escala en los centros de trabajo. De mi última visita, en diciembre de 2005 para asistir al Congreso de la Federación Sindical Mundial celebrado en la Habana, relatare algunas percepciones para reforzar esta opinión.

Ante todo se ve que la economía funciona mejor, crece y que va a más, y esto se debe en parte a los intercambios comerciales con Venezuela y China. Hay quien añadirá el turismo. Es verdad. Pero además se debe añadir: la importancia que para la economía tiene la inversión en enseñanza e investigación durante décadas; que las medidas de privatización en ciertas áreas no estratégicas también dieron resultados; que el sector público aumento mucho su eficiencia. Además se hicieron grandes intentos con Estados y sectores de los Estados Unidos para romper el bloqueo; este esfuerzo también se practico con otros países que realizan un bloqueo menos público y beligerante, más vergonzante.

La situación de rápido crecimiento actual, con lo que eso significa en un país en el que se mantiene en lo fundamental el control del estado sobre la economía y los servicios públicos básicos, no se debe por lo tanto solo al efecto de la Revolución Bolivariana y al gran aumento del comercio con China. Tampoco se puede desconocer, como bien dice Darío Machado, que cuando se pasa por un lodazal -el periodo especial con todas sus carencias- siempre queda algo de barro prendido al cuerpo y las mentes de todos durante esa travesía. Pero de estos temas ya hablaran seguramente otros ponentes, por lo que me centrare más en lo sindical.

En Romper el Cerco, un libro de Isabel Rauber, la autora realiza múltiples entrevistas a trabajadores y dirigentes sindicales cubanos sobre uno de los problemas más importantes: la eficiencia en el trabajo. No es algo secundario, porque de su correcta solución depende el futuro del sector público en Cuba, especialmente en las actividades productivas y de los servicios -que son propiedad de la burguesía en los países capitalistas, el duro y destructivo modelo alternativo-. En pocas palabras: también hablamos del futuro del socialismo cuando se debate sobre mejorar la eficiencia.

La eficiencia tiene vinculación además con la corrupción a pequeña escala, la mas difícil de atacar, y que además aumento exponencialmente durante el periodo especial. Uno de los entrevistados dice a Isabel «Los equipos de trabajo, las brigadas, tienen que ser creativos porque la delegación de facultades no puede ser solo a nivel de director de empresa, hay que seguir para abajo. Ahí es donde viene la verdadera participación…». Otro entrevistado suma su experiencia practica «Y aquí, el año pasado hicimos -y ya veníamos haciendo- las asambleas de balance de cada subdirección, de cada área…». Y otro autocrítica «Y cuando hablo de la empresa hablo de los hombres que la componen no de los hierros. En Cuba hemos estado muy equivocados con eso, y nos ocupamos a veces mas de los hierros que de los hombres.» Otro de los entrevistados aporta soluciones «Hoy podemos afirmar que el futuro del sindicato es lograr que nuestras empresas sean referencia en materia sindical, en el orden económico, y en el orden social también.».

Completa la idea Pedro Ross, secretario general de la Central de Trabajadores Cubanos (CTC), con la siguiente observación:

«Nosotros no tenemos la verdad en la mano; tenemos que tener en cuenta la experiencia internacional; sobre todo de los países de América Latina, aunque son diferentes los sistemas, y sea diferente la situación de la clase obrera cubana en relación con la clase obrera de Argentina, de Brasil, de Chile, de Bolivia. Porque nosotros somos los dueños del país, y esto no se expresa solamente en la participación que tienen los trabajadores en la toma de decisiones, sino en el hecho muy significativo que a veces no se publica, no se propagandiza, pero que está presente: el trabajador cubano tiene en el centro de trabajo o cerca del centro de trabajo, las armas para defender los poderes. No hay un ejercito por encima de los trabajadores; la defensa del país descansa fundamentalmente en los trabajadores y el pueblo.»

Avanzar en los resultados económicos es bueno para el pueblo cubano -y las fuerzas antiimperialistas de todo el mundo-, pero ¿como se garantiza un reparto adecuado y además participan los trabajadores en el?. «Las relaciones de los sindicatos con las diferentes instancias de gobierno se distinguen de manera particular en la ya institucionalizada reunión que cada seis meses tiene la dirección nacional de la CTC y sus sindicatos, con las principales figuras del gobierno y el Estado».i

Antes de seguir avanzando, dos datos, Cuba ratifico 87 convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de los 184 que adopto la institución. Es el segundo país en América Latina en número de convenios ratificados. Estados Unidos, por ejemplo, solo ratifico 14 conveniosii. Otro dato para mí como sindicalista muy importante, porque refleja las condiciones laborales, en el año 2001 fallecieron 129 personas por accidentes laborales en la isla. Es una cifra porcentual varias veces inferior a la de Galicia, en plena Europa Occidental, donde en ese mismo año fueron 99, con una población cuatro veces menor a la de Cuba.

Pero ¿como se fijan los salarios y las condiciones laborales?, En el libro Romper el Cerco, una dirigente sindical nos dice «nosotros empezamos a hacer el convenio junto con el diagnostico del estado político. Entonces preguntamos a los trabajadores que es lo que ellos considerarían que debía ir en el convenio colectivo;… se llevo a una comisión del buró sindical y a una comisión de la empresa y empezamos a negociar… hubo que hacer como cinco variantes del convenio, porque cada vez que se cambiaba una cosa había que llevarla al colectivo y había que cambiar el convenio. Y se hizo así ajustando… Fue un proceso de mes y pico… así que los trabajadores dominaban totalmente el convenio colectivo.»

Este año en un comunicado de la CTC, Pedro Ross Leal, abundaba en los mismos criterios al decir que durante los meses de febrero y marzo se realizarían reuniones de trabajadores en todo el país para la implementación de incrementos salariales. Aumentos que se condicionan a la producción, a la asistencia, al gasto de energía y materiales, etc.

En Cuba todo refleja una sociedad movilizada, y esto es muy importante, y la CTC es uno de los puntales sobre los que se asienta esta capacidad. Otra demostración de ello, es la elección de los 1.450 delegados y delegadas para el XIX congreso y los miles de asambleas previas. El proceso empieza en los centros de trabajo donde se eligen los precandidatos, después el proceso es municipal, provincial y nacional. Una parte de los delegados y delegadas, concretamente 91, lo son de aquellos centros que destacaron.

Uno de estos centros que destacaron fue el Hotel Nacional de Cuba, ya que durante siete años consecutivos sus operarios aportaron al Estado 167.500 dólares conseguidos de propinas. ¿Cual fue el proceso de elección?. Un total de 477 personas ejercieron su derecho a voto, de manera secreta, en 13 asambleas por áreas de trabajo, al final fue escogido uno de los dos candidatos por el 58,2% de los votos contra el 37,5%.

Como conclusión a este apartado no quiero dejar de hacer mención a dos aspectos importantes cuando analizamos el sindicalismo en Cuba. El primero, que existe el derecho de huelga, sobre esto me dice Darío Machadoiii «hay un pacto que rige desde el triunfo de la Revolución de no acudir a ella, debido a carácter del Estado cubano que trabajo en beneficio de toda la población y de los trabajadores en particular, de una legislación laboral generosa que se cumple rigurosamente (vacaciones, prestaciones, jubilación, protección de la salud, etc)«.

El segundo tema es el relacionado con la dirección o la gerencia del centro de trabajo. Sobre este aspecto me respondía Leonel Gonzáleziv de la CTC, a una pregunta que le hice, «como practica los ministerios tienen derecho de nombrar a los directores y dirigentes de empresas, y los trabajadores -por medio de las asambleas de centro de trabajo- tienen derecho a pedir su democión, liberación o sustitución. En más de una ocasión he tenido que atender procesos de este tipo y no hubo una sola vez que fuera rechazada la voluntad de los trabajadores, siempre que se fundara en razones lógicas«.

Estos dos aspectos de las relaciones laborales comentados son trascendentes, porque marcan grandes diferencias con nuestro entorno, donde por ejemplo, la huelga y movilización son fundamentales para la defensa de los intereses de la clase obrera. A veces por mecanicismo y falta de análisis de cada realidad ignoramos que en nuestros países, a diferencia de Cuba, carecemos de toda capacidad para actuar sobre la organización de la empresa, ya que estamos sometidos a una legislación y gobiernos que protegen los intereses del capital. Aquí padecemos un sistema que impulsa al máximo la concentración y centralización de la riqueza, sobre todo en esta etapa neoliberal, mientras que la CTC actúa en un contexto radicalmente distinto, por lo que su actuación debe ser diferente ¿o el sindicalismo está al margen de quien gobierne y como gobierne?… ¿está al margen de la política?…

CTA: empleo digno, redistribución y soberanía

Me acercaré ahora con ustedes a la experiencia de la Central de los Trabajadores Argentinos, la CTA, porque creo que en ella se están desarrollando propuestas y formas organizativas muy interesantes, y que pueden ser uno de los caminos en los países dependientes. Se trata de un sindicato vivo, con un gran debate interno, con procedencias muy diversas, mismo enfrentadas en el pasado, pero que todas ellas vienen de la derrota -como muy bien dice su secretario general, Víctor De Gennaro-. Unir a peronistas y militantes de la izquierda tradicional no es algo fácil en la Argentina, especialmente ahora cuando hay un gobierno que se reivindica peronista y no tiene tan mala imagen como Menem, además la economía avanza, se denigra a los militares genocidas y algunos están siendo juzgados.

Hagamos un poco de historia. El golpe militar que derroca a Perón en 1955 interviene a los sindicatos y sus dirigentes pasan mayoritariamente a la clandestinidad. Las dos décadas posteriores son momentos de lucha, de huelgas y movilizaciones, de ocupación de fábricas, también de algún intento guerrillero, en el que existe intervención de militantes sindicales. La clase obrera no quería perder sus conquistas durante el Justicialismo, que son muchas. En su momento eso implicó cierta institucionalización sindical y una alianza de clases, en la que la hegemonía la ganaron los representantes de la «burguesía nacional». De todo eso es heredera la CGT, pero también en los setenta de una postura débil frente al genocidio, y en algunos casos de colaboración con la dictadura militar. Ya en los noventa el sindicalismo de la CGT apoya al Gobierno de Menem, que privatiza y entrega el país al capital extranjero y termina por destruir la amplia clase media y debilita la clase obrera.

En este escenario aparecen fuerzas que no aceptan la dependencia, el aumento de la pobreza y un sindicalismo dócil, que en muchos casos tiene dirigentes que son empresarios. La más importante de estas demostraciones de sindicalismo no pactista será el nacimiento del Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA), que si tiene una fecha de gestación es el 17 de diciembre de 1991, en la localidad de Burzaco, en la provincia de Buenos Airesv. El 14 de noviembre de 1992 se realizó el Congreso Fundacional en las instalaciones del Parque Sarmiento, en la Capital Federal, con la presencia de 2.654 delegados. A este congreso asistió German Abdala, por última vez ya que moriría un año después. German compañero de luchas en ATE de De Gennaro, en 1989 se convirtió en diputado Nacional, fue uno de los impulsores del Grupo de los Ocho que denuncio el menemismo desde dentro y rompió con el Partido Justicialista (PJ) cuando se impuso el indulto a los genocidas, y uno de los máximos impulsores de una central alternativa a la CGT.

Pero ya basta de historia, centrándome en los programas y métodos que defiende e impulsa la CTA, quisiera destacar los siguientes aspectos:

  1. Objetivos que cuestionan el sistema.

Desde su nacimiento la CTA se distinguió no sólo dar la lucha por unas mejores condiciones laborales para los trabajadores con empleo, si no sobre todo por globalizar la pelea y poner en el primer plano medidas contra el desempleo y la precariedad -la mitad de la población está por debajo de la línea de pobreza-. Quizá el punto mas elevado de estas propuestas sean: el plan nacional por el trabajo, los ingresos y salario, para que no haya ningún hogar pobre en la Argentina (año 2003). Un programa con un claro contenido redistributivo y de clase. Como decía De Gennaro en el VII y último Congreso (Mar del Plata, marzo de 2006) «en un país donde sobra la riqueza el hambre es una inmoralidad»vi.

Otro de los objetivos, que ha ido creciendo en importancia a medida que fué avanzando el tiempo, y que une a la CTA con otras centrales sindicales latinoamericanas en campañas concretas, es la oposición al ALCA, un acuerdo de «libre comercio» entre los Estados Unidos y la América Latina. Sobre el ALCA, el proyecto imperialista para América Latina decía la CTA en el prologo de un documento explicativo de diciembre de 2001 «Entendemos el proyecto del ALCA como la coronación por la vía de la inclusión de nuestro país en un acuerdo supranacional, del proceso que pusiera en marcha la dictadura en Marzo de 1976. En aquel momento, se afirmó una reestructuración cuyas tendencias principales hoy se mantienen. Tendencias que se expresan en cuatro características que recorren los últimos veinticinco años de la economía argentina: endeudamiento externo; desindustrialización; distribución regresiva del ingreso y mutilación (por la vía de la subordinación y privatización) de la capacidad de intervención del Estado argentino en el ciclo de acumulación dominante.«vii

  1. Capacidad movilizadora

La CTA siempre le dió gran importancia a la movilización, especialmente a aquella que desborda lo gremial y local, en coherencia los objetivos que señalamos en el punto anterior. Debemos destacar la Marcha Federal, en julio de 1994, contra el gobierno nemenista bajo la consigna de «Una Argentina para todos»; la Marcha Grande, en el año 2000 por el seguro de empleo y formación para cada jefe y jefa desocupado, que recorre 400 quilómetros entre Rosario y Buenos Aires; la consulta popular del año 2001 por el seguro de empleo y formación en la que participaron tres millones de personas, una movilización previa a las grandes protestas ciudadanas que dieron lugar a la caída del Presidente De La Rúa. O el 4 de noviembre de 2005 el paro en el país y movilización en Mar del Plata contra el ALCA, y la presencia de Bush.

  1. Democracia interna y autonomía.

Estos son dos de los principios de todas las centrales sindicales. En el primer caso, cada país y sindicato tiene su receta, pero el sistema de elección directa y secreta que hay en la CTA, como si fueran unas elecciones políticas, define otro modelo con la participación directa de todos los afiliados y afiliadas en la elección; los delegados al Congreso debaten sobre estrategias y los Estatutos, sin la presión electoral.

En lo referente a la autonomía, teniendo en cuenta que la subordinación a un partido o al gobierno es una realidad en muchísimos casos, la CTA por su propia composición no parece que tenga ese peligro en lo inmediato, aunque en el ultimo Congreso los sectores afines a Kirchner hicieron un gran intento para controlar la central o cuando menos condicionar su política.

Recordemos que en la CTA hay sectores que fueron en las listas de Kirchner, otros en las de Izquierda Unida, y otros en las del ARI de Elisa Carrió, Partido Socialista, etc. Es una central muy plural, donde además hay muchos dirigentes sin militancia partidaria, pero con proyecto político. Además el último Congreso, en línea con los anteriores, se pronuncio por potenciar el Movimiento Político y Social. Claro que cada uno interpreta esto con sus matices. Aunque De Gennaro define este movimiento de esta manera «No queremos construir un movimiento político cualquiera, si no de liberación, para cambiar este sistema perverso que oprime el país«.viii

La autonomía a respecto del Gobierno actual quedaría demostrada en la postura de la CTA en la Comisión Salarial del Consejo donde presento una propuesta distinta a la apoyada por la CGT y la patronal, que contaba con el apoyo del Ministro de Trabajo, sobre el salario mínimo, o en la movilización realizada en todo el país el 20 de abril por «trabajo, justicia y soberanía» y que fue convocada en el Congreso de Mar del Plata. Las reivindicaciones concretas al gobierno de Kirchner son: redistribución de la riqueza, salarios dignos, reconocimiento de la personería gremial de la central, regularización de los trabajadores precarizados, y soberanía de los recursos naturales.

  1. Una visión actualizada y local de la clase.

Dado que en la Argentina una parte muy grande de los trabajadores perdieron su empleo, como consecuencia del duro ajuste de los años ochenta y noventa y la mayoría están ahora subempleados en empresas o en actividades por cuenta propia, la CTA opto por no dejarlos al margen. Por eso además de los trabajadores con contrato fijo, también están afiliados los que luchan por la tierra y la vivienda, los que organizan a los chicos de la calle, los desempleados, las prostitutas, etc. La CTA es más amplia que la central sindical tradicional, y busca representar a todos aquellos que luchan contra la pobreza, por salario y formación. Es un modelo que tiene que ver con la realidad de este país, pero que podría ser válido en otros lugares total o parcialmente.

  1. Política de alianzas, la formación e información.

Aun queriendo agrupar en su seno a todos aquellos sectores que luchan contra la pobreza -el desempleo, y por tanto la falta de ingresos dignos y la protección social- la CTA le dio mucha importancia a establecer alianzas mas amplias. La FRENAPO es el mejor ejemplo. El Frente Nacional contra la Pobreza, agrupó a 70 organizaciones y 56 promotoras, estaban desde los pequeños y medianos empresarios hasta asociaciones religiosas de base. Esta actitud demuestra que no se trataba tanto de protagonizar como de construir el poder popular desde la base, lo que podrían ser con el tiempo los cimientos del movimiento político y social.

La central tampoco descuidó el tema de la formación. Los encuentros de El Nuevo Pensamiento, los varios institutos de estudios, los muchos cursos y seminarios, especialmente para los cuadros más jóvenes. En la información destacan las múltiples publicaciones, la página web, pero sobre todo la articulación de la información con las radios comunitarias locales y medios informativos comarcales. Me decía De Gennaro que la formación y la información es clave en su proyecto de sindicato, porque llegar a todos los habitantes del país con el mensaje de la CTA es prioritario; hoy esto no sucede y es una de las mayores limitaciones.

Claro que la CTA tiene además sus debilidades. Por ejemplo: problemas de reconocimiento legal en igualdad de condiciones que la CGT; aun tiene una afiliación mucho menor que esta. Las tendencias que la conforman vienen de orígenes y proyectos muy diferentes. También es verdad que a todas las corrientes internas las unifica su antiimperialismo, y el reconocimiento de Cuba y Venezuela como países de vanguardia en esa lucha.

Las perspectivas en lo inmediato

Sobre el sindicalismo de América Latina, del mundo, incide directamente la globalización neoliberal. Un tiempo nuevo con un gran fraccionamiento de la clase trabajadora, aunque esta sigue siendo central, como fundamental también es el trabajo por cuenta ajena. Un tiempo de dependencia y marginalidad. Ahora bien, el capitalismo tampoco hoy da solución a los grandes problemas de la humanidad ¡los agrava!. Concentra y centraliza la riqueza y el poder. Su éxito procede de su enorme hegemonía ideológica, y en hecho de que utiliza despiadadamente la presión y la represión en todas sus formas.

Sin duda un escenario tan negativo aumenta las dificultades del sindicalismo, especialmente en el más consecuente y combativo, y por lo tanto en la CTC y la CTA. Entiendo que entre sus retos inmediatos se pueden destacar los siguientes.

  • La CTC de Cuba tiene sus problemas que superar. Debe conseguir que cada cubano se sienta protagonista -con el mismo entusiasmo que en el pasado- de la transformación de la realidad y participe por tanto de la evolución de la economía, de los servicios públicos, de las condiciones laborales. El trabajador cubano debe ser al mismo tiempo patrón y sindicalista, un equilibrio difícil, que tendrá que modificarse con el tiempo, con las nuevas realidades, mismo generacionales. Avanzar por este camino inexplorado, no es fácil, el pueblo cubano, especialmente la juventud, marcará los ritmos. Desde el exterior hay quien hace previsiones y teoriza, a veces con muy mala intención, pero nada reemplaza a quien pisa el terreno y está en el medio de los hechos, y tiene voluntad de avanzar. Además Cuba ya no está sola en América Latina, ya que hay sin duda una ventana más abierta, con los triunfos populares en Venezuela y Bolivia.

  • Respecto de la CTA en la Argentina, la pluralidad de la que hablaba antes, tanto puede ser una virtud como una limitación en este momento, por lo menos para la unidad de la central, si es que Kirchner presiona mucho. Por otra parte, a diferencia del año 2001, cuando todo estaba claro, y la población pedía toda ella un cambio, hoy el Gobierno está consolidado y esto pone piedras para construir el movimiento político y social. El problema es, para cualquier alternativa, como se desborda a Kirchner desde la izquierda sin favorecer a la derecha -que nunca desaparece del mapa-.

Resulta evidente que esta etapa non es la misma que la anterior en la Argentina, ni lo puede ser para la CTA. Aunque se mantiene el pulso y se realizan protestas, quizá sea un momento mas adecuado para organizar, formar y llegar a la gente con las ideas… Esto también es movilizar, claro que de otra manera, menos tensa, menos álgida en lucha de clases, pero permite echar simiente y prepara el terreno.

Además, en el campo internacional hay alguna novedad importante. Concretamente todos los sindicatos que estaban enmarcados en la orbita de los Partidos Comunistas, de liberación o revolucionarios de cualquier tipo, tienen además hoy otro problema inmediato: la unificación de la CIOLS y la CMT en una sola central sindical. No es que el resultado en números aumente mucho los efectivos de la central internacional socialdemócrata (CIOLS), sino que nace con la pretensión de adueñarse del panorama sindical internacional, cuando menos en lo referente a la representación en los organismos e instituciones internacionales y en la presencia en los medios de información.

La nueva central internacional, y sus estructuras sectoriales y regionales, nacen con una finalidad hegemonista más que con un proyecto de clase, combativo y liberador. En los últimos meses presionaron a todas aquellas centrales sindicales no afiliadas o que habían reducido mucho su militancia en la FSM (Federación Sindical Mundial) para hacer realidad esta imagen plubicitaria. Cuentan para ello con muchos medios, casi siempre públicos, que consiguen a través de generosas subvenciones de la Unión Europea o del Gobierno de los Estados Unidos y sus múltiples agencias federales. Son el alargamiento dentro de las fábricas de la hegemonía del sistema en la política. Por cierto, las diferencias entre socialdemocracia e democracia cristiana, de centro o de derecha, prácticamente desapareció en la política institucional, dejando sin sentido la existencia de dos internacionales.

Como enfrentar este reto?. Sin duda cualquier proyecto sindical alternativo está unido a una recuperación de los movimientos de lucha contra el imperialismo, en tos los ámbitos, de tener una política internacional, de disponer de medios para mantener una relación constante entre las organizaciones adheridas o simpatizantes. Pero este tema por lo extenso lo dejo para otro momento.

En todas partes: justicia social, soberanía y solidaridad

Como última conclusión debo decir que al sindicalismo en cada país se le presentan problemas comunes pero en contextos distintos, a veces muy diferentes, no se puede copiar. En todo caso hoy en muchos lugares la globalización neoliberal puso en primer plano la lucha de clases pero también la soberanía nacional, la defensa de las identidades y otros problemas, como son el medio ambiente, las emigraciones masivas, la discriminación por motivos de genero o raza, la participación y el protagonismo obrero y de colectivos marginados y explotados. El sindicalismo no puede cerrar los ojos ante estas reivindicaciones y luchas.

A los trabajadores no nos dá lo mismo quien gobierne ni como gobierne. En la negociación colectiva solo se tratan algunos problemas que nos afectan, pero luego desde el poder se legisla sobre las pensiones, las prestaciones sociales básicas, la presión fiscal, el tipo de cultura que se va a hacer,… En todo esto los gobernantes cuando hacen propuestas favorecen a unas clases y perjudican a otras, por lo tanto no podemos estar al margen.

En los últimos años en muy pocos lugares del mundo la clase obrera y los sectores populares avanzaron en conquistas, y esto se debió en buena medida a que las organizaciones de los trabajadores se aislaron o fueron aisladas. Se impuso la idea de que el sindicalismo tiene como función fundamental la negociación colectiva, dejando el resto en las manos de las clases dominantes. Se afianzó el pacto, la sumisión.

Alejarse de la política, dejar de participar, presionar y exigir a los partidos políticos, es un error que solo favorece al capital. Por el contrario debemos luchar y además al mismo tiempo construir en todos los campos, pero muy especialmente el del pensamiento, de la formación, de la información; en todo aquello que nos permita reagrupar a los fragmentos de la clase trabajadora y ganar aliados en otros sectores perjudicados por el capitalismo neoliberal.

Tampoco es positivo que el papel de los sindicatos europeos, además de la pelea económica defensiva, se reduzca a hacer solidariedad con las luchas exteriores, esperando a que desde América Latina -o el mundo Árabe- se golpee al capitalismo imperialista. Pero, para que comience el declive definitivo del neoliberalismo destructivo, es necesario que en el centro del sistema y en su periferia más próxima, nuestro caso, se levanten también alternativas fuertes y combativas y antisistema. Si no estaremos arropando lo que en teoría decimos enfrentar. Para contribuir positivamente, en unos casos se tendrá que aumentar la movilización o la organización y en otros se debe reforzar el debate, la formación y la divulgación; o todos estos aspectos a la vez… dependen del país, de su historia, del contexto, de las debilidades y fortalezas.

Galiza, 28 de agosto de 2006.

Bibliografía

  • Nosotros los trabajadores, historia de la Central de los Trabajadores Argentinos 1991-97, Carlos del Frade, El Farol cooperativa de trabajo cultural, Argentina, 2004.

  • Romper el cerco, Isabel Rauber, Editorial de Ciencias Sociales, Cuba, 2001.

  • Cuba más allá de los sueños; Silvia Martínez Puentes; Editora José Martí; año 2003.

  • Historia en imágenes de la Central de Trabajadores Argentinos 1991-2005, CTA, Argentina, 2006.

  • Entrevistas, con Víctor De Gennaro, Marta Mafei, Claudio Lozano y Aramis Ventura, hacia el sexto congreso de los trabajadores argentinos. Web de la CTA.

  • La clase obrera de Alfonsin a Menem, Daniel Campione, Centro Editor de América Latina, Argentina, 1994.

  • Una historia silenciada, Isabel Rauber, Pensamiento Jurídico Editora, Argentina, 1998.

  • Pregón Judicial, periódico de la Federación Judicial Argentina.

  • Ocho de Octubre, órgano del Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata, Argentina.

  • Nosotros, publicación de la Asociación de Trabajadores del Estado, Argentina.

  • Trabajadores, publicación digital de la CTC, Cuba.

  • ALCA, neoliberalismo y nuevo pacto colonial; Enrique Arceo; CTA; Argentina diciembre 2001.

i Página 103, Cuba más allá de los sueños.

ii Página 105, Cuba más allá de los sueños.

iii Darío Machado, tiene publicados varios libros y diversos ensayos sobre la realidad cubana, es profesor en la Universidad de La Habana.

iv Secretario de Relaciones Internacionales de la CTC.

v Nosotros los Trabajadores, historia de la Central de Los Trabajadores Argentinos 1991-97, página 54.

vi Página 9, diario La Capital, 31 de marzo de 2006.

vii Página 4 de ALCA neoliberalismo y nuevo pacto colonial.

viii Página 8, La Capital, 31 de marzo de 2006.

Manuel Mera es Secretario Confederal de Formación Sindical e Comunicación de la Confederación Intersindical Galega