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Cronopiando

«El cliente siempre tiene la razón»

Fuentes: Rebelión

Cronopiando Clásico lema de venta, tan viejo como falso. El cliente no siempre tiene la razón. A veces, nadie tiene la razón, a veces todos y, si me apuran, hasta podemos perder el tiempo hablando de la relatividad de la razón, de lo abstracto del concepto, de Kant y su razón pura. Porque al margen […]

Cronopiando

Clásico lema de venta, tan viejo como falso. El cliente no siempre tiene la razón. A veces, nadie tiene la razón, a veces todos y, si me apuran, hasta podemos perder el tiempo hablando de la relatividad de la razón, de lo abstracto del concepto, de Kant y su razón pura.

Porque al margen de razones, lo que la empresa Burger-King hace con sus clientes cuando les sirve más carne de la que pueden y deben comer, es engañarlos, estafarlos.

Aún aceptando, como dijera su representante en el Estado español que «estamos para lo que los clientes piden y frente a ello no hay nada que decir», como si fueran los clientes quienes, súbitamente, descubrieran las ventajas de engullir tres pedazos de dudosa carne, y les doy el beneficio de la duda, como si la iniciativa hubiera tenido que ver con la demanda y no la demanda con la iniciativa, aún en ese caso estaríamos hablando de estafa porque en toda la literatura publicitaria de Burger King, la expuesta en carteles, afiches o programas de mano, si algo se enfatiza es la pretendida calidad de las carnes servidas, su pulcra elaboración, su higiénico tratamiento y el apego estricto de la empresa a las normas sanitarias.

Y ninguna empresa de este tipo soporta el control de calidad menos exigente.

Los mismos argumentos del vocero de Burger King se los hemos oído a los fabricantes de cigarrillos, a esos que también están para lo que los clientes pidan y frente a lo que no hay nada que decir. También ellos defienden la calidad del tabaco empleado en la confección de los cigarrillos y su apego a las normas sanitarias, al menos, mientras no se demuestre lo contrario.

Al margen de polémicas entre carnívoros y vegetarianos, ningún nutricionista, ningún médico que se respete, puede avalar tan grosera ingesta, puede certificar carnes de tan oscuras elaboraciones y procedencias, puede negar las consecuencias para la salud de la comida chatarra o basura, así la traiga envuelta una azafata montada en patines o la presente un grotesco payaso, Burger-King y cualquiera de los otros establecimientos semejantes, al igual que las empresas cigarrilleras, atentan contra la salud de las personas y, en justicia, a cada hamburguesa que se sirva, debiera anexarse algún letrero que advierta que «esta comida puede matar» o que «comer estas hamburguesas obstruye las arterias y provoca cardiopatías y accidentes cerebrovasculares» o que «comer en Burger-King perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor» o que «el olor de esta carne contiene benceno, nitrosaminas, formaldehído y cianuro de hidrógeno»…

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