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El cartel o el arte de decir

Fuentes: La Trinchera

La hermenéutica intenta servir para estudiar qué quiso decir el autor (en mayúsculas) en una obra. Se trata de la ciencia del lector para conectar con el autor. Por eso es una ciencia antigua, olvidada, y modestamente enseñada en aulas universitarias.

Por otro lado, para una parte de las ciencias de la comunicación, se trata de estudiar, casi, el proceso inverso. Para estas, se trata de qué mensaje debe dar el autor para llegar al receptor. Van del lado del emisor al receptor, en última instancia. Es una ciencia para ayudar al arte de decir, para crear hábitos, reglas, y modos decir que ayuden a difundir.

Si llevamos esto al cartel de Cubadebate, nos queda que:

Su autor no es un autor (en mayúscula) de un ensayo u obra científica no superada, que exige del selecto grupo de lectores su esfuerzo y profundización de la ciencia para comprender la obra. El cartel es una obra de gran alcance, rápido, directo. Por esta misma razón, por su impacto, es que debe juzgarse. Se trata de juzgar al emisor (como figura lógica) con respecto a lo logrado en el receptor.

Si un cartel no logra el resultado esperado, el responsable es, entonces, el que lo creó. Para el caso del cartel en cuestión, su impacto depende de cómo se interpreta la alusión a la zafra de los 10 millones.

Desde el punto de vista de los hechos, la zafra fue un desastre. Marcó una fractura de las capacidades productivas del país y un desajuste que costó mucho. Fue un punto de inflexión. En buen cubano, esa zafra partió el país en dos.

Pero esta es solo la información académica aceptada. Lo importante es el impacto que tuvo para la gente; cómo quedó en la cultura popular ese hecho. Si la imagen dominante en el imaginario popular alrededor de la zafra es favorable, entonces, el cartel es favorable. De ser así, poco importa lo que pasó realmente. Las cosas no significan lo que el manual del académico quiere que signifique, sino lo que para la gente significa (aunque el significado para las masas sea un indicador de algo).

Sin embargo, no conozco a ninguna persona que tenga una imagen favorable de la zafra como proceso o como resultado. Se trata, en boca de Fidel Castro, de un fracaso. Para muchos, ya sea por conocimiento histórico con cierto rigor, o simplemente por un prejuicio, la zafra va asociada a lo negativo (más allá de lo obvio del resultado no se cumplió). Es su forma de leerlo.

Desde un punto de vista lineal, asociar un hito (la fabricación de 100 millones de vacunas) a un fracaso, no es muy perspicaz; una meta no se semantiza en clave de una meta incumplida.

Pero los muchos de antes, no son todos.  A buena parte de personas sí le gustó el cartel. Tal vez desconozcan los discursos de Fidel Castro sobre la zafra, o la realidad económica en la que dejó al país, pero les gustó. Es su forma de leerlo.

Incluso están los que por puro seguir todo lo que viene de las instituciones es bueno y revolucionario y hay que defenderlo, lo defienden ya solamente por eso, y de verdad lo entienden como bueno. El fetiche de la institución es un elemento semantizador en esos sujetos. Es su forma de leerlo.

Incluso, está el hecho de pensar que la consigna lanzada es una forma de reivindicar el pasado y romper la idea de que, aunque una vez no se pudo, hoy sí. ¿Y alguien entendió eso del cartel? ¿Cuántos? Será el modo de leer de alguien. 

Pero de lo que sí estoy seguro es que la zafra del 70 no es una cosita que le duele al cubano de hoy y que, si pudiera, hiciera algo simbólico para arreglarlo. Conocer el estado de cosas ayuda a comprender por qué este tipo de lecturas como la que mencioné, no existen, simplemente. El cartel no es para que los posmodernos subdesarrollados jueguen a significarlo, sino para que sea un impacto directo sobre su receptor.

Entonces, ya sea por una lectura desde saberes académicos, históricos, por imaginarios entusiastas, por fetiche de la institución, o por complejo de culpa en hombre masa, queda claro que existen muchas formas válidas (reales) de recibir el cartel.

Lo impropio de un civismo propio del estado de derecho, es querer imponer una interpretación; incluso por fetiche de institución, o por complejo de culpa, es su interpretación.  Tendrá lo que tendrá, pero la interpretación de un cartel no evalúa al receptor, sino el trabajo del emisor. 

Si el mensaje no conectó con todos, la interpretación personal ante cualquier mensaje no se impone. Se le deben “imponer”, en todo caso, pautas al comunicador para que logre que el mensaje dé el resultado deseado. Lo que hay que revisar es el cartel, y tomar las lecturas a este como medidas, como evaluaciones al trabajo realizado, y no para evaluar a la ciudadanía. 

Es un acto de ignorancia horrible culpar al receptor de un cartel. Con financiamiento o no a la crítica, lo que está mal, está mal.

Nota: El debate no debe girar sobre la integridad o la capacidad del autor del cartel, sino sobre el papel del cartel.

Fuente: https://www.desdetutrinchera.com/politica-en-cuba/el-cartel-o-el-arte-de-decir/

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