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El arranque de la segunda vuelta desnuda el precario equilibrio de la Nueva Mayoría

Fuentes: CIPER

El programa de Michelle Bachelet es el más progresista presentado por su bloque desde 1989 y las críticas soterradas que se hacían en la DC por ese giro emergieron con fuerza tras los adversos resultados de ese partido en la elección senatorial. La molestia DC fue atizada también por el buen desempeño electoral del PC, […]

El programa de Michelle Bachelet es el más progresista presentado por su bloque desde 1989 y las críticas soterradas que se hacían en la DC por ese giro emergieron con fuerza tras los adversos resultados de ese partido en la elección senatorial. La molestia DC fue atizada también por el buen desempeño electoral del PC, a quien consideran el principal beneficiado con el cambio de rumbo. La candidata deberá esforzarse para mantener los equilibrios en su coalición de cara a la segunda vuelta y tendrá que escoger entre «suavizar» el discurso para apuntar a los votos de centro o ir en busca del electorado de izquierda.

La candidata cerró su discurso con un «¡viva Chile!» y la música volvió a retumbar. Un centenar de adherentes la aclamaba y ella, sonriente y entusiasta, batió sus palmas al compás de los acordes y hasta se atrevió a ensayar unos pasos tropicales. Parecía una fiesta, pero no lo era. Cuando bajó del escenario y atravesó el lobby del Hotel Plaza San Francisco, donde instaló su cuartel central, algunos invitados sostenían copas de champán. Michelle Bachelet no brindó con ellos. Apenas repartió algunos saludos y besos a la pasada y subió rauda el segundo piso, donde su círculo más estrecho seguía analizando resultados de distritos y circunscripciones.

Bachelet volvió a bajar unos 20 minutos después, siempre sonriente, y ahora sí encabezó el brindis de rigor. Afuera, la Sonora de Tommy Rey aceleraba los ánimos, pero adentro el termómetro no subía. El brindis fue una intervención escueta, hasta mezquina si se quiere, para un presidenciable que marcó más de 21 puntos de diferencia sobre su más cercano competidor. Fue cálido, pero protocolar, con un saludo a los invitados internacionales, agradecimiento para su equipo y un llamado a seguir bregando para abrochar la victoria en la segunda vuelta. Ese era, precisamente, el principal factor que ahogó la fiesta del bacheletismo: la segunda vuelta. Pero no fue el único. Esa misma noche, apenas cerradas las mesas y contados los votos, quedaron también en evidencia las dificultades que deberá sortear Bachelet para sostener los equilibrios y las fidelidades en una coalición que incluye desde el ala más conservadora de la DC hasta el Partido Comunista.

Soledad Alvear y Alberto Undurraga, candidatos DC al senado derrotados.

A la misma hora en que las cumbias de Tommy Rey resonaban en el escenario, los militantes DC comenzaron a desaparecer del hotel. Las noticias que les llegaban desde la sede de su partido eran ingratas: la senadora Soledad Alvear había sido derrotada y numerosos dirigentes DC estaban furiosos con la mesa encabezada por el senador Ignacio Walker, a quien responsabilizaban por la derrota de cinco de sus siete aspirantes a la Cámara Alta (Alvear, Sabag, Undurraga, Latorre y Ascencio). La crítica apuntaba a que había permitido la «izquierdización» del comando y el programa de Bachelet, lo que finalmente habría socavado la votación del partido.

Volvía a instalarse en la DC el debate acerca de la conveniencia de abrir las puertas de la coalición al comunismo. Recién cerrados los recuentos de sufragios, los corrillos en la sede DC apuntaban a que la presencia del PC había sido clave para que el programa de gobierno de Bachelet enfatizara temas emblemáticos del bloque progresista que habrían «asustado» al votante de centro: una nueva Constitución (punto en el que aún no se resuelve si incluirá o no Asamblea Constituyente), matrimonio igualitario, aborto terapéutico, reformas laborales, el fin del lucro y gratuidad universal en la educación.

En contraste, el Partido Comunista se alzaba como uno de los grandes ganadores de la jornada: de sus nueve aspirantes a diputados, consiguió escaños para seis y duplicó su actual bancada. La cosecha de votos comunista fue asombrosa: cuatro de sus candidatos electos bordearon o superaron el 40%. Además, el partido logró poner en la Cámara a dos jóvenes diputadas que prometen concitar el interés mediático: Camila Vallejo y Karol Cariola.

La fiesta que había programado el comando de Bachelet para celebrar el triunfo que no llegó, terminó convertida en una suerte de ampliado político. En cada rincón del lobby del hotel se debatía el único tema para el que hubo espacio una vez conocidos los resultados generales de la elección: cuál será la apuesta de Bachelet, si «suavizar» el discurso e ir por el electorado de centro, o bien insistir en la necesidad de los cambios institucionales profundos y buscar los votos a la izquierda del espectro político. Hacia donde ella incline finalmente la balanza no sólo marcará el mes de campaña que le queda por delante, pues se interpretará también como una señal de lo que puede esperarse de su casi seguro segundo periodo presidencial.

CORCOVEOS EN LA DC

Tras la elección del domingo 17, Bachelet retornó al ruedo electoral el martes 19 con una intervención pública que fue interpretada como una señal de que optaría por el camino de la izquierda. Lo hizo con un acto en el distrito de Recoleta e Independencia, una plaza donde el PC se ha hecho fuerte bajo el liderazgo del alcalde Daniel Jadue y la flamante diputada electa Karol Cariola. Allí, la abanderada compartió escenario con la secretaria general de las JJ CC, con Camila Vallejo y con la diputada electa por Ñuñoa y Providencia, Maya Fernández, militante socialista y nieta de Salvador Allende. El evento y su carga simbólica no fue del gusto DC.

Acto en Indpendencia: Karol Cariola, Michelle Bachelet, Maya Fernández y Camila Vallejo.

El tablero de la coalición bacheletista ha comenzado a crujir y el comando no ha podido soslayar el corcoveo DC. El mismo martes 19 en que Bachelet se fotografiaba junto a Karol Cariola, Camila Vallejo y Maya Fernández, el histórico dirigente DC y esposo de la derrotada senadora Soledad Alvear, vertió en la prensa el primer síntoma del descontento. Consultado, en radio Cooperativa, acerca de una eventual molestia en la DC porque el comando de Bachelet supuestamente favoreció al compañero de lista de su mujer, Carlos Montes (PS), Martínez respondió: «Muchos piensan que eso es así».

Bachelet tuvo que hacerse cargo de la estocada: «Lo que puedo decir es que nunca hice ni un solo acto con un solo candidato, siempre estuve en todas partes, en la publicidad, en el ‘bachemóvil’, el camioncito, con los dos candidatos a senadores», dijo a Chilevisión.

La queja de Martínez podría haber sido interpretada como un hecho aislado. Pero, la verdad es que fue un eslabón más dentro de una cadena de declaraciones que pusieron de manifiesto la tensión entre el polo progresista y el ala más conservadora de la Nueva Mayoría. El lunes 18, por ejemplo, fue Camila Vallejo la que puso sal en la herida de la DC: «Dentro de la Nueva Mayoría las fuerzas de mayor avanzada también tuvieron una mayor votación que las más conservadoras. Eso se demuestra por ejemplo con la elección de Carlos Montes, que le ganó a Soledad Alvear, que si bien es parte de la Nueva Mayoría, comparte este proyecto, tiene una posición más conservadora», dijo a CNN.

Este viernes 22 El Mercurio publicó una declaración del diputado Montes que sacó chispas en la DC: «No se a cuántos militantes representa Gutenberg Martínez». Cristián Cuevas, reconocido sindicalista del PC y derrotado candidato a la Cámara Baja, había saltado al ruedo el día anterior con otra frase afilada: «Nosotros queremos derrotar a los sectores ultraconservadores y neoliberales de la Nueva Mayoría, o liberales, porque para algunas cosas son de mayor avanzada (en términos valóricos); pero en términos económicos, conservadores, porque quieren sostener este modelo», señaló a El Mostrador.

El mismo jueves 21, Michelle Bachelet le hizo un guiño a la DC al recibir a los candidatos electos en cupos de ese partido en las regiones de Aysén y Magallanes. Con seguridad, no será esta la última vez en que deba jugar sus cartas para aliviar la tensión entre el sector más conservador de la DC y el bloque progresista de la Nueva Mayoría. Por lo pronto, para encauzar este debate que ya corre soterrado, los presidentes de la DC y el PC acordaron realizar en enero un encuentro oficial entre ambas colectividades para analizar puntos de convergencia y limar asperezas en las materias discordantes. Así lo informó el diario Pulso del miércoles 20. De concretarse ese evento, no será más que la primera cita protocolar de un pololeo a escondidas que ya lleva un par de años y que nació cuando los estudiantes salieron a las calles a mediados de 2011.

EL RETORNO DEL PC A LAS LIGAS MAYORES

Las masivas marchas de 2011 contra el lucro en la educación no solo damnificaron al gobierno de Sebastián Piñera. También tumbaron a una Concertación cuyos dirigentes y parlamentarios no podían subirse al carro de la protesta, debido a que sus gobiernos fueron los principales responsables de la crisis. Bajo las administraciones concertacionistas se permitió el lucro en las universidades privadas, al punto de convertirlas en negocios que se transaban en varios millones de dólares (vea los reportajes de CIPER sobre la U. del Mar y la U. San Sebastián), se incubó un sistema corrupto de acreditación de la educación superior (vea el reportaje de CIPER «Las pruebas que confirman la venta de acreditaciones a universidades privadas») y se estableció un Crédito con Aval de Estado que ahogaba a las familias de estudiantes vulnerables al mismo tiempo que generaba multimillonarias utilidades a la banca (vea el reportaje de CIPER «CAE: Cómo se creó y opera el crédito que le deja a los bancos ganancias por $150 mil millones»).

La oferta que entonces hicieron los tres diputados del PC a las bancadas de la Concertación, fue como un vaso de agua en medio de la pampa. La propuesta consistió en explorar en conjunto, como «oposición amplia», una reforma universitaria. El PC estaba bien posicionado ante la opinión pública por el liderazgo de sus dirigentes estudiantiles, particularmente de Camila Vallejo, y le tendió una mano a la Concertación para devolverle el habla. Además, en su centro de estudios ICAL y en el CENDA ya se había sistematizado información sobre la crisis universitaria que servía de base argumental para las propuestas estudiantiles, por lo que el equipo que modeló la reforma universitaria avanzó rápido. Al punto que, a poco andar, entró en un terreno espinudo: cómo se financiaría la reforma. Así, surgió la idea de elaborar también una propuesta conjunta de reforma tributaria.

Alejandro Micco

En noviembre de 2011 se constituyó el equipo de la «oposición amplia» que trabajó la reforma tributaria. Por el PPD concurrió Ricardo Lagos Weber, por la DC fue Alejandro Micco, en representación del PS participó Hernán Frigolett y en nombre del PC se integró Patricio Palma. El grupo trabajó durante cinco semanas y en enero de 2012 dio a conocer su propuesta. La principal novedad era la eliminación del Fondo de Utilidades Tributables (FUT), una proposición que a la larga se convertiría en el corazón de la reforma tributaria contenida en el programa de Bachelet.

La metodología de trabajo incluyó consultas a organizaciones sociales y gremiales como la FECH, la CUT y la Sofofa. También fueron citados académicos, ex funcionarios de Hacienda y ex directores del SII. La idea era no repetir el error de la Concertación de elaborar políticas a espaldas de los afectados: «Con el fantasma de los errores del Transantiago y del Crédito con Aval de Estado conseguimos que un tema de política económica volviera a vincularse con el mundo social y no solo con los técnicos. Fue un aprendizaje para todos», dice uno de los miembros de ese equipo. Este modelo de «consulta amplia» sería retomado después por el comando de Bachelet para la elaboración de su programa.

Aunque el PC ya había negociado pactos electorales por omisión con los partidos de la Concertación, hasta ese minuto jamás se había sentado a la mesa a elaborar políticas con ellos. La labor en torno a la reforma tributaria marcó un hito para los comunistas, porque los sacó del ostracismo en que habían estado durante más de dos décadas. Al mismo tiempo les permitió generar confianzas, particularmente entre el DC Alejandro Micco y el PC Patricio Palma, quienes más tarde se encontrarían en el equipo programático de Bachelet.

Quienes participaron en el grupo que elaboró la reforma tributaria propuesta en 2012 se llevaron una buena impresión de los aportes comunistas, principalmente acuñados por los investigadores del CENDA que dirige el economista Hugo Fazio. «Presentaron trabajos serios. Las posturas del PC fueron sensatas y aunque puso sus énfasis, como lo hicieron todos los partidos, también hubo generosidad para llegar a consensos», dice uno de los concertacionistas que integró ese equipo. A partir de ese hito, comenzó a abrirse camino de manera seria la posibilidad de que el PC se uniera a la coalición opositora.

Para el entendimiento con el PC en la reforma tributaria y para integrarlo finalmente a la coalición, fue clave la presencia del ingeniero comunista Patricio Palma en las conversaciones: «Tiene una personalidad muy distinta de la caricatura que se hace del comunista agitador y confrontacional. Es muy sereno para analizar las divergencias y, aunque las plantea directamente, no las convierte en un caso de vida o muerte. Es muy ejecutivo, por su formación de ingeniero», dice un DC que se ha sentado a la mesa de negociaciones con Palma.

A fines de 2012 e inicios de 2013 el bloque progresista de la Concertación empujaba un entendimiento amplio con el PC. La tensión de la DC con el resto del conglomerado iba en aumento por la novela en que se había convertido el esperado aterrizaje de Michelle Bachelet para competir en las primarias. En ese escenario, a un sector de la DC no le parecía propicio que los comunistas se unieran a la coalición. No obstante, se abría paso la tesis de que la Concertación debía «refrescarse» y que ampliarla hacia la izquierda era el único camino viable para que la carrera hacia La Moneda no pareciera «más de lo mismo». Fue en esos días que el fallecido dirigente DC Eugenio Ortega, a través de un amigo común, le envío un mensaje a Patricio Palma. Quería conocerlo.

Los encuentros entre Ortega y Palma fueron varios. Ortega quería que Palma le explicara si el PC estaba realmente comprometido con el sistema democrático y a las citas se fueron agregando otros militantes de ambos partidos. Las reuniones se manejaron en el ámbito privado y de ellas solo se supo a comienzos de este mes, cuando fueron reveladas por La Tercera.

En abril de este año, finalmente, la Nueva Mayoría fue inscrita como una coalición integrada por los partidos de la Concertación, más el PC, la Izquierda Ciudadana y el Movimiento Amplio Social. Tanto en el PC como en la DC aseguran que, si bien no fueron determinantes, las conversaciones entre Ortega y Palma, así como la buena relación entre este último y Alejandro Micco, facilitaron la inclusión.

EL PROGRAMA DE BACHELET

«Cuando sacó un millón y medio de votos en las primarias, Bachelet se despegó definitivamente de los partidos y le puso al comando y a la elaboración del programa los énfasis que ella quería», cuenta un colaborador de la candidata. Y esos énfasis, agrega, «son más de izquierda y eso empezó a verse en los discursos que se le preparaban, en el tipo de eventos que se le organizaban con muchas organizaciones sociales, donde la gente reclamaba por cómo había gobernado la Concertación y ella asentía, tomaba nota, y después pedía que esas cosas se consideraran en el trabajo del equipo».

Alberto Arenas

El equipo programático fue encabezado por el ex director de Presupuesto Alberto Arenas, economista, ex militante de la JJ CC en los años 80 e integrante del PS desde inicios de los 90. Quienes lo conocen dicen que es de perfil más técnico que político, ejecutivo, buen gerente de equipos y directo a la hora de expresar discrepancias. Él coordinó las mesas sectoriales y cauteló que abordaran los temas con los énfasis que quería Bachelet.

Arenas es, por lejos, el hombre de mayor confianza de la candidata en esta campaña. Su relación con Bachelet se inició en la campaña del 2005, cuando, junto a Mario Marcel, la convencieron de la necesidad de efectuar una profunda reforma previsional. Después de trabajar por 15 años en la Dirección de Presupuestos (Dipres), Arenas fue clave para transmitir a Bachelet que había recursos disponibles para realizar esa reforma sin afectar los equilibrios macroeconómicos. El economista está orgulloso de esa política desarrollada en el gobierno de Bachelet, pues se le considera el primer giro exitoso de un sistema neoliberal hacia un enfoque con equidad social. A tal punto aprecia ese trabajo que escribió un libro sobre el tema: «Historia de la reforma previsional chilena: Una experiencia exitosa de política pública en democracia«.

«Si hay un sector de la Nueva Mayoría que piensa que el programa es muy de izquierda o radical, debe tener claro que quedó tal como lo quería Michelle Bachelet, porque ella y Arenas lo monitorearon al detalle», dice uno de los integrantes del equipo programático.

Una de las novedades es que en las comisiones sectoriales participaron, a un mismo nivel, representantes de partidos y de organismos sociales o académicos. A diferencia de experiencias anteriores y por expresa instrucción de la candidata, en las comisiones no se privilegió la voz de los partidos y no se admitieron vetos temáticos. Las comisiones trabajaron poco más de un mes, a presión, y entregaron sus borradores a Arenas. En los puntos donde no hubo consenso, cada sector puso sus argumentos por escrito para que Bachelet zanjara.

Tanto en la comisión de reforma tributaria como en la de reforma educacional, el trabajo fue intenso, pero ejecutivo y con un alto nivel de consenso. Las conversaciones en torno a la reforma universitaria y a la reforma tributaria que tuvieron lugar en 2012 y que ya habían reunido desde la DC hasta el PC, dieron sus frutos y rápidamente hubo acuerdo en torno a temas que inicialmente prometían ser más complejos, como la eliminación del FUT y avanzar a la gratuidad universal en educación.

El tono progresista que fue adquiriendo el programa provocó resquemores en un sector de la DC, donde se miraba con preocupación que sus tres ejes -reforma tributaria, reforma educacional y nueva Constitución- afectaran el crecimiento económico, el empleo, la libertad de enseñanza y la estabilidad institucional. Las críticas internas en la DC sobre el rol de su representante en el equipo de programa, Alejandro Micco, se intensificaron. Para el gusto de los «guatones» DC, Micco había exagerado la sintonía con el bloque progresista. Por eso, en agosto el desembarco en el comando de figuras DC con perfil liberal, como José de Gregorio y René Cortázar, encendió luces rojas en el PS, PPD y PC. «Darles gratuidad a todos los estudiantes es partir al revés», fue una de las declaraciones de De Gregorio que precedieron su aterrizaje en el comando.

A la izquierda, Patricio Palma junto a Lautaro Carmona y Guillermo Teillier en el comando de Michelle Bachelet

En ese escenario, Patricio Palma elaboró una declaración del PC donde expuso la posición de su partido: «Nada más, pero nada menos». La tesis era que los acuerdos que ya se habían alcanzado en torno a las reformas tributaria y educacional y a la nueva Constitución, no se podían tocar. El PS y el PPD estaban en la misma posición, pero más importante fue que Alberto Arenas también se mostró de acuerdo. Al ala liberal solo le quedó espacio para intervenir en otros temas que no se habían zanjado aún, por lo que se concentró en evitar cambios radicales al modelo previsional y a la participación de la inversión privada en obras públicas, así como a evitar definiciones que pudiesen afectar drásticamente los proyectos energéticos. El «corazón» del programa, como lo dice uno los integrantes del equipo que lo elaboró, «superó la arremetida liberal».

Una vez que las comisiones sectoriales entregaron sus borradores, Alberto Arenas los trabajó junto a un equipo ejecutivo de su entera confianza. Ese grupo pequeño y a prueba de filtraciones sistematizó todos los documentos. En este equipo tuvo un rol clave Andrea Palma, ex jefa de gabinete de Arenas en la Dipres y que ahora realizó funciones de apoyo y coordinación en el trabajo programático. Ella se encargó de la edición y síntesis de los borradores de cada mesa sectorial para ponerlos a disposición de Arenas y Bachelet. En esa labor fue secundada por Gonzalo Pereira, economista con quien Arenas también trabajó en la Dipres. Fidel Miranda fue otro de los colaboradores de confianza de Arenas proveniente de la Dipres, donde fue uno de sus principales asesores para llevar a cabo la reforma previsional.

Una vez que el programa estuvo a disposición de Bachelet, ella lo discutió a puertas cerradas con Arenas, zanjó los puntos donde no había consenso y puso acentos en algunos temas que le interesan de manera particular. En el comando y en el equipo programático no saben si Bachelet discutió aspectos de la versión final del programa con consejeros ajenos al comando. Un miembro del círculo más estrecho de la candidata dice que ella no es de tener «asesores de segundo piso» y que prefiere «pimponear» temas con algunas personas de confianza cuando requiere segundas opiniones. Entre quienes conversan de política con la ex mandataria se cuenta al abogado DC y miembro del Consejo de Defensa del Estado, Carlos Mackenney, y el ex asesor presidencial bajo el mandato de Ricardo Lagos, Ernesto Ottone.

La versión definitiva del programa se redactó bajo la estricta supervisión de la candidata. Al equipo que había elaborado el borrador le sorprendió que ella agregara correcciones específicas que le dieron un énfasis más progresista a la redacción final de ciertos puntos del texto. Entre estos se cuentan algunas reformas laborales que apuntan a fortalecer el sindicalismo y la propuesta tendiente a detener el proceso de privatización de los hospitales.

LA FIDELIDAD DE LOS PARTIDOS

Bachelet no le dejó espacio a los partidos para que intervinieran en la versión final del programa. Se la entregó a los presidentes de las colectividades el 27 de octubre pasado, el mismo día en que el documento fue presentado al público en el teatro Huemul. De hecho, en esa reunión el presidente DC, Ignacio Walker, apenas alcanzó a manifestar algunos reparos a las propuestas en educación, porque rápidamente Bachelet le cerró el paso.

Ignacio Walker

Ya en la campaña de 2005 Bachelet marcó distancia de los partidos y constituyó un gabinete más técnico que político, lo que a la postre fue evaluado como un error. Cuando su gobierno comenzó a enfrentar problemas, como la desastrosa puesta en marcha del Transantiago y la «revolución de los pingüinos», las colectividades le cobraron la cuenta y Bachelet debió tender puentes para configurar un gabinete más político y contar con respaldo en las cámaras del Congreso. En las tiendas de la Nueva Mayoría, esperan que no vuelva a ocurrir algo semejante. Pero, en los antiguos partidos de la Concertación, especialmente el PS y la DC, se ha resentido la falta de espacio para participar en las decisiones del programa y la campaña. La vieja guardia socialista no considera a Arenas como representante de la colectividad, aunque tiempo atrás participó en la tendencia Nueva Izquierda y tejió lazos con Camilo Escalona. Esas relaciones, dicen, se diluyeron.

En la DC también surgió con fuerza una crítica a lo que consideran «falta de realismo» del programa de gobierno, pues estiman que contiene muchas metas «monumentales» para un periodo presidencial de apenas cuatro años:

-Ha generado mucha expectativa y la gente se ha entusiasmado, pero las tareas son muchas y ambiciosas. No solo por la reforma tributaria, la reforma educacional y la nueva Constitución, que ya son metas difíciles, sino también por algunas metas sectoriales que pudieron ser menores sin perder impacto. Por ejemplo, ofrecer 20 hospitales nuevos construidos, otros 20 en construcción y 20 diseñados, es francamente imposible. Podrían haber sido cinco construidos y cinco en construcción e igual sería una meta de alto impacto- dice un dirigente DC que apoyó la campaña de Bachelet.

En el comando señalan que la orientación programática que impulsó Arenas fue para sintonizar con los ciudadanos y no con los partidos. Ya en su recorrido por Chile durante la campaña de primarias, Bachelet se convenció de que los partidos están muy distantes de la gente. Por eso, las comisiones sectoriales trabajaron con la metodología participativa de integrar a organizaciones sociales y gremiales. «Bachelet le quitó el micrófono a los tecnócratas de la Concertación y se lo pasó a los dirigentes sociales y a la gente que trabaja en terreno, pero no para caer en el populismo, como caricaturiza la derecha, sino con la idea de hacer una mezcla virtuosa entre lo técnico y lo social», dice un integrante del equipo programático.

En todo caso, tanto Bachelet como Arenas se han cuidado de no golpear de manera gratuita a los partidos, aunque han sido inflexibles en la tesis de que la biblia de la Nueva Mayoría es el programa de gobierno. Por eso, lo que viene por delante es mantener alineados a los partidos y las bancadas, primero para ganar el 15 de diciembre y luego para sacar adelante las reformas ofrecidas al país: «La disciplina y fidelidad debe ir desde los partidos hacia Bachelet, pero también de ella hacia los partidos. Ella tiene que procurar un buen clima y evitar controversias gratuitas, porque los quórums parlamentarios para hacer los cambios son altos y no nos podemos dar el lujo de provocar berrinches y pataletas que nos hagan perder un voto de los diputados y senadores», señala un dirigente DC.

En efecto, respecto de los quórums que se requieren para concretar el programa, los resultados de la elección parlamentaria le dieron a Bachelet luz verde sólo para realizar su reforma tributaria, pero la dejaron a un paso de concretar su reforma educacional y con buenas perspectivas de acceder a acuerdos con senadores de derecha -como Antonio Horvath, Manuel José Ossandón, Andrés Allamand y el independiente Carlos Bianchi-, para materializar otras reformas institucionales. Pero, para alcanzar esos quórums requiere también de los votos de los diputados progresistas que se eligieron por fuera de la Nueva Mayoría, como Giorgio Jackson, Gabriel Boric y Vlado Mirosevic (electo en Arica por el pacto de MEO). Por lo mismo, Bachelet debe jugar sus cartas con precisión, a objeto de no «suavizar» el discurso al punto de perder el apoyo de esos diputados, pero tampoco «radicalizarlo» hasta quedarse sin los votos de algunos diputados DC.

Gutenberg Martínez

A pesar de la controversia pública de estos días entre la candidata y Gutenberg Martínez, la lectura que se hace en la interna DC es tranquilizadora para el comando. Los resquemores que ha manifestado el grupo más conservador de ese partido no debiesen afectar mucho la «fidelidad» de la bancada de 23 diputados electos en cupos DC -incluido el dirigente social de Aysén, Iván Fuentes- con el programa de la Nueva Mayoría. Aunque se da por descontado que varios parlamentarios DC apelarán al «voto en conciencia» si se legislan temas valóricos, como el matrimonio igualitario y el aborto, en general, dicen en la DC, la bancada se alineará con las reformas sociales y políticas. Eso, siempre que las señales de Bachelet sean de un trato equitativo para todos los partidos. Lo mismo ocurriría con los seis votos DC en el Senado, donde se espera que la presencia de Ignacio Walker y Jorge Pizarro sea garantía de disciplina.

En el horizonte inmediato solo se aprecia un diputado DC que podría salirse de la fila: Jorge Sabag, quien ya se alineado antes con la derecha en la votación de proyectos emblemáticos, al igual que su padre, el derrotado senador Hosain Sabag.

Entre los nuevos diputados destaca el ex ministro de Transportes Sergio Espejo, electo por el distrito de Colchagua y apoyado por el príncipe Claudio Orrego. Espejo adelanta que la bancada DC deberá actuar cohesionada en el apoyo al programa, porque ello servirá para que el partido se reconecte con la ciudadanía: «Esta no será la hora para darse gustitos», dice.

El temor de que las filas se desordenen por la izquierda, debido a la conexión del PC con el movimiento social, podría desactivarse, en parte, con la inclusión de ese partido en el gobierno, tema que podría comenzar a despejarse con la decisión que al respecto tomará esa colectividad este fin de semana. Sobre la supuesta contradicción entre «estar en la calle y estar en la Moneda», la respuesta de uno de los principales dirigentes comunistas es taxativa:

-No nos vamos a apartar ni una coma del programa. No vamos a pedir nada más, pero nada menos. Y esperamos que el futuro gobierno de Michelle Bachelet tampoco se aparte. Si cumple con todo lo que ha ofrecido y el movimiento social sale a la calle, será para apoyar las mismas reformas que quiere el gobierno.

-¿Y si no cumple?
-Entonces, no seriamos nosotros los que habríamos roto los compromisos. Mire, pedirle al PC que se desentienda del movimiento social, es como pedirle que deje de existir. Nosotros queremos que el movimiento social muestre su fuerza a favor de los mismos cambios que quiere Bachelet. Lo raro sería que le prohibieran a la gente que salga a marchar por la educación gratuita, el fin del lucro, el fortalecimiento de los sindicatos y una nueva Constitución, si es lo mismo que quiere La Moneda.

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