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El marxismo en el siglo XXI

Fuentes: Rebelión

Con la desintegración del Pacto de Varsovia y de la Unión Soviética entre noviembre de 1989 y diciembre de 1991, desapareció el denominado socialismo real que era la base material del enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo que se extendió desde el estallido de la revolución rusa de 1917. Como consecuencia de lo anterior […]

Con la desintegración del Pacto de Varsovia y de la Unión Soviética entre noviembre de 1989 y diciembre de 1991, desapareció el denominado socialismo real que era la base material del enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo que se extendió desde el estallido de la revolución rusa de 1917. Como consecuencia de lo anterior desapareció el movimiento comunista internacional y hoy en día quedan muy pocos organizaciones que se denominan a sí mismo como comunistas. Han pasado casi 30 años desde que se dieron estos hechos y la pregunta que muchos se hacen hoy es la siguiente: ¿sigue vigente el pensamiento marxista?

Cuando Carlos Marx y Federico Engels elaboran lo que denominaron socialismo científico, fue hasta cierto punto el proceso de culminación de un desarrollo intelectual generado por la ilustración en el siglo XVIII. La idea del progreso, la dialéctica de Hegel, la economía política inglesa antecedida por los fisiócratas franceses y los socialistas utópicos y de otros pensadores que sería largo enumerar, fueron la base conceptual sobre la cual elaboraron sus ideas. A esto se le añadió la transformación social, política y económica que estaba gestando la revolución industrial iniciada en Inglaterra y que para la década de 1840 se difundía por Europa y otras partes del mundo y que estaba rompiendo todo el marco institucional, político y económico del mundo feudal y que abría paso a un nuevo orden: El capitalismo.

Pero el aspecto más importante que establecieron en su método de análisis es que la Economía y la Política registran procesos de cambios y transformaciones permanentes, o sea, que la sociedad desarrolla un estado de mutación que le es intrínseco y esta idea la desarrolla Marx en su pieza escrita titulada «Prologo a La Contribución a la Critica [s1] de la Economía Política» en 1859. En dicha pieza Marx define que la historia de la humanidad es la historia de los modos de producción, que dicha evolución se produce independientemente de la voluntad de los seres humanos y que ningún modo de producción desaparece hasta que no agota todas sus posibilidades de desarrollo. Marx y Engels destacan como la propiedad privada da paso a la desigualdad entre los humanos posibilitando la formación de las clases sociales y como esta realidad genera la lucha de clases como motor de la historia. A través del método dialectico ambos autores enfatizan las realidades objetivas y concretas del desarrollo humano y esto es que le sigue dando vigencia al método marxista.

Tanto en el Manifiesto Comunista como en el Capital se anticipó que el capitalismo alcanzaría a ser un sistema mundial y que una vez que se lograra dicha condición, el sistema expondría toda su capacidad depredadora contra las masas trabajadoras y contra la naturaleza. Paradójicamente, el capitalismo cubre todo el globo después de 1991. ¿Entonces, que fueron realmente las revoluciones que se inspiraron en el ideal socialista del siglo XX? Tanto Marx como Engels advertían que las revoluciones socialistas se registrarían en los países más desarrollados. Si bien en algunos prólogos de Manifiesto Comunista señalaron la posibilidad de que socialismo se diera en Rusia siempre la consideraron como posibilidad lejana.

La Revolución Rusa de 1917 que fue un proceso que se inicia en Febrero de 1917 con el derrocamiento del Zar y meses después, el 7 de noviembre los bolcheviques en coalición contras otras fuerzas derrocan al gobierno de Kerensky, fue un caso excepcional en la historia catalizado por la descomunal catástrofe en que se hundió a Europa producto de la Primera Guerra Mundial. Y en medio de esta compleja situación los bolcheviques y sus aliados proclaman el advenimiento de un nuevo orden en donde los trabajadores, los campesinos y las masas desheredadas a través de sus agentes políticos ejercerían la dirección del estado ruso. Rusia sale de la guerra, pero estalla la contrarrevolución y la guerra civil que termina en 1919 y en 1921 Lenin promulga la Nueva Economía Política en donde el Estado se reservaba para si los puestos de mando de la economía, pero que permitía la acción del sector privado en muchas áreas. A este programa se lo denomina Proceso de Transición hacia el Socialismo. Lenin muere en 1924 y sus sucesores no lo continúan. En su lugar aplican los planes quinquenales que ejecutan una modernización a marchas forzadas de la economía soviética con altos costos sociales. En China se da en 1948 el inicio de una revolución también inspiradas en las ideas de Marx pero en un país mucho más atrasado que la Rusia de 1917.

Celso Furtado, intelectual brasileño de la Escuela Estructuralista ya desaparecido, y autor de muchos libros, señalaba en su obra Creatividad y Dependencia que las denominadas revoluciones socialistas del siglo XX fueron en realidad procesos que la historia acondicionó para acometer las tareas de modernización de dichas sociedades a marchas forzadas porque dadas las condiciones concretas de las mismas, no hubo otro camino para lograrlo. Es una tesis de por si interesante no solo porque se adecua a las previsiones de Marx y Engels de que los procesos concretos son objetivos, sino que obliga a recordar la polémica que sostuvieron mencheviques y bolcheviques en el seno del Partido Socialdemócrata Ruso a principios del siglo XX en donde los primeros señalaban que Rusia tenía que acometer el desarrollo capitalista y una vez cumplida esa tarea, entonces ir por la via del socialismo. Esta idea hasta cierto punto considerada por Lenin y sus seguidores, no era absoluta y nunca desecharon la idea de saltarse esa etapa, porque en el caso de Rusia el desarrollo capitalista era muy incipiente.

Lo que los hechos revelan después del advenimiento y desintegración del socialismo real, es que la historia entendida como la actividad humana a través del espacio y el tiempo cobra sus cuentas y como proceso concreto no permite que se produzcan saltos sin que se cumplan las tareas previas. Y en el caso de las revoluciones socialistas del siglo XX, estas se registraron en países muy atrasados lo que de hecho frenó su posible desarrollo. Esta premisa no fue tomada en cuenta por los seguidores de Marx en Occidente ni en América Latina. Pero en Oriente, parece que los comunistas chinos y particularmente la facción encabezada por Deng Xiao Ping si la consideró y decidió que China tenía que cumplir tareas previas y acometer su modernización a través de la via menchevique. Es lo anterior lo que explica en parte la aparente ambigüedad de los chinos que denominan su modelo Socialismo de Mercado, y ese modelo fue adoptado por el Partido Comunista de Vietnam y es el que aparentemente quiere seguir con sus especificidades particulares el Partido Comunista Cubano.

El capitalismo del 2018 sigue basándose en tres pilares fundamentales: la propiedad privada de los bienes de producción, el aprovechamiento del trabajo asalariado y el móvil del lucro. Y la característica del capitalismo de hoy es el enorme peso que ha alcanzado la banca de inversión que mueve ingentes cantidades de flujos de capital para destinarlo a actividades especulativas o en su defecto a inversiones de muy corto plazo altamente redituables. Esto es lo que generan las fusiones y adquisiciones de empresas ya establecidas o la recompra de acciones que producen ganancias artificiales y grandes beneficios para la burocracia corporativa lo que da paso a una mayor concentración de la producción y de centralización del capital y al incremento de la desigualdad descrita con lujo de detalles por Robert Piketty en su obra el Capital del Siglo XXI.

Lo curioso es que después de 1991, es en los países más desarrollados se instrumentan políticas económicas que degradan las condiciones de vida de las masas de mundo laboral y las capas medias están en franco proceso de desaparición. En el caso de EU, en 1980 el 62% de las familias eran clasificadas como capas medias y para diciembre de 2016 bajó a 43%. Este desarrollo se repite en otros países muy avanzados. De los 7 mil 600 millones de habitantes que suma la población del planeta unos 35 millones son los super ricos o sea menos del 1% de la población global total y que según OXFAM recibió el 86% de la riqueza generada en el mundo en 2017.

Otras fuentes informan que en 1998, cerca de 362 personas muy ricas tenían tanta riqueza como la mitad de la población mundial. Para el 2014 eran 64 y para el 2018 eran 26. Esta realidad es tan brutal que Warren Buffet, uno de los hombres más ricos de los EU pero muy culto e inteligente señaló hace pocos años lo siguiente: «La lucha de clases existe y la estamos ganando los ricos». Lo que indica lo señalado por Buffet es que en el Capitalismo Monopolista Financiarizado denominado equivocadamente globalización, el incremento de la desigualdad es una regularidad natural de su desarrollo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.