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El debate en torno a la comercialización del caimán aguja en Colombia

Fuentes: Rebelión

Cada decisión de los animales en la naturaleza demuestra que cada uno de ellos prefiere vivir a no vivir. No respetar esa autonomía animal sería situarnos en el lugar de un omnisapiente Dios-tutor, y creo que no tenemos derecho a eso. Menos todavía desde posiciones no antropocéntricas y antiespecistas. Homo sapiens es también un animal […]

Cada decisión de los animales en la naturaleza demuestra que cada uno de ellos prefiere vivir a no vivir. No respetar esa autonomía animal sería situarnos en el lugar de un omnisapiente Dios-tutor, y creo que no tenemos derecho a eso. Menos todavía desde posiciones no antropocéntricas y antiespecistas. Homo sapiens es también un animal -aunque un animal con responsabilidades especiales. Jorge Riechmann1

El 23 de enero del presente año, la dirección de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia -Minambiente-, levantó, parcialmente, la prohibición para el comercio del caimán aguja (Crocodylus acutus) en el departamento de Córdoba, específicamente, en la Bahía de Cispatá, La Balsa, Tinajones y otras zonas cercanas, consideradas como un Distrito Regional de Manejo Integrado.

Según el comunicado de prensa 002 de Minambiente -el cual fue luego eliminado de la página oficial del Ministerio- en el año 2016 la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre -CITES por sus siglas en inglés-, aprobó el comercio del caimán aguja de la Bahía de Cispatá, con el objetivo de permitir el aprovechamiento sostenible de la especie por parte de las comunidades aledañas. Durante los años 2017 y 2018, la Asociación de Caimaneros de San Antero -Asocaimán- junto con el Instituto Alexander Von Humboldt y la Universidad Nacional, implementaron un modelo de zoocriaderos para el aprovechamiento de la especie. Este modelo consiste en recolectar huevos, criar los neonatos, y liberar una parte de los juveniles luego de haber transcurrido entre 4 a 5 años. La otra parte es transformada en un valor de cambio.

Se trata de cultivar animales silvestres, criarlos, y posteriormente asesinarlos. Una fórmula que no es para nada atractiva, como tampoco la es con otros animales. El Estado colombiano debe propiciar otras formas de sostenibilidad de las comunidades, no reproducir la violencia y crueldad cuando tanto se habla de paz.

Las autoridades justifican la viabilidad del proyecto mencionando, entre otras ventajas: la legalización del comercio del caimán aguja exclusivamente en la Bahía de Cispatá, permitirá un seguimiento y control puntual, permitiendo a la comunidad obtener beneficios económicos, sin poner en riesgo la población de la especie. Además, sólo permitirán la recolección de huevos entre los meses de enero y abril. Y, por último, señalan que la tasa de supervivencia de los huevos de caimán aguja en su hábitat natural, el cual no supera el 3% del total de los huevos, podrá aumentarse mediante el manejo en zoocriaderos.

Sin embargo, estos eminentes investigadores no comprenden: (1) la estrategia reproductiva selección-r, característica de este tipo de especies, representa una baja tasa de supervivencia de huevos y neonatos. Sin embargo, esto hace parte de las leyes de la naturaleza, o sea, es normal. La baja tasa de supervivencia de los huevos de caimán aguja no es una excusa para la intervención del ser humano en la reproducción de la especie. La intervención antropogénica siempre ha sido motor de desequilibrios en la existencia de muchas especies, empujándolas, en el peor de los casos, a la extinción. La baja tasa de supervivencia de especies pertenecientes a la selección-r, no implica la desaparición de la especie mientras el ser humano no destruya su hábitat. Y, (2) la reactivación del comercio alrededor del caimán aguja no está exenta de la reactivación de la caza indiscriminada de especies adultas en su ecosistema natural. La necesidad de la reproducción acelerada del capital chocará con los tiempos necesarios para la crianza de las especies, por lo tanto, la solución será la caza de especies adultas.

Entre 1994 y 1998 un censo demostró que sólo existían seis individuos de caimán aguja en la Bahía de Cispatá. Para el año 2002, la especie es declarada en peligro crítico. Luego de la prohibición de la comercialización de la especie, desde hace 15 años, entre el 2002 y el 2017 fueron avistados más de 1.800 individuos, según los investigadores a cargo de la conservación de la especie. Actualmente, consideran que existen más de 11.700 individuos. Entonces, la lógica del mercado es sencilla: ilegalidad de la comercialización de la especie cuando se encuentre en peligro crítico, legalidad cuando recupere su número poblacional.

Además, la legalización del comercio del caimán aguja no es una decisión aislada, sino, que hace parte de la filosofía del Plan Nacional de Desarrollo -PND- 2018-2022 del gobierno de Iván Duque, el cual busca, entre otras cosas, legalizar las actividades que representan una presión a la naturaleza, cuyo control queda en manos del Estado. Según el PND, la biodiversidad y el resto de la naturaleza, es considerada un activo estratégico, término digno del campo empresarial.2

Según las autoridades, éstas se comprometen a hacer un seguimiento para evitar que la especie vuelva a estar en peligro de extinción, lo cual es bastante complejo, y esperemos que la situación no tenga un punto de no-retorno. La cultura del extractivismo del país puso sobre la mesa la autonomía animal del caimán aguja, la satisfacción de necesidades como zapatos o bolsos de piel de caimán, principalmente de los países desarrollados, llevó al gobierno de Colombia a permitir, de nuevo, el comercio de la especie. Lujos innecesarios a cambio de sufrimiento.

Si seguimos en esta línea, llegará el día en que el animal que no pueda ser valorado económicamente, no tendrá la oportunidad de habitar la Tierra con nosotros.

Notas

1  Jorge Riechmann, «Una utopía ética desmadrada: la intervención animalista positiva en la naturaleza», en Revista de Bioética y Derecho, núm. 44, 2018, p. 25.

2  Eduardo Gudynas, «¿Militarizar la gestión ambiental y territorial?, en Rebelión, 2019.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.