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El domingo 22 de junio de 1941

Fuentes: Rebelión

El 22 de junio de 1941, Alemania nazi y una coalición conformada por la mayor parte de países europeos atacaron a la Unión Soviética, sin declaración de guerra; eran las cuatro en punto de la madrugada y el pueblo soviético descansaba sin esperar que sus vidas fueran a cambiar radicalmente.

Así comenzó la Gran Guerra Patria, tal como se conoce la participación de la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Viacheslav Mólotov, Ministro de Relaciones Exteriores soviético, fue el encargado de informar a su pueblo sobre este trágico acontecimiento; parte de su discurso se convertiría en las consignas de guerra: «Nuestra causa es justa. El enemigo será derrotado. La victoria será nuestra». Esto mismo pasó luego de 1418 jornadas de batallas sangrientas, cuando las tropas del Ejército Rojo entraron en Berlín e izaron la bandera soviética en el Reichstag; finalmente, Alemania capituló ante los Aliados el 9 de mayo de 1945. Esta fecha es sagrada para Rusia, porque para conseguir la victoria se inmolaron 27 millones de sus mejores hijos.

A diferencia de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto bélico que Alemania desató en la Unión Soviética fue una guerra de exterminio contra los pueblos eslavos, gitanos y judíos, que para los nazis eran racialmente inferiores y ocupaban el espacio vital que les pertenecía a ellos, que se creían de raza superior; por eso, el elevado número de civiles muertos y los crímenes horripilantes que hubo en los territorios ocupados de la URSS, algo que no pasó en el resto de Europa. Es imposible describir al detalle las barbaridades que los nazis cometieron en las zonas ocupadas de la URSS entre los años 1941 y 1944; para tener una idea basta con recordar algunos de los tantos crímenes que fueron tratados en los juicios de Nuremberg.

Los nazis, con una malinterpretación del concepto del superhombre de Nietzsche, en “Así hablaba Zarathustra”, inculcaron en el pueblo alemán, y en particular, en sus fuerzas armadas, la Wehrmacht, la doctrina de que ellos descendían de arios, cuya raza madre, herrenrasse, fue corrompida y debilitada por la mezcla con razas inferiores; que ellos estaban destinados a convertirse en la raza de seres superiores, que debían conquistar por la fuerza Europa Oriental, Rusia y Asia Central.

Hitler, influenciado por Nietzsche, se vio a sí mismo predestinado a eliminar el comunismo, ideología que creía apta para los débiles de espíritu. Si a este mejunje doctrinario se añade el soporte del gran capital financiero mundial, que encontró en él suficientes atributos de dureza y violencia, necesarios para derrotar la efervescencia revolucionaria del pueblo alemán, se comprende que Hitler no era sólo el demagogo que engatusó a un país de grandes tradiciones libertarias y formidables pensadores, que instauró una dictadura personal y llevó a los habitantes de Alemania a la guerra, como a una manada de ciegos, sino que se trata de un fenómeno político todavía latente, que muestra su vitalidad en el mundo actual, repleto de conflictos sociales.

Lo dicho permite comprender porque el que muchos millones de soviéticos murieran de inanición en este conflicto en el menor tiempo posible, no fue un problema para Alemania nazi, que creyó innecesario alimentar a los prisioneros de guerra y a la población civil de la URSS. Se puede añadir a millones de judíos soviéticos que fueron gaseados en los numerosos campos de muerte como Auschwitz, Maidanek…

La Masacre de Oradour-sur-Glane o la total destrucción del pueblo de Lídice, que son muy publicitados en Occidente, se dieron por miles en la Unión Soviética, donde los Einsatzkommandos de Himmler asesinaron a comunistas, rusos, judíos, gitanos, intelectuales revolucionarios, homosexuales y enemigos de Alemania, misión que cumplieron rigurosamente bajo las mismas narices de los generales de la Wehrmacht. Hacia el final de la guerra, los Einsatzkommandos habían eliminado a más de un millón de personas en el territorio soviético.

En la URSS fueron exterminados por hambre, congelación, y demás experimentos, más de tres millones de prisioneros de guerra soviéticos, a los que trataron de untermensch, en alemán subhombre o subhumano. En “El camino de Stalingrado”, Benno Zieser escribe: “Los ‘ruskis’ estaban completamente debilitados. Apenas se podían tener en píe, y mucho menos eran capaces de ejecutar los trabajos físicos que se les exigían… Sin excepción alguna, todos mendigaban un poco de comida… se humillaban ante nosotros… en aquellos seres ya no había ningún rastro humano”.

Un oficial húngaro, el Dr. Sulyork, escribe en “Dos noches sin día”, que fue testigo de que “tras las alambradas de la guarnición de Rovno había docenas de miles de prisioneros rusos agonizantes, que no podían ponerse en píe, de rostros chupados y ojos hundidos en cuévanos. Morían a centenares cada día, y quienes aún conservaban un resto de energía los arrojaban a un gran poso”.

A partir de 1942, El General Vlasov, que se pasó a la Alemania nazi, visitaba a los prisioneros rusos y les proponía pelear a su lado; los alemanes los escogían al azar y esperaban conocer sus decisiones. Quienes se rendían eran alimentados, a los demás los dejaban morir de hambre.

Erich Lahousen, oficial de la Abwehr, el servicio secreto de la Wehrmacht, en su testimonio en Nuremberg dijo: “El General Reinecke nos explicó que la guerra entre Alemania y la URSS no se parecía a ninguna otra. El soldado del Ejército Ruso no es un combatiente en el sentido ordinario del término, sino un enemigo ideológico. Un enemigo a muerte del nacionalsocialismo, que los rusos debían ser tratados de un modo distinto a los prisioneros de guerra occidentales”.

El Mariscal de Campo Von Manstein ordenó: “El sistema judío-bolchevique debe ser exterminado… El soldado alemán se presenta como portador de un concepto racial y debe apreciar la necesidad del más duro castigo para la judería… En las ciudades enemigas, gran parte de la población tendrá que pasar hambre. No debe darse nada, por un desviado humanitarismo, ni a la población civil ni a los prisioneros de guerra”.

Durante la Gran Guerra Patria, Ucrania fue ocupada desde un inicio por Alemania. En su parte occidental se desarrolló un amplio movimiento colaboracionista, dirigido por Stepán Bandera, quien proclamó que luchaba junto a la “Gran Alemania, bajo el liderazgo de su líder, Adolf Hitler, que quiere crear un nuevo orden en Europa y el mundo”. Bandera, héroe nacional de la actual Ucrania y declarado criminal de guerra en los juicios de Núremberg, participó en el asesinato de ‎‎1,6 millones de sus compatriotas.

El 30 de junio de 1941, cuando la Wehrmacht expulsó al Ejército Soviético de Ucrania, en la ciudad de Lvov hubo una serie de masacres. Los Einsatzkommandos, con la participación de Bandera, perpetraron el asesinato de cerca de 10.000 judíos. Posteriormente, hubo la matanza de los maestros de la Politécnica de Lvov; la lista con los nombres de los profesores judíos que debían ser eliminados fue confeccionada por Bandera. En Babi Yar, quebrada cercana a Kiev, fueron asesinados alrededor de 100.000 judíos con la participación entusiasta de las tropas de Bandera.

Según los banderistas actuales, el pueblo ucraniano no es eslavo sino que desciende de arios de Escandinavia; en su perturbada fantasía, los ucranianos son buenos y los moscovitas ‎son malos. Irina Fanion, diputada banderista, declaró mucho antes de la operación militar especial rusa: “Vinimos ‎al mundo para destruir Moscú, no sólo para destruir a los moscovitas en nuestras tierras ‎sino para acabar con ese hueco negro de la seguridad europea, que debe ser borrado ‎del mapa”.

Pese a esta cruda realidad, al público occidental lo han convencido de que las armas que sus gobiernos envían ‎a Ucrania son para el ejército ucraniano, al que arman por ser buenos demócratas y defender la libertad de Occidente; fingen ignorar el hecho de que ese ejército está plagado de ‎partidarios de Stepán Bandera.

Todo lo que pasó en la Unión Soviética permite comprender lo que sucede en la Rusia actual y su intolerancia respecto al nazismo ucraniano, por qué Rusia inició el 24 de febrero de 2022 ‎la operación militar especial para desnazificar y desmilitarizar a Ucrania y por qué Rusia no puede aceptar que en Ucrania exista el nazismo.

El Presidente Putin dijo: “Ellos mismos representan un peligro para el mundo entero. Estamos recordando los bárbaros planes trazados por los nazis para el pueblo soviético: hacer trabajar como esclavos a quienes eran capaces de trabajar y quienes no, desterrarlos a los territorios del noreste de los Urales, condenándolos a morir”. Piensa que a la URSS no le hubiera sucedido lo que le sucedió durante la Gran Guerra Patria si la dirigencia soviética se anticipaba a la agresión nazi, y que es de locos esperar diferentes resultados del actual nazismo ucraniano. Sigue las palabras de Alan Turing: “Sólo podemos ver poco del futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta de que hay mucho que hacer”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.