Fabrizio Casari

Artículos

Las negociaciones para un alto el fuego en Ucrania no parecen estar ni a punto de nacer, pero de hecho todo el mundo sabe que desde hace tiempo Estados Unidos, ante la insostenibilidad militar y financiera del enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, ha dado luz verde a la CIA para iniciar negociaciones con diversas mediaciones, última de ellas la de India.

La reciente visita del Presidente chino Xi Jnping a Arabia Saudí para asistir a la primera edición de dos cumbres multilaterales -una entre China y los países árabes y otra entre China y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)- ha abierto un nuevo rumbo en las relaciones internacionales.

Desde hace varios años, los europeos observan con perplejidad en algunos casos, e indiferencia en la mayoría, los descalabros de José Borrell.

Con 494 votos a favor, 58 en contra y 44 abstenciones, el Parlamento Europeo ha aprobado una resolución que designa a Rusia como «Estado patrocinador del terrorismo por las atrocidades cometidas por el régimen de Vladimir Putin contra el pueblo ucraniano».

Una operación de falsa bandera, una «desinformación activa» como debería llamarse. Esta es génesis y historia de la provocación internacional llevada a cabo por Kiev con el misil en territorio polaco.

Intentos de golpe de Estado disfrazados en Brasil, Bolivia y Perú, sanciones a Nicaragua, amenazas de invasión en Haití. Este es el sombrío y preocupante panorama que ha surgido en las últimas semanas en América Latina.

La guerra en Ucrania ha producido una remodelación de las cartas y los equilibrios políticos en toda la zona euroasiática. Uno de los cambios más significativos es la intensificación de las relaciones entre Rusia y Turquía.

Ya no parece haber dudas sobre los autores del sabotaje de los dos gasoductos de North Stream, como nunca las ha habido sobre los objetivos que perseguían: golpear a Alemania y Rusia.

Todo cumpleaños que se precie tiene palabras y música para celebrarlo, y los cumpleaños del sandinismo no son una excepción. La canción que se escucha en las calles de Nicaragua es una canción romántica. Los derechos de autor pertenecen al FSLN, uno de los partidos mejor organizados del continente.

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