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Carta a Miguel Ángel Beltrán

«El Estado es una senda de eliminaciones, ejerce la señalización y judicializaciones de orden punitivo en la más profunda violencia jurídica»

Fuentes: Rebelión

Querido Profesor, Miguel Ángel Beltrán Leyendo detalladamente su carta realizada desde el penal, me detengo resueltamente en sus líneas. Recuerdo muy bien, cuando el teatral del Álvaro Uribe Vélez, le dio por cambiarlo de penal, el día 22 de diciembre de 2010. Ante semejante despropósito y situación, ese día realicé un escrito titulado- -¿Dónde está […]

Querido Profesor, Miguel Ángel Beltrán

Leyendo detalladamente su carta realizada desde el penal, me detengo resueltamente en sus líneas. Recuerdo muy bien, cuando el teatral del Álvaro Uribe Vélez, le dio por cambiarlo de penal, el día 22 de diciembre de 2010. Ante semejante despropósito y situación, ese día realicé un escrito titulado- -¿Dónde está el profesor Miguel Beltrán?-

Después de 7 años de ir y venir, hoy nada ha cambiado, todo lo contrario se ha agudizado más la situación para usted. Condenado a 8 años y tres meses, me parece que el tiempo-presente se recoge para decirnos en la ignominia represora en que se halla usted, y los más de 10 mil presos políticos en Colombia.

En esta dimensión, le expreso, querido profesor: En el siglo XXI, lo fascios no se mueven bajo esas formas del naciente filo-fascismo del siglo XX, estos se hallan bajo un pensamiento táctico bien dirigido, Colombia no se escapa a ello. Hay monotonía en el color. Gris o negro.

El sol fascista en su más alta esfera, aparece salpicando el asfalto, la calle, el edificio, la universidad, la casa, el barrio, la vereda y cada transeúnte…

Cada jolgorio del represor, es una nueva parada, como una ópera prima. ¿Dónde están los fascios en Colombia? en el Estado, en el centro del poder institucional, bajo periferias temporales geo-territoriales -¿Y dónde reposan? – Mire usted- justo en ese pensamiento autoritario, en esa dictadura moral, bajo una velocidad en tiempo real que desinforma, engaña, que despolitiza en las micro -ciudades y capitales de los departamentos. Insertos en la naturaleza del Estado, en el mundo de su clase económica y para-militar. Estos, no necesitan avanzar a otra etapa, están instalados en su tiempo, que no es el de otros, ni es el suyo profesor. Como dice usted: 

Hoy, 3 de Septiembre cumplo un mes de estar recluido en estos muros de concreto, privado de la luz del sol y azotado por los fríos vientos de Agosto que son todavía más gélidos con la ausencia de mis seres queridos, cuyo contacto físico he evitado para no someterlos a la indignidad de tener que atenderlos tendidos en el piso sobre una cobija. Pues estas son las condiciones que nos obliga el INPEC a recibir visitas conyugales y de niños.

Desde mi confinamiento en este establecimiento reclusorio de orden Nacional, he sido objeto de abusos sistemáticos por parte del cuerpo de vigilancia y custodia de esta penitenciaria.

Justo en esa barrera del tiempo, que confronta el día de hoy existe un desafío ante el abuso sistemático. Es justo, la velocidad del tiempo real sobre las esferas, lo político, como lo anotara de manera reflexiva el filósofo Ernest Bloch en una de las cartas, dirigidas a Walter Benjamin en 1933: Existe una cuestión histórica en toda la extensión,…La única razón de no perder el coraje en la lucha por la existencia. Gran escollo, que se insiste en Colombia. Nudo central en estos tiempos de la Paz promulgada, que sin duda depone el tema de la globalización bajo las esferas de la virtualización y de pasito la guerra con todo el terrorismo de Estado.

Me pregunto -¿Cómo podremos avanzar profesor?- los fascios en este siglo recurren a esa justa velocidad del tiempo, ese es su gran mecanismo, pero su origen no deja de ser el mismo. Se embriagan bajo la dictadura de la moral, allí ellos trazan todo un pensamiento, bajo la economía, atentan contra la historia, la vida personal, colectiva, violentan todo un pensamiento crítico, donde usted y muchos resisten, instalados de cara al poder y a la vigilancia del control del Estado. Es la imposición de la violencia en el régimen carcelario.

Aquel que usted replica:

Y violencia física y simbólica constituye por excelencia el mecanismo utilizado en las cárceles colombianas, no solo para silenciar a quienes hemos ejercido el pensamiento crítico, ya sea desde la batalla de ideas, la lucha social o el recurso legítimo de las armas, sino para hacer desaparecer -como en un acto de prestidigitación- los problemas sociales que han profundizado la aplicación de las políticas neoliberales.

Sus palabras, le imprimen intrínsecamente el curso del Estado doctrinal de la represión y del autoritarismo en sus más insospechados tentáculos, bajo una política de Estado para-criminalizadora.

No crea en la indiferencia- profesor Beltrán- estamos atentos al curso de su historia y de otros prisioneros políticos. Sabemos que la doctrina de seguridad es una fascitizacion en todos sus rincones, persigue, in-visibiliza y en su premura doctrinal quiere convertir a los presos políticos en NN, es decir, desaparecerlos y hacerlos parte del circuito represor: sin nombre, ni número de identidad, hacinados, ejerciendo sobre ellos, de manera canalla una violencia no solo jurídica, sino física. Esto es lo más atroz. A mí modo de ver profesor – es la sístole en la para-criminalización de un Estado y su diástole en su propia naturaleza: la fascitizacion en el siglo XXI. Usted lo agrega: –

«Durante este mes mis actividades cotidianas han quedado restringidas a una superficie de 130 m2 que comparto con más de 200 presos. Ese es nuestro espacio vital para la recreación, el deporte, ver noticias, hacer llamas telefónicas, sacar ropas, realizar el culto religioso para quienes lo practican, la zona de estudio, de peluquería, y el área de alimentación»

En mi opinión esta para-criminalización tan llana aparentemente, tan soterrada que pasa sin despertar sospechas y que cuando se habla del tema algunos atisban a decir, que es solo un hilo del pos-modernismo. ¡Atroz mirada del tiempo-presente!

Así el Estado en Colombia- mire usted- cómo se ha vislumbrado en la confrontación, pero no hace el ejercicio de la reflexión. Y así va la sociedad en los tiempos de guerra. Esto último, apalabrado, sugerido de manera crítica, en una entrevista realizada en la Habana hacia el Comandante Timoleón Timochenko de las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia –FARC-EP.

Usted lo ha palpado, como catedrático, quien ha armado todo un pensamiento de reflexión política y sociológica, con gran plasticidad histórica sobre las sinuosidades de confrontación del terrorismo de Estado en Colombia. El Estado es una senda de eliminaciones, ejerce la señalización y judicializaciones de orden punitivo en la más profunda violencia jurídica: la imposición del escarnio público, el desconocimiento de los derechos civiles de un prisionero político. Esa violencia, sin duda, se extiende aún más, cuando se sale del régimen carcelario. Es el poder y la vigilancia. Es la dictadura moral de fascitización. Es sin duda, el curso del Estado, dañando, confinando al peor destierro de la vida de un ciudadano, hacia la desarticulación del amor, la estigmatización, la desolación sobre los afectos, a la renuncia de la existencia, perpetuando la ignominia económica, el deambular de un lugar, a otro, en el aquí en el allá, como lugar transitorio en que mágicamente nos depone el gran filósofo Gastón de Bachelard del lugar que se es y no se halla. ¡Camino atroz, absurdo, e infame para un ciudadano, perseguido y confinado por pensar críticamente! Es la academia encerrada con el más vil grillete invisible, atrapada y encarcelada, bajo los pensamientos que rigen un sistema: miles de prisioneros políticos, no solo de la academia , sino hombres de común con toda su existencia critica.

Es la paleta de colores, que se ha tornado en grande nubarrones grises: más de 10 mil presos políticos en Colombia. En ello, es gris y negro. Ante ello solo queda la reflexión política, crítica en su más profundo humanismo para desacuartelar el pensamiento para-criminalizador. Como usted lo agrega en uno de sus apartes:-

Porque para un espíritu crítico no hay cadenas ni barrotes que puedan encarcelar nuestras ideas libertarias. En mi caso personal he sido condenado a 8 años y 3 meses de prisión, es decir, un tiempo mayor al que están purgando aquello militares que fueron cobijados por la impune política de «justicia y paz» porque en Colombia es más peligroso pensar críticamente que realizar masacres, o cometer asesinatos selectivos, infligir tratos crueles e inhumanos y despedazar cuerpos con motosierra.

Profesor, ante esto, ¿cómo comprender, y bajo que formas el Estado en Colombia abre las puertas a un proceso de Paz? Me digo: Cuando en su sala-cuna, sus instituciones se han alimentado como la gran flor del Nenúfar: bella por fuera, pero, en su interior sostenida de las más profundas aguas podridas…Esto, mis ojos, ya dice de los caminos que hay que desbrozar.

Pero, sabe?: de ello, no hay que preocuparse cuando se tiene claro el camino. Hay que prepararse, con tesón, recogiendo y guardándose para la gran batalla del tiempo-presente. Es allí donde nada está perdido. Atesorar ideas, desbrozar los grandes cántaros de la vida, la amistad política para cuando salga el rayo de luz. Así, el ánimo de voluntades y la acción tesonera, seguro despejará la niebla de tanta ruindad histórica que le ha tocado vivir a los colombianos.

Mire usted- ante ello, lo convoco a que continúe escribiendo, armando el pensamiento, atento, critico. Ello jamás lo podrán eliminar, estamos atentos. Nada, ni nadie puede acabar con un pensamiento que está tan vigente como ayer.

mantendré en alto mi frente, defendiendo mi inocencia y

luchando porque en Colombia el pensamiento y la palabra

puedan circular libremente.

Miguel Ángel Beltrán, Académico, prisionero político en Colombia

Un abrazo,

Hasta el retorno

Sara Leukos

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.