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El ministro polaco Rau no tiene palabra en el caso Pablo González

Fuentes: Rebelión

“Pablo González será sometido a juicio en un tiempo relativamente pronto”. Estas fueron las palabras del ministro polaco de Exteriores, Zbigniew Rau, durante una rueda de prensa tras una reunión preparatoria de la Presidencia Europea de España y cuestiones de seguridad en el marco de la OTAN el pasado 24 de mayo de este año. Quince meses después de su detención.

Pablo González, periodista free lance, estaba en la frontera polaca-ucraniana, cubriendo el éxodo de personas refugiadas que huían de la invasión rusa a Ucrania. Fue detenido el 28 de febrero del 2022, por las autoridades polacas, acusado de espionaje al servicio ruso. Desde esa fecha, el español Pablo González continua en la prisión polaca de Radom, sin conocerse, 18 meses después de su detención, cargos formales en su contra.

Las palabras del ministro polaco, hace tres meses, supusieron un aliento de esperanza al afirmar la cercanía del juicio. Pablo podría conocer, por fin cuáles eran las acusaciones vertidas contra él por Polonia. No ha sido así. Se ha prorrogado su estancia en prisión durante tres meses más, hasta alcanzar 21 meses de estancia en prisión a la espera de señalizar fecha de juicio, todavía sin determinar, y conocer los cargos que se le imputan para manternerle encerrado.

Viene a mi memora el personaje de Edmundo Dantés, cuyo autor Alejandro Dumas, relata en su célebre novela El Conde Montecristo, el encierro del marinero Dantes entre las rejas del Castillo de If durante 14 años sin conocer los motivos de su encarcelamiento. Realidad y ficción a veces se acercan peligrosamente.

El ministro polaco de Exteriores en dicha rueda de prensa, cuando aseguró el pronto juicio de Pablo González, añadió que el caso seguía sujeto a investigación y que las causas a las que se enfrenta el periodista son «graves, muy graves», sin especificar las mismas.

Conviene refrescar la memoria sobre los hechos que conducen a la detención de Pablo González. Un mes antes de su detención (antes de la invasión rusa y guerra declarada), González cubría, de forma acreditada, en su condición de periodista y experto del mundo eslavo, la actualidad ucraniana in situ. Lo que conocemos es que los servicios de seguridad ucranianos se habían puesto en contacto con los servicios de información españoles, el CNI, para averiguar todo lo posible sobre su persona. El CNI, que controla la ministra Margarita Robles, tras visitar el hogar de González y hacer las investigaciones oportunas, se supone que trasladó las informaciones adecuadas a quien correspondiera darlas. Dicha conclusa investigación y no trascender ningún motivo de preocupación por parte de los servicios de seguridad españoles, animó a Pablo a volver a los lugares donde estaban las noticias e irse a la frontera polaca-ucraniana.

Tras su detención en la frontera, y requisada su documentación y aparatos electrónicos, se supone que bien custodiados, los primeros balbuceos de las autoridades polacas fueron que Pablo González era un espía al servicio de la Federación Rusa y la ‘prueba’ que aportaban era el hecho de que González tenía dos pasaportes, uno español y otro ruso. Esa circunstancia de tener dos pasaportes se pudo explicar desde el primer momento. Pablo González tiene doble nacionalidad, española y rusa por ser descendiente de uno de los niños de la guerra civil española, refugiado en la Unión Soviética. Su madre, le trajo a España cuando tenía 9 años, tras divorciarse de su marido ruso.

La otra “prueba” por la que se justificaba la detención de Pablo, en su momento, era que recibía periódicamente transferencias desde Rusia, de importe menor, que rapidísimamente se desvelaron que procedían de ….su propio padre¡¡¡

En la mencionada rueda de prensa, y en la que estaba acompañado por el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, Rau afirmó que se respetan los derechos procesales y de cautiverio de Pablo González.

No sé si en este respeto que alude el ministro polaco está contemplado el hecho de que Pablo González esté prácticamente incomunicado; permanece 23 horas al día encerrado en su celda. Solo se le le permite salir una hora al día a un patio minúsculo. Carece de comunicación on line con su familia. No le llegan todas las cartas que se le envía. Su abogado defensor, tras dieciocho meses de prisión, desconoce qué cargos se le imputan a su defendido y las supuestas pruebas que justifican el encarcelamiento de Pablo.

Polonia, miembro de la Unión Europea, no hace caso de las recomendaciones europeas sobre trato a presos. Rechaza, hasta ahora, la posibilidad del traslado de Pablo a España vigilado por las fuerzas de seguridad españolas hasta que se celebre un juicio justo.

Nuestro país, con el ministro de asuntos exteriores, Albares, a la cabeza, no hace nada. Ni exige ni reclama. La misma conducta que ha mantenido en otros casos de encarcelamiento a nacionales españoles por parte de Estados ‘aliados’, sean Polonia o Israel.

Se cruza de brazos y sonríe, no objeta ni procedimientos, ni secuestros. Encima hace suyas, sin necesidad, las acusaciones de parte, suponemos que así espera que, con sus sonrisas, on, el Estado carcelero se mostrará más indulgente.

Rau no ha cumplido su palabra de un pronto juicio para Pablo González. Albares no exige un pronto juicio, una libertad condicional en el país del ciudadano español preso. A Pablo González se le ha condenado ya a 21 meses de prisión, sin cargos, sin medidas paliativas de libertad condicional y estar con su familia en España, sin final de un túnel kafkiano en el llamado por Borrell, jardín europeo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.