Como era predecible, Petro reculó. El jaguar que dijo que no había que despertar, demostró ser un jaguar de papel. En vez de un encendido discurso ante las muchedumbres que salieron a repudiar las amenazas de Trump en contra de Colombia, Petro tuvo una tierna llamada con Mr Trump donde se hicieron amigos de nuevo. Pasó de echar discursos anti-imperialistas a invitar a Trump a visitarlo en Cartagena (con lo degradada que está la hermosa Cartagena y con la desenfrenada prostitución infantil, seguro que el magnate gringo se sentirá a gusto en esta ciudad). Pasó de vociferar discursos en defensa de la soberanía latinoamericana, de denunciar la agresión al hermano pueblo de Venezuela y de pedir respeto al derecho internacional, a reconocer que, en realidad, sus posiciones sobre la guerra contra las drogas y Venezuela no son tan diferentes a las de Trump. En sus propias palabras:
“Su visión en muchas materias es muy distinta a la mía. Pero por ejemplo, en el narcotráfico, no tenemos ninguna distancia (…) La posición de Estados Unidos en relación a Venezuela no se aleja tanto de la mía. La idea de transición hacia unas elecciones libres y la de un gobierno compartido la han planteado otros, como Rubio, y coincide con mi propuesta.” (Ver entrevista completa: https://elpais.com/america-colombia/2026-01-09/petro-trump-me-dijo-que-estaba-pensando-hacer-cosas-malas-en-colombia.html ). Incluso, su nuevo amor por Trump llevó a Petro, en esta entrevista, a sugerir que el carnicero de Gaza y secuestrador de Maduro debió haber obtenido el premio Nóbel de la Paz. Realmente grotesco.
Bastó apenas un par de amenazas de Trump y el recordatorio de la Lista Clinton para que Petro se arrodillara sin ningún asomo de dignidad y le diera las tres cosas que el amo imperial quería. Tres cosas que están relacionadas, porque sabe que la gran amenaza que sus planes imperiales en Venezuela y en todo el continente tienen no viene de las fuerzas regulares (ejércitos que carecen de la voluntad o la capacidad de enfrentarse a los US Marines), sino de las fuerzas irregulares y que ahí las guerrillas colombianas pueden jugar un rol clave en esa resistencia. Primero, reiniciar las fumigaciones con glifosato en contra de los campesinos colombianos. Segundo, incrementar y coordinar con EEUU operaciones contrainsurgentes y bombardeos que acaban con la vida de campesinos, muchos de ellos niños. Y tercero, denunciar ante la CPI al máximo comandante de las disidencias de las FARC-EP, el campesino Iván “Mordisco” Lozada, la misma CPI que los EEUU no reconoce pero que utiliza contra sus adversarios. Las organizaciones campesinas en Colombia deberían tomar nota: no sólo Petro fue incapaz de avanzar hacia la reforma agraria porque no tenía ningún interés en ello, sino que sus concesiones al imperio ponen al campesinado en la mira de todas las violencias.
Trump es peligroso y hay que manejar las relaciones de manera cuidadosa -algo que Petro nunca hace dada su afición a la política por redes sociales y a su crónica diarrea e incontinencia verbal. Hablar mierda, como se dice en criollo. Como resultado, es frecuentemente humillado por Trump con un patrón que ya conocemos y que vimos con la crisis de los deportados el año pasado. Echa un discurso hiperbólico, agresivo, luego Trump le da un tatequieto y un humillado Petro termina aceptando todas las condiciones del amo imperial y peor. ¡Hasta terminamos pagando los pasajes de los deportados!
Sí, Trump es peligroso y hay que moverse con cautela. Pero ponerle la alfombra roja en Cartagena a quien invadió la vecina república venezolana y quien financia y alienta el genocidio de Gaza es un nivel de genuflexión y arrodillamiento difícil de justificar. Aunque es algo totalmente esperable de Petro, famoso por su voltiarepismo y sus giros de 180°, es un acto gratuito, innecesario, que solamente demuestra el alineamiento de Petro con los planes de Trump para la región, que no son tan diferentes a los de él mismo, como reconoció en la entrevista. El encuentro de Cartagena, que no quede duda de ello, lo que busca en normalizar la invasión y legitimarla en el escenario latinoamericano e internacional. Triste y despreciable el rol que Petro está asumiendo, pero en el que se refleja su obsesión contrainsurgente. Así que esperemos más guerra, más agresiones contra los campesinos, que Mr Petro hará lo que le digan con tal de que lo dejen disfrutar las mieles del poder. Porque Petro no tiene ideología, convicciones, moral ni brújula ética. Lo único que tiene es ego, un ego enorme que no cabe en una catedral.
Que el ego es la fuerza central del “petrismo” es claro en su patrón de movilziación social. Siempre Petro moviliza a su base, no en torno a principios, ni en base a un plan claro y reflexionado de acción en función de objetivos políticos. No, la movilización de Petro es solamente en función de la defensa de su persona. Petro como dije, no tiene ideología, sino sencillamente un ego desenfrenado. En base a eso, y a sus erráticos impulsos, es que el petrismo construye un remedo de “política”. Lo más cercano a “ideología” que Petro tiene es verborrea veintejuliera, combinada con un pensamiento y práctica contra-insurgente y anti-comunista, los más claros legados de su paso por el M-19 como mandadero de Pizarro.
No hubo que despertar al jaguar. A lo más hay un chihuaha que ladra y luego, después de un tatequieto, chilla y agacha la cabeza. Así es el anti-imperialismo de Petro. No hay ideología, ni práctica, ni un proyecto estratégico. Es puro discurso. Estamos ante un jaguar de papel que al final le dio a Trump todo lo que quería y más: contrainsurgencia y política anti-campesina disfrazada de anti-narcóticos, más legitimación y normalización de la grotesca y criminal invasión de la hermana república de Venezuela.
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