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El caso Granda: un movimiento más de la CIA

Fuentes: Rebelión

El escándalo surgido tras el secuestro en las calles de Caracas del señor Granda, identificado por los medios de comunicación como el «canciller» de las FARC colombianas, ha puesto de manifiesto la necesidad de tomar muy en serio el plan desestabilizador urdido por el Departamento de Estado de EE.UU. y la CIA.El secuestro de Granda […]

El escándalo surgido tras el secuestro en las calles de Caracas del señor Granda, identificado por los medios de comunicación como el «canciller» de las FARC colombianas, ha puesto de manifiesto la necesidad de tomar muy en serio el plan desestabilizador urdido por el Departamento de Estado de EE.UU. y la CIA.

El secuestro de Granda no responde a una imprudencia de ciertos mandos de la policía colombiana. Incluso tampoco a una iniciativa puramente colombiana. Este secuestro forma parte de una provocación perfectamente medida y pensada en los laboratorios de guerra sucia del imperio. Se buscaba una reacción, -por otro lado de anteojito- del gobierno venezolano en defensa de su soberanía violada para activar el plan.

La reacción del gobierno venezolano ha sido metódicamente respondida, con frialdad calculada, por el gobierno colombiano. En los comunicados de la Casa de Nariño se mezclan con sibilina habilidad la mentira y la provocación soberbia. En el marco de una feroz campaña propagandística internacional, presurosamente secundada por los agentes mediáticos venezolanos, se elude machaconamente el meollo del asunto: la ejecución de un secuestro de un ciudadano que no tenía requerimientos por parte de la justicia colombiana, por más que a posteriori (9 de enero de 2005), fuese incluida su requisitoria en la INTERPOL Venezuela, por parte de funcionarios del gobierno colombiano en otro país, sin permiso ni conocimiento del gobierno del país atropellado, así como el delito de soborno perpetrado por el gobierno colombiano sobre oficiales de la Fuerza Armada de Venezuela.

El centro de la campaña propagandística está ubicado en el señalamiento de que, el gobierno de Chávez protege y respalda a terroristas en territorio venezolano. Esta especie, -por cierto negada campechanamente y rotundamente por el Ministro de Defensa colombiano en la oportunidad de su visita a Venezuela el 9 de diciembre de 2004 en entrevista concedida al periodista Ernesto Villegas, acaso un desliz del ministro- es la clave de la conspiración contra el gobierno bolivariano, a saber: Venezuela protege y respalda a terroristas causando con ello una probable violación de la Carta Democrática de la OEA.

En ese espíritu se enmarca la respuesta de la Casa de Nariño en la cual se señala que, no sólo se ha protegido a Granda sino que tienen «pruebas» de que eso mismo se está haciendo con al menos siete otros terroristas, así como de la existencia de campamentos guerrilleros de las FARC y/o el ELN en territorio venezolano.

Esa es la razón por la cual Uribe pide dilucidar el impasse en un «foro internacional». Está claro que la orden, emanada de los verdaderos diseñadores del plan, es que el problema sea llevado a instancias internacionales: cumbre, OEA, etc. Espacios en los cuales el gobierno estadounidense movería todos los hilos de su control sobre gobiernos entreguistas de la región para procurar, sino una condena del gobierno bolivariano en lo inmediato, cosa que no encontramos fácil, al menos un estado de generalizada sospecha internacional preparatoria de posteriores zarpazos, algo así como el ruido previo a la fiesta.

Es como para imaginarse el ambiente de crispación y angustia generalizada que las poderosas empresas de comunicación generarían a lo largo de todo un proceso de cuestionamiento en el seno de la OEA contra el gobierno bolivariano, con la correspondiente avalancha de expertos internacionalistas, opinadores de oficio, articulistas, presentadores, etc., sembrando zozobra, espoleando la locura oposicionista y sumiendo al país en un peligroso ambiente de ingobernabilidad.

Si alguien tiene duda de esto, -muchos consideraron poco menos que una exageración cuando denunciamos el Plan Sombras de la CIA en agosto de 2004- hoy, la novísima Secretaria de Estado de los EE.UU., la señora Condolezza Rice, acaba de afirmar en su comparecencia ante el Senado que: «Es extremadamente desafortunado que el Gobierno de Chávez no haya sido constructivo y tenemos que estar atentos y demostrar que conocemos las dificultades que ese Gobierno está causando a sus vecinos», si esto fuera poco, termina anunciando el objetivo del plan al decir que: «Siendo una región que ha firmado la Carta Democrática (de la OEA), vamos a tener que ocuparnos de garantizar que los que la han firmado la cumplan»,

Dicho con un término utilizado por el propio presidente Chávez el pasado domingo en su programa Aló Presidente: más claro no canta un gallo. La agenda de acciones de la CIA en Venezuela para este 2005 no tiene pausa. El gobierno fundamentalista de Mr. Bush tiene a Venezuela y su «indeseable» ejemplo entre ceja y ceja. Si algo ha distinguido a Mr. Bush ha sido su arrogancia y agresividad, de este cow boy tejano, como de Santa Rosa, puede esperarse y debemos esperar, cualquier cosa. Guerra avisada, dicen, no mata soldado y si lo mata es por descuidado.