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El fin de la huelga de Escondida, y algunas lecciones

Fuentes: www.clasecontraclase.cl

La huelga de los trabajadores de Escondida se extendió por 25 días, concluyendo el jueves 31 de agosto. El acuerdo alcanzado habría dejado satisfecho a ambas partes. Si al inicio la huelga había sido votada por el 98% de los trabajadores, al finalizar, el acuerdo fue aprobado por el 93%, con 121 votos (6,9%) que […]

La huelga de los trabajadores de Escondida se extendió por 25 días, concluyendo el jueves 31 de agosto. El acuerdo alcanzado habría dejado satisfecho a ambas partes. Si al inicio la huelga había sido votada por el 98% de los trabajadores, al finalizar, el acuerdo fue aprobado por el 93%, con 121 votos (6,9%) que votó por continuarla. La mayor preocupación es de la clase patronal. La clase trabajadora debe dar cuenta de sus fortalezas, y también debe analizar las limitaciones de sus luchas.

El acuerdo

Al inicio se demandaba un aumento del 13% en el salario, y un bono, por término de conflicto y precio del cobre, de $ 16 millones. La empresa comenzó ofreciendo un provocador 3% de aumento y bono de $ 8,1 millones. En el curso de la huelga, los trabajadores rebajaron su petitorio con el ánimo de llegar a un acuerdo, mientras que la empresa modificaba mínimamente su ofrecimiento, lo que obligaba a los trabajadores a rechazarlo. Finalmente, se acordó un aumento del 5%, un bono de $ 9 millones. Y con dos extras: la extensión del contrato hasta 40 meses, y que la modalidad de turnos 4×4 que debía rediscutirse en el 2009, se volviera a discutir recién en el 2013. Está más bien lejos de las pretensiones iniciales de los trabajadores. Sin embargo, la clase patronal se muestra inquieta, y la clase trabajadora se puede reconocer retomando un camino de fortalecimiento.

La inquietud patronal

La clase patronal se muestra preocupada. En lo inmediato, por el temor de un efecto imitación, que lleve a la huelga a las negociaciones colectivas en Codelco. Reconociendo que se le quiere bajar el perfil a la huelga de Escondida, el reaccionario diario El Mercurio señala que «desde el gobierno se ha apuntado directamente a no comparar esta movilización con lo que será el proceso de Codelco, ya que mientras en Escondida el impacto económico de la huelga va en perjuicio de un privado, en Codelco golpea los ingresos fiscales» (2/9). Temen también que eleve las demandas de aumentos salariales de los trabajadores de Codelco: «el tercer elemento ha sido poner en la agenda la preocupación por la fuerte alza de costos que ha tenido la firma en los últimos años, como una forma de mostrarle a los sindicatos que la ‘fiesta del cobre’ no necesariamente es tal, que los niveles de producción han caído y que en el largo plazo no se deben elevar desmesuradamente los costos en remuneraciones». Temen también que se eleven las demandas salariales de otros sectores de trabajadores. Según Marcelo Awad, el vicepresidente ejecutivo de la minera del grupo Luksic, Antofagasta Minerals, «nos preocupa la negociación que se está realizando, porque los trabajadores de la industria del cobre tienen los sueldos promedios más altos a nivel nacional, y por lo tanto, los pedidos que se están realizando alejarían aún más el nivel de sueldos respecto al resto de la industria nacional» (El Diario, 24/8).

Hay dos aspectos más que preocupan a los patrones. Uno, que se haya enfrentado a una poderosa transnacional minera. El otro, la dureza demostrada por los trabajadores: «Sorprendió el nivel de conflictividad de la huelga de Escondida, así como el manejo opinable de la compañía. Estos enfrentamientos corresponden más bien al pasado, y convendría efectuar estudios mayores para tratar de entender lo que efectivamente sucedió» (Mercurio, 2/9). La pregunta es dónde residió la fuerza y dureza de los trabajadores en huelga. Para el presidente ejecutivo de BHP Billiton Base Metals, el «hombre fuerte» de Escondida, en los asesores sindicales: «Nosotros probablemente fallamos en convencerlos de que lo que estábamos ofreciendo era un muy buen paquete salarial y creo que se demoraron mucho los dirigentes del sindicato en entender, tal vez asesorados por gente que no tiene experiencia en negociaciones colectivas» (Mercurio, 1/9). El asesor piensa lo mismo de sí mismo, según un reportaje de La Nación (27/8): «César (Mendoza Devia, dueño de la empresa asesora: LICC) dice que él diseñó la estrategia negociadora, nos muestra un power point y explica el mapa estratégico de negocios», y en ese reportaje pocos días antes del acuerdo declaraba que «como no se ha cerrado el acuerdo, daremos paso a las otras acciones contempladas (…) adelantando la llegada de dos científicos de fama internacional» para hacer análisis ambientales y tributarios de la empresa.

¿Habrá sido realmente esta asesoría la que dio fuerza a la lucha de los trabajadores?, ¿habrán sido estos científicos de renombre internacional? Menos académicos, por esos mismos días en que llegaban los afamados científicos, los gerentes de la empresa presionaban porque los dirigentes sindicales convencieran a la asamblea de los acuerdos que se iban alcanzando en las negociaciones: «Sólo retomaremos las conversaciones cuando veamos de parte de los dirigentes una real voluntad de conversar para llegar a acuerdos. Adicionalmente, queremos un compromiso de ellos de que lograrán en la asamblea la aprobación de los acuerdos a los que se llegó en la mesa de negociación», declaraba Mauro Valdes, vocero de BHP Billiton en Chile a El Mercurio del 29/9.

La verdadera fuerza de los trabajadores de Escondida

En primer lugar, que, como todos los trabajadores, son los que verdaderamente producen la riqueza, y si deciden paralizar, no se produce más riqueza. En segundo lugar, que son trabajadores del principal resorte de la economía nacional, así que sus acciones tienen inmediato efecto político. A ésto debe agregarse la extraordinaria situación del precio del cobre hoy, haciendo más costosa cada jornada de paralización, lo que obliga a la empresa a tener que andar con cuidado.

La empresa anduvo con cuidado entonces, aunque no escatimó ningún recurso: desplegó una campaña de prensa, utilizando los medios de comunicación para difundir la falsa idea de que la demanda de los trabajadores era excesiva, debido a que los mineros son de los mejor pagos del país entre los trabajadores. Es cierto, pero tan cierto como que todos los trabajadores del país son mal pagos y deben ser mejorados en sus condiciones de trabajo y de vida, además que la empresa gana 100 veces más que lo que ganan todos los trabajadores juntos. Hizo servirse por esa fuerza siempre dispuesta a defender los intereses patronales: los carabineros, incluso movilizando destacamentos desde diferentes prefecturas (a la de Antofagasta se sumó la de Calama, e incluso desde el Sur llegaron). No terminó ahí: produjo un semi paro patronal (lock out) por cerca de 24 horas. Más todavía: rompió unilateralmente la mesa de negociaciones ante el rechazo de la empresa (si los trabajadores hubieran roto el diálogo ante el rechazo de la empresa a la demanda obrera, hubieran hecho arder troya). Sobre los últimos días, aunque en forma moderada, comenzaron las declaraciones de diferentes patrones y sus asociaciones empresariales contra la huelga. Y ésto no tiene fin: realizaron eventuales prácticas antisindicales con llamados a trabajadores para presionarlos al descuelgue. Además, comenzaron a contratar reemplazantes y utilizaron a trabajadores subcontratistas.

El enemigo enfrente era poderoso. Esto hizo que fuera aún más impactante la lucha de los trabajadores de Escondida. Lo principal es que avanzaron a la huelga, y que la sostuvieron durante 25 días, en un país en el que no existe el derecho efectivo a huelga, y la subcontratación es reina y señora. Que tras el día 15, en que se habilita a los reemplazantes y descuelgues (por el Código Laboral de la dictadura mantenido por la Concertación y la derecha), los casi 2.052 trabajadores se mantuvieran unidos y firmes en la huelga, mostrando su dureza, su firme disposición a la lucha. Y es lo que hizo que la inquietud empresarial fuera creciendo (a su favor jugaba que sus trabajos no son de los que pueden reemplazarse fácilmente).

A esto sumaron la combinación de métodos de lucha propios de los trabajadores, aunque apenas fueron una muestra de lo que podría ser: es el caso de la obstaculización de la entrada a la faena, para evitar que se quebrara la huelga manteniéndola en funcionamiento; la represión policial, principalmente, impidió ejercer este derecho legítimo a hacer que la huelga sea efectiva. Se sumó la toma de Puerto Coloso, para obstaculizar que el producto de su trabajo saliera a pesar de la huelga. Así mismo, se realizaron trabajos solidarios comunales. Se incorporó a las mujeres de los mineros a la huelga. También, se realizaron actividades políticas como demandar el fin del reemplazo en la huelga (aunque esperando- vanamente- que por libre debate lo hagan los mismos parlamentarios que hasta ahora realizaron tres reformas al Código laboral sin ninguna modificación de este punto). En el mismo sentido, se repuso, desde los trabajadores mismos y en medio de una huelga, la necesidad de renacionalizar el cobre. Y se volvió a hablar de Minera La Escondida Limitada como lo que es: una transnacional. Hubo algo de los viejos métodos de los paros y acciones en solidaridad: se recibió la solidaridad de otras organizaciones sindicales mineras. Incluso, tanta fue la expectativa despertada, que los primeros días de la huelga se realizó un paro simbólico en solidaridad en otras minas (ver CcC n° 98). ¿No podría esta fortaleza haber arrancado mayores beneficios a una empresa que en esos días daba a conocer sus multimillonarias ganancias? Para ésto, se deben reconocer algunos de sus límites para prepararse para superarlos.

Los límites de la lucha de los trabajadores

Hay algunos límites que es necesario que planteemos para la reflexión de los trabajadores de Escondida y de todos los trabajadores. Entre ellos, podríamos comenzar por la necesidad de avanzar a paralizar el 100% de la producción. Si la producción se mantiene, y permite mantener a flote a la empresa y a sus ganancias, esta buscará sostener al máximo la huelga buscando el desgaste de los trabajadores. Con la producción enteramente paralizada, difícilmente la empresa pueda apostar al desgaste del trabajador, porque su única razón de ser son las ganancias, que se verían así afectadas radicalmente.

Pero con esto surge un segundo problema inmediatamente relacionado: la necesidad de avanzar a la unidad sindical de los trabajadores. Sumar- de la manera que sea posible- a la huelga incluso a los trabajadores no sindicalizados. Y sobre todo a los trabajadores contratistas, que son utilizados por la clase patronal para reemplazar al trabajador de planta. Tomando las demandas de los trabajadores contratistas en el petitorio del sindicato, avanzando en realizar asambleas conjuntas, y hacia la unidad sindical de todos los trabajadores. En sindicatos basados en los métodos de la democracia directa de la clase trabajadora y con una política de defensa de los derechos e intereses de los trabajadores, y no de diálogo social permanente y conciliación con los intereses opuestos de la clase patronal.

Esta última es la tercera lección de importancia que debemos plantearnos. Para directamente evitarse las pretensiones de los patrones de que los dirigentes actúen como representantes suyos ante la asamblea, es necesario fortalecer a los sindicatos como órganos para la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores, clasistas y combativos, opuestos a la política sindical de los diálogos sociales permanentes y la conciliación de intereses con los patrones que perjudican al trabajador. Hace falta entonces otra orientación política sindical, para recuperar los sindicatos y la CUT como herramientas para la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores, construyendo Tendencias Clasistas de Trabajadores de Base que la lleven adelante, y un partido de trabajadores revolucionario para ponerlas en pie, y acabar con la impunidad y la explotación patronal. En este camino, se puede ensayar que en toda mesa de negociación se envíe junto a la directiva sindical un delegado rotativo mandado por la asamblea, que de cuenta sólo a la asamblea, e impida que se resuelva nada a sus espaldas, e incluso se incorpore también al directorio sindical un delegado rotativo de asamblea, en el camino de sindicatos basados en los métodos de la democracia directa de los trabajadores.