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El imperio de la mentira

Fuentes: Argenpress

Cuando escribí mi artículo La conspiración (REBELION 8 de Mayo de 2.001), en el que aludía a un proyecto de poder global de tipo orwelliano, algunos me acusaron de caer en ‘una visión conspirativa de la Historia’; acusación, por lo demás, muy habitual entre esa izquierda autosuficiente que se empeña en ver la sociología como […]

Cuando escribí mi artículo La conspiración (REBELION 8 de Mayo de 2.001), en el que aludía a un proyecto de poder global de tipo orwelliano, algunos me acusaron de caer en ‘una visión conspirativa de la Historia’; acusación, por lo demás, muy habitual entre esa izquierda autosuficiente que se empeña en ver la sociología como una ciencia exacta (y cuando los hechos lo desmienten se limitan a decir para sus adentros: ‘¡que se jodan los hechos!’). Ciertamente la historia de la humanidad no es la historia de las conspiraciones; pero no se puede negar que algunas conspiraciones han alterado el curso de la Historia (¿o es que debemos creer, como decía Hitler, que fueron los comunistas los que incendiaron el Reichstag para no caer en una visión conspirativa?).

Pocos meses después de aquel artículo ocurre uno de esos hechos que marcan un antes y un después: los atentados del 11 de Septiembre, una secuencia de aquel proyecto totalitario que, no obstante, sigue siendo visto por buena parte de esa izquierda -ingenua hasta el papanatismo- como una venganza de los oprimidos contra la prepotencia de EEUU. Sigue asumiendo la versión imperial de una todopoderosa y fanática red Al Qaeda que odia a Occidente y ejecuta atentados acá y allá (en su día asumieron también la versión ‘humanitaria’ de la intervención en Kosovo y ven a simples ‘patriotas’ en los sanguinarios mercenarios chechenos). Y cuando esos medios repiten una y otra vez las alertas rojas o naranjas, ven a torvos islamistas agazapados, en lugar de una estrategia de la tensión perfectamente planificada. La coincidencia con lo que difunden siniestros personajes como J.Ascroft y T.Ridge es total.

Ahora han vuelto a asumir la versión oficial del atentado del 11-M, pese a que la lógica de la conspiración hacía previsible un atentado en Europa. Así lo predije en varios de mis artículos (véase, por ejemplo, Acto II: sin noticias de Bin Laden, Rebelión, febrero del 2.002) como también predije (v. Buscando a Bin Laden desesperadamente, Rebelión, octubre del 2.001) que Bin Laden no sería encontrado porque el Imperio necesitaba un fantasma a quien atribuir sus crímenes. Hablé asimismo de una previsible lucha en la cúpula del poder imperial entre los halcones antislamistas y los que piensan que su política exterior perjudica los intereses de EEUU (v. artículos citados). Ahora J..Petras en recientes trabajos (v. La página de Petras en’Rebelion’) informa de cómo esta confrontación empieza a aflorar y encresparse. En efecto, los halcones, que ya habían ‘puenteado’ a la CIA creando su propio servicio de inteligencia, planean ahora desmantelarla, porque un sector de la Agencia y el FBI no han cesado de sabotear la Cruzada con informes que desmentían la existencia de armas de destrucción masiva, la compra de uranio enriquecido por Irak, e incluso la autenticidad de algunos vídeos atribuídos a Al Qaeda. Todas estas predicciones -que no profecías- las hice basándome en la lógica de la conspiración, que se ve así consolidada..

Entre el 11-S y el 11-M hay algo más que una sospechosa coincidencia de fechas (los cerebros del Imperio parecen tener una rara predilección por el número 11 para cometer sus fechorías: recuérdese también el golpe de Chile). Las mismas incógnitas -todavía sin resolver- de aquel atentado se repiten en éste. Repasémoslas sucintamente:

-¿Cómo es posible que con tantos indicios en sus manos, los servicios secretos y la policía fuesen incapaces de abortar los atentados, permaneciendo, por el contrario, en una absoluta pasividad? Las comisiones de investigación llegan a la conclusión de que hubo inexplicables fallos que, sin embargo, atribuyen a una supuesta ‘descoordinación’, descartando la hipótesis, más plausible, de la complicidad. En el 11-M varios de los supuestos autores o colaboradores eran, además, confidentes o delincuentes comunes fichados por la policía, lo que revelaría una falta de precaución elemental por parte de Al Qaeda que pondría en precario su futuro. Pedro J. Ramirez, director de El Mundo, se pregunta en su carta dominical del 19-9-04 por este enigma: ‘¿Por qué y para qué los camellos y rateros de Lavapiés se transforman en los fantoches, oportunamente armados, capaces de desencadenar la carnicería del 11-M y luego suicidarse en Leganés?’. Es decir, nos quieren hacer creer que gente del hampa se transforma de la noche a la mañana en fanáticos religiosos capaces de dar la vida por sus ideas.

-En ambos casos la inmolación de los supuestos terroristas hace imposible un proceso legal riguroso (pero no una vasta operación mediática de intoxicación). Y respecto de los que, aún no siendo autores, serían colaboradores o ‘cerebros’ de los atentados del 11-S, todavía -al cabo de tres años- no se ha conseguido una sola condena, pese a que, como afirma M.Ruppert (v. El año de la ley en que vivimos peligrosamente ‘Rebelión’, 4-1-04) Bush la necesita desesperadamente. La condena en Hamburgo contra M.Motassadeq ha tenido que ser anulada por el Tribunal Supremo alemán. Es decir, después de tres largos años ha sido imposible -en el ancho ámbito del llamado ‘Estado de Derecho’- establecer judicialmente la autoría de los atentados en los que se basa la Cruzada que asola el mundo. Sólo nos queda, pues, creer en la palabra de Bush y sus halcones, mentirosos convictos y confesos.

-:¿Como es que los terroristas demuestran tanta profesionalidad y eficacia antes de los atentados y tanta torpeza después de ellos?. Como es que dejan abandonadas (¿para que las encuentren?), carnés de vuelo, cintas del Corán, videos, furgonetas repletas de huellas y toda clase de pistas?.¿Como es posible que después del 11-M los terroristas, en lugar de salir de Madrid o dispersarse se reúnan ostentosamente en un piso de Leganés para que los ‘suiciden’?. Ni ETA -organización terrorista de segunda división al lado de Al Qaeda- cometería un fallo tan elemental.

Y así podríamos seguir haciéndonos preguntas sin respuesta si descartamos la hipótesis del montaje para no caer en una ‘visión conspirativa de la Historia’. Lo cierto es que la tesis de la autoría islamista del 11-M tampoco se sostiene (el Informe Múgica ya había puesto en evidencia las incongruencias de la versión oficial) y la investigación de la comisión parlamentaria del 11-M ha desembocado en ‘un maldito embrollo’ que amenaza cerrarse en falso. El propio secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, ha declarado (Mundo 16-08-04)que ‘probablemente nunca llegaremos a saber quien organizó los atentados del 11-M’.

La estrategia de la tensión exige que la amenaza del fantasma de Bin Laden y su Al Qaeda no decaiga, sino que, por el contrario, se incremente, para justificar nuevos recortes en la ya recortada democracia norteamericana. Un nuevo y próximo atentado ‘tipo Pearl Harbor’ dentro de EEUU u otro país occidental -posibilidad que los propios halcones no se recatan en avisar- daría paso en el interior a la fase fascista de poder (suspensión de la constitución, ley marcial, reclutamiento forzoso, etc..) como admite el general Tommy Franks (v. La criminalización del Estado de M.Chossudovsky; ‘Rebelión’ 23-02-04) y a una nueva aventura militar en el exterior, cuyas víctimas pueden ser Siria, Irán o Arabia Saudita. ‘Estamos al borde de transformaciones globales’ -advierte David Rockefeller- ‘Todo lo que necesitamos es una adecuada crisis de importancia y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial’. Ya el Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC) de los neoconservadores pedía en septiembre del 2.000 ‘un evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor’

Resulta difícilmente creíble que ese ‘terrorismo islámico’, con capacidad para golpear en cualquier parte, con una red de campos de entrenamiento y decenas de miles de liberados burlando a las policías y servicios secretos del mundo entero, pueda estar financiado por una sola persona (Bin Laden). Ni Bill Gates podría hacerlo sin arruinarse en poco tiempo. Solamente un Estado muy rico tendría recursos para ello y el único con esa capacidad es Arabia Saudita. Pero la familia real saudí no sólo esta enemistada con Bin Laden, sino que tiene la mayoría de sus ‘petrodólares’ y sus inversiones en Estados Unidos. Sería pues, el último país interesado en desestabilizarlos. ¿Por qué entonces ese interés de los halcones en demonizarlo?. Por su ayuda a la resistencia palestina y porque allí -además de las mayores reservas de petróleo- está el centro espiritual del Islam (La Meca, la tumba de Mahoma, etc..) a donde peregrinan los islamistas de todo el mundo. Destruir el corazón cultural y económico del Islam dejaría el terreno abonado para el gran proyecto de los halcones de ‘remodelar’ todo Oriente Medio y el mundo islámico en general. En este sentido resulta sospechosa la primera parte de ‘Farenheit 11-S’ de M. Moore, dedicada a demonizar a los saudíes, al igual que resultaba sospechosa su insistencia (‘Bowling for Colombine’) en la necesidad de suprimir el artículo de la Constitución estadounidense -ciertamente desfasado- que permite al pueblo armarse para salvaguardar su libertad, justamente cuando ésta vuelve a estar amenazada. Su campaña abierta por la candidatura de J.Kerry -que puede ser todo menos una alternativa a Bush- acaba de descalificarlo como supuesto detractor del sistema.

Pero la teoría de la conspiración no es cosa de unos pocos agoreros o paranoicos, sino que va ganando terreno. La versión oficial de los atentados del 11-S fue desmontada por T. de Meyssan en su libro La gran impostura, record de ventas en Francia (habría que citar también las denuncias de Lyndon Larouche, ex candidato demócrata a la presidencia de EEUU, M.Ruppert, M. Chossudovsky y otros, que hablan sin tapujos de autoatentado). Ahora la versión oficial del 11-M ha sido desmontada por E.Milá en su excelente trabajo de investigación Los perros del infierno, desde su experiencia como ex militante fascista, de la que aprendió que ‘en el terrorismo internacional nada es lo que parece’. (Sólo discrepo de él en que les atribuye distinto origen porque éstos, al contrario de aquellos, perjudicaron los intereses imperiales; pues creo simplemente que a los servicios secretos imperiales les ‘salió el tiro por la culata’ al olvidar que Spain is different y prever una reacción totalmente opuesta de nuestra ciudadanía).

Entenderemos mejor el germen de la conspiración si sabemos que la mentira para los cerebros de este ‘Cuarto Reich’ es un arma política -y social- de primer orden, como lo era para los del Tercero. Si comprendemos que profesan un grosero racismo que divide a los hombres entre ‘elegidos’ -una pequeña casta que se considera por encima de toda moral- y una masa de ‘subhumanos’. Son discípulos de un ‘filósofo’ neonazi, Leo Strauss, que después de teorizar sobre la necesidad del engaño permanente de los gobernados por los gobernantes, afirmaba: ‘los que son aptos para gobernar son los que comprenden que no hay moralidad y que sólo existe un derecho natural, el derecho del superior a gobernar al inferior’. Enseñaba, además, que un orden político sólo puede ser estable si es unido ‘por una amenaza externa’; y cuando ésta no existe hay que crearla ‘pues la paz lleva a la decadencia’. Aquí está Nietzche con su burdo darwinismo social; aquí está Orwell y su Gran Hermano, teledirigiendo nuestras mentes; aquí está la justificación de las masacres de Irak y Palestina ( contra los ‘subhumanos’); aquí están, en fin, el 11-S y la Guerra Global Permanente.

Empiezan por fabricar, con su todopoderosa red de medios de comunicación (Falsimedia), un enemigo al que atribuyen siniestros planes y multitud de atrocidades (algunos de ellos habían sido sus aliados, como Saddam Hussein y los talibanes, lo que evidencia su falta de escrúpulos). Desviada la atención y la ansiedad de la gente hacia esa supuesta amenaza empiezan a ejecutar ellos ‘preventivamente’ esos mismos planes y atrocidades. Han fabricado el enemigo perfecto, esa nebulosa llamada ‘terrorismo internacional’ que supuestamente puede golpear en cualquier lugar y momento, pero que en realidad sirve de pretexto para golpear allí donde les interesa. Todos los atentados atribuidos a Al Qaeda son, si se analizan detenidamente, sumamente rentables para los intereses imperiales (por ejemplo, los atentados de Casablanca, atribuídos a islamistas, proporcionaron el pretexto para frenar e ilegalizar los movimientos y partidos islámicos en ascenso en el reino alauita). Los colaboradores (los autores siempre ‘se inmolan’, como ya hemos dicho, para evitar procesos legales embarazosos) son condenados en juicios-farsa o son puestos en libertad al poco tiempo por falta de pruebas. Se resalta su detención en las portadas de los grandes medios de comunicación y se menciona mas tarde su liberación en la letra pequeña de las páginas interiores (como en el caso de la célula de Barcelona, en posesión de unos ‘peligrosos’ polvos blancos que resultaron ser escamas de jabón). Hablan cínicamente de ‘violaciones de derechos humanos’ y de ‘atrocidades’ cometidas por Saddam Hussein, Milosevic o los talibanes, y son ellos los que los violan y perpetran en Guantanamo, AbuGraib y los países ‘liberados’. Hablan de ‘estados fallidos’ y desguazan el Estado de Derecho en sus propios países. Hablan de exportar la ‘civilización occidental’ y están arrasándola. Hablan de ‘terrorismo’ para encubrir su implementación masiva del terror, en cuya eficacia creen ciegamente. Hablan de ‘fundamentalismo islámico’ para encubrir el suyo propio, tan demencial y despiadado que a su lado aquél parece -en palabras de John Berger- ‘un juego de niños’ No lo veamos como un escenario lejano: mas temprano que tarde, como advertía Brecht, vendrán a por nosotros. En EEUU, denuncian Petras y otros muchos activistas, se está deslizando aceleradamente hacia el fascismo. El Nuevo Orden Mundial (o ‘Proyecto para un Nuevo Siglo Americano’) perjudica a corto plazo intereses económicos de EEUU en el exterior, como demuestra también J.Petras. Ello confirma lo que decíamos en La Conspiración: que ese Nuevo Orden no es tanto un proyecto de globalización económica -que también- determinado por la lógica interna del capitalismo, como un proyecto de Poder Total o totalitario, en el que inciden elementos supraestructurales. Guantánamo no es la excepción, sino el modelo: constituye un mensaje de terror dirigido a posibles resistentes: los ‘subhumanos’ carecen de derechos -sobre todo si son musulmanes- y pueden ser tratados y enjaulados como animales.

La instrumentalización o la creación de grupos políticos, sociales o religiosos por los servicios secretos occidentales no es nueva; manejan sofisticadas drogas y técnicas de control mental aptas para enviar a personas al suicidio, como explica el citado E.Milá (suicidio innecesario en los atentados de Casablanca, nos dice, contra objetivos poco vigilados, pero que, como ya explicamos, evita un proceso penal riguroso). Este autor nos explica tambien cómo funcionó en Italia la ‘estrategia de la tensión’ y cómo las Brigadas Rojas y otras organizaciones fueron utilizadas para adjudicarles crímenes cometidos por dichos servicios. Más recientemente el GIA argelino, supuesta escisión radical del FIS, sirvió de tapadera para que los servicios secretos militares -adiestrados por sus homólogos occidentales- les adjudicaran atrocidades sin cuento perpetradas contra los simpatizantes islamistas. Nos enseña Milá que el primer paso para el control mental absoluto de los futuros terroristas es la destrucción de su personalidad. Eso es exactamente los que quieren hacer también con el mundo para controlarlo: ‘despojar al mundo de sus raíces’, como dice J.Berger, y clonarnos a su antojo. Para ello utilizan tres herramientas principales: la mentira o simulación sistemática; la perversión de palabras nobles, como libertad, democracia, etc.. (‘vaciadas de contenido’ como dice J.Pilger, o puestas ‘patas arriba’, como dice E.Galeano) y ‘la destrucción de la cultura de lo colectivo’ que avisaba Pierre Bordieu. Un escalofriante ejemplo de esta perversión lo hemos tenido recientemente en el increíble artículo del rabino Shmuley Boteach, uno de los mas influyentes de EEUU, en el que afirma que los estadounidenses (y, por lo tanto, sus gobiernos) son ‘el nuevo pueblo elegido’. Los genocidas de Hiroshima, Vietnam y tantos otros pueblos; los que provocaron la muerte de un millón de niños iraquíes privándoles de alimentos y medicinas porque ‘valía la pena’, resultan ser- según este rabino- los designados por la Providencia para moralizar el mundo y ‘dirigirlo en libertad’.

Por contra, la expresión ‘terrorismo islámico’ -repetido hasta la saciedad por periodistas irresponsables o cómplices- intenta inculcar en nuestras mentes la idea de que mil millones de personas que se resisten a ser colonizados por la ‘civilización’ judeo-cristiana son terroristas actuales o potenciales (se les está acosando y acusando en las escuelas, en las mezquitas e incluso en las cárceles, en una campaña de criminalización sin precedentes),. Se oculta que las muy minoritarias organizaciones extremistas islámicas -Al Qaeda y los Hermanos Musulmanes- fueron una creación de la CIA y el Mossad. Y que la musulmana ha sido siempre la más tolerante de las tres religiones bíblicas (nunca existió en el Islam nada similar a la Inquisición).

Ahora las mentiras -y los crímenes a los que sirven de pretexto- continúan con la ocupación de Irak. Sangrientos atentados en los que fallecen miles de civiles inocentes son atribuídos a Al Qaeda, supuesta aliada de los guerrilleros contra los que se intenta desviar el odio de la población. Se intenta enfrentar entre sí -al estilo del Líbano- a sunitas, chiitas y kurdos para desintegrar el país. Han creado otro fantasma similar al de Bin Laden (y que, como éste, tampoco aparecerá): el superterrorista Al Zarqawi, que les sirve de pretexto para arrasar -al estilo Gernika- Faluya, Samarra y otras ciudades rebeldes, donde son asesinados día a día centenares de civiles indefensos con bombardeos indiscriminados, a los que llaman cínicamente ‘bombardeos de precisión’ (si algún día el mundo llegase a ser ‘una hermosa plaza liberada’ habría que erigir a estos mártires un monumento en cada ciudad). Ahora amenazan descaradamente, por boca del presidente títere Alawi, a ‘la vieja Europa’ por no enviar tropas (y de nuevo a España por retirarlas). ‘No se librarán de las garras del terrorismo’ advierte, y señala importantes ciudades francesas donde previsiblemente ocurrirán atentados. Por si fuera poco, la estela de sangre y sufrimiento del pueblo iraquí se alargará con el nombramiento del siniestro embajador J.Negroponte y su cohorte de mil asesinos profesionales, encubiertos como personal de la gigantesca embajada yanqui.

Con la mentira de Rambouillet (y otras muchas desenmascaradas por Milosevic en el seudotribunal de La Haya) se destruyó Serbia y se ocupó Kosovo: allí está ahora la gigantesca base imperial de Bond Steel. Con la mentira del escondite de Bin Laden se destruyó y ocupó Afganistán: Bin Laden no aparece, pero allí está ahora la gigantesca base imperial de Bagram. Con la mentira de las armas de destrucción masiva se destruyó y ocupó Irak; las armas no aparecen pero Irak está ahora sembrado de bases imperiales. En ningun caso les importó los millares de víctimas inocentes, incluidos miles de sus conciudadanos. No les importó arrasar ciudades y culturas, en consonancia con su teoría de la ‘guerra de civilizaciones’ que es, en realidad, una guerra contra la civilización.

Para encubrir sus innumerables crímenes el Imperio ha ido demasiado lejos con la mentira; tanto que ya no puede volverse atrás. Ha ido acumulando embustes hasta formar una torre más alta que las dos torres gemelas juntas; pero que, como aquéllas, amenaza derrumbarse. Con ella -y con la resistencia heroica de los pueblos ocupados- se derrumbaría también la más grande amenaza que se haya cernido jamás sobre la humanidad, una diabólica conspiración solo entrevista por George Orwell en su 1.984 y, quizá, por Tolkien en El señor de los anillos y su ‘Imperio Oscuro’, parapetado también tras dos siniestras torres.

A causa de las mentiras del Imperio vivimos bajo el imperio de la mentira. Pero, por las grietas de esta insostenible Babel de la mendacidad empieza a colarse la luz de la verdad. Luchemos por que resplandezca, pues la verdad nos hará libres.